sábado, 18 de junio de 2011

AUTOISLAMIENTO

Análisis
14/10/2003
AUTOISLAMIENTO

Manuel Felipe Sierra

Para Condolezza Rice, consejera de  Seguridad Nacional de
los Estados Unidos “Venezuela es un potencial problema regional”. Ello tiene, además, una notoria importancia que lo haya dicho ante la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa. La declaración de la alta funcionaria (que coincide con reiterados señalamientos de Colin Powell, Otto Reich y Roger Noriega) alude a un tema cardinal: no se trata de un asunto de prioritaria atención para las relaciones bilaterales, sino también para toda la región.


¿Es que acaso la política exterior venezolana se traduce solamente en una sostenida tensión en el intercambio diplomático entre Caracas y Washington? Las permanentes agresiones de Chávez contra el gobierno de los Estados Unidos y la comunidad hemisférica, incluyendo el abusivo tratamiento contra el secretario general la OEA  César Gaviria, que se puso en evidencia en la reciente Cubre contra la Pobreza en Margarita, no son obra de la torpeza ni de las ocurrencias propias de la visión decimonónica que el mandatario tiene de su proyecto político.

Son elementos de una estrategia de autoaislamiento como lo sostiene la internacionalista Vilma Petrash o de lo que algunos analistas definen como “la diplomacia del caracol”. No es otra cosa que una pieza más del libreto fidelista que el gobernante asume con particular fruición y complacencia. Por supuesto, resulta obvia una interrogante: ¿Es posible reproducir en estos tiempos la experiencia de la revolución cubana que una vez afectada por el bloqueo aprobado por la OEA en Punta del Este en 1.961, le ha permitido sobrevivir durante más de cuatro décadas, incluso con el desplome del mundo comunista que fue su sostén económico y político en el costoso y sangriento equilibrio impuesto por la Guerra Fría?.

Son realidades distintas. La globalización económica ha determinado, de modo inevitable, la universalización política. Este fenómeno ha hecho que cobre una mayor fuerza el concepto de la democracia; el respeto de los derechos humanos y que se avance en la materialización de la justicia universal. Chávez -y ello lo han repetido elevados funcionarios norteamericanos- de modo inexplicable apuesta cada día más a convertir Venezuela en una referencia políticamente insular. Está claro que una operación de esta naturaleza no tiene mayor viabilidad en el presente. Pero también es, igualmente cierto, que una respuesta de la comunidad y de las instancias formales internacionales frente a un régimen que deslegitima su origen en cada uno de sus actos, no es inmediata ni necesariamente automática.

En la medida que Chávez se siente objeto de una activa vigilancia externa, en esa misma medida avanza en la concreción de su propuesta interna, que pasa por la construcción de una legalidad autocrática y el control férreo de los espacios claves de la sociedad; y que usa el instrumento estratégico del petróleo (que no lo tuvo Fidel Castro) para ablandar en el plano internacional a países que serían decisivos en una acción de condena a su régimen. Una presencia -nunca una injerencia internacional- sólo será posible si la situación del país se hace inviable y con pronósticos de desenlaces impredecibles. Lamentablemente, en la oposición representativa todavía no existe conciencia, que si no hay una salida constitucional y pacifica a corto plazo, a los venezolanos nos esperan días dramáticos, seguramente mas terribles de los que ahora se viven


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