lunes, 5 de diciembre de 2016

Análisis


FIDEL Y VENEZUELA: RELACIÓN DE AMOR-ODIO

Desde muy joven a los 22 años cuando Fidel Castro llegó a Caracas en marzo de 1948 de paso hacia Bogotá para un evento estudiantil de lucha contra el colonialismo, se estableció una relación entre el estudiante cubano y la política venezolana. En la capital colombiana comenzaba la IX Conferencia Interamericana que dio nacimiento a la Organización de Estados Americanos (OEA). En esa oportunidad Castro llevó una carta de presentación de Rómulo Betancourt para el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado días después, en un hecho que desató el incendio social del “Bogotazo”. 

A los meses, el 24 de noviembre Rómulo Gallegos fue derrocado y tanto él como Betancourt, Andrés Eloy Blanco y la mayoría de los dirigentes de Acción Democrática víctimas del golpe militar encontraron un generoso refugio en La Habana bajo el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Desde allí funcionó el centro de la resistencia contra los gobiernos militares que se prolongaron durante diez años. Ya Castro se destacaba como dirigente estudiantil y del Partido Ortodoxo, liderado por Eduardo Chibás y mantenía vínculos con los luchadores venezolanos que apostaban por la vía insurreccional.

El Golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 obligó al exilio venezolano a trasladarse principalmente a México, y Castro propició la toma fallida del Cuartel Moncada, siendo sometido a un juicio que le mantuvo durante dos años en la cárcel. A su salida, marcha también a México y consolida vínculos con los desterrados venezolanos. De esta manera, las luchas contra las dictaduras de Batista y Pérez Jiménez se convierten en una empresa común. 

LUCHA COMÚN 

El 23 de enero de 1958 cuando es derrocado Pérez Jiménez, ya Castro consolida las guerrillas en la Sierra Maestra y la dictadura de Batista da signos de debilitamientos por una fuerte resistencia urbana y rural. A partir de entonces, el centro de la lucha contra el régimen cubano se instala en Venezuela, donde se firma el “Pacto de Caracas” para la transición hacia la democracia y el movimiento estudiantil que había sido factor importante en el derrocamiento de Pérez Jiménez propicia diversas actividades en apoyo a la insurgencia fidelista, como la recolección de recursos en la denominada campaña “un bolívar para la Sierra Maestra”. El propio Wolfgang Larrazábal envía armas a los insurgentes y Castro siempre recordó que había tenido en sus manos el primer fusil FAL enviado con un mensaje personal del mandatario venezolano.

Ello explica que antes de tener cargos formales en el gobierno provisional a la caída de Batista, Castro llegue a Venezuela invitado por la FCU de la Universidad Central y sea objeto de un recibimiento entonces no ofrecido a ningún político extranjero. Los meses siguientes el gobierno cubano definió una estrategia de cambios radicales, que si bien respondían a realidades nacionales, lo aproximaban al polo soviético en el marco de la “Guerra Fría”. El impacto del camino cubano fue inmediato en Venezuela y el PCV y sectores jóvenes de AD y URD, fortalecidos en la lucha antiperezjimenista asumieron como un modelo ese proceso y proclamaron (tal como ocurrió luego en otros países latinoamericanos) el camino de la insurgencia guerrillera.

 El gobierno de Rómulo Betancourt sería el objetivo de una ofensiva armada nacional con el apoyo directo de los gobernantes cubanos empeñados en exportar su revolución. Se abrió un tiempo que enfrentó a los dos gobiernos hasta el punto que rompieron relaciones diplomáticas y se produjo incluso la injerencia de milicianos fidelistas en territorio nacional. El tiempo habría de comprobar la inviabilidad de la estrategia de Castro y el fortalecimiento de las democracias latinoamericanas, lo cual determinó el aislamiento de La Habana.

La caída del Bloque Comunista a finales de los ochenta, que había sostenido económica y políticamente al régimen de Castro, condenó a la isla al llamado “periodo especial” caracterizado por penurias y estrecheces de todo tipo. Castro miró entonces hacia América Latina en busca de su inserción en una nueva realidad continental. Su presencia en Caracas en la toma de posesión de Carlós Andrés Pérez en febrero de 1989 le facilitó los contactos con gobernantes de otras naciones como César Gaviria de Colombia y Carlos Salinas de Gortari de México, quienes facilitaron su presencia en la I Cumbre Iberoamericana Guadalajara en 1991, que marcó su regreso a la comunidad política continental.

ALIANZA PRAGMÁTICA 

Sin embargo, Cuba debió enfrentar todavía el bloqueo de Estados Unidos y la exigencia de una apertura democrática por parte de los países latinoamericanos. El ascenso de Hugo Chávez en 1998 le abrió al fidelismo la posibilidad de encontrar un camino para su plena incorporación a la política continental. Más que coincidencias ideológicas y políticas al comienzo la aproximación entre La Habana y Caracas se facilitó por razones pragmáticas. Chávez proclamó el proceso bolivariano que debería prolongarse más allá del juego de la alternancia constitucional, lo cual provocó el rechazo de sectores económicos sindicales y de los partidos democráticos venezolanos, que generaron las grandes tensiones registradas entre los años 2001 y 2004. Para fortalecer la seguridad de su mandato, recurrió entonces a la asistencia de los servicios de inteligencia y la asesoría militar cubana a cambio de convenios energéticos y comerciales que sirvieran para superar las carencias de la isla. De esta manera, por razones de conveniencia mutua se fue avanzando en una alianza entre los dos gobiernos hasta el punto que Chávez decidió afrontar su enfermedad terminal en la clínica personal de Castro y que la semana pasada a la muerte del viejo líder comunista en Venezuela se declararan tres días de un inusual duelo nacional. Tal como están las cosas, la desaparición de Castro- quien desde hace diez años se había alejado de sus funciones ejecutivas- no tendría porque suponer alteraciones en una relación madurada durante casi dos décadas. Ello sin desconocer que la muerte del jefe cubano ha tenido una significativa repercusión en el mundo entero, porque como sostiene el exmandatario uruguayo, José “Pepe” Mujica, “Fidel como cualquier personaje grande que ocupa un largo periodo de la historia va a tener detractores y va a tener enamorados”.  

martes, 29 de noviembre de 2016

Análisis


MADURO-TRUMP: DERECHOS HUMANOS Y PETRÓLEO

Tal como ocurrió durante su  campaña Donald Trump ya como presidente de después del 20 de enero del 2017  ¿será un mandatario de decisiones contradictorias y desconcertantes o actuará con mayor sensatez y cuidado tomando en cuenta los efectos de sus medidas para la población estadounidense y  la política internacional? Si bien Trump  fue el típico “outsider” en la competencia electoral, ahora como gobernante del Partido Republicano  (organización que también controla el poder legislativo) estaría obligado a una actuación más realista.

De hecho, en los últimos días los anuncios sobre sus más cercanos colaboradores revelan concesiones a las tendencias  en el seno del partido y a los sectores que apoyaron su candidatura. A las citas cotidianas en la Trump Tower de la Quinta Avenida de Nueva York han acudido partidarios cercanos, críticos de la campaña e incluso simpatizantes del Partido Demócrata dispuestos a participar en una gestión de cuatro años que ha despertado las más diversas controversias. 

Resulta claro que Trump colocará el acento en los asuntos internos y fundamentalmente en la economía, que fueron las propuestas principales de su campaña y que le facilitaron sellar un compromiso con la clase media blanca  y  la vieja ultraderecha tradicional, que apuestan a mantener la hegemonía norteamericana  heredada de la Segunda Guerra Mundial y de la “Guerra Fría”. Sin embargo, en el nuevo equipo de gobierno pareciera cobrar fuerza la llamada “corriente realista”, que si bien aboga por el fortalecimiento del poderío norteamericano, se inclina por buscar coincidencias con factores geopolíticos y realidades del esquema multipolar que favorecerían mucho más la defensa interna que la estrategia de expansión militar. 

En esta línea se explicarían las opiniones aparentemente conciliadoras con la Rusia de Putin y la propuesta de reducir gastos de la OTAN y otras organizaciones internacionales que han servido de base para la intervención norteamericana en el Medio Oriente durante la “era  Bush”  y en menor medida en el mandato de Barack Obama. En este contexto, es lógico que se analice y especule sobre los alcances de la política de Washington con relación América Latina y en particular con Venezuela. En el caso venezolano recientemente el presidente Nicolás  Maduro saludó la elección de Trump como una posibilidad de normalizar las relaciones entre ambos países, suspendidas a nivel de embajadores y contaminadas por el famoso “Decreto Obama” que considera a Venezuela como una “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos”. 

¿Corriente realista?

Si se toma en  cuenta que los pasos iníciales del Presidente electo se orientan al levantamiento de un  muro migratorio en la frontera mexicana y la oposición a los Tratados de Libre Comercio como dos premisas fundamentales en sus relaciones internacionales, la situación de Venezuela no representaría un tema urgente ni prioritario en la agenda de Washington de mantenerse sin  alteraciones la situación actual. Sin embargo, habría que tomar como dato significativo la designación de la gobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley como embajadora ante las Naciones Unidas dada su aproximación política con el senador republicano de Florida Marco Rubio, quien mantiene una actitud beligerante y sostenida en el sentido de proponer  sanciones contra  funcionarios venezolanos y aplicar severas prohibiciones a la gestión de Maduro.

En este sentido, el analista político Leopoldo Puchi destaca que Trump expresó durante su campaña criterios y conceptos como los siguientes: “vamos a dejar de construir democracias extranjeras, derrocar regímenes e intervenir imprudentemente en situaciones en donde no tenemos derecho de estar”, y  en la misma línea de razonamiento aseguró que el objetivo prioritario de su diplomacia será “mantener la seguridad de Estados Unidos y enfrentar al Estado Islámico”, expresando al mismo tiempo que debe considerarse a Rusia como un país aliado en esa guerra contra el terrorismo. Según Puchi, de asumir Trump esa línea contraria a intervenciones y propia de la corriente “realista republicana”, las relaciones entre Washington y Caracas mejorarían, porque obviamente Venezuela no dispone de fuerzas para “meterse” con Estados Unidos ni representa un peligro, por lo que no habría razones para “intervenir imprudentemente como lo ha dicho Trump”. 

El petróleo siempre

No obstante, el Presidente electo sigue deslizando consideraciones críticas sobre el gobierno venezolano y ya había advertido durante la campaña que  de no resultar electo la Corte Suprema de su país podría convertir “a Estados Unidos en algo parecido a Argentina  o Venezuela”. El internacionalista Kenneth Ramírez, se refiere también a la aparente vinculación de Trump con Vladimir Putin lo cual podría configurar un esquema parecido a los años de la “Guerra Fría”: “tu no me tocas unos sitios, yo no te toco otros y Venezuela puede estar resguardada bajo la sombra de Putin, lo que implicaría que el gobierno de Maduro podría sentirse más seguro que con un gobierno de Hillary Clinton”. Otros analistas consideran que el tema de mayores fricciones entre los dos países es el referido a los derechos humanos en Venezuela sobre lo cual Ramírez recuerda que “Trump no es precisamente un defensor de esos derechos”.

En todo caso, las relaciones Venezuela-EEUU han estado marcadas históricamente por el tema petrolero y en relación al asunto, Trump ha definido una estrategia para favorecer una mayor exploración en las tierras federales para incrementar la extracción e incentivar la llamada “fractura hidráulica” como mecanismo para consolidar la  expansión de la producción que ya se registra con la construcción del oleoducto TransAmérica desde Canadá y  que disminuirá la importación de petróleo. Para el economista y diputado José Guerra “esta política podría implicar un reacomodo global del mercado petrolero con precios bajos y menor demanda para el petróleo venezolano en los Estados Unidos”. Estima Guerra que “con un precio alrededor de 45 dólares por barril, con el actual modelo económico ni Venezuela ni PDVSA son viables”.  En todo caso, no es posible precisar un rumbo de la política norteamericana dada la personalidad del nuevo mandatario. Como escribe Ana Palacios, ex Ministra de Asuntos Exteriores de España: “Vértigo, Trump es presidente: el mundo mudó de piel”. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

Analisis el universal

DIÁLOGO: EL DIFÍCIL CAMINO DE “CONVIVIR EN PAZ”


La declaración conjunta del gobierno y la MUD en la Mesa de Negociaciones en procura de un Acuerdo Nacional dada a conocer el sábado 12, puede considerarse como positiva y alentadora. En el documento de cinco puntos se destaca la coincidencia en abordar el desencuentro que prevalece entre los poderes públicos y que constituye un grave cuadro de ingobernabilidad. La posibilidad de nuevas elecciones en el Estado Amazonas (ya los diputados cuestionados fueron desincorporados por la AN); la próxima elección de nuevos miembros del CNE y superar el desacato de la Asamblea Nacional dictado por el Tribunal Supremo de Justicia suponen pasos importantes para estabilizar el clima político en busca de lo que el documento define  como la urgencia de “convivir en paz”.

En el campo económico las partes acordaron trabajar de manera conjunta en medidas para resolver “el abastecimiento de medicamentos y alimentos sobre la base de contribuir a promover su producción e importación, y al mismo tiempo promover políticas de cooperación entre los sectores públicos y privados para monitorear y controlar la adquisición y distribución de insumos y mercancías”.

Si bien para algunos críticos los voceros opositores no debieron comprometer su esfuerzo en abordar el creciente cuadro de deterioro de la economía, ya que se trata de una responsabilidad que compete fundamentalmente al Ejecutivo, en este caso habría que tomar en cuenta que se actúa en función de una exigencia nacional ante situaciones que afectan directamente a la población. También la incorporación al diálogo de representantes de la sociedad civil organizada satisface la exigencia de comprometer el mayor número de sectores nacionales en las negociaciones. En el mismo sentido, se considera  “la posición unánime de defensa de los derechos legítimos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba y en consecuencia la defensa del Acuerdo de Ginebra de 1966”, en relación al diferendo fronterizo.

No era posible esperar más de la segunda plenaria en un proceso que como ha dicho uno de los mediadores internacionales José Luis Rodríguez Zapatero será “largo, duro y difícil”. Más aun, cuando tanto en el oficialismo como en la oposición conviven corrientes que si bien formalmente suscriben la necesidad de un clima de convivencia, en función de sus objetivos estratégicos discrepan de la oportunidad y de los temas sometidos a discusión en este caso.

DISCREPANCIA TÁCTICA

De tal manera, que no tendrían por qué extrañar las reacciones registradas en el seno de la MUD por los partidos Voluntad Popular y Vente (con un indiscutible peso cuantitativo) y de factores de la sociedad civil que hicieron reparos a la formalización del diálogo. Una actitud que se corresponde con la divergencia táctica definida y aplicada en el 2014  y conocida como “la salida” (representada en los liderazgos de Leopoldo López, Antonio Ledesma y María Corina Machado) frente a la postura firmemente electoral de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, y otros factores significativos de la alianza. 

Una situación que es perfectamente comprensible si se considera que la MUD no es un partido político atado a una disciplina que imponga la unanimidad de opiniones ni el acatamiento disciplinario a las líneas emanadas de su dirección, sino que obedece a un compromiso fundamentalmente electoral, al cual por lo demás han sido consecuentes todos los partidos que la integran hasta el punto de concurrir a los elecciones con una tarjeta única. 

En el campo del gobierno la situación es distinta porque la vocería presidencial y del PSUV define una línea homogénea, si bien existen discrepancias entre algunos de los aliados menores del llamado Polo Patriótico. No obstante, pese a que no han surgido críticas al proceso de negociaciones se han repetido decisiones como el reciente decreto del TSJ sobre el llamado “desacato de la AN” que desconoce  uno de los puntos aprobados en el diálogo y que revela la disposición de elementos del oficialismo de sembrar escollos a la negociación, y lo mismo podría decirse de las opiniones sistemáticas de altos voceros oficialistas que si bien no aluden al esfuerzo negociador, por el tono y el contenido de sus discursos contribuyen a crear un clima desfavorable y  hostil a éste.

BATALLA CAMPAL

Todo ello, ha generado un clima de opinión, estimulado además por una “batalla campal” en las redes sociales, que obligó a una declaración de los mediadores encabezado por Monseñor Claudio María Celli enviado del Vaticano, los ex presidentes Leonel Fernández, José Luis Rodríguez Zapatero, Martin Torrijos y el secretario general de la Unasur Ernesto Samper a formular un llamado “a todos los responsables políticos del gobierno nacional y de la Mesa de la Unidad Democrática para que respeten el espíritu y el contenido de la declaración “Convivir en Paz” y el cese de la campaña de descalificaciones públicas y que se imponga el respeto entre los poderes como el único cauce racional para preservar el dialogo nacional”

¿Supone esta advertencia que los avances de las negociaciones se detienen  o que están en peligro sus resultados finales? Si las partes mantienen la voluntad política que han demostrado hasta ahora no habría  por qué suponer, que pese a los obstáculos que ya eran previsibles, no cristalice un acuerdo final que abra espacios  a la convivencia de todos los sectores, más allá de diferencias políticas e ideológicas y en función de abordar una crisis cuyas consecuencias afectan mayormente a la población venezolana. 

Habría que recordar también que las actuales negociaciones no sólo implican al gobierno y la MUD sino que también en ellas está comprometida la atención de la comunidad internacional que incluye instancias como el Vaticano, ONU, OEA, Unasur, Unión Europea, mandatarios de numerosos países y organizaciones no gubernamentales, que sostienen con razón, que el fracaso de una iniciativa cuya cristalización procura el entendimiento no sólo entre dos actores políticos sino en términos de toda la sociedad y que ha vencido numerosos obstáculos, daría paso a lo que el enviado del Papa Monseñor Celli, augura como un camino “no exento de sangre”.



viernes, 18 de noviembre de 2016

ENTREVISTA

Manuel Felipe Sierra: Decisiones del diálogo tienen que atender exigencias del pueblo


Las decisiones adoptadas en el diálogo entre el gobierno y la oposición, representada por la MUD, desató múltiple críticas y planteamientos.Conversamos con el periodista Manuel Felipe Sierra quien considera que estos primeros acuerdos con alentadores y positivos. Asimismo, Sierra esbozó cuál es el ambiente en el que deben dar las negociaciones, y advirtió que deben satisfacerse las exigencias del pueblo, y no los interese particulares de los dos sectores enfrentados.
¿Son positivos los resultados del llamado diálogo?
-De lo que conocimos hasta ahora de la reunión, que fue dado a conocer el pasado sábado por monseñor Celli, enviado del Vaticano, es una buena noticia porque revela que las partes, en este caso la oposición y el gobierno, ya se sentaron y avanzaron en algunos puntos que son fundamentales.
¿Totalmente?
– No en todos los puntos que debe contemplar la agenda del diálogo. Por ejemplo, un caso importante son estas medidas que se tomaron en relación al llamado desacato de la Asamblea Nacional; el tema de la designación de los miembros del Consejo Nacional Electoral, que tienen que designarse legalmente en el mes de diciembre; algunos pasos que se dieron en materia de liberación de presos políticos.Todo eso abre paso a un tema muy importante, que es la necesidad de retornar a la plena legitimidad de los poderes públicos, en cumplimento de sus espacios constitucionales.
No olvidemos lo que ha agravado la crisis del país, es después de la elección donde la oposición resultó favorecida ampliamente con la votación popular el 6 de diciembre del año pasado.Se integró una Asamblea Nacional, por supuesto opositora, que inevitablemente por razones políticas y de visión de los problemas nacionales, iba a entrar en conflicto con el poder Ejecutivo. Cosa que ha ocurrido.Este choque de poderes, es uno de los factores que ha estimulado y agravado la crisis del país. Creo que desde ese punto de vista es importante.
¿Y las críticas a estos resultados?
– Ahora, han surgido como conocemos, muchas críticas y planteamientos. Creo que se abusa mucho, porque no ha habido un acuerdo firme. Simple y llanamente se ha avanzado en algunos temas.Sentarse a conversar tiene que ser sobre base firme. De otra manera no se hubiera realizado este encuentro.
¿Cómo sería esa base firme?
– Tiene que haber en primer lugar voluntad política de ambos bandos. Lo han ratificado que existe. Creo que la valoración de este encuentro hubiera sido mejor si no se hubiese interferido por reacciones posteriores de partidos políticos, tanto del oficialismo como de la oposición. Lo correcto en estos casos es dejar que los negociadores negocien. Por eso es que estas negociaciones se realizan en lugares distintos a donde está el centro de la confrontación.
Por eso también es que estas negociaciones no son públicas. Sino que se consideran pertinentes, comunicados y por supuesto siempre habrá un comunicado para la opinión pública, en relación en como va el curso general del acuerdo, peor no los detalles. Los detalles hay que afinarlos y siempre van a provocar reacciones a favor o en contra de los factores que están en pugna.
¿Es alentador, entonces?
– Creo que en general es alentador y positivo el hecho de que ya se haya avanzado en estos puntos, y que ya exista también nueva fecha para un nuevo encuentro. En este sentido hay que destacar la declaración ofrecida ayer y firmada por el enviada por el enviado del Vaticano, monseñor Celli, el presidente de Unasur, Samper, y los ex presidentes y ex mandatarios que están funcionando aquí como facilitadores, los casos de Zapatero, Torrijos y Fernández, en el sentido de que es necesario entender la gravedad de la situación y las condiciones que deben rodear unas negociaciones de este tipo. 

Cosa que es muy fácil entender, si se valora toda la manera como se han abordado los diálogos y negociaciones de paz muy recientemente en otros escenarios y en otros países. Para ponerlo más cerca. Lo que ha ocurrido en Colombia, que pese al resultado de un plebiscito que resultó contrario a al acuerdo firmado por la FARC y el presidente Santos, ya ha habido una rectificación de los contenidos del acuerdo, y existe prácticamente un consenso nacional.
¿Qué otros factores deben condicionar el diálogo?
– En definitiva, los acuerdos de esta naturaleza tienen sentido, en la medida que sean acuerdos nacionales, que interesen y estén dirigidos a la población, a la mayoría del país. Este no es un problema en que hay que adoptar las decisiones que le convienen al gobierno, o que le convienen a la MUD. NO, el problema no es de la MUD ni del gobierno. El problema que se esta viviendo es del país.
Cualquier decisión que se tome en ese diálogo, por el gobierno y por la oposición, no puede estar referida por los intereses particulares de los dos sectores. Sino que tiene que estar dirigido fundamentalmente a atender exigencias del pueblo venezolano. Por eso es que se habla de acuerdo nacional. Esa es la exigencia que está planteada en este momento.
Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

lunes, 14 de noviembre de 2016

Analisis

VENEZUELA Y EL IMPREDECIBLE TRUMP

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha provocado una inusual repercusión en el ámbito internacional. De hecho, el cambio en la Casa Blanca es seguido con interés por el mundo entero dado su peso político, militar, económico y el efecto de sus políticas en otras naciones.

En el caso de Trump que logra la victoria luego de una campaña atípica, carente de formulaciones programáticas y marcada por propuestas aparentemente disparatadas, además siendo un magnate no bien visto por la élite millonaria estadounidense y sin trayectoria política, las reacciones han sido mayores.

Los analistas ponen la mirada en un gobierno de Trump tomando en cuenta que se trata de un gobernante, que por obra casi de un milagro obtuvo sin contenedores la candidatura del Partido Republicano, incluso con la amenaza de que de no serlo, abriría un camino propio como aspirante independiente y a quien además se considera una expresión del populismo que como se decía en su tiempo del comunismo, es un fenómeno que “recorre el mundo”. El especialista Martin Wolf lo define como “pluto-populismo” porque representa “la demonización política de las instituciones, el coqueteo con la intolerancia y el racismo”.

Entre las promesas de Trump figura la aplicación de medidas sobre la inmigración que incluye la deportación de “inmigrantes musulmanes” y la construcción de un muro en la frontera con México que sería financiado por el gobierno de ese país, convertidos en temas que levantaron polémicas pero que al mismo tiempo le ganaron las simpatías de la clase media blanca afectada por el traslado de empresas hacia la región mexicana, China, India y otras naciones beneficiadas por los tratados comerciales y por la presencia cada vez mayor de inmigrantes latinoamericanos que abaratan la mano de obra en industrias y servicios.

¿QUÉ PASARÁ CON AMÉRICA LATINA?

¿Cuál será la política del nuevo gobierno con relación a América Latina una vez que el mandatario saliente se propuso un acercamiento a la región  mediante la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba, planes de ayuda económica para Centroamérica y el Caribe, y más recientemente el fortalecimiento de las relaciones políticas y económicas con Argentina y Brasil? Dos líneas de acción en esta materia fueron definidas en la campaña: nueva política migratoria y la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y convenios bilaterales parecidos, y respetar las nuevas relaciones con Cuba pero revisando recientes decisiones en materia comercial.

En ese contexto es pertinente considerar las relaciones con Venezuela, las cuales a nivel de embajadores fueron suspendidas desde el 2008 a raíz de la expulsión del embajador norteamericano en Caracas en solidaridad con el gobernante boliviano Evo Morales, quien estaría amenazado por un magnicidio estimulado por Washington. De esta manera, Venezuela es el único país del área que en los últimos años del gobierno de Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro, vive sometido a recurrentes tensiones con la primera potencia del mundo a pesar de seguir siendo su principal socio comercial.  

Después de intentos de diálogo que no condujeron al restablecimiento pleno de las relaciones, en diciembre de 2014 Obama firmó una ley que impone sanciones a funcionarios venezolanos relacionados con violaciones a los derechos humanos en las protestas que tuvieron lugar durante el mes de febrero de ese año en varias ciudades y que dejaron como balance 43 muertos y cientos de detenidos o sometidos a limitaciones judiciales. En marzo de 2015, basado en esa ley, Obama anunció un decreto en el cual califica a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad del país”.

El gobierno venezolano inició una campaña internacional que tuvo eco en varios países latinoamericanos señalando los posibles alcances de una decisión, que si bien se refiere a sanciones en territorio de Estados Unidos contra siete funcionarios a los que Washington responsabiliza de culpables de reprimir las protestas en el 2014, podría tener mayores alcances como restricciones económicas e incluso como pretexto para operaciones militares. En años recientes Estados Unidos ha declarado estados de emergencia similares en países como Ucrania, Sudán del Sur, República Centroafricana, Yemen, Libia y Somalia que viven conflictos armados y que obligarían a una suerte de “injerencia legitima” de las fuerzas norteamericanas. Este año, pese al rechazo venezolano y a la declaración del propio Obama de que “Venezuela no es una amenaza para Estados Unidos y EEUU no es una amenaza para Venezuela”, el decreto fue ratificado en enero.

Si bien el Decreto Obama no ha tenido mayores consecuencias directas funciona como una “Espada de Damocles”, ya que es el único país que vive una situación de esta naturaleza en el continente. Mientras se mantenga su vigencia no cabe duda que ello estimula la desconfianza de inversionistas y de empresas internacionales sobre la seguridad de sus negocios en el país, a lo que obedecerían las advertencias de las calificadoras de riesgo sobre la posibilidad de impago de los compromisos externos de la nación y el cierre de cuentas de importantes bancos a entes del Estado.

Es comprensible que el nuevo gobierno republicano que históricamente se consideran de “línea dura” frente a los mandatos demócratas, despierte preocupación en el sentido de estimular niveles de conflictividad en unas relaciones bilaterales que en los últimos años han conocido grandes desavenencias. El 7 de septiembre, en Miami, en la mira de atraer el voto latino Trump calificó a Venezuela de haber sido llevada a las ruinas por los socialistas y que defendería a “los venezolanos oprimidos que desean ser libres”. Un mes antes en una entrevista al Miami Herald había dicho que “los lideres de Venezuela no son muy amistosos con nuestros líderes; pero claro nuestros lideres tampoco se llevan muy bien con muchas personas” y añadió  que Chávez “tomó en cuenta a mucha gente ignorada”, siempre en la tónica dubitativa e impredecible de un nuevo presidente que depara incertidumbre y temor sobre sus decisiones. Ello, sin suscribir la frase del prestigioso periodista John Carlin de que en este caso (Trump)”se trata de un loco a cargo del manicomio”.