martes, 12 de junio de 2018

Análisis
VENEZUELA: 70 AÑOS EN LA OEA

A lo largo de sus 70 años, la Organización de Estados Americanos (OEA), ha tenido en Venezuela quizás el socio más activo y polémico. Su nacimiento el 30 de abril de 1948, en Bogotá, una ciudad poblada de escombros y cenizas por los disturbios sociales provocados por la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, estuvo vinculado a las exigencias de la llamada “Guerra Fría” y la política norteamericana de “contención del comunismo”. Rómulo Betancourt, jefe de la delegación venezolana, en su discurso destacó la transcendencia del evento pero advirtió los riesgos de que resurgieran las fuerzas del clásico regresionismo militarista en el continente. Su temor se hizo realidad pocos meses después cuando Rómulo Gallegos fue derrocado por militares golpistas. A los cuatro años la Conferencia Interamericana fue convocada en Caracas  en marzo de 1954 durante la dictadura de Pérez Jiménez y  entre otros, con el claro objetivo de legalizar acciones militares contra el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, al que Washington consideraba “al servicio de una potencia extranjera”. Su principal resolución despejó el camino para que el 18 de junio ya se consumara la invasión del coronel Castillo Armas desde Honduras contra el mandatario guatemalteco. La OEA por la tendencia dominante de los gobiernos miembros servía entonces de paraguas legal a la llamada “Internacional de las Espadas”. 

Tiempo de democracia

A comienzo de los años sesenta, se perfiló la tendencia a favor de gobiernos nacidos de la voluntad popular y que habrían de convivir en una búsqueda difícil, ciertamente, con los remanentes de las viejas dictaduras. Rómulo Betancourt, ahora como presidente constitucional, habría de encabezar el refrescamiento de la institución. En agosto de 1960, en la VI Conferencia en San José de Costa Rica, Venezuela presentó pruebas que involucraban al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo como responsable de un atentado contra el propio Betancourt y se aplicaron por primera vez los términos del Tratado Interamericano de Reciprocidad que significaron sanciones económicas y el bloqueo diplomático de la isla. Ese mismo mes, y en la misma capital la VII Reunión de Cancilleres aprobó una resolución inicial sobre Cuba, cuando aún no se conocía el rumbo ideológico de la revolución, por considerar “incompatible con el sistema interamericano toda forma de totalitarismo”. Después de otras condenas, en 1963, el gobierno venezolano apeló de nuevo al órgano de consulta para activar el mismo tratado “frente a los actos de intervención y agresión del gobierno de Cuba” luego que en las costas venezolanas fuera capturado un arsenal de armas enviado desde La Habana para ayudar a grupos insurreccionales, y al año siguiente se condenó al régimen fidelista como “culpable de intromisión en asuntos venezolanos”.

Ya en abril de 1963, Betancourt en su último año de gobierno habló desde la tribuna principal de la OEA y definió lineamientos en correspondencia con los cambios políticos ocurridos en el continente en lo que se conoce como “Doctrina Betancourt”, aunque él prefería definirla más bien como la “Posición Betancourt” que condenaba los gobiernos que no hubieran nacido de las consultas democráticas.  La consolidación de gobiernos productos de la voluntad popular, (pese a la etapa dictatorial en el Cono Sur) fue consolidando esta doctrina y como la línea de comportamiento del organismo. En septiembre del 2001, se aprobó en la Conferencia de Lima la Carta Interamericana Democrática que legitima a los gobiernos no sólo por su origen sino también por su desempeño, a propósito de la experiencia ocurrida con el gobierno peruano de Alberto Fujimori. Por cierto que 10 años antes, en 1991, en la Conferencia celebrada en Santiago de Chile,  a pocos meses del regreso de ese país a la democracia, el presidente Carlos Andrés Pérez envió al mandatario Patricio Aylwin un papel de trabajo en el cual recomendaba la conveniencia de ampliar la vigilancia de los gobiernos ante la tendencia autoritaria ya en marcha con el mandatario peruano.  

Renuncia y suspensión

El pasado 5 de junio, la Asamblea de la Organización en Washington con la presencia del Secretario de Estado  Mike Pompeo y la gestión directa del Vicepresidente Mike Pence, Estados Unidos presentó una resolución que declara la “ilegitimidad” de las recientes elecciones presidenciales, “la alteración del orden constitucional” y se decidió además avanzar en el proceso para la exclusión del país mediante una votación de  19 votos  a favor, 4 votos en contra y 11 de abstenciones. Desde mayo del 2016, el “Caso Venezuela” ha cobrado el principal protagonismo en la organización ya con la Secretaria General de Luis Almagro (quien fue promovido entre otros mandatarios por el propio Maduro) y con la petición de que se aplique la Carta Democrática Interamericana tomando en cuenta las dimensiones de la crisis política, económica y social que vive el país agravada por la fuerte corriente de migrantes que se refugian en otros países latinoamericanos. Han sido dos años con reuniones polémicas para obtener la mayoría requerida. En 2007, el gobierno venezolano como un caso único anunció finalmente su retiro de la OEA, cuya implementación requiere un término de dos años.

Consecuencias

Si bien, en esta oportunidad la propuesta norteamericana no cumplió con el propósito de la exclusión sin duda la proyección del debate y los cambios políticos en la composición del organismo abiertamente desfavorables al régimen venezolano, añaden un nuevo elemento a un clima de opinión que se alimenta cada día con los niveles de hiperinflación, la violencia social y la fuga de nativos.  Al mismo tiempo la sanción acentuaría el aislamiento en el marco continental lo cual permitiría nuevas medidas restrictivas en el ámbito comercial que complicarían el cuadro interno. Para José Miguel Vivanco, presidente de Human Rights Watch (HEW), quien ha estado muy atento al tema de los derechos humanos la medida sería un error, y en la misma línea se han pronunciado voceros opositores como el diputado Enrique Márquez, quien sostiene que “hay que mantener a Maduro en la OEA para seguir presionándolo con los mecanismos de control que existan; porque entre suspensión y expulsión hay una diferencia”. Maduro, en cambio, anunció ya que en abril del 2019 cuando se cumplan los dos años para la salida ha convocado a “una gran fiesta nacional”.  Un matrimonio que duró 70 años.

lunes, 4 de junio de 2018

Análisis 

¿EL CAMBIO EN ESPAÑA INFLUYE EN VENEZUELA?
Con un puro en la mano y frente a una copa de tinto en un salón del Anahy en la Puerta de Alcalá, Mariano Rajoy conoció que la mayoría parlamentaria votaría una moción que lo colocaba fuera de la Presidencia del Gobierno. Similares propuestas durante los mandatos de Adolfo Suárez y Felipe González fueron negadas, y de allí que la alta dirigencia del Partido Popular (PP) reunida en el elegante restaurant, apostaba a que la historia volvería a repetirse; sin embargo no ocurrió de esta manera y sorpresivamente 180 votos a favor contra 169 en contra y una abstención, abrieron el camino al líder socialista Pedro Sánchez (previa aprobación del Rey Felipe VI) para ejercer el poder hasta el final del período y constituir un nuevo equipo ejecutivo con el apoyo inicial del PSOE, Podemos, organizaciones nacionalistas, separatistas catalanas y vascas así como de otras regiones.

Por primera vez desde 1977 el cambio en “La Moncloa” no ocurría mediante elecciones al tiempo que ello fracturaba la tradicional alternancia de administraciones del PSOE y PP para dar paso a una alianza ocasional que deberá enfrentar un clima político enrarecido por la crisis autonómica de Cataluña, cambios en el escenario regional y el evidente debilitamiento de las dos principales fuerzas partidistas.  Si bien la moción fue propuesta como consecuencia del gigantesco entramado de corrupción del llamado caso “Gürtel que salpicaría a Rajoy (en la línea de las destituciones de mandatarios de moda en América Latina) en el fondo gravitan un enorme descontento, recogido por las encuestas con la gestión de Rajoy, el deterioro del cuadro económico y los desencuentros en el seno en los dos principales partidos. El PP ciertamente mantuvo su mayoría en las últimas elecciones pero con tendencia a la caída en un electorado natural que resiente la competencia del partido Ciudadanos liderizado por Albert Rivera  que levanta propuestas ideológicas y programáticas similares. Y sí bien el nuevo gobernante recuperó hace dos años el control del PSOE lo hizo marcando distancia con la jefatura tradicional simbolizada por el nombre de Felipe González y además acercamientos con Podemos (aliado hispano del chavismo) y otras formaciones con planteamientos radicales de izquierda.

Entre los retos de Sánchez y sus nuevos aliados además de la complicada relación con el gobierno catalán de Quim Torra (heredero del destituido y exiliado  Carles Puigdemont); el restablecimiento de los niveles de crecimiento de la economía; las tensiones políticas en la zona; las últimas decisiones comerciales desfavorables del gobierno norteamericano de Donald Trump y además, en este caso ratificar o moderar la postura española con el gobierno de Nicolás Maduro toda vez que Rajoy fue su más activo critico y también propulsor de las sanciones impuestas por la Unión Europea a funcionarios del gobierno venezolano. “Una primavera con caminos de espinas” diría un andaluz.  

NUEVO DIÁLOGO: ¿PARA QUÉ?

Luego de su reelección Nicolás Maduro propuso nuevamente la apertura de un diálogo para abordar los principales temas de la crisis nacional con tendencia cotidiana al agravamiento de los niveles de hiperinflación y violencia delictiva. En este sentido, durante la semana se realizaron varios encuentros en Miraflores con representantes del sector privado y voceros de la oposición. La Asociación Bancaria propuso el aplazamiento de la entrada en vigencia del nuevo cono monetario que debió comenzar el lunes 4 de junio. Un planteamiento pertinente toda vez que resultaba claro que no estaban dadas las condiciones técnicas ni operativas para un cambio de esta naturaleza. El mandatario acogió la propuesta en el entendido que de otra manera se habrían complicado al máximo las dificultades que ahora viven todos los días los usuarios del sistema bancario.

También el gobernante sostuvo reuniones con ex candidato presidencial de Esperanza por el Cambio (EEC) Javier Bertucci; el dirigente copeyano Pedro Pablo Fernández en representación de la alianza que sustentó la postulación de Henri Falcón; con directivos de los medios de comunicación y los cuatro gobernadores opositores: Laidy Gómez (Táchira), Antonio Barreto Sira (Anzoátegui),  Alfredo Díaz (Nueva Esparta) y Ramón Guevara (Mérida). En este caso el único tema tratado fue la liberación de los presos políticos como consecuencia de las acciones de protestas del 2014-2017, la mayoría de los cuales fueron objeto de maltratos y torturas además de la violación de su debido proceso. Al mediodía del pasado viernes fueron puestos en libertad los primeros beneficiados con la medida entre los cuales se destacan el ex alcalde de San Cristobal Daniel Ceballos y el general retirado Ángel Vivas, si bien la expectativa periodística se centraba en una posible medida a favor de Leopoldo López quien permanece recluido en su residencia pese a los reiterados llamados para su liberación hechos por instancias internacionales y por un importante grupo de gobernantes.
Es tradición que al comienzo de un nuevo mandato se adopten medidas de este tipo como una demostración de “borrón y cuenta nueva”, incluso en los régimenes más represivos y primitivos como los casos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. El propio Hugo Chávez luego de su reeleción en 2007 adoptó una medida de este tipo con supuestos implicados en los sucesos de abril del 2002. No obstante la necesidad de un diálogo en función de un acuerdo nacional pasa ahora por otros parámetros que van más allá de los simples encuentros entre oposición y gobierno (ambos factores severamente castigados por el voto en las recientes elecciones del 20 de mayo) y que debería incluir  también a los más diversos sectores de la sociedad dada la urgencia de un compromiso que facilite literalmente la reconstrucción económica y social del país. 



martes, 15 de mayo de 2018

ANALISIS
20-M: COMUNIDAD INTERNACIONAL ¿APOYO O INJERENCIA?
MANUEL FELIPE SIERRA
Mike Pence Vicepresidente de Estados Unidos solicito a la OEA suspender a Venezuela como país miembro y también las elecciones presidenciales y además anunció la aplicación de nuevas sanciones a funcionarios. La embajadora norteamericana en la ONU Nikki Haley solicito al mismo tiempo que “Maduro se vaya porque su régimen amenaza la paz y la seguridad de la región entera”; mientras que el Subsecretario de Estado John Sullivan declaró que el gobierno estadounidense concederá 18.5 millones de dólares para que Colombia “lidie con la llegada de venezolanos refugiados”. La Unión Europea ratificó su rechazo a la consulta del veinte de mayo y también aplicará nuevas medidas contra altos personeros. Los gobernantes de los países del “Grupo de Lima” insisten en cuestionar la legalidad del evento calificado por el presidente chileno Sebastián Piñera como “una farsa”. Más cerca, el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos pronostica una “implosión”; y el candidato presidencial Ivan Duque (quien seguramente será elegido en los próximos comicios) asegura que Venezuela es refugio de guerrilleros del ELN y que de ser reelecto Nicolás Maduro “lo llevaré ante la justicia internacional”. Estas son apenas algunas de las reacciones en los últimos días y que revelan como el “Caso Venezuela” cobra cada vez mayor prioridad en la agenda internacional.
De ser reelecto Maduro ¿Cuál será la reacción de tan importantes críticos? ¿El desconocimiento de la elección supondrá el retiro de embajadores y la congelación de relaciones diplomáticas y acuerdos comerciales? ¿Cómo se explica que amenazas de este tipo se refieran a la situación venezolana cuando muchos eventos electorales del continente suelen ser cuestionados en sus países por falta de transparencia o prácticas fraudulentas? ¿Cuáles son las diferencias entre la escogencia el próximo domingo y las numerosas elecciones anteriores con iguales condiciones y la misma responsabilidad del Consejo Nacional Electoral? Lo que queda claro entonces es que la megacrisis nacional por sus características y alcances es asumida de manera decisiva ya no sólo como ha sido y debe ser por los factores políticos nacionales, sino por elementos decisivos de una confrontación mundial que ya no se localiza entre las grandes potencias sino que involucra a países sin que tengan incidencia directa en ella.
La  “Guerra Siria”, que en verdad es un rompecabezas bélico por la participación de fuerzas militares de diversos países es un ejemplo válido para comprender la naturaleza de unas acciones entre países y fuerzas extrañas en un determinado territorio, donde a fin de cuentas las victimas y los verdaderos perdedores son los pueblos, es decir la mayoría de una población inocente e indefensa. Sin que pueda establecerse un paralelo con Venezuela y tratándose de escenarios geográficos e históricos distintos, son pertinentes las consideraciones por cuanto el proceso chavista por razones ideológicas y circunstanciales colocó al país al lado de nuevos factores del esquema multipolar. Tanto como para que Bush lo ubicara en su “eje de mal”; Obama emitiera un decreto aun vigente que la considera “una amenaza para la seguridad de Estados Unidos”, y Trump, resucitando la “Doctrina Monroe”, la coloque como blanco de acciones claramente injerencistas. Se explica entonces porque la Unión Rusa también por vez primera envie una misión especial de acompañamiento para las votaciones.
EL AMIGO FELIPE
Felipe González ex jefe de gobierno español durante catorce años, es uno de los líderes mundiales con un mayor conocimiento de la realidad venezolana. Con el nombre de Isidoro en plena lucha contra el franquismo visitaba Caracas con frecuencia trabando amistad con dirigentes de Acción Democrática. Por ello no fue casual que de “contrabando” en el avión presidencial Carlos Andrés Pérez lo entregara al gobierno español a la muerte del dictador y al comienzo de una transición hacia la democracia en la cual ya como líder del PSOE habría de ser una pieza fundamental. Recientemente en Bogotá, González ofreció unas amplias declaraciones en relación al proceso venezolano. Duramente critico de Maduro, e incluso de la participación de un sector de la oposición en las elecciones en relación a sus resultados abogó independientemente de ellos, por la unidad opositora por encima de diferencias momentáneas y por “una lucha pacífica, democrática y constitucional” y advirtió que “la intervención” o “el embargo” la historia ha demostrado que son contraproducentes y más que a los gobiernos causan enorme daño a los pueblos. Vale el consejo de un viejo amigo.
EN UNA SEMANA
El domingo veinte los venezolanos concurrirán a una nueva cita electoral que marca distancia con procesos anteriores. Por primera vez un sector importante de la oposición ha decidido no participar apelando al “neoabstencionimo” o “el abstencionismo express” según el columnista Jean Maninat, y también por vez primera bajo el ojo escrutador de significativas instancias internacionales que de antemano y de manera inusual han deslegitimado la jornada. En esta ocasión el elector, durante años acostumbrado a sufragar por los partidos, deberá hacerlo a favor o en contra de un modelo político cuya expansión llega a los veinte años y tomando en cuenta que además de elegir un nuevo mandatario y renovar los legisladores regionales, se trata de un episodio en el cual se juega la estabilidad política de los próximos años –en un cuadro de asfixiante pugnacidad política y malestar económico- y el propio porvenir de la nación. Nicolás Maduro apuesta a un nuevo mandato cuando las reelecciones son rechazadas a nivel continental y después de una difícil gestión caracterizada con la conjunción de la fase terminal del rentismo petrolero como un modelo económico comprobadamente inviable y además complicado por sanciones y restricciones comerciales. Henri Falcón venciendo desconsiderados ataques de viejos alados asume la representación del voto impugnador agrupando cada día a figuras de incuestionable trayectoria como Eduardo Fernández, Claudio Fermín, Felipe Mujica, Francisco Rodríguez, Enrique Márquez y Jesús “Chùo” Torrealba, entre otros y con un creciente apoyo en las bases opositoras del interior; y Javier Bertucci debuta en la política y acumula un impensable caudal de seguidores que en los sondeos lo ubican entre el 18 y 20 por ciento del electorado con lo cual resucitaría el famoso “fenómeno electoral” sepultado hace años por el bipartidismo.
@manuelfsierra

martes, 8 de mayo de 2018

ANÁLISIS
20-M: LO QUE SE JUEGA CON EL VOTO
MANUEL FELIPE SIERRA
                En el escenario de las elecciones convencionales el 20-M se trataría de una consulta para elegir Presidente de la República y en este caso además diputados regionales, de acuerdo a las reglas propias del juego electoral. Es decir, los votos consagrarían la reelección de Nicolás Maduro para un período constitucional de seis años o favorecerían, según las encuestas, a Henri Falcón candidato de una alianza opositora que ha presentado un programa de gobierno que implicaría un cambio significativo en las políticas implementadas en los últimos años, inicialmente por Hugo Chávez y desde el 2013 por su sucesor Nicolás Maduro. De esta manera, en la votación estará en juego un asunto de mayor entidad y complejidad que la acostumbrada alternancia en cuarenta años de democracia.
Desde 1998 con la elección de Hugo Chávez hasta el presente, es decir a lo largo de 19 años, se ha prolongado más que un gobierno o una administración burocrática, un proyecto de cambios sustanciales en la política y la economía. El mandatario fallecido resultó ganador apuntalado en la propuesta de cambio denominada “Revolución Bolivariana”, que a partir de la nueva constitución aprobada en 1999 definió un rumbo distinto al desarrollado durante décadas pasadas por los gobiernos de la democracia representativa encabezados por gobernantes de Acción Democrática (AD) y COPEI y se propuso además impulsar avances en materia política como la llamada “democracia participativa y protagónica” y una gestión económica emparentada con lo que luego se definió como el “Socialismo del Siglo XXI”.
Un proceso que lógicamente habría de estimular un conflicto ideológico, de fondo y no la simple relación gobierno y oposición; y que desde los años 2001, 2002, 2003 y 2004 ha planteado una polarización política con etapas de violencia y un abierto desencuentro de dos posiciones irreconciliables en la población venezolana. Ahora mismo, la escogencia presidencial ha estado precedida en los años 2016 y 2017 de enfrentamientos de calle, de sangrientas protestas y represión con saldos de muertos, heridos y enormes daños materiales, tanto que ha despertado la atención y la preocupación de la comunidad internacional (de instancias y de países) y que ha planteado la urgencia de un diálogo entre los factores envueltos en la confrontación en busca de acuerdos mínimos de convivencia para la gobernabilidad y en el entendido que no se trata de la pugnacidad convencional sino de dos visiones y dos modelos distintos de asumir el manejo del Estado y el rumbo del país.
FUTURO INCIERTO
De esta manera, la realización de las elecciones del 20-M una vez fracasados los intentos de negociaciones y de haberse producido una fractura aún sin solución de los poderes públicos; y tampoco sin que exista el interés expreso de ambos sectores en facilitar con la votación un clima propicio para entendimientos, sino todo lo contrario con la ausencia de la MUD (el polo mejor organizado de la disidencia) en la consulta, y además con la denuncia de ilegitimidad del proceso asumida por la OEA, la Unión Europea, Estados Unidos y 18 países latinoamericanos, ella debiera considerarse más bien como un episodio más de un grave desencuentro ya de carácter histórico.
La consulta se realizará también en el marco de una crisis económica y social sin paralelo en América Latina y que para voceros de organismos del exterior podría considerarse como una “de las más graves del mundo”, lo cual la convierte en una competencia excepcional que la diferencia de la simple lucha por el voto popular. En consecuencia, de producirse la reelección de Maduro o la elección de Falcón, sin que medie un acuerdo previo para una alternancia armónica y civilizada, el evento podría convertirse desgraciadamente para los intereses del país, en un nuevo pretexto para acentuar lo que de alguna manera puede considerarse ya como una forma de guerra civil prolongada.
COMPROMISO SUPERIOR
Si meses atrás la iniciativa del diálogo era pertinente y necesaria, en vísperas del 20-M ella se torna mucho más urgente e imperativa. Una reelección de Maduro sin que exista un compromiso mínimo para el restablecimiento de la gobernabilidad y una sustancial rectificación de las políticas económicas y sociales significaría prolongar en el tiempo un cuadro crítico que ya se torna insoportable, no sólo para los agentes políticos sino dramáticamente para el ciudadano común. Del mismo modo, la elección de Falcón quien con acierto ha definido su mandato como “de transición y unidad nacional” debería sustentarse en un acuerdo de respeto y comprensión por parte del oficialismo derrotado. ¿Es ello posible en solo dos semanas que faltan para la votación? ¿Está la dirigencia política, ganada por el sectarismo y la intransigencia, en capacidad de entender que por encima de intereses y ambiciones, que en otro momento resultarían legítimas, ahora se trata de responder a una exigencia superior de la sociedad venezolana? Ese y no otro es su compromiso con el pueblo y con la historia.
NI LUZ NI AGUA
                Ninguna región del país escapa en los últimos días a los cortes del suministro de agua y los apagones de energía eléctrica. En la mayoría de los casos, según las autoridades, ello obedece al robo de tubos, cables de fibra óptica y diversos materiales en instalaciones de Hidrocapital, CORPOELEC y también en las refinerías de PDVSA que estarían siendo saqueadas desde hace ya tiempo por mafias especializadas y que operan con complicidad en el exterior. De ello ser cierto, habría que concluir que el hampa organizada tiene mayor capacidad operativa y cuenta con un apoyo incluso más amplio que los propios organismos policiales del Estado. Otro dato alarmante de la inédita crisis venezolana.

@Manuelfsierra

lunes, 30 de abril de 2018

ANÁLISIS

20 - M: UNA CAMPAÑA INÉDITA

La campaña electoral que comenzó el domingo 22 y que culminará con la consulta presidencial del 20 de mayo, es un proceso con características y diferencias a las jornadas anteriores en un país que desde 1958 hasta el presente ha desarrollado una importante cultura electoral:
1) Por primera vez se adelanta el proceso de votaciones para la escogencia de un mandatario que deberá asumir en febrero de 2019, ya que tradicionalmente las elecciones se convocaban al término del período por lo que en este caso debieron realizarse en el mes de diciembre o por vía excepcional, en octubre tomando en cuenta que en esa fecha fue reelecto Hugo Chávez en el 2012 y cuyo mandato fue asumido por Nicolás Maduro en abril de 2013. El adelanto no resultó caprichoso y obedeció a las graves circunstancias políticas de 2016 y 2017 que obligaba a salidas urgentes como el adelanto de elecciones generales planteadas por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y en los diálogos y negociaciones con mediadores internacionales.
 2) Un sector mayoritario de la oposición (representado en la MUD de acuerdo a los últimos resultados) no participará en la contienda, apela a la abstención y desafía la solida tradición del voto, abriendo paso a la conformación de un bloque integrado por Avanzada Progresista, Movimiento Al Socialismo (MAS), Movimiento Ecológico y un sector de Copei.
3) Por vez primera también la convocatoria fue formulada por la Asamblea Nacional Constituyente tal como lo hizo con las votaciones de gobernadores y alcaldes si bien la instrumentación y el control del proceso estará bajo la responsabilidad del Consejo Nacional Electoral (CNE) y también es la primera oportunidad en la cual instancias internacionales y gobiernos que mantienen relaciones con el país han argumentado la ilegalidad del proceso sin que éste se haya realizado y el cual habrá de contar además con acompañantes extranjeros.
4) Las elecciones se realizarán en un marco excepcional donde no sólo influye la clásica relación gobierno – oposición sino decisivamente una crisis de hiperinflación que hasta ahora no ha tenido respuestas y que cada día se complica con mayor desabastecimiento, escasez, caída de los servicios públicos (electricidad, agua, etc) deterioro de Pdvsa que más que una empresa del Estado, según algunos historiadores es comparable con la Compañía Guipuzcoana en tiempos de la Colonia; y por añadidura con una masiva fuga de venezolanos en  proporciones que representan alarma en los países vecinos y la atención de los organismos de auxilio humanitario.

REELECCIÓN

5) El “Gran Polo Patriótico” cuyo eje principal es el PSUV ha propuesto a Nicolás Maduro para la reelección tal como ocurrió con Hugo Chávez en tres oportunidades. Con un contexto de opinión desfavorable (las encuestas registran entre 70 y 80 por ciento de descontento) sus posibilidades de victoria radican en una estructura partidista sólida y activada frente a opciones opositoras fracturadas y ganadas por el escepticismo. Pero fundamentalmente cuenta con el ventajismo institucional que pasa por el control de los poderes (salvo la Asamblea Nacional ahora despojada de sus funciones por la Asamblea Constituyente) el cual a lo largo de 16 años ha contribuido a configurar la hegemonía chavista ahora madurista sobre la base de la “Revolución Bolivariana” o “Socialismo del Siglo XXI”. Si bien la fortaleza inicial del régimen contó con el apoyo de las famosas misiones sociales durante el quinquenio madurista se ha complementado con la asistencia directa a las personas (carnet de la patria, Clap, hogares de la patria etc.) que en tiempo de apremios y escasez económico como el presente cobran mayor eficacia y comprometen más aún a los beneficiarios.

¿UNIDAD OPOSITORA?

6) El candidato opositor Henri Falcón en teoría contaría con una amplia ventaja para obtener la victoria el 20 - M si como ocurría en la alternancia bipartidista (AD – COPEI) existiera y contara con la fortaleza del llamado “voto castigo”. Para el observador más desprevenido resulta evidente el triunfo de un  candidato que propicie el cambio de la actual situación. De hecho en la casi totalidad de las encuestas el ex gobernador de Lara supera a Maduro por entre 10 y 20 puntos con un estimado de abstención del cincuenta por ciento; sin embargo sus posibilidades finales estarán asociadas a que se active la participación de los demás militantes opositores y el amplio segmento de independientes que suelen esconderse en la categoría de indecisos. En la misma dirección deberían tener éxito sus esfuerzos para incorporar a otros partidos que reforzarían la vigilancia de las auditorías, la presencia en los centros y mesas de votación y la revisión de las actas durante los escrutinios. Como sabe, las recurrentes denuncias sobre faltas, maniobras y prácticas fraudulentas que se hacen durante las votaciones se refieren al manejo final del número de electores y no como lo que en el pasado se conocía como el “robo de votos” en las mesas.

SOPA Y EVANGELIO

7) Javier Bertucci es el aspirante por el Movimiento “Esperanza para el Cambio” y sin apoyo de las plataformas tradicionales realiza una campaña vistosa y centrada en los sectores populares de todo el país. Sus concentraciones comienzan sirviendo una sopa como almuerzo a los asistentes lo cual habría venido haciendo desde hace diez años sin interés electoral y suele manejar un discurso sin definiciones ideológicas pero asociado a los problemas concretos de cada sector; es además pastor de la Iglesia Evangélica Maranatha lo cual ofrece de hecho una interesante audiencia a su discurso. Por supuesto de obtener una significativa votación lo haría a costa de electores potencialmente partidarios de Falcón aunque no se descarta que en los próximos días sume su caudal a favor de éste.
De esta manera dentro de 21 días los venezolanos tendrán la oportunidad de ejercer la ya vieja costumbre del voto en un escenario inédito y cuyos resultados, a diferencia del pasado, definirán no solamente el rumbo de un gobierno sino el propio destino de Venezuela.