miércoles, 18 de octubre de 2017

Crónica: Aquel 18 de Octubre de 1945

Crónica

Aquel 18 de Octubre de 1945


El 18 de octubre de 1945 estalla la rebelión de la Unión Patriótica Militar y un grupo de dirigentes de Acción Democrática liderados por Rómulo Betancourt. Esa mañana  el general Isaías Medina Angarita, consecuente con un viejo hábito, atendió  desde temprano las audiencias. Desde el día anterior los mayores Marcos Pérez Jiménez, Julio César Vargas y el capitán José Teófilo Velasco miembros de la UPM permanecían detenidos por una delación.

En Miraflores se encontraban dos de los principales juramentados con el movimiento: el mayor Celestino Velasco y el capitán Miguel Nucete Paoli, que procedieron a detener a los comandantes  del palacio Marco Antonio Valera y Luis Acevedo Jaimes. El capitán Velasco (convertido en jefe de la plaza), ordenó al capitán Félix María Angulo formar el pelotón, abrir el parque e informar a la tropa sobre los objetivos del pronunciamiento. A escasos minutos, en la acera de enfrente se detuvo el automóvil presidencial. Rodolfo León Portillo, edecán  del general Medina, se bajó para informarse de lo que sucedía. Nucete Paoli le dijo de manera enérgica: “Miraflores está en manos de los sublevados”. Confundido, el edecán fue al auto del presidente y con el ánimo perturbado regresó para conversar de nuevo con Nucete, quien lo recibió con una frase airada: “dígale al general Medina que es mejor que se retire porque Miraflores está ocupado por nosotros”. Desde ese momento Medina inició un recorrido por las plazas militares que le eran leales.

La noche fue de intenso tiroteo. La Policía Municipal encabezada por el mayor Santiago Ochoa Briceño, con el refuerzo de los civiles Rafael Cisneros, José Ramón Peña y Pedro Estrada declaraba su lealtad al gobierno e iniciaba el ataque a Miraflores. En ese momento el balance de las armas era abiertamente favorable al medinismo. En el palacio, el capitán Velasco inyectaba moral a los insurrectos con una frase que repetía casi mecánicamente: “aquí habrá muertos pero no prisioneros”.  Luis Miquilena, dirigente de Unión Popular Venezolana, acompañado por un grupo de autobuseros había tomado horas antes la Radiodifusora Venezuela y convocaba voluntarios para la defensa del gobierno. La confusión era total para ambos bandos y sólo una lluvia de disparos quebraba el silencio de la madrugada.

A  la media mañana del 19, se selló la victoria de los sediciosos. Un avión capitaneado por el teniente Gustavo Pérez Ojeda sobrevoló Miraflores. El aparato descendió hasta donde lo permitió la prudencia del piloto y dejó caer un papel atado a un tornillo. En el mensaje se daba cuenta de la adhesión de la Aviación en Maracay a la sublevación y se pedían las instrucciones correspondientes. Velasco, a través de la emisora que habían capturado sus tropas el día anterior, articuló las claves que le permitieron a los aviones bombardear con granadas y ametralladoras los cuarteles de la Policía Municipal, Ambrosio Plaza y San Carlos, obligando al desalojo de  este último cuyos soldados resistían fieramente.

José Giaccopini Zárraga, testigo y cronista de los hechos, contaba que al final de la tarde salió del palacio para tener una idea más precisa de los acontecimientos. Parado en la esquina de Bolero observó que un carro de color negro se aproximaba por la esquina de Paraíso. Del interior del automóvil se bajaron Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios y Luis Beltrán Prieto Figueroa y entraron al Ministerio de Guerra y Marina. Al poco rato, Betancourt arengó a las tropas, a los reservistas y a numerosos voluntarios que se habían presentado en el lugar y explicó las metas de un proyecto político que desde entonces se conoce como la “Revolución de Octubre”. Esa noche bajo una luz precaria, Leonardo Ruiz Pineda redactó el acta constitutiva de la Junta Revolucionaria de Gobierno: “Rómulo Betancourt (presidente), Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa (secretario), Gonzalo Barrios, Edmundo Fernández, el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Vargas”.

Desde ese mismo instante comenzó a deshacerse el acuerdo entre los jóvenes oficiales de la UPM y el grupo de Betancourt. Los mayores Pérez Jiménez y Vargas no participaron en la designación del equipo de gobierno. En ese momento, Pérez Jiménez, (la cabeza visible de la conspiración), confesaba a Giaccopini que por estar preso su participación había sido nula durante el desencadenamiento de la sublevación y que no aspiraba un puesto en la Junta. Años después, confesaría al historiador Agustín Blanco Muñoz: “yo no quise ir a Miraflores porque estaba desilusionado de lo que veía, por las ideas que tenía esta gente”. El mayor Julio César Vargas tampoco fue incluido porque Delgado Chalbaud alegó que no era conveniente que aparecieran “dos Vargas” ya que su hermano Mario había sido escogido como miembro.

La contraposición del proyecto militarista de la UPM y los objetivos democráticos de Acción Democrática, iban a determinar un forcejeo de tres años hasta el derrocamiento de Gallegos el 24 de noviembre de 1948; y posteriormente el establecimiento de una hegemonía militar de diez años. A estas alturas todavía el 18 de octubre de 1945 sigue dividiendo a los venezolanos y pesa demasiado para una desprejuiciada compresión de la historia contemporánea. Existe coincidencia, en cambio, que ese día se puso término al gomecismo y se abrieron las puertas a los procesos democráticos y la participación popular.                   

lunes, 16 de octubre de 2017

No democrática, vocación electoral

Análisis:
No democrática, vocación electoral

Más allá de los resultados numéricos de las elecciones del domingo, el hecho cierto es que su sola realización (en un escenario de grave conflictividad política no exenta de niveles de violencia, tal como ocurrió entre los meses de abril y julio) significa un acto de confianza en la democracia y abre la posibilidad para acuerdos en función de la convivencia entre los venezolanos. Pese a los obstáculos impuestos por el Consejo Nacional Electoral (CNE), la resistencia de algunos sectores opositores y un clima nacional que convoca al desánimo, la mayoría de los venezolanos acudirán a cumplir con el ejercicio cívico. Y es que si algún hecho sirve para confirmar la llamada “vocación democrática” de la nación es su disposición a cumplir con el voto por encima del contexto político. La Constitución de 1947 que es reivindicada como el punto de partida de la verdadera democracia nacional es valorada porque consagró el sufragio para las mujeres y los analfabetas de manera directa, universal y secreta.

Desde la muerte de Gómez, la lucha de los sectores antidictatoriales se centró en lograr esta conquista. La transición postgomecista de López Contreras y Medina Angarita abrió espacio para cierta participación ciudadana y avanzó en reformas sociales y económicas pero fue incapaz de satisfacer la exigencia del sufragio democrático. Sin duda, ese fue el elemento central que estimuló la conspiración de la Unión Patriótica Militar de Pérez Jiménez y el liderazgo en AD de Betancourt, Leoni y Prieto Figueroa para el derrocamiento de Medina y su posterior consagración en el texto constitucional se reivindica como el paso decisivo para el proceso democrático.

CONTRACORRIENTE

El voto en circunstancias francamente adversas sirvió en la elección constituyente del 30 de noviembre de 1952 para la victoria de URD, que en ese momento representaba la decisión de la mayoría de los venezolanos e incluso de quienes (por razones perfectamente comprensibles) habían levantado la bandera de la abstención. Fue la exigencia del sufragio por los partidos clandestinos en 1957 lo que obligó a la dictadura con un férreo control de la vida nacional (lo cual le otorgaba la opción de un seguro triunfo) que indujo al dictador y su equipo de juristas encabezados por Vallenilla Lanz y Rafael Pinzón  a inventar la mascarada del plebiscito que marcó, un poco más de un mes después, la caída de un régimen que se había soportado en una espectacular transformación física de Caracas y en la aplicación de políticas desarrollistas en materia siderúrgica, petroquímica y además una reforma agrícola que sin duda estimularían un voto favorable al llamado “Nuevo Ideal Nacional”.

 La presión del voto derrotó posteriormente a las tesis abstencionistas de 1963, cuando el país vivía bajo los efectos de una insurrección guerrillera en las ciudades y en el campo a reafirmar el camino de la consolidación institucional. Fue la misma convicción que operó para que en 1998 Hugo Chávez y demás herederos de los frustrados golpes de Estado de febrero y noviembre de 1992 se inclinaran por el camino electoral cuando aún las encuestas no reflejaban el curso de una tendencia que podría resultarle favorable. A lo largo de los últimos años ha estado presente la tendencia a invocar la tesis del “no voto” con argumentos en algunos casos sólidos como la desconfianza que despertó la integración y los instrumentos legales y organizativos  del nuevo sistema electoral, luego del referéndum revocatorio del 15 de agosto del 2004 que ratificó a Chávez hasta el final de su mandato el 2006. En sectores radicalizados que habían estimulado y participado en jornadas para el derrocamiento del gobernante seguía privando, aunque entonces no lo hicieran de manera pública, el convencimiento de que toda salida a lo que ya se vislumbraba como un proyecto distinto a la democracia representativa, no pasaba por la vía electoral.

2005 ERROR O ACIERTO

En este camino ocurrió un hecho importante: las elecciones parlamentarias del 2005, se realizaban marcadas por el efecto de la consulta revocatoria y una severa derrota opositora en las recientes elecciones regionales y municipales. La oposición unida (en aquel momento no se conoció discrepancia alguna salvo el “acto heroico” de Julio Borges, quien se presentó a consignar el voto)  decidió llamar a la abstención.
Se podría invocar que el llamado resultó victorioso y que incluso estimuló el ausentismo en las propias filas oficialistas como lo reconocieron entonces tanto Chávez como José Vicente Rangel, ya que el 83 por ciento de los electores no ejercieron el sufragio. No obstante, sectores que entonces estimularon el abstencionismo han pasado factura después alegando que por esta razón se le abrió el camino a la institucionalidad autoritaria; lo cual no es cierto ya que en el Parlamento que iba a ser sustituido existía una mayoría al servicio de las decisiones de Miraflores.

Algo parecido ocurrió con las votaciones del pasado domingo. Hasta hace dos meses sectores mayoritarios de la oposición levantaban la tesis de la “salida” que, en esencia, es un planteamiento antielectoral además de voluntarista. En esa línea se convocó a un plebiscito no vinculante el 16 de julio, que impactó sin duda a la población y que aprobó un conjunto de decisiones entre ellas el cambio de gobierno no precisamente por la vía electoral prevista para el 2018.  Ello explica el por qué, además de reparos legales, no hubiera representación opositora en la Asamblea Nacional Constituyente. Ahora, en una decisión que parece recobrar la sensatez política, los mismos sectores han llamado con particular énfasis a acudir a los centros de votación. ¿Qué cambios de fondo se han operado en dos meses para una reformulación estratégica? ¿Acaso la situación social, política y económica no se ha agravado sensiblemente? ¿Las reglas electorales y el árbitro en la materia no son las mismas y el CNE tiene la misma integración del que llamó a la ANC el 30 de julio? Si alguna lectura tuvieron las votaciones regionales es la reafirmación de la tendencia favorable al voto de los venezolanos, lo cual abre el camino y facilita la realización de elecciones municipales y la escogencia presidencial prevista para el próximo año. Más que democrática debería hablarse de “vocación electoral”.

@manuelfsierra
manuelfsierra@yahoo.com
http://manuelfelipesierra.blogspot.com/

lunes, 9 de octubre de 2017

El Che en Venezuela



El Che Guevara siempre tuvo a Venezuela como objetivo de su visión planetaria de la revolución. Los testimonios son muchos y repetidos. Cuando Douglas Bravo, quien habló con el mítico guerrillero dos veces en La Habana en los primeros años de La Revolución cubana y antes de que Bravo trepara a la Sierra de Coro para conformar el núcleo armado más activo e importante de las guerrillas venezolanas, dice que el Che (un hombre tímido, de palabra calculadora, y que poseía la transparencia de un poeta) le habló con pasión del papel de Venezuela en el esquema de la revolución latinoamericana e insistió en las lecciones de Bolívar y en la significación estratégica del país.

Guevara -lo recuerda Bravo destejiendo las breñas de la memoria- tenía el aura, el sino místico de sus amigos Argimiro Gabaldo y Chema Saher, que eran más pasión y grandeza moral que destrezas y disciplinas militares. Años después, el Che, consideró cumplido su deber con Cuba y buscó nuevos caminos para sus andanzas. En 1964 en Argel, a propósito de una Conferencia Internacional de Solidaridad que suponía el soporte propagandístico del Bloque Soviético, los venezolanos Germán Lairet, Pedro Duno y Silvino Valera se toparon con el Che, quien iba camino del Congo. Les propuso venir a Venezuela y les replanteó el valor estratégico de la guerrilla; los tres dirigentes del PCV le oyeron y como tratando de disuadirlo de sus planes, le insistieron en el perfil nacional del liderazgo de la línea insurreccional que operaba en Falcón, Lara, Yaracuy y zonas de oriente.

A mediados de 1965 el Che regreso a Cuba después de su infortunada incursión en el Congo. Un día, en compañía de Manuel Piñeiro, el legendario “barbarroja”, responsable de la ayuda armada a los movimientos subversivos (un cubano-gallego, alto, corpulento, infeliz sin un habano en los labios y una barba ahora blanca que se acariciaba con el deleite de un Santa Claus) Guevara sostuvo una reunión formal con Lairet, entonces responsable militar del Partido Comunista en La Habana. Lairet le ratificó que su presencia en Venezuela (ya habían surgido diferencias entre los grupos guerrilleros y la dirección PCV que levantaba la tesis de la “paz democrática”) no era conveniente, y que sería el pretexto ideal para que el Gobierno comprobase el carácter internacional del movimiento armado. El Che se despidió – con los años lo rememora Lairet- con un inocultable dejo de resignación.

En 1966, Luben Petkoff desembarcó por las costas de Tucacas con un grupo de guerrilleros cubanos para potenciar los destacamentos de la Sierra de Coro. Según el testimonio del periodista Alberto Jordán Hernández, el Che fue invitado a venir en la expedición. Guevara le dijo a Petkoff que había desistido de viajar porque en Venezuela las cosas “estaban muy adelantadas” y que prefería partir de cero en otra latitud del continente. Le dijo además que el PCV (la conversación con Lairet en La Habana) consideraba inconveniente su presencia en Venezuela. No obstante, según el periodista quien era corresponsal de El Nacional en Puerto Cabello, entre la gente de la costa falconiana, con la fe en los rumores de los hombres del mar, se decía que uno de los guerrilleros que amanecieron trasnochados y famélicos frente al espejo azul de Morrocoy, era el mismo Che Guevara. Antes de morir, ya su nombre estaba inscrito en el registro de la imaginería popular.

El periodista uruguayo Carlos María Gutiérrez había entrevistado a Fidel Castro y al Che en la Sierra Maestra. Se hizo amigo de Guevara y estuvo a su lado en las situaciones más críticas que siguieron a la entrada de La Habana en 1959, y trabó amistad con el guerrillero más allá de las relaciones profesionales. Gutiérrez, quien vivió en Caracas y con quien compartimos cuatro años en salas de redacción, contaba que Guevara, con su impenitente habano, daba vueltas en círculo en su oficina del Banco Central y repetía que otra cosa hubiera sido de América Latina si la revolución se hubiera hecho en Venezuela. A su muerte el gobierno cubano encargo a Gutiérrez una biografía del personaje, quien hizo una investigación, como sólo él, de los legendarios redactores del semanario Marcha de Montevideo, sabía hacerlo. Repasó el itinerario de Guevara, auscultó en su mundo familiar y amistoso, y refrescó largas conversaciones en los más diversos lugares de aquella Cuba que enervaba la sensibilidad revolucionaria del mundo entero. Después de tres años, Gutiérrez entregó más de 500 páginas, debidamente editadas, a un alto funcionario. Carlos María murió en 1991 y sin duda el mejor biógrafo del Che dejó inédita su producción.

Jordán Hernández, en una reciente crónica en el diario El Siglo de Maracay, comentó que en una oportunidad Fidel Castro tocándose la visera, gesto que añade solemnidad a sus frases, le dijo: ¿Sabía que el Che iba para Venezuela? Jordán revela también que Ernesto Guevara de la Serna  estuvo en Caracas en representación de la democracia cristiana argentina en diciembre de 1950. Entonces tenía 22 años de edad y fue atendido por el dirigente copeyano José Rafael Zapata Luigi, quien lo recordaba “joven, delgado, humilde, con una chaqueta maltratada, camisa sport, y un discreto maletín que constituía su equipaje”. Guevara celebró la navidad de ese año (un mes antes había sido asesinado el presidente de la Junta de Gobierno, Carlos Delgado Chalbaud) en la casa de su anfitrión caraqueño y mostraba interés de llegar hasta México. Haciendo grandes esfuerzos los jóvenes copeyanos le consiguieron un pasaje hasta Santo Domingo, desde donde habría de seguir su viaje hasta la capital azteca.

El Che volvió a Caracas en 1954. De esa visita queda un párrafo de su diario donde dibujó una visión “perezbonaldiana” de la ciudad, atraído por la neblina y la simetría del techo de las casas. En esos días, según contó hace unos años el médico José Lucio González al periodista José Emilio Castellanos, Guevara ingresó como médico al leprocomio de Cabo Blanco, en Catia La Mar. Se le recuerda como un profesional responsable, de poco hablar,  de largos silencios y lector contumaz. Solía hacer en Macuto largas caminatas frente al mar, hasta que un día desapareció como por obra de un misterio. Los preparativos de la invasión norteamericana a Guatemala y luego el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, lo colocaron en el camino que buscaba: la lucha revolucionaria.

Con la eclosión de los años 70, su rostro (una foto magistral del cubano Korda tomada en una concentración en la Plaza de la Revolución), simbolizó la protesta revolucionaria de las juventudes del mundo, luego con el tiempo su nombre fue lentamente lapidado por el olvido. Se desconocían, incluso los detalles precisos de su muerte. Entre el grupo de oficiales bolivianos que le asesinaron en La Higuera estaba el teniente Gary Prado. Por muchos años se acusó a Prado de haber rematado al guerrillero vencido. Recuerdo que en mayo de 1979, en Cartagena de Indias, en la celebración de los 10 años de la firma del Pacto Andino, Prado, que entonces formaba parte de la Junta Militar que gobernaba Bolivia, tuvo que ser sacado de un ascensor del hotel Capilla del Mar a punto de ser asfixiado por los reporteros que le inquirían cómo había asesinado al Che. Ya fuera de peligro, el Comandante Prado caminó avergonzado por el pasillo del hotel, se quitó la gorra y abrió la puerta de su habitación, como si hubiera reconquistado el reino de la libertad.


La exhumación de los restos del Che y otros de sus compañeros guerrilleros enterrados en una fosa común en Vallegrande y las historias dadas a la luz pública por testigos del hecho, realimentaron el mito y el Che ya no es un guerrillero que promete la sangre y la guerra. Muertas las ideologías; en receso se suponía por largo tiempo las estrategias insurrecciónales; en un planeta cuya globalización supone saltos materiales y científicos pero también profundas carencias espirituales  y afectivas, Guevara resurgió como el emblema de una nueva religión terrenal del entresiglo. En Vallegrande, en la Higuera y en Santa Cruz de la Sierra, donde sus huesos se confundieron con la greda rojiza de la selva, el Che es casi un santo. Su nombre conjura maleficios; la imploración de sus milagros prolonga la vida de mujeres y hombres, y cuando sus restos fueron llevados a Cuba los vecinos añadieron una nueva razón para su milenaria nostalgia. Ahora en Santa Clara (cuidad donde el Che dirigió la operación militar más importante en la lucha contra Batista) el incansable guerrillero inicia el camino de la beatificación popular, y se conoce la verdadera historia. El comandante Benigno “Darriel Alarcón Durán” ha contado que horas antes del minuto final encontró al Che solitario, semidesnudo, con la disnea poniendo a prueba sus pulmones y la mirada diluida en la distancia. Benigno con las ropas bañadas por la sangre del “Coco Peredo”, la dijo a Guevara que todo estaba perdido. Y fue así. Horas después el Che era cercado en su refugio de la Higuera y herido pidió que lo mataran. En las instrucciones de los militares era preferible rescatarlo con vida, pero una orden atribuida a los generales Barrientos y Obando decretó su muerte. No fue Gary Prado el ejecutor sino un teniente de apellido Terán. Muerto le cortaron las manos y el fotógrafo boliviano, Freddy Alborta hizo la foto para la historia: el Che sobre un sucio camastro y el rostro como el de un mártir después del máximo sacrificio. Para sus partidarios más fanáticos el guerrillero sigue viviendo con los ojos abiertos. Cómo iba a imaginarse Guevara que su vida y su imagen, con los años por obra de la revolución bolivariana de un venezolano llamado Hugo Chávez, habría de ser rescatada y convertida en tema de veneración y ejemplo, incluso en las ceremonias de los cuarteles. 

Análisis: Maduro: entre Putin y Rajoy

Análisis:
Maduro: entre Putin y Rajoy

“Venezuela está atravesando una época nada fácil”, declaró Vladimir Putin, luego de su entrevista con Nicolás Maduro en Moscú, el miércoles 4 de octubre. El mandatario ruso aseguró que seguirá de cerca el proceso de diálogo entre las fuerzas políticas venezolanas con la mediación y la asistencia de  varios países amigos. El mandatario venezolano agradeció el “apoyo prestado por Rusia en los momentos difíciles” pero que según él “se van superando”. El encuentro en el marco de la Sexta Cumbre Mundial de Energía significó el inicio de nuevas gestiones diplomáticas de Maduro en la línea de contrapesar los efectos de las recientes sanciones impuestas al país por el gobierno de Donald Trump, seguidas por Canadá y que podrían incluir próximamente a la Unión Europea.
Maduro también visitó Minsk la capital bielorrusa para revisar los acuerdos de intercambio vigentes desde hace diez años entre los dos países y adelantar conversaciones con el gobernante Aleksandr Lukashenko, quien mantuvo una reconocida amistad con Hugo Chávez y que ofreciera su apoyo al proyecto bolivariano prácticamente desde sus comienzos. Maduro visitó también Ankara, la capital de Turquía, y luego de rendir homenaje a la memoria del “Padre de la patria” Mustaf Kemal (Ataturk) y recibir el título honorífico de “Amistad Eterna”, se reunió con el polémico Recep Tayyip Erdogan. Como resultado del encuentro, se anunció la creación de “un mapa de cooperación integral para diversificar nuestras relaciones, ampliarlas e iniciar una nueva etapa entre Turquía y Venezuela”.

PETRÓLEO Y SANCIONES

La gira de Maduro puede leerse en dos planos: en primer término el cónclave petrolero de Moscú reunió a los principales países productores y no productores del crudo (incluso registró la visita del rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, el primer monarca saudita que toca suelo ruso) en procura de estabilizar los precios por encima de los 50 dólares por barril, promedio registrado en las últimas semanas en el mercado internacional. Por supuesto, el recorrido presidencial se orientó también a fortalecer las relaciones con los países que ejercen contrapeso geopolítico a Estados Unidos, en circunstancias en las cuales la actual política de la Casa Blanca ha profundizado las diferencias y los desencuentros. La declaración conjunta con Erdogan transmite también un mensaje a las principales naciones europeas que son severamente críticas de las políticas del gobierno turco.
En todas las conversaciones se destacaron los esfuerzos y el apoyo de los gobernantes visitados en función de un diálogo y entendimiento entre la oposición y el gobierno con asistencia internacional, las cuales según Maduro habrían avanzado en un 95 por ciento pese a que incluso la realización de los encuentros ha sido categóricamente negada por los voceros opositores, y también por el secretario general de la OEA Luis Almagro y algunos gobernantes latinoamericanos. Ciertamente, la gira presidencial contribuyó a colocar el “caso Venezuela” como uno de los principales temas de la agenda internacional a los cuales -junto con el riesgo nuclear de Norcorea- se suma ahora la peligrosa tensión política generada por el referéndum independentista de Cataluña del pasado 1 de octubre y la correspondiente respuesta del gobierno de Madrid.

Mientras Maduro cumple su recorrido internacional, en el país se avanza en la campaña electoral para las elecciones de gobernadores del 15 de octubre, en un clima caracterizado por nuevas críticas al manejo de la convocatoria por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y unos posibles resultados marcados por un considerable nivel de abstención. Pese a ello, los voceros oficialistas consideran, que más allá de los números, los resultados de las elecciones regionales contribuirán a fortalecer un clima de necesaria convivencia política y ofrecerán además una señal importante en este sentido para las consultas de alcaldes, concejos legislativos regionales y la escogencia presidencial del 2018.

TENSIÓN EN LA MADRE PATRIA

La realización del referendo independentista de Cataluña y su enérgico rechazo a los resultados y a su viabilidad por el gobierno de Mariano Rajoy, con apoyo de los principales partidos políticos e instituciones españolas, y la reiteración de la Generalitat y de su presidente Carles Puigdemont de declarar la independencia en los próximos días han generado un severo conflicto, ya no sólo entre los principales poderes del Estado sino con la activación de los agentes políticos, creando las condiciones para lo que podría ser una impredecible crisis, sin descartar tampoco el factor de una violencia generalizada en territorio hispano y con incidencia en otros países europeos.
El ex jefe de gobierno Felipe González en recientes declaraciones comparaba el cuadro español con la conflictividad venezolana, no solamente por el choque de poderes (en España Generalitat –La Moncloa y en Venezuela AN- ANC) sino porque revela una radicalización de los principales partidos más allá de los niveles propios del debate político que de acuerdo a la historia de España (la Guerra Civil y el Franquismo) y de Venezuela (la tradición dictatorial y la naturaleza ideológica del régimen) podría desembocar en acontecimientos que como suele ocurrir siempre complicarían aun más las calamidades económicas y sociales que afectarían directamente la vida de los ciudadanos.
 No es por azar que el jefe del gobierno Mariano Rajoy, si bien suscribe el diálogo en Venezuela, ahora deberá conocerlo en carne propia frente a la rebeldía catalana; y por su parte Maduro en otro plano, quien como se sabe ha convertido al gobernante español, junto con Donald Trump en activos promotores de la oposición venezolana  incluso de planes injerencistas y desarrollos contrarios a la legalidad constitucional sustentada en el voto popular.



martes, 3 de octubre de 2017

Análisis: Gobernadores: ¿a favor o en contra?

Análisis:

          Gobernadores: ¿a favor o en contra?

El 15 de octubre se realizará la novena escogencia mediante el voto de los mandatarios regionales como producto de la Ley de Descentralización aprobada en 1989 durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. La primera consulta del 3 de diciembre de 1989 representó un significativo refrescamiento del escenario político con la emergencia de nuevos liderazgos y la expansión de organizaciones políticas al margen del rígido esquema bipartidista de            Acción Democrática y COPEI. De alguna manera, las dirigencias de los partidos tradicionales, si bien proclamaban la urgencia de una renovación actuaban, sin embargo, en sentido contrario acentuando el centralismo en el manejo de los asuntos públicos en la línea de favorecer el clientelismo electoral.
La misma introdujo cambios en el mapa político, un año después de la victoria de Pérez que reafirmaba la mayoría de Acción Democrática la cual había alcanzado su más alto nivel con 56.72 por ciento de votos en la elección de Lusinchi en 1983. Los nuevos gobernadores nacidos del voto popular fueron 11 de Acción Democrática: José Gregorio Montilla  (Apure); Rafael Rosales Peña (Barinas); José Gerardo Losada (Cojedes); Modesto Freites (Guárico); José Mariano Navarro (Lara); José Francisco Ron (Táchira); Elías D’Onghia (Portuguesa), Guillermo Call (Monagas); Eduardo Morales Gil (Sucre); José Méndez Quijada (Trujillo) y Morel Rodríguez (Nueva Esparta).  Por su parte, COPEI  con 7 obtuvo las gobernaciones del Zulia con Oswaldo Álvarez; Henrique Salas Romer (Carabobo); Aldo Cermeño (Falcón); Nelson Suárez Montiel (Yaracuy); Ovidio González (Anzoátegui); Jesús Rondón Nucete (Mérida) y Arnaldo Arocha (Miranda). El MAS triunfó con Carlos Tablante en Aragua y Causa R con Andrés Velázquez en Bolívar. Estos dos últimos partidos habrían de robustecer importantes liderazgos a nivel regional en eventos futuros.
Tres años después, en las elecciones de diciembre de 1992 se produjo un cambio notable: COPEI obtuvo 10 gobernaciones, AD bajó a siete, el MAS sumó Amazonas, Sucre y Causa R ratificó su influencia mayoritaria en Guayana con la reelección de Andrés Velázquez.
Para 1995, AD recobraba su mayoría con 11 victorias; COPEI bajó a tres; el MAS subió a cuatro. La Causa R perdió Bolívar y conquistó el Zulia con Francisco Arias Cárdenas, uno de los militares sublevados junto a Chávez el 4 de febrero de 1992; y Convergencia el partido en el gobierno con Rafael Caldera ganó la elección en Yaracuy con Eduardo Lapi.

NUEVOS TIEMPOS

La renovación electoral de 1998 estaría marcada por la emergencia de la opción presidencial de Hugo Chávez y su partido “V República”, cuyo triunfo de lograrse, tal como ocurrió, implicaría la ruptura del equilibrio bipartidista de la llamada “IV República”. Si bien en aquel momento habrían de coincidir los comicios regionales con la elección presidencial en el mes de diciembre,  mediante el acuerdo del alto gobierno y los partidos se decidió separarlas para evitar que fueran contaminadas por lo que ya se suponía un inevitable torrente electoral favorable a Chávez y se decidió adelantarlas para el 8 de noviembre, un mes antes de las presidenciales. Los resultados de la consulta parecieron darle la razón al adelanto de la fecha: la alianza MVR, PPT y MAS (Chávez) obtuvo cinco gobernaciones; AD nueve, COPEI cuatro, Convergencia mantuvo Yaracuy y Proyecto Venezuela, Carabobo.
El análisis estadístico de los resultados condujo a las dirigencias de AD y COPEI a  la conclusión de que era posible con una conjunción de sus fuerzas impedir la victoria de Chávez, y en esas circunstancias ambas direcciones decidieron retirar las candidaturas de Irene Sáenz (COPEI) y Luis Alfaro Ucero (AD) para apoyar a Henrique Salas Romer (Proyecto Venezuela) que había acumulado una considerable fuerza, según las encuestas, como el único competidor capaz de superar a Chávez. Un mes después, los hechos demostrarían que no se pueden trasladar los números de manera mecánica al desarrollo de los hechos políticos, cuando Chávez resultó electo con el 56,20 por ciento de los votos frente a  Salas Romer con 39,97 por ciento; Irene Sáenz quien mantuvo su postulación una vez retirada por COPEI obtuvo el 2,82 por ciento y Luis Alfaro Ucero, como político de experiencia, evadió el contaje.

LA HEGEMONÍA CHAVISTA

La victoria de Chávez y la aprobación de la Constitución Nacional Bolivariana en 1999, implicaron un notable cambio político. En el contexto del proceso chavista, en las elecciones del 2000, la alianza oficialista obtuvo 17 victorias y la oposición quedó fragmentada logrando 7 gobernaciones. En el 2004, el oficialismo obtuvo 20 gobernaciones y  los opositores solo dos: Zulia y Nueva Esparta. Para el año 2008, PSUV ganó 17, mientras que la oposición aumentó a 5 respecto a la elección anterior. Para el 2012, con Hugo Chávez enfermo en Cuba, pero recientemente reelecto frente a Henrique Capriles Radonski, vuelve a retomar el control que aun mantiene con el poder en 20 entidades.

Las próximas elecciones se darán en un marco distinto que pronostica un cambio en la correlación de fuerzas desfavorables para el chavismo. Las votaciones parlamentarias de diciembre de 2015, consagraron la mayoría opositora no sólo por razones de apoyo partidista, sino porque se dieron ante una “catástrofe nacional” que afecta directamente la vida de los ciudadanos y que estimula el llamado “voto protesta”. Esa realidad no ha variado sino que se ha complicado en todos los órdenes, lo que hace presumir, lógicamente, que la tendencia opositora debería expresarse holgadamente en la futura escogencia. Sin embargo, el voto regional no solo obedece a la polarización nacional, sino que responde a realidades locales y la influencia de liderazgos sociales vinculado a las comunidades. Podría apostarse a que los candidatos opositores obtengan mayoría, pero sería arriesgado suponer, como sugieren algunos comentaristas, que el “madurismo” ahora que emocionalmente ha resucitado al “chavismo” con la Constituyente, ya conoce irremediablemente su hora final.