lunes, 21 de agosto de 2017

Análisis:


¿Cómo entender la crisis venezolana? (1) 
El llamado “Caso Venezuela” complicado en los últimos meses por el conflicto de poderes entre AN, TSJ, Fiscalía General, Defensoría del Pueblo y Asamblea Nacional Constituyente, y además marcado por una intensa violencia con muertos, heridos y cuantiosos daños materiales durante varios meses, es lógico que merezca la atención internacional. Luego del fracaso de la gestión de la OEA para la aplicación de la Carta Interamericana de Lima, los fallidos intentos de diálogo entre el Gobierno y la MUD, el agotamiento de protestas populares contaminadas por la violencia vandálica y la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (convertida en un suprapoder que asume en la práctica) las facultades propias de la Presidencia de la República), el cuadro venezolano luce cada vez más complicado y, en consecuencia, exige de soluciones y respuestas urgentes y viables.
¿Qué diferencia lo que ocurre en el país con las crisis que se viven en otros países latinoamericanos como Brasil, México, Colombia, Paraguay, y Guatemala, entre otros? ¿Por qué la situación ha llegado al extremo de que una manera inusual el presidente Donald Trump amenace con una “posible intervención militar” y haya emplazado personalmente al presidente Maduro en una escena que solo se recuerda en la historia continental con el enfrentamiento entre Kennedy y Fidel Castro en los años sesenta?

MODELO Y NO GOBIERNO
El conflicto político nacional se agrava en 1998 con la victoria de Hugo Chávez y su propuesta de cambio revolucionarios (nada de socialismo se hablaba entonces), como consecuencia del agotamiento bipartidista nacido del “Pacto de Puntofijo” en 1958, y el agravamiento de los problemas sociales y económicos, en buena medida, derivados del famoso modelo del “rentismo petrolero”. El triunfo chavista se apoyó en buena medida en la propuesta de un proceso constituyente que refrescara las instituciones y asumiera los cambios ocurridos en las últimas décadas en Venezuela y en el mundo.
Por otra parte, la victoria del chavismo no representaba la alternancia tradicional de los partidos políticos en el poder de acuerdo con las reglas del juego constitucional, sino la emergencia de una nueva élite y con planteamientos claramente opuestos a la visión representativa y formal del sistema democrático. Ello, como debía ser, provocó una confrontación cada vez más allá de la simple relación oposición y gobierno. Ya la Constitución Bolivariana del 99 apuntaba hacia esa dirección, y luego decretos como el referido a la educación escolar y la aprobación de leyes por la vía habilitante, como la propiedad de  la tierra y otras, habrían de provocar una reacción activa de sectores sociales y no solamente políticos que se consideraban afectados por medidas de esa naturaleza y las cuales continuarían de acuerdo al lenguaje y la acción presidencial.
A partir del año 2001, y luego en los años 2002, 2003, y 2004, se viviría un escenario inédito de conflictividad con enormes protestas populares activadas por la clase media y factores diligentes de la sociedad civil que llegaron a provocar, incluso, la salida del gobernante durante tres días, acciones de paro de la industria petrolera, disidencias del alto mando militar, y una inestabilidad que provocó la mediación internacional a través de la OEA (con la presencia de su secretario César Gaviria) y del Centro Cárter, con la asistencia del propio expresidente norteamericano, hasta concluir con un referéndum revocatorio presidencial (primero que se realiza en el mundo en esos términos) y que ratificó el mandato de Chávez.
Es decir, se abría el camino para la profundización del proyecto bolivariano ahora consciente de la fortaleza de los factores que le adversaban y de la disposición de éstos al cambio de gobierno por cualquier vía. Era explicable que en función de un proyecto de permanencia en el poder más allá del límite quinquenal, Chávez ya emparentado en algunos propósitos con Fidel Castro, endureciera el camino hacia una revolución que el politólogo Heinz Dieterich bautizara por comodidad semántica como “socialismo del siglo XXI”.

ALIANZA LATINOAMERICANA
Los años coincidían entonces con la elección de gobernantes en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, con planteamientos progresistas como respuestas al fracaso de los gobiernos de orientación neoliberal, que protagonizaron la década de los ochenta y noventa en el continente. De esta manera, el planteamiento chavista encontró espacio para establecer relaciones cada vez más estrechas con esas naciones e impulsar proyectos de integración comercial, en buena medida determinados por la milagrosa alza de los precios del petróleo que superaron los 100 dólares por barril. En 2005, el rechazo al proyecto del ALCA de Estados Unidos en Mar de Plata que propugnaba el libre comercio, y la reactivación del Foro de Sao Paulo de grupos izquierdistas, acentuó las coincidencias entre los principales mandatarios suramericanos; mientras que Petrocaribe, como mecanismo de ayuda energética para la región y la conformación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) determinaban el protagonismo del gobernante venezolano en América Latina y además su vinculación cada vez más estrecha con países de otros continentes que apostaban también a políticas neutrales y generalmente enfrentadas a la estrategia diplomática de Washington.

EL “GARROTE” DE ROOSVELT

Durante diez años, Chávez consolidó un modelo único, que si bien tuvo aliados importantes, como Lula y Rousseff en Brasil, los esposos Macri en Argentina, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, y Ortega en Nicaragua (y por supuesto Fidel y Raúl Castro en Cuba) se trataba de una alianza política y comercial entre gobiernos que no podían juzgarse con políticas ni propósitos similares al venezolano. De esta manera, la actual situación venezolana no podría equipararse con lo que han vivido en los últimos años otros países por quiebre constitucional como Honduras, Paraguay, Ecuador en su momento, y lo que ahora ocurre en Brasil y México, ni tampoco con las clásicas dictaduras militares en cuyos escenarios las crisis suelen resolverse por la vía generalmente incruenta de cambio de mandatarios y gobiernos o por los “baños de sangre” en los cuarteles. Se trata, en este caso, de una percepción que escapa a quienes simplifican la situación nacional y algunos de manera dramática como Donald Trump, quien en su afán de buscar la “América Profunda”, pareciera olvidar que hace muchos años fue enterrado el siniestro “garrote” de Theodore Roosevelt.

miércoles, 16 de agosto de 2017

El viejo dilema: Votar o no votar

Análisis                                         
                                    El viejo dilema: Votar o no votar
La MUD formalizo la inscripción de sus candidatos para las elecciones regionales del 10 de diciembre, pese a reservas de algunos  miembros que consideraban que con esa decisión se legalizaba la elección de la Asamblea Nacional Constituyente considerada fraudulenta por ellos. Henry Ramos Allup tomo la iniciativa de la postulación de los candidatos de AD, lo que tuvo un efecto inmediato en las demás organizaciones opositoras. La discusión de ir o no ir a las consultas electorales ha sido una constante en la política venezolana.

“CON EL PAÑUELO EN LA NARIZ”
Al asumir la transición postgomecistas en 1936 Eleazar López Contreras, propuso una reforma constitucional que implicaba el nombramiento de nuevos diputados con el propósito de ofrecer una señal en el camino hacia la democracia; por supuesto no se apelaba al voto de la población sino que mediante la ley gomecista se escogerían algunos parlamentarios lo cual no alteraría la composición del cuerpo.  Era lógico que líderes venido del exilio y salidos de la cárcel con ideas renovadoras rechazaran la propuesta, cuando en el país se vivía una creciente conflictividad entre los herederos del gomecismo y los jóvenes fuerzas democráticas. López Contreras gobernaba con su sabio manejo de “calma y cordura” y los partidos que entonces nacían eran integrados por jóvenes emparentados con ideas de izquierda que no podían ver con buenos ojos una prolongación del viejo despotismo. Rómulo Betancourt líder de “La Generación del 28” sorprendió con una declaración en la cual aconsejaba votar a favor de la reforma pero con “el pañuelo en la nariz”.

LA UNIDAD ES LA SOLUCIÓN

En 1952 la junta presidida por Germán Suarez Flamerich, convoco a unas elecciones constituyentes. AD, el partido mayoritario había sido ilegalizado, sus líderes estaban en la cárcel o en el exilio y además sus dirigencia había decretado una línea insurreccional por lo que era comprensible entonces que se negara a participar; el Partido Comunista también permanecía en la clandestinidad; URD y COPEI actuaban en una semi-legalidad y sus dirigentes eran acosados por la Seguridad Nacional. Sin embargo ambos partidos decidieron concurrir en el entendido que ello tendría un papel testimonial de denuncia de la dictadura, pero convencidos que en aquel contexto no existían razones para confiar en la victoria. Jóvito Villalba y Rafael Caldera salieron en campaña, y  el líder urredista  acuño la frase “la unidad es la solución” para estimular votos mas allá de las discretas fronteras de su partido. Días antes de las elecciones del 30 de noviembre Villalba no confinaba en el triunfo según  José Vicente Rangel el joven dirigente universitario que le acompañaba. Como se sabe el día de la consulta se produjo una contundente victoria de los candidatos URD seguidos de los candidatos de COPEI que dieron cuenta del Frente Electoral Independiente  partido construido por empleados públicos. Sin mas camino, el gobierno militar desconoció los resultados y consumó un golpe de Estado para implantar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.   


1957-1963
Situaciones parecidas ocurrieron en los siguientes años. Según la constitución  perejimenista del 1953 en su artículo 104 se establecía el fin del periodo presidencial de 1957 y en consecuencia el llamado a elecciones: ¿era posible creer en el acto electoral en pleno esplendor del perezjimenismo, sin libertad de prensa, sin partidos y con un férreo control policial de la población? ¿Podrían realizarse comicios sin participación opositora toda ella en el exilio o en las cárceles?. Luis  Herrara Campins desde Múnich dio a conocer un lúcido ensayo titulado “Frente a 1958” donde planteaba el uso de lo que parecía una hipotética vía electoral. Los partidos en el exilio y la clandestinidad comenzaron a reflexionar sobre esta posibilidad y surgieron posibles nombres de venezolanos independientes como Caracciolo Parra Pérez, Arnoldo Gabaldon y Rafael Caldera quien, acosado policialmente vivía en el país; en los cuarteles se habló del coronel Oscar Tamayo Suarez jefe de la Guardia Nacional e incluso el gobierno llego pensar en una amnistía que podría favorecer a los ex presidente Betancourt y Gallegos. A los días creció el consenso en torno al líder copeyano con el apoyo de AD y el PCV en caso de abrirse el cauce electoral. ¿Con todo el poder y el más descarado ventajismo suponía el gobierno que podría perder la elección? Luego se comprobó que ciertamente lo suponía por cuanto se inventó “la mascarada” del plebiscito del 15 de diciembre de 1957  sin participación popular, sin opinión disidente y sin reglamentación electoral que resulto ser un grotesco fraude que activó los mecanismo de la resistencia no sólo de los partidos sino de sectores sociales, lo cual  en el curso de un mes condujo a la caída del dictador.
Podría citarse también lo ocurrido en la elecciones de 1963 cuando los partidos ilegalizados PCV y MIR declararon la abstención y planificaron una operación militar de largo alcance  llamada “La Toma de Caracas”  para lo cual  se contó también con la ayuda de armamentos procedentes de Cuba y las activación de las brigadas guerrilleras rurales y urbanas. Si bien es cierto que en ese momento se implemento “El Plan República” con las Fuerzas Armadas, (que aún permanece vigente) ese día no se registró ningún hecho importante de violencia y lo más significativo aun  fue la masiva  concurrencia a las urnas que resulto histórica con la elección de Raúl Leoni como Presidente de la República.

LA DUDA DE CHÁVEZ

Habría que recordar también que en vísperas de las elecciones de 1998 cuando el cuadro electoral parecía cruzado por la inmensa popularidad de Irene Sáez, la fuerza acumulada por el aspirante adeco Claudio Fermín y el líder carabobeño Enrique Salas Romer, Hugo Chávez recién salido de la cárcel comenzó a recorrer el país con su movimiento bolivariano y encontró un importante eco en los sectores populares. ¿Había acaso condiciones para un nuevo intento de golpe de Estado ahora fuera de los cuarteles? ¿Acaso ya todas las encuestas no configuraban el escenario presidencial  para diciembre de 1998?. Contracorriente y venciendo la opinión de sus principales partidarios todos ellos con posiciones ideológicas tomadas, Chávez se atrevió a proponer el camino de las elecciones en condiciones que entonces no parecían favorables para su proyecto. Ya se sabe lo que ocurrió porque como se ha comprado de alguna manera la vocación democrática de los venezolanos se expresa con la práctica del voto, más allá del contexto en el cual se realiza. No es casualidad que las últimas encuestas registren un rechazo al gobierno entre setenta y ochenta por ciento  pero los mismos sondeos atribuyen esos porcentajes a la decisión ciudadana de concurrir a las urnas a todo evento.

miércoles, 9 de agosto de 2017

 ANÁLISIS:  

PACTO DE PUNTOFIJO: EL LARGO CAMINO DE LA DEMOCRACIA

El viernes 31 de octubre de 1958 se suscribió el “Pacto de Puntofijo” por los máximos representantes de los partidos COPEI, Acción Democrática y Unión Republicana Democrática con el compromiso de preservar la estabilidad de la recién nacida democracia el 23 de enero del mismo año, tras el derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez.  No se trató de una simple declaración formal de las principales organizaciones políticas de aquel momento (con la exclusión del Partido Comunista de Venezuela), de cara a las elecciones generales convocadas para el mes de diciembre del mismo año.

El pacto fue resultado de un largo proceso de conversaciones y difíciles negociaciones entre los tres partidos a comienzos de 1957 (dos de ellos AD y URD  permanecían en la clandestinidad) y el tercero COPEI con dirigentes presos y sometido a una severa persecución su principal líder Rafael Caldera. En México en los análisis de la dirigencia adeca en el exilio; y luego de la derrota de la estrategia insurreccional planteada por la dirigencia desde  La Habana, como respuesta al gobierno militar considerando que era el partido mayoritario, con mejor estructura organizativa y con apoyos de factores civiles y además con influencia directa en un sector militar opuesto al proyecto de Pérez Jiménez. En esa línea las acciones emprendida entre los años 50 y 52 no sólo fracasaron sino que significaron un alto costo para el partido con decenas de sus miembros detenidos, torturados y exiliados; y además la muerte de dos de sus figuras más representativas de la resistencia como Leonardo Ruiz Pinedas y Alberto Carnevali.

Luego, la consumación del fraude contra los resultados favorables a URD y COPEI en las elecciones para la constituyente de 1956 despejaron el camino para los planes de los golpistas en el poder que se apuntalaba en una vistosa política de transformación urbanística de Caracas y la construcción de grandes obras (algunas de ellas derivada de proyectos de los gobiernos anteriores) y que transmitían la sensación cierta de un sendero de progreso y modernalizacion apalancado en los altos precios del petróleo y una inmigración selectiva europea aventada por la guerra mundial.

HACIA LA UNIDAD

    Era obvio entonces que se imponía la necesidad de unir esfuerzos en una lucha desigual para enfrentar a la dictadura ya no solo confiando en los resultados del inmediatismo y la apelación golpista  tradicional si no que era necesario perfilar un camino mucho más difícil y riesgoso pero que permitiera la unidad operativa de los partidos incorporando también a factores sociales como trabajadores, empresarios y organizaciones de una naciente clase media. Tampoco existían condiciones para asegurar una segura compenetración y  acuerdos entre los actores de la resistencia tomando en cuenta que sus enfrentamientos habían contribuido de alguna manera al derrocamiento de Gallegos en 1948 y los cuales se pusieron nuevamente de manifiesto en las elecciones del 52, cuando el AD llamo a la abstención, mientras que URD y COPEI entendiendo lo difícil del esfuerzo, sin embargo convocaron  al voto resultando ganadores en la consulta el 30 de noviembre del 52, que obligo a la estructura militar a declarar la dictadura abierta con la presidencia de Marcos Pérez Jiménez.

Si bien es cierto, que los partidos clandestinos en el interior del país promovieron algunos intentos para unificar fuerzas para el derrocamiento del régimen, estos inicialmente no obtuvieron ni si quiera discretos resultados, dada la férrea naturaleza del gobierno inspirado en “el nuevo ideal nacional”. En el exilio la dirigencia adeca encabezada por Rómulo Betancourt y Gonzalo Barrios iniciaba reflexiones de mayor alcance en relación a la naturaleza del gobierno que habría de sustituir al perezjimenismo tomando en cuenta la realidad nacional pero también los condicionantes externos de la época. De alguna manera, aquellas reflexiones definían el contenido que varios años después daría forma al “Pacto de Puntofijo” en el sentido que se trataba de un proyecto mucho mas allá de la salida del dictador y pensado en más largo plazo con el propósito de estabilizar la democracia en un terreno que no era precisamente propicio para ello. 

1957 FECHA CLAVE

            En el ámbito político nacional se creó natural expectativa por la convocatoria a las elecciones presidenciales según el artículo 104 de la constitución vigente que debían realizarse en 1957 para dar inicio a un nuevo periodo constitucional. La calma reinante hasta entonces se había deteriorado con los niveles extremos de represión de la Seguridad Nacional; la explosiva pastoral de la Iglesia del primero de Mayo y el desarrollo de las luchas en los niveles estudiantiles inicialmente en los liceos y luego con fuerza determinante, a nivel de universidades. Tales circunstancias facilitaron la creación de la Junta Patriótica estimulada por URD y el Partido Comunista y luego con la incorporación de COPEI y finalmente de Acción Democrática. La confluencia unitaria fue concretada por un mensaje de Jóvito Villalba ya en Nueva York y luego de restablecidas relaciones con Betancourt a través del periodista Amílcar Gómez. De esta manera las primeras reuniones se realizaron en la residencia de Fabricio Ojeda en Coche (redactor de El Nacional en la fuente de Miraflores), José Vicente Rangel ambos también urredistas, Guillermo García Ponce del Partido Comunista de Venezuela y Enrique Aristeguieta Gramcko de COPEI; y finalmente la Junta Patriótica quedo conformada por Ojeda como presidente, García Ponce y Aristeguieta Gramcko y luego con la incorporación de Moisés Gamero de AD a los días sustituido por el dirigente universitario Silvestre Ortiz Bucarán .

La mascarada del plebiscito convocado por Pérez Jiménez para perpetuarse en el poder el 15 de diciembre de 1957; el estallido de la huelga universitaria que se extendió a todo el país;  los acuerdos firmados por sectores laborales y empresariales; y los síntomas de descomposición militar la cual se hizo evidente con la sublevación de la Aviación en Maracay el 1 de enero de 1958, impulsaron la vigencia de la Junta Patriótica para enfrentar los acontecimientos ya previsibles del agotamiento del régimen.  Como escribió Simón Sáez Mérida, entonces secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad: “en esas circunstancias y ese cuadro político, para echar a Pérez Jiménez y su dictadura y alcanzar la restauración de la democracia y de las libertades políticas que reclamaba toda la nación, la única línea válida era la acordada dentro el seno  de la Junta Patriótica. Era eso o nada.”  

 ENCUENTRO EN NUEVA YORK

Paralelamente, en aquellos días se reunían en Nueva York  Betancourt,  Villalba y ya Caldera exiliado, junto al empresario Eugenio Mendoza y gestiones del economista Enrique Carrillo Batalla (quien incluso promovió un encuentro entre Betancourt y López Contreras) para definir una estrategia de cómo debería ser un gobierno de democracia tripartita con participación empresarial y ampliamente participativo, en contraste con el gobierno monopartidista de Acción Democrática que condujo la caída de Gallegos en 1948. En esas reuniones se definió lo que habrían de ser las líneas generales de acuerdos de gobernabilidad recogidos en el “Pacto de Puntofijo”. En este sentido, suele criticarse la exclusión del PCV, pese a su activa participación en la resistencia y la fuerza demostrada en la movilizaciones de la transición democrática, pero en verdad, más allá de la alianza operativa de la Junta Patriótica nunca se considero que podría incorporarse un partido que mantenía una clara sujeción a la idolología comunista en el marco de la “Guerra Fría”. Incluso tres días antes de la firma en octubre del 58 Betancourt, Caldera y Villalba se reunieron con Gustavo Machado en “Villa Clarita“ la casa del historiador Luis Villalba Villalba para dejar en claro las razones por las cuales no se había incorporado a su organización, pese a reconocer su aporte en la etapa anti dictatorial.

El “Pacto de Puntofijo” fue una declaración general de cinco puntos para la consolidación del sistema democrático durante el siguiente quinquenio (1958-1963) que incluía la defensa de la constitucionalidad y el derecho a gobernar conforme a los resultados electorales; gobierno de unidad nacional es decir, considerar equitativamente a los partidos firmantes y además otros elementos de la sociedad en la formación del gabinete ejecutivo del partido que resultaba ganador; así como un programa mínimo común. Si bien en diciembre de 1960 URD abandono el acuerdo su estrategia siguió comprometida con el apoyo a la democracia y su líder Villalba fue aspirante presidencial en 1963; y COPEI, pese a no participar en el acuerdo de 1964 entre AD, URD y el FND de Uslar Pietri, definió la línea de la “autonomía de acción (AA)”, pero con un claro apoyo a los postulados puntofijistas. Más que su duración en términos formales se trató de un compromiso en función de la estabilidad democrática que se cumplió pese a cambios de presidentes y distintas correlaciones parlamentarias, y con avances como la descentralización y la elección directa de gobernadores y alcaldes años después, hasta 1998 con la victoria de Hugo Chávez Frías con una propuesta de cambio no sólo de gobierno si no de las bases del régimen político de alguna manera consagrado en la Constitución Nacional Bolivariana de 1999.

 EN SABANA GRANDE


La reunión y la firma del acuerdo del “Pacto de Puntofijo” se realizo en la residencia de Rafael Caldera en las Delicias de Sabana Grande. El líder político explica: “es el nombre que pusimos mi novia y yo a la modesta casa donde fundaríamos nuestro hogar construida con un crédito de la “Previsora” sobre un solar que me regalo mi padre, en un sitio que en aquel momento no tenia calles pavimentadas; el nombre fue tomado del sitio más alto de la carretera vieja de San Felipe a Nirgua, de donde se contemplan a plenitud los arrolladores valles de Yaracuy. Los periodistas le colocaron ese nombre al pacto que se firmo en mi casa por yo estar quebrantado”. El acuerdo fue suscrito por Jóvito Villalba, Manuel López Rivas e Ignacio Luis Arcaya por URD; Rafael Caldera, Lorenzo Fernández y Pedro del Corral por COPEI y Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios por Acción Democrática. Previo a las elecciones presidenciales de diciembre de 1958 los tres candidatos: Betancourt (AD), Caldera (COPEI) y Wolfgang Larrazábal (URD) ratificaron los enunciados de la declaración. Algunos de sus contenidos fueron asumidos por otras negociaciones políticas como el famoso “Pacto de La Moncloa”, en la transición española de los años setenta.

viernes, 21 de julio de 2017

CRÓNICA:
HEMINGWAY EN CARACAS


Ernest Hemingway visita Caracas en enero de 1956 invitado por la Embajada de Estados Unidos y la Asociación de Escritores. A su llegada fue entrevistado por el periodista Carlos Dorante de El Nacional quien traza un perfil: “Hemingway parece un levantador de pesas, su andar de marinero, de atleta, su fortaleza que no cede a los 60 años que transita, llama forzosamente la atención en todas partes” No era extraño: la lucha libre era el espectáculo más popular de Caracas en esa época y algunos luchadores reconocidos como ídolos. Una dama elegante se le acercó en la librería “Suma” de Sabana Grande, lo miró fijamente y le preguntó: “perdóneme, ¡Se parece usted tanto a Ernest Hemingway! Y éste contestó ¿A quién?, bueno cualquiera que sea debe ser un pobre diablo si se parece a mí”. Cuenta Dorante que Hemingway como amante de los deportes y de la tauromaquia dijo admirar a Alfonso Carrasquel (entonces en el cénit de la Grandes Ligas) y  a César Girón “a quien aplaudí a rabiar en Sevilla”. Elusivo para opinar sobre temas literarios dijo que éste era un lujo en estos momentos. ¿Y de sus novelas?, pregunta el reportero: “Me gustan todos mis libros y para eso los firmé” ¿Cuándo volverá a publicar? “Publicaré mi próximo libro cuando vuelva a tener hambre”. Dorante remata ¿Admira algún escritor en especial? “Si, al que escribió La Biblia, parece que tenía talento, ¿verdad?” El 22 de julio de 1961 Hemingway se disparó a sí mismo con una escopeta en su rancho en Ketchum Idaho. Según su biografía, “se presume que una posible causa fue la enfermedad de alzheimer que le fue diagnosticada un poco antes, así como su marcado carácter depresivo y su alcoholismo”.

jueves, 20 de julio de 2017

Crónica: “El Caruso venezolano”

Carlos Almenar Otero cumple 90 años. El famoso tenor y profesor de canto llega al Café Lonchys del Centro Plaza. El dueño José Luis Tirado contertulio de escritores, artistas y bohemios de los Palos Grandes le pregunta: “¿Maestro, un episodio que recuerde de su larga vida artística?”Responde: “Recuerdo siempre cuando fui finalista en el concurso del Centenario de Enrico Caruso en Rio de Janeiro  en los años cincuenta; por cierto que allí conocí a Mario Lanza”. ¿Qué temas cantó? insiste Tirado: “canté varios canciones, entre otras, “Granada”, “Aquellos Ojos Verdes” y “Alma Llanera” y las sigo cantando”, ahora se despide sonriente…