domingo, 22 de enero de 2017

Analisis EL UNIVERSAL

AQUEL 23 DE ENERO


El 31 de diciembre de 1957 pocos venezolanos suponían que en cosa de horas habrían de ocurrir acontecimientos históricos trascendentales. Esa noche en Miraflores, como era habitual, se realizaba  la recepción de fin de año y como costumbre también se chocaban las copas de champán. La élite económica y social de la ciudad tenía en este caso muchas otras razones para el optimismo.

1958  se presagiaba como un ambiente propicio para continuar grandes obras públicas y Pérez Jiménez se enorgullecía de contar entonces con la “botija llena”. Si bien en la calle los días anteriores registraban un clima de tensión popular;  se  prolongó  una huelga universitaria desde el mes de noviembre y los recientes resultados tramposos de una consulta electoral plebiscitaria que prolongaba el mandato del dictador, anunciaban el optimismo, el venezolano fijaba su atención en los grandes cambios que transformaba a Caracas en la urbe más dinámica y moderna del continente y que ofrecían además posibilidades de trabajo a cientos de miles de campesinos que provenientes de la provincia apostaban a mejores condiciones de vida .

La tradicional resaca del viejo año fue alterada en la madrugada del primero de enero cuando a las 7:00 am un avión cazavampiro pilotado  por el mayor Edgar Suárez Mier y Terán atravesó las modernas torres del centro Simón Bolívar de Caracas, despertando la ciudad y anunciando el comienzo de una rebelión aérea. No era un hecho aislado. Ya Maracay estaba en poder de los jóvenes insurrectos y se esperaba sólo la reacción inmediata de un grupo de oficiales comprometidos en el Cuartel Urdaneta de la capital que habría de producirse horas después. La operación seria dirigida por el comandante Hugo Trejo, quien tenía la misión de ocupar el Palacio de Miraflores.

¿Qué había ocurrido entonces para que en una noche de tradicional festividad se precipitaran hechos históricos inesperados? Más allá de los episodios y las anécdotas era evidente que el régimen de Marcos Pérez Jiménez, pese a contar con inmensos recursos financieros y la benevolencia de una población que admiraba una milagrosa transformación urbanística de la capital, que era admirada además incluso en el mundo entero y que rellenaba páginas de importantes reportajes de publicaciones internacionales, estaba llegando a su final.

De esta manera, se cumplía un ciclo histórico. El Perezjimenismo había insurgido el 24 de noviembre de 1948 contra el gobierno constitucional democráticamente elegido por la mayoría de los venezolanos y que presidio el notable novelista e intelectual Rómulo Gallegos. No era un simple cambio de gobierno ni tampoco se repetían los concebidos Golpes de Estado que apuntalaban su estabilidad en el uso de las armas. Ese día, mientras los militares triunfantes celebraban la victoria, sectores democráticos, educados en la lucha política, con experiencia en las penurias de las cárceles y la persecución habrían de iniciar una lucha que culminaría solo diez años después.

Los procesos históricos suelen medirse no solamente por simples episodios, por conspiraciones fracasadas, por la emergencia de líderes carismáticos, y discursos esperanzadores. El tramo que generalmente marcan la historia  resultan mucho  más complejos  y suponen definiciones caracterizadas por el largo tiempo.

Esa fue la característica de la lucha de un decenio contra la dictadura de Pérez Jiménez. Hubo grupos políticos que apostaron a la reacción golpista inmediata como el caso de Acción Democrática que a comienzo de los años cincuenta y que además tenía razones para ellos por cuanto  entre sus activos se encontraban oficiales  que habían sido leales y consecuentes con los propósitos de la insurgencia del 18 de febrero de 1945, que definió el deslinde entre el civilismo democrático y la dictadura militarista entonces triunfante.

Figuras fundamentales como Rómulo Betancourt apostaron a la dirección correcta desde el exilio cubano y costarricense e incluso concibieron la tradicional invasión armada que años después consagró la victoria de Fidel Castro con la incursión del Granma en las costas cubanas.

Figuras históricas como Jóvito Villalba y Rafael Caldera en cambio confiaron en la acumulación de fuerzas democráticas y en las contradicciones inevitables que nacen en regímenes de naturaleza totalitaria. Era cosa de tiempo pero también los años habrían de demostrar  que resultaba la estrategia era correcta  y ello explicó finalmente la derrota de Pérez Jiménez el 30 de octubre de 1952 que definió el camino definitivo de la dictadura y posteriormente el resultado del 15 de diciembre de 1957 cuando el dictador Pérez Jiménez, pese a las grandiosas celebraciones del Palacio de Miraflores, entendió que no contaba con el apoyo del pueblo y que los días de su mandato habrían de enfrentar circunstancias y contratiempos que no eran comunes en la visión lineal y vertical de los gobernantes militares.

En ese largo proceso cabe destacar un esclarecedor articulo del entonces exiliado en Munich, Luis Herrera Campins, joven dirigente copeyano, que en 1957 escribió un esclarecedor texto con el título “Frente a 1958”, un material de difusión política electoral venezolana que predijo el rumbo que en poco tiempo habría de conducir al colapso de la dictadura.

Las consideraciones de Herrera Campins quien luego fue Presidente de la República constituyen, vistas en el tiempo, una página magistral de la interpretación política, muchas de las cuales marcaron los hechos que condujeron a los pocos meses a los acontecimientos, conspiraciones, protestas estudiantiles, alianzas entre los partidos políticos, divisiones en el seno de la joven oficialidad, incluso de la estructura militar que había sido leal al dictador durante varios años, a un crisis que mas allá de las riquezas presupuestarias, de la propaganda y el despliegue publicitario convencieron al país que los cambios finalmente responden a razones fundamentalmente históricas.

Años después valdría la pena recordar una de las frases que entonces escribió Herrera Campins y que ahora más que nunca tiene una conmovedora vigencia en los tiempos que corren: “Al tiempo sólo le temen los inconstantes, los apresurados y los cobardes ante la vida”.


martes, 13 de diciembre de 2016

¿Quién es Víctor Vargas Irausquín?

Víctor Vargas Irausquín (28 de marzo de 1952) es un empresario venezolano, presidente del B.O.D Banco Universal y fundador del Grupo Financiero B.O.D.

Este domingo 11 de diciembre de 2016, Vargas Irausquín se convirtió en tendencia en las redes sociales de Venezuela, debido a que a las 8:00 PM, aproximadamente, fue trasladado por funcionarios del SEBIN, a las oficinas del director de ese cuerpo de seguridad, el Mayor General Gustavo González López, ubicadas en Plaza Venezuela.

Vargas, que estaba arribando al país luego de un viaje, fue interrogado por el Mayor General González López acerca de los eventos del pasado 2 de diciembre relacionados con el Consorcio Credicard.

Tras dos horas de encuentro, Vargas Irausquínsalió de las instalaciones del SEBIN para dirigirse a su residencia, con total normalidad. Fuentes no oficiales, señalan que el lunes se incorporó a sus labores diarias en el banco.

Este lunes 12 de diciembre en la noche y a través de un comunicado, Vargas Irausquínindicó que a su llegada al aeropuerto de Maiquetía, que sirve a Caracas, fue “convocado por el Sebin a trasladarse” por sus propios medios a una entrevista a las oficinas en Plaza Venezuela.

“Tras un cordial encuentro, conversamos sobre la actual situación del sistema financiero, Consorcio Credicard y los eventos sucedidos el pasado 2 de diciembre”, indicó. Vargas acotó que al terminar dicha reunión, se dirigió a su residencia para reunirse con su familia e iniciar al día siguiente sus labores con total normalidad.


Hitos de una trayectoria empresarial:

Vargas Irausquínes abogado, graduado en la Universidad Católica Andrés Bello. Sus vínculos con el sector financiero comenzaron en los años 80 cuando fundó el regional Banco de Barinas, del Grupo Financiero Cordillera.

En 1991 vendió este banco e inició una nueva etapa en su trayectoria empresarial con la creación del holding Cartera de Inversiones Venezolanas (C.I.V.). En 1994, C.I.V. adquirió el paquete mayoritario de acciones del B.O.D., hasta el momento presidido por el reconocido empresario zuliano Alfredo Belloso.

La visión estratégica de Vargas, convirtió al B.O.D. en la cuarta institución financiera privada de Venezuela. Solo en 2015, el banco creció un 83%, llegando a la cifra de 3.500.717.277,82 millones de dólares.

En septiembre de 2006, adquirió Corp Banca, institución financiera venezolana, que dirigía el grupo chileno CorpGroup. Con la adquisición de Corp Banca, el B.O.D. alcanzó un crecimiento que le permitió ampliar su oferta financiera a los estados centrales y orientales del país y se convirtió en el operador de American Express para Venezuela.

En 2008, mientras tramitaba la compra del Banco de Venezuela, Vargas fue afectado por una decisión oficial, cuando el entonces presidente Hugo Chávez anunció en cadena nacional su nacionalización y detuvo así el proceso iniciado por el B.O.D. con el Grupo Santander, que había implicado el desembolso de 150 millones de dólares. Pese a haber sido favorecido por un tribunal en Madrid, el B.O.D. aún no ha recibido su inversión de regreso. Este caso aún está en litigio, después de pasar por varias instancias en tribunales españoles.

Actualmente, Víctor Vargas forma parte de las juntas directivas de todas las empresas pertenecientes al Grupo Financiero B.O.D.: Seguros La Occidental (que cuenta con 60 años en el mercado venezolano), Allbank (Panamá), BOI Bank (Antigua y Barbuda), Banco del Orinoco BONV (Isla Curazao), Bancamérica (República Dominicana), y B.O.D. Valores Casa de Bolsa, entre otras.

Ha tenido una participación activa en la Asociación Bancaria de Venezuela, en donde fue: Director (2000), Segundo Vicepresidente (2003) y Presidente (2005-2007, 2007-2009, 2009-2011). Además, fue presidente del Consejo Bancario Nacional, en 2010; presidente de la Corporación Suiche 7B en 2007; y primer Vicepresidente y Gobernador Titular por Venezuela en la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN).

Paralelamente a su actividad empresarial, Víctor Vargas preside la Fundación B.O.D. y el Centro Cultural B.O.D. instituciones que desarrollan proyectos sociales en las áreas de emprendimiento, cultura y educación.

En junio de 2015 obtuvo el premio al Empresario Latinoamericano de Referencia en los XXV Premios Ejecutivos de España. El galardón reconoció su carrera y la trayectoria de sus empresas como motores de crecimiento económico y generación de empleo y riqueza en Latinoamérica.




lunes, 12 de diciembre de 2016

Análisis


EL DIÁLOGO ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE



El diálogo Gobierno-MUD corre el riesgo de un temprano naufragio. La tercera reunión convocada para el 6 de diciembre no pudo realizarse según lo convenido. La representación opositora prefirió un encuentro privado con el enviado del Vaticano Monseñor Claudio María Celli, Ernesto Samper- secretario general de UNASUR- y los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, mientras los negociadores oficialistas hicieron lo propio solo con los facilitadores. Sin embargo, el representante papal anunció “avances positivos” en los trabajos de las comisiones técnicas y una nueva reunión entre los actores el 13 de enero del 2017. Horas después, el vocero de la MUD Jesús “Chuo” Torrealba explicó que sólo asistirían al encuentro el próximo año si previamente se producían resultados concretos en relación a la libertad de los presos políticos y las medidas de urgencia para enfrentar la escasez de alimentos y medicinas.

El portavoz del oficialismo Jorge Rodríguez, afirmó en cambio, que siguen atentos al diálogo y firmes en la intención de negociar las bases de un acuerdo pero que en el ámbito opositor se registraban divergencias que se traducían en un doble discurso a la hora de abordar los principales temas. Ernesto Samper -si bien se mostró optimista por el curso y el resultado de las gestiones- hizo una recomendación que luce oportuna y pertinente: “Decretar el cese al fuego mediático”. Y es que ciertamente, el curso de las conversaciones ha estado afectado en términos de opinión por declaraciones y expresiones incómodas e inoportunas principalmente del sector oficialista. En el caso de la oposición se sabe que un calificado sector de ella guardó reservas sobre la instrumentación de los encuentros desde un comienzo. Dos días después, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, fue categórico al indicar que “el diálogo está absolutamente muerto” y que la oposición pagó “un altísimo costo político” por su participación en las conversaciones. Para atenuar los efectos de las discrepancias públicas, fuentes cercanas a los facilitadores internacionales advirtieron que antes de la reunión de enero se esperan conclusiones consistentes en los trabajos que seguirán en los siguientes días en el seno de las comisiones técnicas, encargadas de instrumentar los temas aprobados.

“JUGAR PARA LAS GRADAS”

¿Tales hechos conducen a considerar el fracaso o la inviabilidad del esfuerzo negociador que busca un mínimo entendimiento para abordar la polarización política y la crisis económica que vive el país? Dos consideraciones resultan clave: en primer término, no existía verdadera voluntad política en ambos factores para avanzar en un camino que se sabía “largo, duro y difícil” como lo advirtió el exmandatario español Rodríguez Zapatero, y más que la intención de responder en serio a la necesidad de un acuerdo nacional (no sólo limitado a las exigencias tácticas de los partidos) la decisión respondió a la creciente presión de la ciudadanía por establecer un escenario de conversaciones. De haber existido plena conciencia de la tarea que se emprendía no tendría porque extrañar entonces el surgimiento de divergencias, choques, marchas y contramarchas propias de procesos de este tipo. En segundo lugar, sin duda ha tenido que ver la puesta en escena del encuentro. No es por casualidad que todos los intentos de esta naturaleza en su mayoría en escenarios mucho más complicados por graves enfrentamientos armados, se realizan con la discreción y la cautela que exige el tratamiento de asuntos que obligan a concesiones y renuncias mutuas de los negociadores, que no son fácilmente comprensibles por militancias y partidarios sensibilizados por la polarización. Ello explica por qué estos encuentros suelen realizarse en escenarios alejados del centro de los conflictos y sus avances y no sus retrocesos, solo sean anunciados- con el lenguaje propio de la diplomacia- por delegados autorizados y en el momento que se considere oportuno. De otra manera, y en ello se ha incurrido en este caso, se trataría simplemente de una versión de los famosos “reality show” de la televisión o con la tendencia, como suele decirse en el béisbol, “de jugar para las gradas”.

En todo caso, más allá de lo que finalmente ocurra (y es común que en ello se produzcan rupturas momentáneas o discrepancias que parezcan insalvables) lo fundamental es que se haya tomado la decisión de sentarse a conversar lo cual demuestra comprensión de la naturaleza y gravedad de la situación. De esta manera, se hace posible que las gestiones sean retomadas cuando se considere oportuno y más en este caso, donde no solo priva el interés nacional sino también la preocupación de las instancias internacionales. La presencia de un representante personal del Papa Francisco y UNASUR de manera directa, con el apoyo de la OEA, la ONU, la UE y una reciente exhortación de nueve países latinoamericanos que exigen seguir con el proceso, suponen de alguna manera, un mayor compromiso para las partes que solicitaron en su momento la presencia de estos factores extranjeros.

¿PAÍS POLÍTICO Y PÁIS NACIONAL?

¿Qué escenario enfrentaría el país si el esfuerzo negociador fracasa? ¿Si  oposición y gobierno no son capaces de abordar una crisis que afecta directamente a la población y no exclusivamente a las elites partidistas qué puede esperase en términos de futuro? Es obvio, que sin respuestas comunes que impliquen compromisos mutuos de ambos actores las dimensiones de la crisis se hará cada vez más severa, abriendo espacio para un cuadro de impredecibles consecuencias y facilitando el histórico distanciamiento entre los llamados “país político” y “país nacional” como en la pertinaz advertencia de Jorge Eliécer Gaitán, y que dio paso a la violencia que sacudió por varias décadas y que todavía afecta dramáticamente a la sociedad colombiana. Es cierto que en el caso venezolano no se trata de un cuadro de enfrentamiento armado sino de una severa polarización política asimilable más bien a la que vivió el país durante el trienio (1945-1946) y que Betancourt definió como “una guerra civil sin fusiles”. No obstante, habría que considerar cuál fue el desenlace y cuáles fueron las consecuencias de aquella etapa cuando menos durante diez años.



lunes, 5 de diciembre de 2016

Análisis


FIDEL Y VENEZUELA: RELACIÓN DE AMOR-ODIO

Desde muy joven a los 22 años cuando Fidel Castro llegó a Caracas en marzo de 1948 de paso hacia Bogotá para un evento estudiantil de lucha contra el colonialismo, se estableció una relación entre el estudiante cubano y la política venezolana. En la capital colombiana comenzaba la IX Conferencia Interamericana que dio nacimiento a la Organización de Estados Americanos (OEA). En esa oportunidad Castro llevó una carta de presentación de Rómulo Betancourt para el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado días después, en un hecho que desató el incendio social del “Bogotazo”. 

A los meses, el 24 de noviembre Rómulo Gallegos fue derrocado y tanto él como Betancourt, Andrés Eloy Blanco y la mayoría de los dirigentes de Acción Democrática víctimas del golpe militar encontraron un generoso refugio en La Habana bajo el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Desde allí funcionó el centro de la resistencia contra los gobiernos militares que se prolongaron durante diez años. Ya Castro se destacaba como dirigente estudiantil y del Partido Ortodoxo, liderado por Eduardo Chibás y mantenía vínculos con los luchadores venezolanos que apostaban por la vía insurreccional.

El Golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 obligó al exilio venezolano a trasladarse principalmente a México, y Castro propició la toma fallida del Cuartel Moncada, siendo sometido a un juicio que le mantuvo durante dos años en la cárcel. A su salida, marcha también a México y consolida vínculos con los desterrados venezolanos. De esta manera, las luchas contra las dictaduras de Batista y Pérez Jiménez se convierten en una empresa común. 

LUCHA COMÚN 

El 23 de enero de 1958 cuando es derrocado Pérez Jiménez, ya Castro consolida las guerrillas en la Sierra Maestra y la dictadura de Batista da signos de debilitamientos por una fuerte resistencia urbana y rural. A partir de entonces, el centro de la lucha contra el régimen cubano se instala en Venezuela, donde se firma el “Pacto de Caracas” para la transición hacia la democracia y el movimiento estudiantil que había sido factor importante en el derrocamiento de Pérez Jiménez propicia diversas actividades en apoyo a la insurgencia fidelista, como la recolección de recursos en la denominada campaña “un bolívar para la Sierra Maestra”. El propio Wolfgang Larrazábal envía armas a los insurgentes y Castro siempre recordó que había tenido en sus manos el primer fusil FAL enviado con un mensaje personal del mandatario venezolano.

Ello explica que antes de tener cargos formales en el gobierno provisional a la caída de Batista, Castro llegue a Venezuela invitado por la FCU de la Universidad Central y sea objeto de un recibimiento entonces no ofrecido a ningún político extranjero. Los meses siguientes el gobierno cubano definió una estrategia de cambios radicales, que si bien respondían a realidades nacionales, lo aproximaban al polo soviético en el marco de la “Guerra Fría”. El impacto del camino cubano fue inmediato en Venezuela y el PCV y sectores jóvenes de AD y URD, fortalecidos en la lucha antiperezjimenista asumieron como un modelo ese proceso y proclamaron (tal como ocurrió luego en otros países latinoamericanos) el camino de la insurgencia guerrillera.

 El gobierno de Rómulo Betancourt sería el objetivo de una ofensiva armada nacional con el apoyo directo de los gobernantes cubanos empeñados en exportar su revolución. Se abrió un tiempo que enfrentó a los dos gobiernos hasta el punto que rompieron relaciones diplomáticas y se produjo incluso la injerencia de milicianos fidelistas en territorio nacional. El tiempo habría de comprobar la inviabilidad de la estrategia de Castro y el fortalecimiento de las democracias latinoamericanas, lo cual determinó el aislamiento de La Habana.

La caída del Bloque Comunista a finales de los ochenta, que había sostenido económica y políticamente al régimen de Castro, condenó a la isla al llamado “periodo especial” caracterizado por penurias y estrecheces de todo tipo. Castro miró entonces hacia América Latina en busca de su inserción en una nueva realidad continental. Su presencia en Caracas en la toma de posesión de Carlós Andrés Pérez en febrero de 1989 le facilitó los contactos con gobernantes de otras naciones como César Gaviria de Colombia y Carlos Salinas de Gortari de México, quienes facilitaron su presencia en la I Cumbre Iberoamericana Guadalajara en 1991, que marcó su regreso a la comunidad política continental.

ALIANZA PRAGMÁTICA 

Sin embargo, Cuba debió enfrentar todavía el bloqueo de Estados Unidos y la exigencia de una apertura democrática por parte de los países latinoamericanos. El ascenso de Hugo Chávez en 1998 le abrió al fidelismo la posibilidad de encontrar un camino para su plena incorporación a la política continental. Más que coincidencias ideológicas y políticas al comienzo la aproximación entre La Habana y Caracas se facilitó por razones pragmáticas. Chávez proclamó el proceso bolivariano que debería prolongarse más allá del juego de la alternancia constitucional, lo cual provocó el rechazo de sectores económicos sindicales y de los partidos democráticos venezolanos, que generaron las grandes tensiones registradas entre los años 2001 y 2004. Para fortalecer la seguridad de su mandato, recurrió entonces a la asistencia de los servicios de inteligencia y la asesoría militar cubana a cambio de convenios energéticos y comerciales que sirvieran para superar las carencias de la isla. De esta manera, por razones de conveniencia mutua se fue avanzando en una alianza entre los dos gobiernos hasta el punto que Chávez decidió afrontar su enfermedad terminal en la clínica personal de Castro y que la semana pasada a la muerte del viejo líder comunista en Venezuela se declararan tres días de un inusual duelo nacional. Tal como están las cosas, la desaparición de Castro- quien desde hace diez años se había alejado de sus funciones ejecutivas- no tendría porque suponer alteraciones en una relación madurada durante casi dos décadas. Ello sin desconocer que la muerte del jefe cubano ha tenido una significativa repercusión en el mundo entero, porque como sostiene el exmandatario uruguayo, José “Pepe” Mujica, “Fidel como cualquier personaje grande que ocupa un largo periodo de la historia va a tener detractores y va a tener enamorados”.  

martes, 29 de noviembre de 2016

Análisis


MADURO-TRUMP: DERECHOS HUMANOS Y PETRÓLEO

Tal como ocurrió durante su  campaña Donald Trump ya como presidente de después del 20 de enero del 2017  ¿será un mandatario de decisiones contradictorias y desconcertantes o actuará con mayor sensatez y cuidado tomando en cuenta los efectos de sus medidas para la población estadounidense y  la política internacional? Si bien Trump  fue el típico “outsider” en la competencia electoral, ahora como gobernante del Partido Republicano  (organización que también controla el poder legislativo) estaría obligado a una actuación más realista.

De hecho, en los últimos días los anuncios sobre sus más cercanos colaboradores revelan concesiones a las tendencias  en el seno del partido y a los sectores que apoyaron su candidatura. A las citas cotidianas en la Trump Tower de la Quinta Avenida de Nueva York han acudido partidarios cercanos, críticos de la campaña e incluso simpatizantes del Partido Demócrata dispuestos a participar en una gestión de cuatro años que ha despertado las más diversas controversias. 

Resulta claro que Trump colocará el acento en los asuntos internos y fundamentalmente en la economía, que fueron las propuestas principales de su campaña y que le facilitaron sellar un compromiso con la clase media blanca  y  la vieja ultraderecha tradicional, que apuestan a mantener la hegemonía norteamericana  heredada de la Segunda Guerra Mundial y de la “Guerra Fría”. Sin embargo, en el nuevo equipo de gobierno pareciera cobrar fuerza la llamada “corriente realista”, que si bien aboga por el fortalecimiento del poderío norteamericano, se inclina por buscar coincidencias con factores geopolíticos y realidades del esquema multipolar que favorecerían mucho más la defensa interna que la estrategia de expansión militar. 

En esta línea se explicarían las opiniones aparentemente conciliadoras con la Rusia de Putin y la propuesta de reducir gastos de la OTAN y otras organizaciones internacionales que han servido de base para la intervención norteamericana en el Medio Oriente durante la “era  Bush”  y en menor medida en el mandato de Barack Obama. En este contexto, es lógico que se analice y especule sobre los alcances de la política de Washington con relación América Latina y en particular con Venezuela. En el caso venezolano recientemente el presidente Nicolás  Maduro saludó la elección de Trump como una posibilidad de normalizar las relaciones entre ambos países, suspendidas a nivel de embajadores y contaminadas por el famoso “Decreto Obama” que considera a Venezuela como una “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos”. 

¿Corriente realista?

Si se toma en  cuenta que los pasos iníciales del Presidente electo se orientan al levantamiento de un  muro migratorio en la frontera mexicana y la oposición a los Tratados de Libre Comercio como dos premisas fundamentales en sus relaciones internacionales, la situación de Venezuela no representaría un tema urgente ni prioritario en la agenda de Washington de mantenerse sin  alteraciones la situación actual. Sin embargo, habría que tomar como dato significativo la designación de la gobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley como embajadora ante las Naciones Unidas dada su aproximación política con el senador republicano de Florida Marco Rubio, quien mantiene una actitud beligerante y sostenida en el sentido de proponer  sanciones contra  funcionarios venezolanos y aplicar severas prohibiciones a la gestión de Maduro.

En este sentido, el analista político Leopoldo Puchi destaca que Trump expresó durante su campaña criterios y conceptos como los siguientes: “vamos a dejar de construir democracias extranjeras, derrocar regímenes e intervenir imprudentemente en situaciones en donde no tenemos derecho de estar”, y  en la misma línea de razonamiento aseguró que el objetivo prioritario de su diplomacia será “mantener la seguridad de Estados Unidos y enfrentar al Estado Islámico”, expresando al mismo tiempo que debe considerarse a Rusia como un país aliado en esa guerra contra el terrorismo. Según Puchi, de asumir Trump esa línea contraria a intervenciones y propia de la corriente “realista republicana”, las relaciones entre Washington y Caracas mejorarían, porque obviamente Venezuela no dispone de fuerzas para “meterse” con Estados Unidos ni representa un peligro, por lo que no habría razones para “intervenir imprudentemente como lo ha dicho Trump”. 

El petróleo siempre

No obstante, el Presidente electo sigue deslizando consideraciones críticas sobre el gobierno venezolano y ya había advertido durante la campaña que  de no resultar electo la Corte Suprema de su país podría convertir “a Estados Unidos en algo parecido a Argentina  o Venezuela”. El internacionalista Kenneth Ramírez, se refiere también a la aparente vinculación de Trump con Vladimir Putin lo cual podría configurar un esquema parecido a los años de la “Guerra Fría”: “tu no me tocas unos sitios, yo no te toco otros y Venezuela puede estar resguardada bajo la sombra de Putin, lo que implicaría que el gobierno de Maduro podría sentirse más seguro que con un gobierno de Hillary Clinton”. Otros analistas consideran que el tema de mayores fricciones entre los dos países es el referido a los derechos humanos en Venezuela sobre lo cual Ramírez recuerda que “Trump no es precisamente un defensor de esos derechos”.

En todo caso, las relaciones Venezuela-EEUU han estado marcadas históricamente por el tema petrolero y en relación al asunto, Trump ha definido una estrategia para favorecer una mayor exploración en las tierras federales para incrementar la extracción e incentivar la llamada “fractura hidráulica” como mecanismo para consolidar la  expansión de la producción que ya se registra con la construcción del oleoducto TransAmérica desde Canadá y  que disminuirá la importación de petróleo. Para el economista y diputado José Guerra “esta política podría implicar un reacomodo global del mercado petrolero con precios bajos y menor demanda para el petróleo venezolano en los Estados Unidos”. Estima Guerra que “con un precio alrededor de 45 dólares por barril, con el actual modelo económico ni Venezuela ni PDVSA son viables”.  En todo caso, no es posible precisar un rumbo de la política norteamericana dada la personalidad del nuevo mandatario. Como escribe Ana Palacios, ex Ministra de Asuntos Exteriores de España: “Vértigo, Trump es presidente: el mundo mudó de piel”.