lunes, 5 de febrero de 2018

ENTREVISTA: EL 4-F SIGNIFICÓ LA RUPTURA DE LA DEMOCRACIA

El mes de febrero tendrá connotación trágica después de su día 4 de 1992. Hay capítulos de la historia “de cuyo nombre no quisiéramos ni acordarnos”, pero que es preciso no olvidar.
El reconocido periodista y analista político revive para RCL el surgimiento de las bases de lo que hoy día se conoce como Revolución Bolivariana y que según él no tenía carácter de movimiento ideológico como posteriormente se le ha querido dar.
Isaic Calderón| Reporte Católico Laico

Usted era Presidente de VTV cuando irrumpieron en las instalaciones del canal ¿Qué paso en ese momento?
Si, era presidente de VTV. Ese fue el segundo golpe, el 27 de noviembre de 1992, que fue una masacre y asesinaron a unos empleados del canal. Las instalaciones fueron ocupadas por unas horas por partidarios del golpismo que Jesse Chacón encabezaba, también habían civiles que ocuparon el canal para difundir un video donde Chávez, en la cárcel de Yare, transmitía un mensaje golpista. Por otra parte, el Golpe en verdad no era propiamente con los militares que se habían alzado unos meses antes, el 4 de febrero, sino con otro grupo donde estaba Hernán Grüber Odremán, de la Marina, el General Luis Enrique Cabrera Aguirre, de la Aviación, entre otros. Por ello, fue una operación bastante importante, aunque ya estaba develada y eso permitió que el Gobierno pudiera reaccionar oportunamente.

¿Qué perdía Venezuela?
Todo fue una consecuencia del 4 de febrero, porque fue el golpe que logró una ruptura en las Fuerzas Armadas y también en el país en términos políticos. Hasta entonces se pensaban que los golpes de estado pertenecían al pasado: eran 40 años de democracia- de toda la parte conflictiva a raíz de la caída de Pérez Jiménez-, se había consolidado la institucionalidad y tenía poco tiempo la aprobación de la Ley de Descentralización. Es decir, todo indicaba que se habían  dado avances en el fortalecimiento de la democracia, y que se produjera un golpe se hacía imposible, aunque se habló de la posibilidad que hubieran militares golpistas, a quienes siempre se les había señalado como un grupo rebelde acariciando un movimiento subversivo que no era como muchas personas dicen: “el movimiento revolucionario”. Aunque si hablaban de la necesidad de institucionalizar pero su prioridad era retomar el control de las Fuerzas Armadas y, también, se consideraron algunos cambios a través de leyes y decretos que eran dirigidos a tener un control del Gobierno, pero no tenía el carácter que posteriormente se le ha querido dar de movimiento ideológico, a pesar que algunos de ellos individualmente- como en el caso de Chávez- habían tenido contacto que no llegaron nunca a cristalizar en acuerdos con dirigentes de izquierda como Douglas Bravo.

Los insurgentes añadieron después que su levantamiento era también como consecuencia de la crisis económica y social que padecía Venezuela  ¿Cuál es su opinión? 
Cuando se produce el Golpe,- en Davos (Suiza) se llevaba a cabo el famoso encuentro anual de los sectores económicos al cual son invitados jefes de Estado, representantes de organismos multilaterales, bancos, sectores empresariales; justamente, Carlos Andrés Pérez asistió al evento en el que presentó- muy orgulloso-  un informe en el que demostraba que Venezuela había crecido 10% gracias a su plan de ajuste del año 1989, un cifra récord en América Latina para ese momento. Es decir, Venezuela era el ejemplo de que una política económica era exitosa. En efecto, no tenía nada que ver con consecuencias internas,  presión en la calle o cifras negativas desde el punto de vista de crecimiento económico, sino todo lo contrario. Quiere decir que solo fue una reacción fundamentalmente política pero esto le dio paso a un clima de desestabilización y los sectores de derecha, que ya se oponían a Carlos Andrés Pérez y que no tenían nada que ver con los insurrectos, comenzaron a conspirar desde su punto de vista y planteaban el tema de la corrupción.

¿Qué lograron?  
Que se produjera nuevamente un levantamiento y  de inmediato se inició un juicio en contra de Carlos Andrés Pérez que además, curiosamente, tuvo apoyo de sectores políticos del bipartidismo y eso demostraba que estaba en problemas la política venezolana que llevó- entre otras cosas- al surgimiento del Movimiento Bolivariano Revolucionario– 200 y a las elecciones del año 1993 en la que gana Caldera, al frente de una alianza de partidos pequeños porque ya no era el líder de Copei. Pero se demostró que había un clima de desestabilización, que sin duda condujo con el tiempo a profundizar en la crisis política y a fortalecer la imagen de Chávez que quedó como héroe militar a pesar de que su actuación fue la menos efectiva desde el punto de vista operacional, pero era la figura que había conocido el país. De ello, se deriva un hecho interesante, el de que un Teniente Coronel apareciera anunciando que iba a conquistar al Poder- con la famosa frase “por ahora”- y que eso fuera autorizado a ser transmitido en cadena nacional por el Gobierno.

Ese “por ahora” fue cierto, porque luego termina ganando las elecciones de 1998.
Mucha gente, por ejemplo, habla de que fue una genialidad de Chávez esa frase y el “por ahora” se convirtió en la gran consigna del chavismo que condujo finalmente a su historia: a la presidencia de la República. Pero el “por ahora” tiene una sola explicación y es que cuando se produce el levantamiento esa madrugada y las tropas rebeldes tienen el control de varias guarniciones, algunas de ellas van cayendo pero la zona de Maracay, la más importante, permanecía rebelde, comandada por el Teniente Coronel Jesús Urdaneta Hernández. Mientras tanto Chávez negociaba su rendición, pero Urdaneta Hernández dice que no; Maracay sigue en poder de los rebeldes y entonces ¿Qué se hace para liquidar definitivamente el Golpe de Estado? bueno, Carlos Andrés Pérez ordena el bombardeo de las bases insurrectas en Maracay y el ministro de la defensa Fernando Ochoa Antich que había tenido una actitud rara, muchos dicen que coincidía teóricamente con los golpistas en el sentido de las ideas renovadoras en las Fuerzas Armadas, le dice a Pérez que le permita una negociación que consiste en hablar con Urdaneta Hernández para decirle que se rinda porque los demás ya lo habían hecho. El rebelde le dice a Ochoa Antich que él se rinde con la condición de que le demuestre que Hugo Chávez- jefe del movimiento- se rindió; por ello, se llega al acuerdo de que Chávez hable diciendo que se había rendido pero no se dirige al país sino para que lo vean en Maracay, y entonces es cuando se produce lo que sin duda alguna fue un error: la trasmisión del mensaje que Chávez no pensó pero que por supuesto la expresión “por ahora” se incorpora como si fuera una consigna.

¿Qué secuelas se ven hoy?
Abrió el camino a un cambio importante con presencia del sector militar, a ese sector de jóvenes comandantes que insistieron en un proyecto político. Chávez, que tenía una concepción puramente golpista, cambió en el curso de la campaña electoral; allí tuvo una influencia muy importante de Luis Miquilena y de José Vicente Rangel, además se fueron sumando sectores democráticos y políticos importantes como MAS, Causa R y varias organizaciones de derecha que abrió un camino diferente porque ya no era sólo AD- Copei, ni era el cambio entre militares y golpistas tradicionales, sino que era el cambio de una nueva generación, fundamentalmente de un grupo que planteaba que las Fuerzas Armadas tomaran el Poder nuevamente para dar un salto modernizador al país. He allí las bases de la Revolución Bolivariana, que después de la victoria de las elecciones va evolucionando pero sin duda alguna marcó un cambio histórico que todavía está en marcha.

Y es por ello que aún hoy se sigue reviviendo esta fecha, por su importancia.
Y va a seguir siendo importante porque marca un cambio definitivo de época. Más allá de lo que hubiera ocurrido en ese momento, simbólicamente significó una ruptura en el país, fíjate, el levantamiento fue el 4 de febrero de 1992 y un año después Carlos Andrés Pérez se ve obligado a renunciar por el Congreso, es decir, que estando preso Chávez consigue su objetivo y no lo logra él, lo hacen las fuerzas desatadas por él, contrarias al Gobierno que son los que enjuician a Pérez por el famoso caso de la partida secreta, y es mediante un acuerdo del bipartidismo incluyendo a Acción Democrática lo obligan a ceder el poder.

ANALISIS: BLOQUEO, CANDIDATOS Y AQUEL 4-F

Manuel Felipe Sierra

El Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson, visita varios países latinoamericanos (México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica) para reforzar y aplicar sanciones contra el gobierno de Nicolás Maduro, que incluso, según el alto funcionario, no descartan la “opción militar”. Las naciones que reciben al alto funcionario pertenecen al “Grupo de Lima” que ya ha definido una activa posición crítica contra la gestión del mandatario venezolano y el cuadro cada vez mas critico que vive el país por la crisis económica. El jueves (1 de febrero) en un  comunicado el Reino Unido informó la implementación de sanciones, incluso militares de la Unión Europea a partir del 26 de este mes contra Venezuela, basadas en el “Reglamento del Consejo” del día 13 de noviembre de 2017, que incluyen “medidas sancionatorias, punitivas y restrictivas, como la prohibición de ventas de armas y equipos para su mantenimiento”. Como una evidente reacción a los anuncios anteriores la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, Maria Zajárova consideró “inaceptables los intentos de interferir desde fuera en los asuntos internos de Venezuela”.

Y es que quiérase o no, la situación venezolana convoca no sólo la atención sino la toma de decisiones de los principales poderes mundiales. En términos prácticos el país está siendo sometido a una nueva forma de bloqueo económico para presionar salidas políticas al margen de los partidos y factores nacionales que ahora apuestan a la realización de elecciones presidenciales y que mantienen conversaciones en procura de un mínimo de coincidencias para abordar los alcances de un cuadro económico y social de tal magnitud, que por ello tiene eco en los centros de la geopolítica mundial.

La experiencia de los bloqueos económicos (el de Cuba en los años sesenta es el más emblemático) si bien son útiles para acentuar crisis de gobernabilidad en situaciones terminales suponen también complicaciones impredecibles para la ciudadanía, y como siempre particularmente para los sectores de menores ingresos. Cuando Barack Obama anunció el restablecimiento de las relaciones con Cuba en junio de 2015, después de más de medio siglo de ruptura, abundó en explicaciones de cómo el mecanismo del bloqueo termina siendo no sólo ineficaz sino inconveniente incluso para la nación que lo promueve y ejecuta.
Ahora es comprensible que el gobierno de Donald Trump que devuelve la página de la vieja política de Washington apele (aunque el caso de Venezuela no es comparable con la relación prebélica que existía con la isla en poder de Castro en tiempos de Kennedy) recurra no sólo al recurso de la confrontación declarativa en el ámbito diplomático entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela, que marcaron las relaciones diplomáticas cuando menos durante 18 años, sino a la posibilidad de una acción militar que seguramente tendría repercusiones mayores que las previstas en el pasado.

No es exagerado entonces cuando algunos comentaristas internacionales, guardando las distancias, califican a Venezuela como una Siria en América Latina, en el sentido que se trataría de una nación, que al margen de los intereses y necesidades de su población termina siendo víctima trágica del juego mundial de fuerzas extranjeras que apuestan hacia fines totalmente distintos, pero invocando siempre como frases sagradas “la paz y la democracia”.

MAS CANDIDATOS
Aún sin definición la fecha de la consulta, el país se encamina hacia las elecciones presidenciales con la validación de algunos partidos por el CNE y el anuncio de candidaturas que ya cuentan con sus respectivos comandos de campaña. El presidente Maduro trabaja activamente en la reelección, incluso con la conformación de “Venezuela Somos Todos” como una organización alternativa del PSUV  que busca capitalizar apoyo (en lo que ya se conoce como el partido de Maduro frente al tradicional partido de Chávez) en los beneficiarios de los planes asistencialistas  cobijados en el famoso “carnet de la patria”. La oposición se debate aún en la forma de escoger su aspirante entre primarias y consenso pero ya resulta claro que Henry Ramos Allup, Henri Falcón y Claudio Fermín presentaran sus nombres y posiblemente lo hagan los independientes Ramón Guillermo Aveledo, Jorge Roig y Lorenzo Mendoza, aunque este último todavía deshoja la margarita  pese a que su nombre encabeza holgadamente las encuestas. La oposición deberá afrontar también  el reto de vencer la tendencia abstencionista militante de sus grupos más radicales, además de la abstención crónica estimulada en este caso por un cuadro de incertidumbre y desencanto en sectores significativos de las clases medias.

AQUEL 4-F
El 4 febrero de 1992 (un día como hoy)  se inscribe en la historia de Venezuela como el inicio de un proceso de cambios que ha marcado la vida nacional de las últimas décadas. Lo que se suponía una acción golpista de un grupo de comandantes liderados por un oficial hasta entonces desconocido  que planificaban la toma suicida del poder y que fue frustrada a las pocas horas, habría de tener sin embargo unas consecuencias políticas que jamás se imaginaron sus protagonistas. La aparición de un desaliñado Hugo Chávez en televisión pasó de ser una sorpresa (hasta entonces los golpes eran encabezados por generales reconocidos) al comienzo de una tensa conflictividad que marcaria los meses siguientes. La rebelión frustrada daba la señal de una crisis política que se incubaba en los cuarteles, y que amenazaba la estabilidad de los gobiernos. Ya el 18 de febrero de 1983 con el “viernes negro” se puso en claro la debilidad de una economía que se suponía a prueba de sobresaltos; y el 27 de febrero de 1989 el “sacudón de Caracas” dio cuenta de una inédita conflictividad social.

Los meses siguientes al 4-F activaron el ADN militarista de los venezolanos. El 27 de octubre de ese año hubo una réplica sediciosa de oficiales de la marina y la aviación y el 21 de mayo de 1993, exactamente quince meses después de la aventura de Chávez, el presidente Carlos Andrés Pérez era depuesto por el Congreso Nacional. De esta manera el principal objetivo de los golpistas ahora se daba mediante una decisión constitucional de las propias cúpulas políticas que sustentaban el sistema. Ello significaba la verdadera victoria del chavismo que cinco años después habría de cristalizar con la plena toma del poder. Justamente de ese hecho se cumplen ahora también los 20 años.

@ManuelFsierra

https://manuelfelipesierra.blogspot.com/

lunes, 29 de enero de 2018

ANÁLISIS: UNA CRISIS SIN PRECEDENTES (2)

Manuel Felipe Sierra

Según un alto funcionario diplomático en Washington, Estados Unidos no reconocerá al presidente elegido en las elecciones venezolanas; el llamado “Grupo de Lima” compuesto por representantes de 12 países: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, con la adhesión de Guyana y Santa Lucía, tampoco lo hará. Como una respuesta a las sanciones aplicadas por la Unión Europea a altos funcionarios venezolanos, el gobierno decidió la expulsión del país del embajador de España, Jesús Silva Fernández, por lo que la Cancillería considera como reacción a una reiterada “agresión injerencista y colonialista” del gobierno de Madrid. Como si fuera poco, el ministro de Hacienda colombiano Mauricio Cárdenas, propuso en el Fondo Económico Mundial de Davos que se implementara un Plan de Emergencia para “el día después” ante el inminente “colapso de la situación venezolana”.

EL AISLAMIENTO
Cada vez resulta más clara la presión internacional sobre el régimen de Maduro, ya no sólo en el plano declarativo, luego del fracaso de las gestiones ante la OEA para la aplicación de la Carta Democrática Interamericana y acciones similares ante otros organismos internacionales, si no también a partir de medidas concretas que tengan efecto en el agravamiento de una crisis que presenta aspectos sin precedentes en este tipo de situaciones. ¿Por qué el interés de la Casa Blanca, de las cancillerías europeas y de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos en una salida urgente al “Caso Venezuela”? Hasta ahora estas instancias apostaban a la convocatoria a elecciones para definir claramente la voluntad mayoritaria de los venezolanos, ¿Por qué entonces, de manera automática se cuestiona la próxima elección presidencial anunciada para abril y que se daría en los mismos términos de la reciente escogencia de gobernadores y alcaldes, cuando ya los partidos opositores directamente comprometidos y afectados por el tema preparan su participación en el evento?

Suele desconocerse que la crisis venezolana, por la importancia económica y estratégica del país y por la clara definición ideológica del chavismo-madurismo se inscribe en el juego multipolar de hoy en día que se ha endurecido con la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos; las complicaciones sociales y económicas de Europa; un impredecible cuadro bélico en la Península De Corea; la expansión del terrorismo, las migraciones y las tensiones cada vez mayores en el Medio Oriente.

En el marco de la “Guerra Fría” el asunto era más simple: bastaba con el acercamiento político con la Unión Soviética para definir la naturaleza de un régimen y en consecuencia las respuestas de Estados Unidos y sus aliados, tal como ocurrió en el caso de la Revolución Cubana en los años sesenta y en otras experiencias latinoamericanas como el Chile de Allende, la Revolución Sandinista de Nicaragua y en menor medida lo ocurrido con Jamaica y Granada con gobiernos que se aproximaron comercialmente a la Cuba fidelista. En algunos de estos casos se recurrió al expediente de la intervención militar directa o procurar el estrangulamiento de economías frágiles y dependientes. Con una célebre frase, Richard Nixon simplifico el esquema chileno: “Hay que hacer aullar la economía”, y las consecuencias ya se conocen. Hoy el contrapeso básicamente en el ámbito comercial y financiero a las políticas norteamericanas la ejercen Rusia, China e Irán, tres países que de manera directa han expresado su apoyo al Presidente Maduro, y que han incrementado el intercambio comercial, financiero y la inversión en el negocio petrolero.  De esta manera, las restricciones económicas aplicadas por Trump (a diferencia de las sanciones a altos funcionarios por supuestos delitos comunes) tienen un efecto en el manejo concreto del intercambio comercial, tal como lo registran sectores económicos privados, y lo cual agrava las causas estructurales ya conocidas del problema.

Si a ello se añade una conflictividad política que se profundiza y a prueba de diálogos y negociaciones; un escenario de hiperinflación galopante, la caída de la producción nacional; la escasez de divisas que se traduce en desabastecimiento de alimentos, medicamentos y el deterioro de los servicios, sin incluir el incremento de la violencia y la delincuencia en todas sus expresiones, habría que tomar en cuenta la importancia que tienen hoy estas advertencias en el exterior y el papel que otros países puedan jugar en el futuro si no existe una acertada respuesta de los factores nacionales que están obligados a procurar la solución de los conflictos entre los venezolanos.

HACE SESENTA AÑOS
El 23 de Enero se recordaron los 60 años de la caída de Marcos Pérez Jiménez, un hecho que abrió el camino de la democracia y el juego político plural. La conjunción de varios factores obligo al dictador a abandonar el poder y el país rumbo a Santo Domingo bajo el dominio de “Chapita Trujillo”, y se abrió un periodo de varias décadas de gobiernos producto de la voluntad popular y que en esencia coincidieron, mas allá de las diferencias ideológicas y programáticas, en profundizar la inversión social, en salud y educación sobre la base de una diplomacia comprometida con el sistema democrático latinoamericano. De aquella experiencia vale destacar la importancia de la unidad que se expresó en el “Pacto de Punto Fijo”alrededor de temas fundamentales y urgentes, como consecuencia de un proceso unitario que había sido clave también en la lucha contra una dictadura políticamente primitiva pero que entendió en su momento la necesidad de impulsar el desarrollo material de la nación. Por eso se suele hablar también que los años del Perezjimenismo fueron la “Belle Époque” de los años cincuenta en Venezuela.

@Manuelfsierra

martes, 23 de enero de 2018

Análisis: ¿como fue el 23 de enero de 1958? (60 años después)

MANUEL FELIPE SIERRA, ENERO 1958, 23 DE ENERO DE 1958

El 1 de enero de 1958 se subleva la Fuerza Aérea en Maracay. El mayor Luis Evencio Carrillo jefe de la Base concluye la cena de fin de año con una lacónica frase:”hay que defender la patria y no a un hombre” y de inmediato sesenta efectivos ocupan la instalación de Boca de Río. La conspiración se venía urdiendo desde meses atrás en largas reuniones en el restaurant “Beergartem” frente a la Plaza Girardot.

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PRIMERA JUNTA MILITAR DE GOBIERNO
A las siete de la mañana fue desarmado y detenido el jefe de la base coronel Abel Romero Villate y una hora después un Venus del Escuadrón de Caza 36 pilotado por el mayor Edgar Suárez Mier y Terán sobrevuela Caracas como un  anuncio para los complotados. Cuenta el periodista Antonio Manrique: “Maracay estaba sumida en un ambiente revolucionario, con la gente en la calle persiguiendo a los “seguranales”(los agentes de la policía política del régimen). Las puertas del Cuartel Páez habían sido abiertas y muchas armas fueron tomadas por el pueblo maracayero. Militantes de AD, Copei (uno de los más activos lo era el abogado Godofredo González), PCV y URD, salidos de sus “conchas”, coordinaban las acciones de los civiles. El Cuartel Sucre era el centro del fragor revolucionario. En sus calabozos estaban presos más de treinta integrantes de la Seguridad Nacional que el pueblo quería linchar. Desde Radio Maracay, Hugo Montesinos Castillo, oficial pasado a retiro por su antiperezjimenismo, arengaba al pueblo y leía consignas contra el “régimen dictatorial”.

Pérez Jiménez reúne el Gabinete, mientras se repiten incursiones aéreas sobre Miraflores, una de las cuales da en el blanco de la oficina presidencial y un portero conocido como “Perecito” se desploma carbonizado. Se conoce que el capitán Martín Parada piloto de confianza del Presidente encabeza la insurrección. A los minutos una columna de blindados del Cuartel Urdaneta al mando del joven oficial Hugo Trejo se declara también en rebeldía. Hay noticias, rumores y versiones cruzadas. A la media tarde se anuncia que el coronel Romero Villate ha retomado la base aérea y horas después que el grupo de rebeldes comandado por Parada huyen hacia Colombia. Trejo, en una operación que nunca pudo ser explicada, marchó hacia la capital aragüeña y fue apresado en La Encrucijada por el coronel Roberto Casanova. En la noche Pérez Jiménez, con el bastón de mando en la mano derecha, anuncia en cadena de radio y televisión el aplastamiento de la sublevación  y sanciones ejemplarizantes para los insurrectos. Ciertamente, la acción de Maracay resultó un fracaso militar, pero exacerbó un clima político ya demasiado sensible.

El día 9, oficiales de la Armada liderados por el capitán de navío Eduardo Morales Luengo, desplazan varios destructores en La Guaira. Morales es detenido y en la noche curiosamente se produce la renuncia del Gabinete y del gobernador del DF Guillermo Pacanins. Al día siguiente, Pérez Jiménez se ve obligado a nombrar al general Rómulo Fernández ministro de la Defensa quien le presenta un memorandum con severas exigencias,  que plantea un Gabinete militar y la salida de Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, los principales operadores del régimen. Al día siguiente, Pérez Jiménez destituye al ministro Fernández y él personalmente asume el ministerio de la Defensa. El oficial destituido es enviado a Santo Domingo, pero la dictadura entra en el juego de los golpes y contragolpes. El 17 la Junta Patriótica convoca a una huelga general el día 21. El 20, Pérez Jiménez nombra al vicealmirante Wolfang Larrazábal Comandante de las Fuerzas Navales en medio de una huelga de prensa. El 21 hay revueltas callejeras, manifestaciones, quema de autobuses, heridos, muertos y se decreta el toque de queda desde las cinco de la tarde.

El 22 se produce la sublevación de oficiales en la Base Naval de Mamo y la Comandancia General de la Marina en el Centro Simón Bolívar. El capitán Vicente Azopardo está al frente de la acción  y se comunica con sus compañeros de conspiración en la Escuela Militar, el capitán Felipe Párraga Núñez del Ejército y el teniente José Luis Fernández de la Aviación, a quienes acompaña el activista civil Oscar Centeno Lusinchi.

Informan entonces al coronel Pedro José Quevedo director del Instituto de la acción subversiva y éste conviene en que para la paz del país ya es necesario que el dictador abandone el poder. Pérez Jiménez llama telefónicamente a Quevedo quien se niega en varias ocasiones a atenderlo. El mandatario está convencido que una sublevación de la Escuela Militar tendría un efecto psicológico decisivo en todos los componentes. El coronel Adolfo Medina Sánchez, jefe del Batallón Bolívar, llega a Miraflores y le presenta un plan para recuperar la escuela. Según cuenta el piloto presidencial mayor José Cova Rey, Pérez Jiménez revisó el documento y respondió: “prefiero irme antes que matar cadetes”.

Ya la Junta Patriótica había perdido contacto con la mayoría de los enlaces comprometidos con la huelga. El buró político del PCV reunido en el edificio “San Pedro” de los Chaguaramos, integrado por Pompeyo Márquez, Eloy Torres, Alonso Ojeda Olaechea, Guillermo García Ponce y el líder universitario Héctor Rodríguez Bauza, hacen en la tarde un balance desfavorable de la jornada. Entrada la noche Márquez recibe una llamada de Rodríguez Bauza, quien había salido a olfatear el ambiente y que identificado con su seudónimo le dice: “sube a la terraza y espera una sorpresa en pocos minutos”. Márquez y sus compañeros se miran a la cara con desgano. Luego deciden ir a la parte superior del edificio.


Al poco tiempo, ven las luces y oyen el estrépito de un avión que se tambalea bordeando El Ávila. Pérez Jiménez huía en la “Vaca Sagrada”. Era el resultado de un típico Golpe de Estado, pero la decisión de marcharse es la consecuencia de un clima de malestar pasivo que finalmente se tradujo en una movilización activa e indetenible de las masas, que ya no podía neutralizar políticamente y menos aún aplastar con el uso de las armas.

martes, 16 de enero de 2018

Análisis:
Una crisis sin precedentes (1)
Manuel Felipe Sierra
Tiene razón Evan Ellis, Profesor del Instituto de Estudios Estratégicos del Army War College de EE.UU., cuando sostiene “que la actual crisis venezolana no tiene precedentes”. Y es que costaba mucho pensar en que un país que hasta 1998 se consideraba sometido a las contingencias económicas y sociales del continente latinoamericano, pero inscrito como una importante referencia democrática, pudiera transformarse en un curioso experimento clínico para sociólogos y politólogos. Desafortunadamente, esta realidad es desconocida o subestimada todavía por los actores venezolanos que a lo largo de estos años han venido protagonizando una severa conflictividad política, sin ahondar en sus causas, en su evolución, en sus características ni en sus posibles desenlaces que todo augura podrían escapar de sus propias manos.
De allí que los encuentros entre representantes opositores y oficialistas, realizados en República Dominicana, si bien se consideran provechosos y útiles, no pueden culminar en arreglos o compromisos sólidos porque ambos factores no están en capacidad de dar respuesta a la complejidad de la situación, más allá de aprobar algunos retoques formales como garantías electorales plenas, ajustes de algunas leyes, etc., que, en definitiva, no apuntan al problema de fondo.
UN DIÁLOGO DISTINTO
Los llamados y actuales diálogos opositor-gobierno no tienen nada que ver con las gestiones similares que se realizan en otros países en situaciones de guerra, y donde se establecen reglas de juego entre ejércitos o movimientos armados que ambos están en capacidad de administrar sus acciones, avanzar en acuerdos y finalmente decidir sobre la guerra o la paz. La crisis venezolana tampoco puede ser vista como la situación que vivieron y viven países aislados asediados por severos conflictos militares, y espantosas hambrunas, como ocurrió durante años en naciones centroamericanas y las que aun viven países de África y del Medio Oriente, y los cuales requieren de la asistencia médica de una mediación internacional de organismos como la ONU, el Vaticano, la UE, OEA, entre otros, que puedan ayudar en decisiones que garanticen el camino mínimo  de la paz y la salud.
La crisis nacional nació y se ha desarrollado por el creciente enfrentamiento entre dos visiones del manejo del Estado, que estuvieron presentes en las promesas electorales de Hugo Chávez, consagradas  en la posterior Constitución Bolivariana; en el resultado de elecciones posteriores y en su radicalización ya con el nombre de “socialismo del siglo XXI” de un proyecto de naturaleza ideológica que contó con el apoyo logístico, oportuno de la Cuba de los Castro, enfrentada al llamado “período especial”. Frente al riesgo cierto de la “fidelización” venezolana se despertaron las alertas de una naciente pero vigorosa sociedad civil que a partir del 2001 inició acciones de calle, protestas y manifestaciones, a favor de los valores democráticos, sin contar entonces con dirigencia política orgánica alguna, ni partidos políticos consistentes; ni la poderosa ayuda de las redes sociales, y que el 11 de abril de 2002 logró el desalojo por unos días del mandatario de Miraflores. Luego, la activación de calle condujo a un paro nacional por 63 días que implicó (como caso único en el mundo) la participación activa en él de todos los medios de comunicación de la nación, creando una situación de ingobernabilidad que obligó a la gestión internacional de la OEA y el Centro Carter para la realización de un referéndum revocatorio presidencial en 2004 que relegitimó al mandatario.
A partir de allí y gracias a un milagroso incremento del ingreso petrolero se abrieron las puertas para la radicalización del chavismo hasta proponer una reforma constitucional el 2007, que le daría plena consistencia legal al nuevo modelo y que si bien fue derrotada por la mayoría de los venezolanos en aquella ocasión, en los meses posteriores habría de implantarse mediante un conjunto de decretos-leyes que consolidaron lo que los viejos juristas denominaban una “constitución sociológica”, es decir, un segundo instrumento que permitía la profundización de un modelo que no estaba contemplado exactamente en el texto constitucional vigente.
De esta manera, cualquier cambio en el futuro por la vía electoral pasaba por la reinstitucionalización del país, por regresar a la verdadera constitución a través de un acuerdo entre oposición y gobierno. Esa iniciativa, obvia y necesaria, fue reiteradamente omitida incluso en los programas de los candidatos presidenciales opositores, por cuanto en la práctica la contradicción no se hacía demasiado evidente, sino en la naturaleza de las leyes que eran aprobadas (Plan de la Patria, Ley de Comuna, etc.), que se consideraban más bien pasos propios del proyecto chavista. Incluso, ante la enfermedad terminal de Chávez, muchos analistas apostamos a la transición colocándonos el tema de la institucionalidad como un requisito básico no sólo para un cambio de gobierno, sino para la más elemental convivencia entre factores políticos contradictorios. Ello no ocurrió, e incluso con la muerte de Chávez el tema fue omitido y desde entonces los sectores opositores redujeron el asunto como si se tratase en el caso de un posible triunfo del líder opositor Henrique Capriles Radonski, como una simple ceremonia de cambio de gobierno.
OÍDOS SORDOS
Tuvo que ocurrir la victoria opositora en las elecciones parlamentarias del 2015 con el control decisivo de la Asamblea Nacional para que se pusiera en evidencia un conflicto que habría de sumarse de manera decisiva a los enfrentamientos cada vez mayores protagonizados en el escenario político nacional y complicados por las crisis sociales y económicas, que también se tornaron virtualmente ingobernables. Todavía, pese a lo ocurrido en los últimos meses, a la violencia en las calles, a la desaparición de la moneda, al hampa reinando sin control, en los planteamientos de la oposición (al gobierno le convendría, como siempre, minimizar el tema) no se ha contemplado ni convertido menos aun en condición previa para cualquier negociación y acuerdo, el regreso a un clima mínimo de convivencia constitucional que es la única que podría garantizar, en consecuencia, el ejercicio civilizado del diálogo y las prácticas democráticas.
De tal manera que los avances, que sin duda se han logrado en las conversaciones en República Dominicana y que su sola realización se juzga positiva, si bien contribuyen transitoriamente a descongestionar la irrespirable atmosfera emocional que viven los venezolanos, de ninguna manera conjuran los verdaderos factores que definen una crisis inédita y que ya escapa al control de los venezolanos y se coloca en las impredecibles convulsiones del juego geopolítico mundial.