jueves, 16 de junio de 2011

CHAVEZ NO ES POLÍTICO

Análisis

16/06/2003
CHAVEZ NO ES POLÍTICO

Manuel Felipe Sierra

El proyecto chavista acentúa su fase represiva. La escena de los desmanes protagonizados por los círculos violentos el viernes y el sábado en Petare dibujaron el verdadero trasfondo de la crisis política: la pretensión de instaurar un régimen totalitario contra la voluntad democrática de la sociedad venezolana. El hecho de que la concentración convocada por COPEI y la Coordinadora Democrática se haya desarrollado, de manera civilizada y con estricto apego a la ley, tenía que sacar de sus cabales al alto gobierno.


Para el chavismo la violencia, las agresiones y la cosecha de sangre constituye el escenario ideal y necesario para vender la falsa imagen de que Venezuela es un territorio sumido en las llamas de la guerra civil. El vicepresidente José Vicente Rangel se trasladó al lugar para advertir que “las manifestaciones y los actos públicos en las zonas populares serían regulados”.

Lo ocurrido en Petare y dos semanas atrás en Catia, también derriba un mito y destruye una mentira. El oficialismo ha venido insistiendo que las barriadas populares son espacios cautivos y liberados del chavismo. Pero ello no es verdad. Sectores de la oposición han incurrido  en el error de avalar la división de Caracas, cuando se insiste en reconquistar el Oeste o los barrios de Este. En las elecciones de 1988 y el 2000, Chávez obtuvo una significativa votación  en esos sectores. Como ocurrió en el pasado con otros candidatos presidenciales. Larrazabal en 1958 se hizo de una aplastante votación en las franjas de menores ingresos. Uslar Pietri arrasó en 1963 en los cerros caraqueños. Pérez Jiménez se apoderó de la votación popular con la tarjeta pequeña para el Congreso Nacional y el Concejo Municipal de Caracas en 1968. Carlos Andrés Pérez obtuvo un contundente apoyo en la periferia caraqueña en 1973. Lo mismo ocurrió con Herrera Campíns, en 1978; Lusinchi en 1983 y de nuevo Pérez en 1988.

¿Podría deducirse de estos resultados que se trataba de espacios inexpugnables, comprometidos más allá del acto comicial con una adhesión irreductible a estos aspirantes y a sus partidos. En el país,     -en todos los sectores- hay chavistas  y antichavistas. Lo que ocurría hasta hace poco en Catia, es que los grupos paramilitares oficialistas levantaron un anillo armado en el 23 de Enero  -en absoluto simbólico sino particularmente activo- que creó y generalizó un clima de intimidación y temor en la población no afecta al oficialismo.

Es explicable que Chávez, Rangel y Diosdado Cabello no logren internalizar fácilmente la nueva realidad. Para ellos el chavismo había construido un blindaje en los sectores populares de la capital. Pero además, el éxito de la protesta opositora en Petare, fue la culminación de una semana de fulminantes derrotas políticas para la “revolución bolivariana” en el país y en el exterior. Este cuadro desfavorable ha encendido la cólera de Chávez -quién desde Manaos, en el más procáz tono cuartelario- amenaza con no permitir “que todos los meses grupos de oposición estén convocando el “Catiazo” y el “Petarazo”; jura “no ser un político sino un soldado” y amenaza con prisión al gobernador Enrique Mendoza. En otras palabras, se acaba la promesa democrática, se liquida la propuesta del diálogo y se desvanece -al unísono con declaraciones de Rangel y Cabello en el mismo sentido- la expectativa de la consulta revocatoria. Allí están al desnudo Chávez   y sus adláteres: aspirantes a consolidar una dictadura que ha sido, esta siendo y será combatida por la inmensa mayoría de los compatriotas. Con o sin revocatorio.

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