sábado, 4 de junio de 2011

LA PRENSA GRINGA

Manuel Felipe Sierra

LA PRENSA
GRINGA

“The New York Times” editorializó sobre el proceso político venezolano. Recogió la preocupación que existe en los medios internacionales porque los cambios que se están produciendo en el país pueden comprometer la vigencia del sistema democrático. Pero el prestigioso diario neoyorquino soporta el editorial sobre datos falsos e interpretaciones engañosas. Escribir que el gobierno dilapida los recursos en la instalación de una costosa empresa que fabricará los carros populares es una mentira que nadie se hubiera imaginado que tuviera cabida en la página editorial de uno de los periódicos que en mayor medida influye en la opinión mundial. El presidente Chávez como es lógico refutó el comentario e insistió en que es objeto de una virulenta campaña orquestada por sectores de la prensa extranjera. En este tema es necesario distinguir dos cosas: en Estados Unidos existe un poderoso lobby con conexiones en los principales medios y que sigue la política latinoamericana a través del prisma antifidelista. Toda política que no suscriba la estrategia norteamericana frente a Cuba entra en una zona de sospechas. Ya durante la campaña electoral el candidato Chávez había despertado inquietud y aprehensiones, importantes diarios y programas de televisión advirtieron sobre el riesgo que supondría para el hemisferio la implantación de un gobierno revolucionario en Venezuela. En estos seis meses de gobierno y una vez que Chávez definió una política exterior independiente y solidaria, estas sospechas se han incrementado. Ahora más que nunca, como lo refirió ayer el propio Chávez, es pertinente que el gobierno impulse una ofensiva internacional para informar al mundo sobre la inequívoca naturaleza democrática del proceso venezolano. No habría que confundir el editorial de “The New York Times” y las operaciones del lobby antifidelista con las opiniones de escritores independientes como Mario Vargas Llosa  o Antonio Caballero. En primer caso actúan intereses con propósitos claramente políticos. En el segundo caso, se trata de analistas e intelectuales que todavía no logran comprender un proceso sumamente complejo y atípico, incluso para vastos sectores del país.

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