domingo, 11 de septiembre de 2011

EL MISMO CUENTO

AL COMPAS DE LOS DIAS
 EL MISMO CUENTO
20/01/2011
MANUEL FELIPE SIERRA


Doce años es tiempo  suficiente para valorar los resultados de una gestión y determinar el rumbo de un proceso político. A lo largo de ese tiempo Venezuela ha padecido un régimen que mas allá de la compulsión  mediática de su líder, no puede exhibir realizaciones significativas ni avances en materia económica y social. ¿Por qué entonces había que esperar sorpresas en el informe presentado por Chávez el sábado pasado ante la nueva Asamblea Nacional?



Tampoco existían razones para el asombro por la aprobación por la extinta AN de una ley habilitante por dieciocho meses.  Chávez ha gobernado en momentos decisivos a través de  este mecanismo. Bastaría con recordar que la habilitante de 2001 sirvió para promulgar 49 proyectos de leyes que anticipaban un modelo totalitario y que fueron detonante de la crisis política de los años 2002-2003 hasta el revocatorio presidencial de 2004.

Una vez reelecto el 2006, Chávez apelo de nuevo a este recurso para darle el toque final a la “legalidad socialista”, que según él había sido otorgada además por la voluntad popular. En esa ocasión recibió una habilitante también por dieciocho meses que le facilito burlar el rechazo popular a su proyecto de reforma en 2007; y acelerar luego numerosos decretos-leyes,  que reprodujeron los contenidos rechazados por la mayoría. 



¿Por qué ante una Asamblea Nacional con importante representación opositora y la constatación del acelerado deterioro del régimen, no habría de recurrir nuevamente al mecanismo habilitante? La duración de la ley (dieciocho o seis meses), es irrelevante. La ley esta vigente y más que por la emergencia de las lluvias, se trata de usarla para demostrar que  se gobierna discrecionalmente por encima de todos los poderes constituidos.

Lo mismo podría decirse del supuesto  interés por  armonizar las tensiones políticas. Cualquier llamado a un dialogo exige condiciones previas que faciliten encuentros y conclusiones. Ello no ha ocurrido, y en esta materia, habría que remitirse a la experiencia de años anteriores,  cuando llamados semejantes fueron simples trampas “cazabobos” para sortear dificultades. De allí que convertir estos temas en elementos de discusión para los opositores, seria comparle nuevamente la agenda política y comunicacional a un régimen que ahora conoce un  franco e inevitable derrumbe. 

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