Fabula Cotidiana
EL REINO DE LAS FARC
03/08/2010
Manuel Felipe Sierra
“Cuando avanzábamos por el río, más claro parecía que las FARC estaban aprovechando la aparente simpatía de Chávez por su causa para atravesar la porosa frontera entre Venezuela y Colombia. De pronto comenzamos a captar emisoras venezolanas en la radio, como nunca antes lo habíamos hecho. La señal no era confusa ni distorsionada, sino nítida y con buen volumen, y se hacía más fuerte cada día en la medida en que nos movíamos hacia el sur”, recuerda Keith Stansell. El relato continúa: “mi instinto me decía que ya habíamos cruzado la frontera, y una breve mirada al gps de Enrique me lo habría confirmado. Tomé nota del hecho de que los guerrilleros parecían tan acostumbrados al terreno en esta región fronteriza como lo estaban en sus bastiones en la parte central de Colombia”.
Marc Gonsalves, compañero de cautiverio de Stansell explica a la vez que mientras permaneció cautivo “fue obligado a utilizar un uniforme rebelde que decía “Hecho en Venezuela”, por eso se sorprende que Chávez se rehúse llamar “terroristas” a las FARC. Comenta Marc: “cuando yo miro a un presidente de un país diciendo una cosa así creo que él está mostrando al mundo su ignorancia”. Tom Howes, el otro protagonista de la odisea narra la angustia que vivió en espera que la intervención de Chávez le permitiera regresar con vida a la familia. Los testimonios pertenecen al libro “Lejos del Infierno” (una odisea de 1.967 días en manos de las FARC), convertido en best-seller desde su publicación en julio del 2009.
Los tres contratistas norteamericanos confesaron al periodista Gary Brozek sus vivencias desde el 13 de febrero de 2003 cuando el avión en el que viajaban aterrizó de emergencia en la selva colombiana, hasta el 2 de julio de 2008 cuando fueron rescatados por el ejército. Se había cumplido de esta manera la “Operación Jaque” que los liberaba de las manos de las FARC junto a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, la senadora Clara Rojas y once militares y policías.
Si algún valor tienen estas revelaciones es la confirmación que el territorio venezolano sirve de escenario de para las operaciones de los grupos que protagonizan la violencia colombiana. Las evidencias presentadas meses después por el embajador de Colombia ante la OEA Luis Alfonso Hoyos, no son novedosas ni develan tampoco un espeso misterio. Tienen, por supuesto, el valor de haber sido consignadas por un gobierno ante una organización representativa de los estados del hemisferio, y que corroboran la identificación política del proyecto chavista y las FARC, una organización despojada de sustancia ideológica y transformada en instrumento del narcotráfico y las industria del secuestro y la extorsión.
La presencia de combatientes venezolanos en Colombia y de colombianos en Venezuela resulta inevitable por razones de vecindad geográfica. En el siglo XIX y a comienzos del XX la frontera fue utilizada como corredor por grupos armados que actuaban frecuentemente en ambas naciones. En 1952 la prisión en Caracas del guerrillero liberal Eliseo “Cheito” Velásquez trascendió a la opinión pública. Velásquez en un famoso juicio fue defendido por los líderes de URD, Jóvito Villalba e Ignacio Luis Arcaya y, una vez en libertad fue asesinado en la frontera del Arauca, al parecer por agentes de la Seguridad Nacional venezolana en complicidad con la dictadura de Rojas Pinilla.
En los últimos años la situación se ha tornado particularmente grave en la medida que el fenómeno del narcotráfico cobra fuerza y se convierte en una empresa financiera con tentáculos mundiales. ¿Era posible que permaneciera inmune la frontera venezolana? ¿Cómo evitar que este territorio no sirva de refugio transitorio a los grupos armados del vecino país? Ello explica recurrentes encuentros en las zonas limítrofes durante los últimos años y operaciones como la llamada masacre de “El Amparo” en 1988 cuyas consecuencias fueron ventiladas por la justicia internacional y que provocó la eliminación de los Teatros de Operaciones Antiguerrilleros en las zonas fronterizas.
Estos hechos, sin embargo, eran abordados y ocurrían en defensa del territorio y la soberanía nacional. La diferencia con lo que ocurre en los últimos años es clara: para la revolución chavista los grupos guerrilleros se consideran aliados de una estrategia continental para el establecimiento del socialismo del siglo XXI. Ello facilita que miembros de las FARC, el ELN, FBL y grupos menores encuentren espacios en el país como aliviadero y zona de repliegue y permite además que como respuesta a éstos, también operen las fuerzas paramilitares que se identifican con sus mismas prácticas y en los mismos objetivos.
Esta y no otra es la explicación por la cual el régimen de Chávez elude las investigaciones que exigen las denuncias colombianas y bloquea las verificaciones que resultan pertinentes en estos casos, a través de la mediación de otras naciones. No obstante, por esta vía se extiende la raíz de una situación que se tornará cada vez más conflictiva en el futuro.
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