domingo, 11 de septiembre de 2011

FE DE VIDA

AL COMPÁS DE LOS DÍAS
FE DE VIDA
30/06/2011
MANUEL FELIPE SIERRA

Todo indica que Chávez no presidirá la celebración del Bicentenario de la Independencia el 5 de julio. Las razones que privaron para cancelar la Cumbre Internacional de Margarita justificarían de nuevo su ausencia. La fecha se consideraba simbólica para poner fin al vacío de poder decretado por su enfermedad. Ahora, tanto el oficialismo como los sectores opositores se verán obligados a encarar una situación excepcional, curiosa e inédita que llama la atención en el mundo y preocupa a todos los venezolanos.

Todavía no se conoce con exactitud el cuadro clínico del mandatario, lo cual por supuesto, abre espacio para los rumores y las más diversas conjeturas. Un misterio que es propio del estilo presidencial de los regímenes comunistas, donde toda información se considera “secreto de Estado”. Sin embargo, de ninguna manera se corresponde con la tradición de las políticas informativas democráticas venezolanas.


            El martes 28 habría de despejarse la incógnita según voceros oficiales. Pero su presencia junto a Fidel Castro en imágenes televisivas sin audio no hicieron sino ahondar el clima de incertidumbre. Chávez no habló al país, no explicó el estado de su recuperación, ni hizo los anuncios propios que un Jefe de Estado está obligado a ofrecer. Se trató simplemente de una “fe de vida”, tal como la que muestran los secuestradores para tranquilizar a los familiares de sus víctimas.

             Con la cancelación de dos importantes actos con los cuales estaba personalmente comprometido, existen mayores motivos para que crezca el desconcierto y la confusión. Más allá del estado del mandatario, el oficialismo está obligado constitucionalmente a abordar las funciones propias del Estado, y la oposición a considerar seriamente los alcances de un prolongado vacío en medio de una creciente conflictividad social y política que exige orientaciones y respuestas oportunas.

            La ausencia presidencial, al margen de las consideraciones jurídicas se produce cuando el país enfrenta una de sus crisis más severas e impredecibles. En la rutina constitucional es posible que ello no trascendiera de un desafortunado episodio en la vida de un gobernante. De casos parecidos está llena la historia. Recientemente el presidente paraguayo Fernando Lugo viajó a Brasil para tratarse un cáncer, y el presidente Correa, de Ecuador se internó en un hospital de La Habana para una intervención traumatológica. Nada ocurrió en esos países que intranquilizara a la opinión pública. Pero el caso de Chávez es distinto. Él encabeza un modelo que supone el control de todos los poderes de manera unipersonal, por lo que su prolongada ausencia tiene un efecto mayor en términos de gobernabilidad. Por supuesto, queda también el tema de la relación ya más que amistosa entre el régimen venezolano y la dictadura castrista. 

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