miércoles, 28 de septiembre de 2011

VENECUBA

AL COMPÁS DE LOS DÍAS

VENECUBA

Manuel Felipe Sierra

Es lógico que un observador se sorprenda cuando Chávez escoge a La Habana para un tratamiento médico y que durante días despache desde la isla sin el correspondiente permiso de su país. Más aún, cuando el lugar donde se encuentra funciona como una extensión de Miraflores. Pero en verdad, ello no tendría porqué provocar extrañeza. La existencia de Venecuba, es decir, la fusión política entre Cuba y Venezuela no es una afirmación delirante.

En la práctica, más allá de la afinidad ideológica y la empatìa personal entre Chávez y los Castro, los gobiernos de Cuba y Venezuela han ido perfeccionando un mecanismo de intercambio y complementación en actividades estratégicas. El ex vicepresidente Carlos Lages despachaba desde Caracas; Raúl Castro habló que los dos países eran “la misma cosa”, y para disipar dudas, Chávez completó la frase: “somos la misma patria”. No es casual que 60 mil cubanos atiendan áreas claves como seguridad, inteligencia, educación, salud, asesoramiento policial, militar; y los sistemas de cedulación y registro. La injerencia de este ejército de “ocupación pacífica” en la FANB ha sido denunciada por el general Antonio Rivero, entre otros, en la medida que ello afecta la soberanía nacional.

La isla se ha beneficiado con el estimulo a la economía del “resuelve” alimentada por los cubanos que vienen y van de Venezuela mediante la venta de electrodomésticos, ropas o artículos de belleza. Muchas veces cuando un habanero le pregunta al otro ¿Cómo te sientes? Éste le responde: “viviendo de la fè”. Sorprendido el interlocutor dice: ¿Ahora eres religioso? Y el amigo responde: “te dije de la fè: familia en el exterior”. Una simple manera de decir en Venezuela.

Por encima de la compenetración política e ideológica la relación se fortalece a partir de necesidades mutuas. Chávez para su propósito de perpetuarse en el poder necesita de la estructura de seguridad e inteligencia que le proporciona el fidelismo, y éste requiere cada vez más de la ayuda económica venezolana para atender los gastos del Estado y su “nomenklatura”. Si bien es cierto que el auxilio no drena hacia una sociedad con niveles de miseria ya intolerables le ofrece al castrismo un “campo de maniobra” para posponer la debacle. Los Castro han encontrado en Chávez lo que Elizabeth Burgos llama “el milagro del Viagra”.

Chávez demanda del apoyo cubano para blindar su seguridad, sortear delicadas coyunturas políticas y avanzar en su modelo totalitario; mientras que para el castrismo sólo el oxigeno que le proporciona el petroestado venezolano le permitirá sobrellevar la tragedia económica. Una relación perversa y por obra de necesidades mutuas que resulta mucho más fuerte que las afinidades ideológicas y las relaciones políticas entre Chávez y los Castro.


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