LA VENGANZA DE URIBE
El 24 de noviembre del año pasado Álvaro Uribe conversó con un grupo de políticos de la oposición venezolana en el hotel Dann Carlton de Bogotá. Faltaban apenas dos meses para la primarías de la MUD y el tema nacional era lógico que fuera examinado.
El seminario tenía otra finalidad: debatir un informe de Uribe sobre el problema del narcotráfico sobre el cual ha realizado recientes investigaciones en varios países del continente.
Eran inevitables también las alusiones a las graves tensiones entre Uribe y Juan Manuel Santos que han provocado la división del mundo político colombiano. Se trataría de la vieja “patada histórica” que suele separar al alumno del maestro cuando el primero captura el poder. El caso Uribe-Santos es mucho más grafico, porque Santos fue su ministro de la Defensa y le correspondió enfrentar la ofensiva militar de las FARC.
Uno de los presentes le preguntó a Uribe la verdadera causa de la separación entre él y su funcionario más cercano. El ex mandatario guardó silencio y luego dijo: “Viví una gran decepción cuando llamé al Presidente Santos para pedirle que no autorizara la extradición del narcotraficante Makled a Venezuela, y él me dijo que estudiaría el caso para tomar un decisión; pero me sorprendió que casi inmediatamente anunciara que el personaje seria entregado al gobierno de Chávez. Estas son cosas que no se entienden y que por supuesto, molestan mucho”.
Cuatro días después se realizaría en Caracas la reunión de Santos y Chávez para revisar las relaciones bilaterales. “Si usted fuera venezolano, ¿qué le preguntaría a Santos sobre esa reunión?”. Le preguntaría qué paso para que milagrosamente se haya olvidado de la denuncia que él mismo condujo contra la presencia de la FARC en el territorio de un país hermano. Se ha dicho que el cambio de Santos radicaría en el compromiso de Chávez de cancelar una deuda de 900 mil millones de dólares a exportadores colombianos. “No se entiende que por esa razón, que no deja de ser importante, se abandone los principios y una política que procuraba garantizar la seguridad de los colombianos y también la seguridad de los venezolanos”.
Está claro que el cambio de línea de Santos inteligentemente captado por Chávez en su momento, no conjuraba una situación de fondo: la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela con la permisividad del régimen chavista. ¿Acaso la documentada denuncia consignada ante el Consejo Perms.anente de la OEA en 2010 era un simple montaje mediático? Uribe para ganar votos en Colombia persistirá en la línea dura contra Chávez así como éste lo hizo en su momento contra Uribe. Santos como gobernante estaría obligado a guardar discreción. Por ahora “la patada histórica” de Colombia tiene efecto directo en el debate electoral venezolano como suele ocurrir entre dos países hermano
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