LOS MAGOS DEL PODER
Joe Mcginniss, prestigioso periodista del Philadelphie Inquirir publicó en 1972 el libro “¿Cómo se vende un Presidente?”.
La pregunta del titulo hizo que a los días el texto se convirtiera en bestseller. Mcginniss había rastreado
paso a paso la campaña de Richard Nixon en 1968 que finalmente lo hizo presidente
frente al candidato demócrata Hubert H. Humphrey. El reportaje en la línea del
“nuevo periodismo” no ahorró datos, episodios ni anécdotas sobre el vasto tinglado
conformado por encuestadores, publicitarios y consultores de opinión. Toda una
industria enormemente costosa que funciona en Estados Unidos y algunos países
de Europa para promover y conducir a la victoria a presidentes, gobernadores y a
otros aspirantes a cargos electivos.
Desde el inicio de la televisión y con los avances de las
técnicas del marketing y la publicidad el electorado se colocó en la mira de
una moderna maquinaria destinada a influir en sus decisiones electorales, mediante
debates televisivos, agresivos spots y técnicas propias del espectáculo. Lo
novedoso del libro de Mcginniss es que por primera vez el lector común
penetraba en los entretelones y “los secretos resortes que mueven una campaña
electoral y de la manera en que se fabrican los mitos y se convierten las
mentiras en verdades”.
Coincidencialmente, en 1972 las campañas electorales
venezolanas asumen un mayor nivel de sofisticación. Hasta entonces la empresa
“Datos” especializada en la
investigación del mercado solía ofrecer también investigaciones puntuales en
las contiendas eleccionarias y el sociólogo Publio Velasco había diseñado una
curiosa forma para calibrar las preferencias de los electores. Disponía de una
suerte de caja metálica que colocaba en lugares estratégicos de la ciudad y en
las cuales los ciudadanos consignaban el voto por sus candidatos favoritos. Sin
mayores recursos técnicos los resultados de Velasco eran tan certeros como la
puntería de un buen cazador. Ya en 1973 la contienda se polarizó entre Lorenzo
Fernández de COPEI y Carlos Andrés Pérez de AD, y ambos recurrieron a los famosos consultores extranjeros. Fernández
apoyó su campaña en la estructura organizativa del secretario de organización
José Curiel, que había facilitado la victoria de Rafael Caldera cinco años
atrás.
Matt Reese asesor de Jhon Kennedy y uno de los pioneros de
la consultaría electoral fue contratado para el diseño estratégico de la
campaña. Reese se hizo acompañar por Ralph Murphine quien junto a Rafael
Salvatierra se convirtieron en los principales
operadores de élla. Diego Arria quien venía de presidir la Corporación de Turismo
se sumó a los factores independientes que habría de apoyar a Carlos Andrés Pérez y a un partido afectado
por las divisiones y el virtual agotamiento de sus propuestas, Arria trajo a la
campaña a Bob Squier asesor de televisión del vicepresidente Lyndon B. Johnson y
luego de los presidentes demócratas Jimmy Carter y Bill Clinton. En un estudio
del Canal 8 en Los Ruices, Pérez cumplió exigentes sesiones de ensayo con
Squire y Arria en sintonía con Regis d'Etievan presidente de CORPA y un equipo
compuesto por Mario Abate, Bernardo Viera, José de los Santos Reyero y Chelique
Sarabia. De allí surgieron los slogans “Ese hombre si camina” y “Democracia con
energía” que convirtieron al entonces “ministro policía”, en un personaje dinámico y
moderno capaz de suscitar amplia simpatía más allá de la periferia de su
partido.
Pérez ganó las elecciones
y se consagró el esquema bipartidista. Desde esos años los procesos
electorales estarían marcados por la influencia de asesores extranjeros al servicio
de los dos partidos. Joe Napolitan uno de los mas exitosos consultores
estadounidenses se vinculó directamente con Acción Democrática. Napolitan era conocido como un estratega lúcido
y sus textos sobre el tema son referencia obligada en las Escuelas de Estudios
Políticos. COPEI si bien mantuvo la relación con Murphine, ante la necesidad de
reflotar la candidatura de Luis Herrera Campins frente a Luis Piñerúa Ordaz en
1978, contrató los servicios de David Garth ya conocido como productor de
mensajes violentos y agresivos. De allí surgieron las famosas cuñas de Carlota
Pérez la “Damnificada de Caucagüita” y la frase “Donde están los reales”.
Los consultores establecían una clara diferencia entre su
trabajo y las tareas de campo de las encuestadoras. Eran además personajes de
bajo perfil y plenamente conscientes que sus “memorandum” eran de estricto
consumo de los candidatos y sus mas cercanos colaboradores. Garth decía por
ejemplo cuando era abordado por un periodista, que el deber de éste era
procurar una información que él tenía pero que su deber era no suministrarla, y
guardaba silencio. Establecía una separación entre la investigación de las encuestadoras
y la evaluación de sus resultados y sostenía que en lo posible debían ser dos
equipos que no tuvieran comunicación y que actuaran en sus propios espacios. De
alguna manera comparaba al encuestólogo con el bionalista y al consultor con el
internista, porque de otra manera el diagnóstico correría el riesgo de resultar
sesgado y erróneo. En los últimos años en Venezuela se han invertido los
términos al convertirse las encuestas (sin precisar claramente la metodología
usada) en simples noticias. Por esta vía en muchos casos las encuestas no se
usan para su verdadera finalidad como instrumento auxiliar en la elaboración de
estrategias sino como un elemento más de la propaganda. Una desviación a la
cual colaboran algunos medios de comunicación que han encontrado en los
resultados de los sondeos atractivos titulares de primera página. Habría que
volver a las enseñanzas de los viejos consultores que si sabían los secretos de
cómo se vende un Presidente.
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