UNA FRÁGIL AMISTAD
Álvaro Uribe durante su gobierno fue el principal
objetivo de ataque de Hugo Chávez. El gobernante colombiano, iniciaba una recia ofensiva militar contra la FARC. Para Chávez, en
cambio, en su proyecto de exportar la revolución hacia Suramérica era
indispensable la aproximación con el grupo guerrillero.
Ya la historia es conocida. Chávez consideró a la FARC como un movimiento
revolucionario y no como un brazo armado del narcotráfico hasta el punto que
sus vinculaciones con éstas sometieron las relaciones diplomáticas entre los
dos países a desencuentros y rupturas. Chávez y Uribe protagonizaron un feroz
enfrentamiento. Amenazas de aviones sukhoi
sobre Bogotá, homenaje publico a “Tirofijo” y comprobada acogida a los
jefes del grupo armado se sucedieron en cadena. La situación tuvo un punto
culminante en 2010 con la denuncia formulada por Colombia ante el Consejo Permanente
de la OEA que
consignaba pruebas y testimonios de la existencia de campos guerrilleros en
zonas del país. Juan Manuel Santos (por la imposibilidad de la reelección de
Uribe ganaba las elecciones presidenciales), lo cual suponía que las
discrepancias existentes serían heredadas por el nuevo mandatario. Era lógico:
Santos como ministro de la
Defensa fue el brazo
ejecutor de la política “dura” contra la insurrección.
¿Qué ocurrió para que milagrosamente las cosas
cambiaran, se congelara la denuncia ante la OEA , se restablecieran relaciones diplomáticas y Chávez
honrara una deuda de 900 millones de dólares con los exportadores colombianos?
La mano tendida de Santos le permitió a Chávez sortear una grave contingencia
ante la comunidad internacional y a Santos le ofreció la posibilidad de
diferenciarse de la gestión de Uribe, a la cual se esperaba que le guardara
absoluta lealtad.
Santos decidió actuar con tanta discreción que llamó
a su homologo un “nuevo amigo” y advirtió al continente que sólo Chávez
garantizaba “paz en la región”. La posterior entrega de Walid Makled (hecho que
marcó la ruptura entre Santos y Uribe) fue una concesión que colocó al régimen
chavista al margen de la justicia
estadounidense en un caso extremadamente delicado. Uribe encontraba a la vez en
la nueva relación Santos-Chávez un pretexto para acentuar la línea de oposición
a su antiguo colaborador. Así como en su momento Chávez usó a Uribe para ganar
puntos internamente, ahora Uribe usa a Chávez como una manera de acentuar la
debilidad de Santos frente a un aliado de la guerrilla. ¿Era posible ocultar
por mucho tiempo una situación que ciertamente comprobaba el nexo de Caracas
con una organización condenada en el escenario internacional? ¿Chávez
ciertamente ha roto amarras con la
FARC y sus aliados? La semana pasada el atentado del que
fuera objeto el ex ministro Fernando Londoño en Bogotá, ha sido interpretado
por Uribe como el comienzo de una nueva ola de la subversión guerrillera. ¿La virtual reaparición de la FARC en plan ofensivo
permitirá por cuanto tiempo mas que Santos y Chávez mantengan una amistad
sustentada en movedizas conveniencias políticas?
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