UN CAMINO INEVITABLE
El
tema de la transición cobra mayor importancia ante la perspectiva de una victoria democrática el 7 de octubre.
Como se sabe, restablecer la legalidad democrática es un prerrequisito para
reencauzar la vida nacional y el entendimiento entre los venezolanos. Esta
transición se dará en circunstancias especiales y si se quiere inéditas en
América Latina. Ella no surgirá de un acto de fuerza; de una ruptura traumática
del orden establecido; ni tampoco como consecuencia del agotamiento del modelo
que se va a sustituir; ni sería el producto de un cuadro extremo de
ingobernabilidad.
La
transición comenzaría como un relevo de gobierno y con reglas de juego
plenamente compartidas. De tal manera que es tan legítimo el mandato que reciba
un nuevo presidente como legitimas son las instituciones que deben ser
revertidas o cambiadas. Tampoco se trata de la clásica sustitución de la
dictadura por la democracia que generalmente se resuelve por la vía de las
constituyentes y las reformas constitucionales.
El
modelo que se habrá de sustituir no es el tradicional régimen militar basado en
las armas y la negación de la libertad. En este caso se trata de un modelo
militarista, pero con innegable apoyo popular. De una expresión del llamado
nuevo neototalitarismo que guarda algunas formas tramposas de los regímenes
democráticos, como la adicción electoral y ciertos espacios de disidencia. Pero
también es un proyecto ideológico que líquida la propiedad privada, que ocupa
los espacios que pertenecen a la sociedad; que ha destruido el aparato
productivo; que ha consagrado la llamada “hegemonía comunicacional” y que opera
con leyes represivas en la línea de generar matrices de miedo e inhibición en
los venezolanos.
De
esta manera, la transición hacia la democracia que debe suceder a una victoria
electoral como un mandato expreso del pueblo, supone una tarea difícil,
laboriosa y compleja. Esa tarea tiene que ser asumida sobre la base de un
consenso, de un gran acuerdo nacional que trascienda al mundo político. Por
muchos votos que obtenga un nuevo presidente ello no bastará para afrontar, no
solamente un cambio de gobierno y la aplicación de un programa electoral, sino
el inmenso reto que suponen esta transición. Por ello todos estos procesos han
estado precedidos de un acuerdo mínimo de gobernabilidad capaz de comprometer
la mayor suma de sectores sociales.
Se
requiere también, y en una gran medida de la comprensión y la solidaridad de la
comunidad internacional. Una comprensión que debe ir mucho más allá de las
famosas observaciones para los procesos electorales, que últimamente luce cada
vez más simbólica y turística. Debo saludar también la presencia en este
acto del ex presidente de Chile Eduardo
Frei, demócrata cabal, protagonista de una histórica transición y siempre
solidario con las mejores causas venezolanas.
(Palabras
pronunciadas en el foro “Camino a la Transición ” organizado por el IFEDEC el 8 de
julio)
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