lunes, 9 de julio de 2012

La Transición


UN CAMINO INEVITABLE

El tema de la transición cobra mayor importancia ante la perspectiva  de una victoria democrática el 7 de octubre. Como se sabe, restablecer la legalidad democrática es un prerrequisito para reencauzar la vida nacional y el entendimiento entre los venezolanos. Esta transición se dará en circunstancias especiales y si se quiere inéditas en América Latina. Ella no surgirá de un acto de fuerza; de una ruptura traumática del orden establecido; ni tampoco como consecuencia del agotamiento del modelo que se va a sustituir; ni sería el producto de un cuadro extremo de ingobernabilidad.

La transición comenzaría como un relevo de gobierno y con reglas de juego plenamente compartidas. De tal manera que es tan legítimo el mandato que reciba un nuevo presidente como legitimas son las instituciones que deben ser revertidas o cambiadas. Tampoco se trata de la clásica sustitución de la dictadura por la democracia que generalmente se resuelve por la vía de las constituyentes y las reformas constitucionales.

El modelo que se habrá de sustituir no es el tradicional régimen militar basado en las armas y la negación de la libertad. En este caso se trata de un modelo militarista, pero con innegable apoyo popular. De una expresión del llamado nuevo neototalitarismo que guarda algunas formas tramposas de los regímenes democráticos, como la adicción electoral y ciertos espacios de disidencia. Pero también es un proyecto ideológico que líquida la propiedad privada, que ocupa los espacios que pertenecen a la sociedad; que ha destruido el aparato productivo; que ha consagrado la llamada “hegemonía comunicacional” y que opera con leyes represivas en la línea de generar matrices de miedo e inhibición en los venezolanos.

De esta manera, la transición hacia la democracia que debe suceder a una victoria electoral como un mandato expreso del pueblo, supone una tarea difícil, laboriosa y compleja. Esa tarea tiene que ser asumida sobre la base de un consenso, de un gran acuerdo nacional que trascienda al mundo político. Por muchos votos que obtenga un nuevo presidente ello no bastará para afrontar, no solamente un cambio de gobierno y la aplicación de un programa electoral, sino el inmenso reto que suponen esta transición. Por ello todos estos procesos han estado precedidos de un acuerdo mínimo de gobernabilidad capaz de comprometer la mayor suma de sectores sociales.

Se requiere también, y en una gran medida de la comprensión y la solidaridad de la comunidad internacional. Una comprensión que debe ir mucho más allá de las famosas observaciones para los procesos electorales, que últimamente luce cada vez más simbólica y turística. Debo saludar también la presencia en este acto  del ex presidente de Chile Eduardo Frei, demócrata cabal, protagonista de una histórica transición y siempre solidario con las mejores causas venezolanas.



(Palabras pronunciadas en el foro “Camino a la Transición” organizado por el IFEDEC el 8 de julio)

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