miércoles, 10 de octubre de 2012


¿QUÉ PASÓ EL 7-10?




Los resultados de las elecciones del 7-10 suponen un importante avance numérico para las fuerzas democráticas. Pero es necesario asumir que se trata en primer término de una nueva derrota de la oposición y de una victoria, en este caso claramente contundente de Hugo Chávez. Dos horas antes del cierre de las votaciones todos los sondeos y las primeras actas llegadas al Comando Venezuela revelaban una tendencia favorable al abanderado opositor. Después de una tensa espera se anunció en un primer boletín la victoria de Chávez por una ventaja que supera los dos millones de votos.

Era lógico que en un electorado ganado por el entusiasmo y la emoción ante la exitosa campaña de Capriles surgieran dudas e interrogantes ante el anuncio del CNE. En las redes sociales partidarios desconcertados levantaron la posibilidad de que mediante un fraude se hubiera cambiado la orientación de los votos. Es comprensible que ello surja dado los antecedentes de procesos electorales marcados por el ventajismo y la actuación de un árbitro al servicio del régimen. Tanto el candidato Capriles como técnicos electorales han explicado que ello no ocurrió y que fue la masiva movilización del chavismo a los centros de votación a última hora lo que determinó el resultado. Ciertamente, el chavismo contaba con ventaja para la activación de votantes dado los inmensos recursos con que cuenta y la forma cómo hace uso de ellos.

No obstante la explicación, ésta de ninguna manera puede interpretarse como un voto de confianza a la gestión del organismo electoral. El CNE desde hace 8 años reposa en una estructura fraudulenta. No hay claridad sobre el REP y funcionan una serie de mecanismos que condicionan los resultados finales. No se trata del asalto a las urnas ni la alteración violenta de las actas sino de un conjunto de pasos y maniobras que configuran un fraude continuado o “fraude de Estado”. Ocultar esta realidad significaría legitimar un cuadro de ventajismo que es  propio de regímenes de naturaleza autocrática. Asumir con claridad y firmeza esta realidad no implica de ninguna manera generar desánimo en los votantes sino todo lo contrario: advertir sobre una característica del modelo que ha venido construyendo Chávez durante 14 años y que ahora se prolongará por 6 años más.  Para estos sistemas las elecciones no se conciben para la renovación  y el relevo sino como un instrumento para su relegitimación y la perpetuación en el poder. Sólo con la comprensión de este fenómeno es posible acumular fuerzas hacia una victoria democrática en el futuro.

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