VIETNAM, CENTROAMÉRICA Y LA PAZ
En los años sesenta la mirada
del mundo se trasladó a Vietnam. La lucha del “Vietcong” en Vietnam del Sur
apoyado por Vietnam del Norte derivaba en un conflicto internacional. Estados
Unidos y otras naciones apoyaban al gobierno del Sur y la Unión Soviética y la República Popular China hacían lo propio
con la insurgencia comandada por Ho Chi Minh. Ya en 1954 se habían reunido en Ginebra
ambos países con representantes de Francia, Gran Bretaña, URSS, Estados Unidos,
China, Laos y Camboya para discutir el futuro de Indochina. En ella se decidió
el retiro de las tropas francesas, un armisticio entre los dos países y su
separación por el Paralelo 17.
Pero no siempre los acuerdos son
obra de la buena voluntad. Pronto la región
se vio involucrada en un conflicto mayor entre Oriente-Occidente por la expansión
del comunismo chino sobre territorio vietnamita y la intervención de Estados Unidos
para contrarrestarla. En 1964 el presidente norteamericano Lyndo Johnson aprobó
el bombardeo de Vietnam del Norte y el envio de tropas de combate. La llamada
“guerra especial” tomaba otro rumbo. Ahora se usaban armas químicas e incluso
la población civil era afectada por todo
tipo de enfermedades y dolencias tras los ataques, mientras tanto la guerrilla
recibía apoyo militar de Vietnam del Norte. Sin embargo, las acciones bélicas estadounidenses resultaban más bien contraproducentes al
estimular la resistencia nacionalista de los vietnamitas y al mismo tiempo
generar en el seno del país un fuerte movimiento de rechazo hacia la
intervención. Tal era la situación que en los primeros meses de 1968, según
voceros del Pentágono, ya existía el convencimiento de que guerra no se podía ganar.
En enero de 1973 representantes
de Estados Unidos y de los dos Vietnam reunidos en París declararon el cese al
fuego, el retiro de la fuerza norteamericana y la unificación de los dos
territorios. La guerra no obstante habría de continuar por dos años más hasta
que en abril 1975 el Vietcong anunció la
victoria final y Estados Unidos admitió su costoso fracaso militar.
GUATEMALA
En los años ochenta se habló de
la “vietnamización” de Centroamérica. En 1979 en Nicaragua la Revolución
Popular Sandinista derribaba el último
vestigio de la dinastía de los Somoza. Una
junta asumió el poder apoyada en un ejército formado y entrenado en la Cuba fidelista. ¿Cómo
impedir que el ejemplo sandinista no tuviera impacto en una zona de enormes carencias
económicas y conflictos sociales, en la cual
además ya existían desde hacía años focos guerrilleros?
El presidente Luis Herrera
Campins solía comentar que a comienzo de los ochenta asistió a una reunión en
la isla de Contadora en Panamá convocada
por el gobernante Omar Torrijos y con la presencia de la embajadora norteamericana ante la ONU Jeanne
Kirkpatrick conocida como la “heroína de Ronald Reagan”. Entonces la funcionaria advirtió claramente que su gobierno
iniciaría una ofensiva militar para preservar la seguridad de la región y
enfrentar la influencia fidelista y demás
países del Este. En esa reunión, recordaba Herrera, tomó cuerpo la creación de
un grupo de países democráticos para
apostar a la paz y buscar formulas de mediación, que habría de conformarse al
tiempo con el nombre de la acogedora isla panameña. En esos años el poder en Nicaragua bajo el
control de los hermanos Daniel y
Humberto Ortega estrechaba relaciones con el régimen de La Habana y recibía ayuda del entonces dictador
libio Muamar Gadafi.
En Guatemala desde los años
cincuenta operaban guerrillas en varias regiones que llegaron incluso a
controlar territorios con el apoyo de los sectores campesinos, pero ahora el
ejército cambiaba de táctica, y obtenía armamentos sofisticados, aviones
modernos, asesoramiento y recursos humanos de alto nivel. Durante años se
acentuó la confrontación pero también las gestiones de paz y las negociaciones
ya del “Grupo Contadora”, OEA, ONU y organizaciones de los derechos humanos. Fue durante el gobierno del
democratacristiano Vinicio Cerezo (1986-1991) cuando comenzaron en firme las
negociaciones para la paz que concluyeron en diciembre de 1996 durante el
mandato de Álvaro Arzú. El balance de la
confrontación que duró 36 años con doce presidentes es aterrador: 200.000
asesinatos, 600 masacres conocidas, 400 aldeas destruidas, 45,000 desaparecidos
y un millón de desplazados.
EL SALVADOR, PANAMA Y NICARAGUA
La guerra entre la Fuerza Armada
del Salvador (FAES) y el “Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional” (FFMLN) duró 12 años y los insurgentes tuvieron el apoyo directo
de Cuba y luego del régimen sandinista, mientras el gobierno recibía
asesoramiento militar y armamento norteamericano. En 1989 el presente Alfredo
Cristiani presentó en Washington una plataforma de acuerdos que fueron firmados
en el Castillo de Chapultepec, en México el 16 de febrero de 1992. Al final de
la guerra se contabilizó la muerte de más de 75 mil civiles y alrededor de 9 mil desaparecidos. Mientras
tanto combatientes nicaragüenses desencantados del sandinismo, y mercenarios
desplazados de Vietnam organizaron en Honduras el movimiento conocido como la
“Contra” para debilitar al gobierno de Managua con la injerencia no disimulada
de Washington.
El 19 de diciembre de 1989, 26
mil soldados de las unidades élites de los Estados Unidos invadieron Panamá en
la “Operación Causa Justa” para deponer
y apresar al dictador Manuel Antonio Noriega acusado de estimular el tráfico de
drogas y ante la grave tensión política del país, la cual resultó exitosa. No
obstante la aparatosa movilización significaba también la presencia directa en Centroamérica
del ejército norteamericano lo cual ejercería una poderosa fuerza disuasiva en
el marco de la confrontación centroamericana. Dos meses después en febrero de
1990 Violeta Chamorro resultaba electa en las elecciones presidenciales en
Nicaragua derrotando al líder sandinista Daniel Ortega. ¿Era posible que una
revolución con el control militar entregara el poder a una alianza estimulada
por Estados Unidos? Una tarde de abril, en
la residencia “La Guzmania” en La Guaira el presidente Carlos Andrés Pérez se
reunió con el vicepresidente estadounidense "Dan" Quayle, el jefe del
gobierno español Felipe González, Daniel Ortega y Violeta Chamorro. El
sandinismo habría de entregar la presidencia pero siempre que Humberto Ortega
el ideólogo del ejército mantuviera su condición de comandante de las fuerzas
armadas. El 25 de abril Violeta Chamorro tomó posesión y el sandinismo siguió ejerciendo
el control militar de una revolución que ya se desvanecía. Cesaba la Guerra Fría y se abría el escenario de la
geopolítica multipolar ahora protagonizada por las sociedades civiles y el
fenómeno del terrorismo,
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