martes, 7 de junio de 2016

ANÁLISIS

VIETNAM, CENTROAMÉRICA Y LA PAZ

En los años sesenta la mirada del  mundo se trasladó a Vietnam.  La lucha del “Vietcong” en Vietnam del Sur apoyado por Vietnam del Norte derivaba en un conflicto internacional. Estados Unidos y otras naciones apoyaban al gobierno del Sur y la Unión Soviética  y la República Popular China hacían lo propio con la insurgencia comandada por Ho Chi Minh. Ya en 1954 se habían reunido en Ginebra ambos países con representantes de Francia, Gran Bretaña, URSS, Estados Unidos, China, Laos y Camboya para discutir el futuro de Indochina. En ella se decidió el retiro de las tropas francesas, un armisticio entre los dos países y su separación por el Paralelo 17.

Pero no siempre los acuerdos son obra de la buena voluntad.  Pronto la región se vio involucrada en un conflicto mayor entre Oriente-Occidente por la expansión del comunismo chino sobre territorio vietnamita y la intervención de Estados Unidos para contrarrestarla. En 1964 el presidente norteamericano Lyndo Johnson aprobó el bombardeo de Vietnam del Norte y el envio de tropas de combate. La llamada “guerra especial” tomaba otro rumbo. Ahora se usaban armas químicas e incluso la población civil era afectada  por todo tipo de enfermedades y dolencias tras los ataques, mientras tanto la guerrilla recibía apoyo militar de Vietnam del Norte.  Sin embargo, las acciones bélicas estadounidenses  resultaban más bien contraproducentes al estimular la resistencia nacionalista de los vietnamitas y al mismo tiempo generar en el seno del país un fuerte movimiento de rechazo hacia la intervención. Tal era la situación que en los primeros meses de 1968, según voceros del Pentágono, ya existía el convencimiento de que  guerra no se podía ganar.  

En enero de 1973 representantes de Estados Unidos y de los dos Vietnam reunidos en París declararon el cese al fuego, el retiro de la fuerza norteamericana y la unificación de los dos territorios. La guerra no obstante habría de continuar por dos años más hasta que en  abril 1975 el Vietcong anunció la victoria final y Estados Unidos admitió su costoso fracaso militar.


GUATEMALA

En los años ochenta se habló de la “vietnamización” de Centroamérica. En 1979 en Nicaragua la Revolución Popular  Sandinista derribaba el último vestigio  de la dinastía de los Somoza. Una junta asumió el poder apoyada en un ejército  formado y entrenado en la Cuba fidelista. ¿Cómo impedir que el ejemplo sandinista no tuviera impacto en una zona de enormes carencias  económicas y conflictos sociales, en la cual además ya existían  desde hacía años  focos guerrilleros?

El presidente Luis Herrera Campins solía comentar que a comienzo de los ochenta asistió a una reunión en la isla de Contadora en Panamá  convocada por el gobernante Omar Torrijos y con la presencia de la  embajadora norteamericana ante la ONU Jeanne Kirkpatrick conocida como la “heroína de Ronald Reagan”. Entonces  la funcionaria advirtió claramente que su gobierno iniciaría una ofensiva militar para preservar la seguridad de la región y enfrentar la  influencia fidelista y demás países del Este. En esa reunión, recordaba Herrera, tomó cuerpo la creación de un  grupo de países democráticos para apostar a la paz y buscar formulas de mediación, que habría de conformarse al tiempo con el nombre de la acogedora isla panameña.  En esos años el poder en Nicaragua bajo el control  de los hermanos Daniel y Humberto Ortega estrechaba relaciones con el régimen de  La Habana y recibía ayuda del entonces dictador libio Muamar Gadafi.

En Guatemala desde los años cincuenta operaban guerrillas en varias regiones que llegaron incluso a controlar territorios con el apoyo de los sectores campesinos, pero ahora el ejército cambiaba de táctica, y obtenía armamentos sofisticados, aviones modernos, asesoramiento y recursos humanos de alto nivel. Durante años se acentuó la confrontación pero también las gestiones de paz y las negociaciones ya del  “Grupo Contadora”, OEA,  ONU y organizaciones de los derechos humanos.  Fue durante el gobierno del democratacristiano Vinicio Cerezo (1986-1991) cuando comenzaron en firme las negociaciones para la paz que concluyeron en diciembre de 1996 durante el mandato de Álvaro Arzú.  El balance de la confrontación que duró 36 años con doce presidentes es aterrador: 200.000 asesinatos, 600 masacres conocidas, 400 aldeas destruidas, 45,000 desaparecidos y un millón de desplazados.


EL SALVADOR, PANAMA Y NICARAGUA

La guerra entre la Fuerza Armada del Salvador (FAES) y el “Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional”  (FFMLN) duró 12 años  y los insurgentes tuvieron el apoyo directo de Cuba y luego del régimen sandinista, mientras el gobierno recibía asesoramiento militar y armamento norteamericano. En 1989 el presente Alfredo Cristiani presentó en Washington una plataforma de acuerdos que fueron firmados en el Castillo de Chapultepec, en México el 16 de febrero de 1992. Al final de la guerra se contabilizó la muerte de más de 75 mil civiles  y alrededor de 9 mil desaparecidos. Mientras tanto combatientes nicaragüenses desencantados del sandinismo, y mercenarios desplazados de Vietnam organizaron en Honduras el movimiento conocido como la “Contra” para debilitar al gobierno de Managua con la injerencia no disimulada de Washington.

El 19 de diciembre de 1989, 26 mil soldados de las unidades élites de los Estados Unidos invadieron Panamá en la “Operación Causa Justa”  para deponer y apresar al dictador Manuel Antonio Noriega acusado de estimular el tráfico de drogas y ante la grave tensión política del país, la cual resultó exitosa. No obstante la aparatosa movilización significaba también la presencia directa en Centroamérica del ejército norteamericano lo cual ejercería una poderosa fuerza disuasiva en el marco de la confrontación centroamericana. Dos meses después en febrero de 1990 Violeta Chamorro resultaba electa en las elecciones presidenciales en Nicaragua derrotando al líder sandinista Daniel Ortega. ¿Era posible que una revolución con el control militar entregara el poder a una alianza estimulada por Estados Unidos? Una tarde de  abril, en la residencia “La Guzmania” en La Guaira el presidente Carlos Andrés Pérez se reunió con el vicepresidente estadounidense "Dan" Quayle, el jefe del gobierno español Felipe González, Daniel Ortega y Violeta Chamorro. El sandinismo habría de entregar la presidencia pero siempre que Humberto Ortega el ideólogo del ejército mantuviera su condición de comandante de las fuerzas armadas. El 25 de abril Violeta Chamorro tomó posesión y el sandinismo siguió ejerciendo el control militar de una revolución que ya se desvanecía. Cesaba  la Guerra Fría y se abría el escenario de la geopolítica multipolar ahora protagonizada por las sociedades civiles y el fenómeno del terrorismo,



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