lunes, 13 de junio de 2016

DIÁLOGO Y SEPARACIÓN DE PODERES

Análisis.                                                                                                                                                 
                                                                                                                                        
El tema del respeto a la separación de poderes tendría que ser un punto fundamental en el eventual diálogo y negociaciones entre el oficialismo y la oposición. Sólo estableciendo claramente  criterios sobre la materia se podría asegurar en el futuro un clima de sana  gobernabilidad. Sin abordar el asunto los llamados y esfuerzos para superar la polarización política que secuestra al país, resultarían insuficientes. De esta manera, la “reinstitucionalización” del Estado (por cierto, de los que se habla poco en los contactos conocidos) resulta un punto crucial en la agenda negociadora.

Hasta el 6D del 2015  el asunto estaba referido al ejercicio teórico de constitucionalistas y politólogos pero ahora  cobra una importancia fundamental.  La victoria opositora con mayoría calificada del 6D ha colocado en evidencia  de manera cada vez más grave las diferencias entre un Poder Ejecutivo comprometido con el socialismo del siglo XX y ahora una Asamblea Nacional que procura preservar las definiciones contenidas en la Constitución.

El texto constitucional aprobado en 1999 recogió los planteamientos de la revolución bolivariana y en ella  no se dibuja claramente la esencia del rumbo socialista que entonces no era abordado públicamente por el mandatario. Es conocida la anécdota cuando el presidente de la Constituyente Luis Miquilena  le presentó a Chávez una tarde en Miraflores copia del texto de la Constitución recién aprobada. El Presidente le dio “un vistazo”, la arrojó sobre el escritorio y comentó: “parece una Constitución hecha para la oposición”.




Rumbo socialista
Los sucesos ocurridos entre el 2002 y el 2004 que culminaron con el referéndum revocatorio que ratificó el mandato de Chávez representaron un punto de inflexión en el rumbo definitivo del proyecto chavista. Su  ratificación se fortaleció con el inmediato control de la casi totalidad de las gobernaciones y un año después con el dominio de la mayoría  de la Asamblea Nacional a la cual contribuyó en aquel momento la abstención decretada por la fuerzas opositoras. Surgió entonces el proyecto de una reforma constitucional que habría de blindar definitivamente el verdadero proyecto revolucionario.

La reforma fue derrotada en el 2007 en una demostración de que la mayoría del país rechazaba la naturaleza del nuevo modelo; sin embargo, Chávez buscó nuevas formas de viabilizarlo mediante un conjunto de leyes aprobadas al cobijo de la Ley Habilitante. De esta manera, se consagró una estructura jurídica paralela  como base de sustentación legal a las mediadas tomadas para darle forma definitiva a un modelo de naturaleza socialista emparentado con el régimen cubano. Por supuesto, mientras el oficialismo ejerció el control del Poder Legislativo se ocultaban  las diferencias que ahora surgen con la nueva mayoría en la AN y que en los últimos meses han protagonizado un abierto choque de poderes.

En días recientes la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia  ha rechazado y desconocido varias propuestas de la mayoría legislativa; miembros del Gabinete Ejecutivo se niegan a comparecer ante las comisiones de la AN e incluso el propio presidente  Maduro  asoma la posibilidad no sólo de desconocer sino incluso  de proponer la destitución de la directiva del cuerpo. De la misma manera, la mayoría legislativa ha anunciado que en agosto nombrará nuevos magistrados del TSJ y que insistirá en la aprobación de leyes que de antemano se sabe serán objetadas por la instancia judicial.

Los analistas
Ante el choque de poderes existen diversas opiniones. El profesor universitario y analista político Fernando Luis Egaña considera que “no se respeta el principio de separación de poderes que se encuentra establecido en la Constitución de 1999, de esta manera gobierna una hegemonía que se considera supraconstitucional por cuanto opera con la subordinación de todos los poderes publico formales.” Advierte Egaña que “ello no incluye a la actual Asamblea pero la respuesta de la hegemonía es neutralizarla a través del TSJ y por tanto cercenar su autonomía, es decir, desconocer la separación de poderes”.

Opinión parecida es la del constitucionalista y ex parlamentario Nelson Chitty La Roche para quien “en el país no hay estado constitucional, ni separación de poderes sino una permanente usurpación del Estado por el gobierno. En su opinión “si se revisa el Articulo 16 de la Declaración de los Derechos Humanos se puede decir que no tenemos Constitución y vivimos la hora de un populismo seudoconstitucional”.

Para sectores vinculados al oficialismo la situación obedecería  a que la mayoría de la Asamblea es utilizada como parte de un proyecto para cambiar al gobierno, lo cual explica la declaración inicial del presidente de la AN Henry Ramos Allup concediéndole seis meses de plazo a Maduro en el poder y la aprobación de un conjunto de leyes que de antemano se conocía que serian rechazadas por el  TSJ como el caso de la Ley de Amnistía, entre otras.

Por ahora  el tema de la separación de poderes parece diluido en la gestiones de diálogo por la urgencia de situaciones que tienen que ver con el agravamiento del cuadro social y económico como el desabastecimiento y la violencia callejera de los últimos días. Sin embargo, la reciente declaración  del Consejo Permanente de la OEA luego del planteamiento de su secretario Luis Almagro sobre la activación de la  Carta Democrática Interamericana pareciera demostrar que entre las materias a  ser consideradas se tomarían en cuenta  el enfrentamiento  de los poderes públicos cuando establece su “respaldo a las diferentes iniciativas del diálogo nacional que conduzcan, con apego a la Constitución y en pleno respeto de los derechos humanos, de manera oportuna, pronta y efectiva a la solución de las diferencias y la consolidación de la democracia representativa “.

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