lunes, 4 de julio de 2016

ANÁLISIS

5 DE JULIO DE 1811: LA PALABRA Y LA GUERRA

El 2 de marzo  de 1811, se instala el Congreso General de Venezuela en la casa del Conde de San Javier,  actual esquina del Conde. Representantes de las provincias de Caracas, Cumana, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y Trujillo (Coro, Maracay y Guayana aun permanecían bajo el dominio español) discuten sobre la pertenencia y oportunidad de la independencia apoyada en alegatos apasionados, vehementes y también muchos con sólidos argumentos históricos.

Algunos diputados  no veían con buenos ojos la ruptura con la Corona,  entre ellos Manuel Vicente Maya sacerdote de La Grita, cuyas palabras eran contrarrestadas por los contundentes discursos de Fernando Peñalver, Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda y Francisco Javier Yanes. Mientras tanto en las reuniones de la Sociedad Patriótica (una especie de “club de jacobinos”,  según algunos) también subían de tono las discusiones, que llevaron a Simón Bolívar a enfrentar las dudas sobre la declaración independentista con su conocida pregunta: ¿trescientos años de calma no bastan?

En la tarde del 5 de julio del mismo año, una vez verificados los votos Juan Antonio Domínguez Rodríguez presidente del Congreso proclamó la Independencia de Venezuela. El diputado Juan Germán Roscio y el secretario Francisco Isnardi fueron encargados de elaborar el documento con los motivos y causas  que condujeron a la trascendental decisión. Luego Caracas habría de vivir momentos de extrema tensión, cuando una manifestación espontánea encabezada por Francisco de Miranda y Francisco Espejo recorrió las calles ondeando banderas y voceando consignas libertarias.  El cronista realista José Domingo Díaz, refleja esas horas en su prosa encendida y fluvial “aquellos jóvenes en el delirio de su triunfo corrieron por la calles: despedazaron y arrastraron las banderas y escarapelas españolas; yo los vi correr por las calles con mangas de camisa y llenos de vino, dando alaridos y arrastrando los retratos de su Majestad; negros, mulatos, blancos, españoles y americanos incitaban el populacho al desenfreno y la licencia”. 

Como era inevitable se produjo la reacción de los beneficiarios y partidarios del antiguo régimen. Cerca de la capital un grupo de ciudadanos con sables y trabucos develaron una imagen de la Virgen del Rosario junto a la figura del Rey Frenando VII; y agentes enviados de España, luego de bloquear las costas de la región se alzaron en Valencia desconociendo al Congreso y prometiendo lealtad al Rey. El Marques del Toro y finalmente Francisco de Miranda sofocaron la rebelión que tuvo un saldo de 800 muertos y 1500 heridos para el bando patriota.  Comenzaba de esta manera la verdadera lucha por la Independencia que habría de dirimirse en los campos de batalla. Como escribió Eduardo Blanco: “El cañón, la tribuna y la prensa, perpetuos propagandistas de las revoluciones tronaron a la vez” y cobraban también vigencia las palabras de Fernando Peñalver consejero del Libertador: “un pueblo para ser libre, basta querer serlo”.

El 4 de diciembre de 1811, fue sancionada la nueva Constitución promulgada por Cristóbal Mendoza miembro del Triunvirato Ejecutivo y redactada por Francisco Javier Ustáriz, Gabriel Ponte y Juan Germán Roscio, que consagraba una  nación federal donde las provincias conservaban su autonomía y podían tener sus propias leyes. Un texto que tomaba en cuenta elementos de la Constitución de los Estados Unidos e ideas de los revolucionarios franceses que entonces se propagan por el mundo.

El legado histórico

A lo largo de 205 años el proceso histórico venezolano ha sido marcado por recurrentes crisis y confrontaciones políticas y sociales muchas de ellas traumáticas que han determinado espacios de libertad y democracia pero también  etapas oscuras de dictaduras y deportismos, con  numerosas constituciones que acompañaron  cambios y sobresaltos en la gobernabilidad del país. Sin embargo, ¿cuánta vigencia tienen hoy los principios que alentaron y guiaron el esfuerzo de los legisladores de 1811?

Para el historiador y profesor de la UCAB Tomás Straka “Este 5 de julio es un momento propicio para retomar el sentido inicial que llevaron adelante los constituyentes de 1811, quienes juraron entonces que harían a Venezuela independiente de cualquier gobierno o potencia extranjera y en las deliberaciones llegaron a la conclusión que Venezuela tenía que hablar con voz propia en el concierto de las naciones de la tierra”. Agrega Straka: “Venezuela nunca ha sido tan dependiente como en el día de hoy y nuestro destino nunca había estado en manos de los demás como ahora porque  incluso dependemos para comer de lo que nos ofrezcan otros pueblos y somos un asunto de interés internacional. Lamentablemente cada una de las partes en pugna en esta fuerte confrontación política piensa que la solución puede venir de afuera con el acompañamiento de líderes internacionales pero lo conveniente y lo lógico es llegar a un diálogo y un  acuerdo en el marco de lo que nosotros mismos podamos hacer, porque el futuro de Venezuela está en nuestras manos; de esta manera, poder resolver los problemas y poder mantenernos por nosotros mismos,  estos son los grandes retos que tenemos que enfrentar como lección de lo ocurrido en el año 1811”.

Carolina Abrusci politóloga y profesora de la UCV sostiene que “la importancia del 5 de julio está más vigente que nunca ante el empeño de reescribir nuestra memoria histórica por lo que  hoy más que nunca es urgente destacar el peso de lo civil, la valoración de las ideas de libertad y de justicia, así como el valor de los debates que llevaron a la instauración de un Estado de Derecho”  Abrusci se pregunta: ¿A que estamos sometidos en el pleno siglo XXI? Entre tantas cosas hay que tomar conciencia respecto a la división que padecemos los venezolanos, con dos bandos atrincherados y una confrontación que tiene al país paralizado; en aquel momento también hubo bandos y divisiones pero se impusieron los héroes civiles; se impuso la República Liberal porque la sociedad es libre y superior al Estado”. Para la educadora y analista “ahora se impone el principio de la separación de poderes y la defensa de los derechos de los individuos para que el 5 de julio tenga sentido y vigencia y no sea solamente un día no laborable en donde reina el olvido”.


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