5 DE
JULIO DE 1811: LA PALABRA Y LA GUERRA
El
2 de marzo de 1811, se instala el
Congreso General de Venezuela en la casa del Conde de San Javier, actual esquina del Conde. Representantes de
las provincias de Caracas, Cumana, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y
Trujillo (Coro, Maracay y Guayana aun permanecían bajo el dominio español)
discuten sobre la pertenencia y oportunidad de la independencia apoyada en alegatos
apasionados, vehementes y también muchos con sólidos argumentos históricos.
Algunos
diputados no veían con buenos ojos la
ruptura con la Corona, entre ellos
Manuel Vicente Maya sacerdote de La Grita, cuyas palabras eran
contrarrestadas por los contundentes discursos de Fernando Peñalver, Juan
Germán Roscio, Francisco de Miranda y Francisco Javier Yanes. Mientras tanto en
las reuniones de la Sociedad Patriótica (una especie de “club de jacobinos”, según algunos) también subían de tono las
discusiones, que llevaron a Simón Bolívar a enfrentar las dudas sobre la declaración
independentista con su conocida pregunta: ¿trescientos años de calma no bastan?
En
la tarde del 5 de julio del mismo año, una vez verificados los votos Juan
Antonio Domínguez Rodríguez presidente del Congreso proclamó la Independencia
de Venezuela. El diputado Juan Germán Roscio y el secretario Francisco Isnardi
fueron encargados de elaborar el documento con los motivos y causas que condujeron a la trascendental decisión. Luego
Caracas habría de vivir momentos de extrema tensión, cuando una manifestación espontánea
encabezada por Francisco de Miranda y Francisco Espejo recorrió las calles ondeando
banderas y voceando consignas libertarias. El cronista realista José Domingo Díaz, refleja
esas horas en su prosa encendida y fluvial “aquellos jóvenes en el delirio de
su triunfo corrieron por la calles: despedazaron y arrastraron las banderas y
escarapelas españolas; yo los vi correr por las calles con mangas de camisa y
llenos de vino, dando alaridos y arrastrando los retratos de su Majestad;
negros, mulatos, blancos, españoles y americanos incitaban el populacho al
desenfreno y la licencia”.
Como
era inevitable se produjo la reacción de los beneficiarios y partidarios del
antiguo régimen. Cerca de la capital un grupo de ciudadanos con sables y
trabucos develaron una imagen de la Virgen del Rosario junto a la figura del
Rey Frenando VII; y agentes enviados de España, luego de bloquear las costas de
la región se alzaron en Valencia desconociendo al Congreso y prometiendo
lealtad al Rey. El Marques del Toro y finalmente Francisco de Miranda sofocaron
la rebelión que tuvo un saldo de 800 muertos y 1500 heridos para el bando
patriota. Comenzaba de esta manera la
verdadera lucha por la Independencia que habría de dirimirse en los campos de
batalla. Como escribió Eduardo Blanco: “El cañón, la tribuna y la prensa,
perpetuos propagandistas de las revoluciones tronaron a la vez” y cobraban también
vigencia las palabras de Fernando Peñalver consejero del Libertador: “un pueblo
para ser libre, basta querer serlo”.
El
4 de diciembre de 1811, fue sancionada la nueva Constitución promulgada por
Cristóbal Mendoza miembro del Triunvirato Ejecutivo y redactada por Francisco
Javier Ustáriz, Gabriel Ponte y Juan Germán Roscio, que consagraba una nación federal donde las provincias
conservaban su autonomía y podían tener sus propias leyes. Un texto que tomaba
en cuenta elementos de la Constitución de los Estados Unidos e ideas de los
revolucionarios franceses que entonces se propagan por el mundo.
El legado histórico
A
lo largo de 205 años el proceso histórico venezolano ha sido marcado por
recurrentes crisis y confrontaciones políticas y sociales muchas de ellas
traumáticas que han determinado espacios de libertad y democracia pero también etapas oscuras de dictaduras y deportismos,
con numerosas constituciones que
acompañaron cambios y sobresaltos en la gobernabilidad
del país. Sin embargo, ¿cuánta vigencia tienen hoy los principios que alentaron
y guiaron el esfuerzo de los legisladores de 1811?
Para
el historiador y profesor de la UCAB Tomás Straka “Este 5 de julio es un
momento propicio para retomar el sentido inicial que llevaron adelante los
constituyentes de 1811, quienes juraron entonces que harían a Venezuela
independiente de cualquier gobierno o potencia extranjera y en las
deliberaciones llegaron a la conclusión que Venezuela tenía que hablar con voz
propia en el concierto de las naciones de la tierra”. Agrega Straka: “Venezuela
nunca ha sido tan dependiente como en el día de hoy y nuestro destino nunca
había estado en manos de los demás como ahora porque incluso dependemos para comer de lo que nos
ofrezcan otros pueblos y somos un asunto de interés internacional. Lamentablemente
cada una de las partes en pugna en esta fuerte confrontación política piensa
que la solución puede venir de afuera con el acompañamiento de líderes
internacionales pero lo conveniente y lo lógico es llegar a un diálogo y un acuerdo en el marco de lo que nosotros mismos
podamos hacer, porque el futuro de Venezuela está en nuestras manos; de esta
manera, poder resolver los problemas y poder mantenernos por nosotros mismos, estos son los grandes retos que tenemos que
enfrentar como lección de lo ocurrido en el año 1811”.
Carolina
Abrusci politóloga y profesora de la UCV sostiene que “la importancia del 5 de
julio está más vigente que nunca ante el empeño de reescribir nuestra memoria
histórica por lo que hoy más que nunca
es urgente destacar el peso de lo civil, la valoración de las ideas de libertad
y de justicia, así como el valor de los debates que llevaron a la instauración
de un Estado de Derecho” Abrusci se pregunta:
¿A que estamos sometidos en el pleno siglo XXI? Entre tantas cosas hay que tomar
conciencia respecto a la división que padecemos los venezolanos, con dos bandos
atrincherados y una confrontación que tiene al país paralizado; en aquel
momento también hubo bandos y divisiones pero se impusieron los héroes civiles;
se impuso la República Liberal porque la sociedad es libre y superior al Estado”.
Para la educadora y analista “ahora se impone el principio de la separación de
poderes y la defensa de los derechos de los individuos para que el 5 de julio
tenga sentido y vigencia y no sea solamente un día no laborable en donde reina
el olvido”.
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