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viernes, 24 de junio de 2011

UN CONFLICTO DE SIGLOS

UN CONFLICTO
DE SIGLOS

¿Es posible, dentro de los parámetros actuales, la cristalización del proyecto bolivariano en un cambio sustantivo de la sociedad venezolana? ¿Hasta dónde el país vive ciertamente un clima revolucionario? ¿Cuáles son los signos más reveladores de cara al futuro de Venezuela en el Siglo XXI? Desentrañar estas interrogantes es un paso clave para tratar de despejar un horizonte que se percibe nublado e incierto para el venezolano común. Una pregunta obvia, es si efectivamente el proyecto que encarna Hugo Chávez Frías supone un cambio o una transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas -para usar el silogismo del peruano José Carlos Mariátegui- para abrir paso a un proceso de reacomodo y reestructuración del país. Si se le compara con los procesos revolucionarios conocidos –que en definitiva han resultado en mutaciones esencialmente políticas- la revolución bolivariana, democrática y pacifica comporta –

sábado, 18 de junio de 2011

PARTIDOS POR NECESIDAD

PARTIDOS
POR NECESIDAD
13/03/2003
Manuel Felipe Sierra


Ciertamente, los medios de comunicación han asumido una responsabilidad en la convulsa transición política venezolana, que para muchos observadores, está más allá de su espacio natural, como intermediarios entre los hechos y la sociedad. ¿Sustituyen de esta manera a los partidos políticos? ¿Se trata de una situación transitoria o de un fenómeno derivado de la atipicidad del proyecto bolivariano?

Fedecamaras

20/01/2000
Cuando la madrugada del 23 de enero Marcos Pérez Jiménez huyó despavorido de La Carlota se abrió el proceso de construcción del régimen democrático, iniciado el 18 de octubre de 1945 e interrumpido durante  diez años por la dictadura militar. Pérez Jiménez hizo de Caracas una vitrina del cemento armado pero su gobierno, que ahora se ha tratado de borrar inútilmente de la historia, no sólo fue la negación de los más elementales derechos ciudadanos sino que durante ese mandato se instauró la corrupción como una forma de gobernar en los más altos niveles públicos.

OFICIO PROFANO

OFICIO PROFANO

Manuel Felipe Sierra
               
Era un tiempo de búsqueda inagotable, de desenfrenada exploración adolescente. Cuando en la madrugada del 23 de enero el estrépito de la “vaca sagrada” sobre Caracas anunció la huida del dictador, se descubrió el rostro de una Venezuela silenciosa y subterránea. Ahora se dice que cuarenta años después vivimos una fractura histórica, un rompimiento inédito, cuyo desenlace pertenece al mundo de la conjetura. Lo cierto es que aquellos años prepararon una generación dispuesta para muchos oficios, todos ellos profanos, ingratos y en no pocos casos, viles. La política se alimentaba de una raíz intelectual, de un apego por la lectura, de una pasión por el conocimiento y por develar misterios arrancados a las páginas de la historia, la sociología, la filosofía y el alumbramiento poético.

La crisis venezolana

Manuel Felipe Sierra
Prologo

La crisis venezolana cobrado en los últimos tres años una dinámica ingobernable. La locomotora del desajuste parece precipitarse hacia espacios desconocidos peor posiblemente traumáticos e incierto. La asonada del 4 de febrero de 1992 imprimió un cambio de velocidad, una marcha más acelerada al cuadro de reacomodos, reestructuraciones y escenarios cambiantes que se desencadenaron con la caída del bolívar el 18 de febrero de 1983.
Ya antes existían atisbos, señales, de que el país -fundamentalmente su economía de sustentación aparentemente inconmovible- estaba cediendo a estremecimientos subterráneos, casi imperceptibles. En 1973, días antes de tener una contundente victoria electoral, Carlos Andrés Pérez había hecho una advertencia, que en aquel entonces parecía temeraria: “esta es la última oportunidad de la democracia”.

MARÍA BONITA

MARÍA BONITA

Manuel Felipe Sierra

A Luis Salazar y Héctor Mayerston
(In memorian)

Quería sacudirse el agobio vespertino, la sensación imprecisa que deja algunas veces el final de la jornada.   El diplomático se dispuso a buscar otros aires. Caminó por la acera izquierda en dirección al sur.  Los automóviles iniciaban a esa hora un monótono concierto de cornetas sobre la reforma.  Midió unos pasos y se detuvo frente a la puerta del teatro. Le dio un vistazo a la cartelera y sus ojos se entretuvieron en las carnes subyugantes de la bailarina. Cada vez que la veía en las portadas de las revistas María Antonieta Pons le parecía un portento de lujuria. Era muy temprano para la primera función y decidió caminar unos pasos más. Llegó a la puerta del hotel y empujó la estructura giratoria de cristal. Atravesó el lobby.  Al fondo abrió la puerta de la derecha. La sala estaba semillena, en  las esquinas las butacas y los sofás de cuero marrón.  Al fondo el podio del pianista. En el centro la pista circular de madera pulida. Por momentos recordó el ballroom del Sevilla Biltmore de La Habana. En dirección a la puerta estaba el bar. Fijó la mirada en una silla al final de la barra. Desde allí tenía una precisa composición del lugar y dominaba el lobby y los ascensores. Con media vuelta a la izquierda le daba el frente al pianista. El pianista era un hombre pequeño, de mejillas hundidas y cabellos amansados por la gomina. Cuando terminaba de cantar se  ajustaba la pajarita y estallaban los aplausos. “Con mucho gusto para cerrar este set voy a interpretar una de las canciones que  ustedes más me piden”. Una explosión de gritos cubrió la sala. Desde  la  barra  era  imposible oír  el  piano  y menos aún la voz de

LA PATOLOGIA FACISTA

LA PATOLOGIA FACISTA

Manuel Felipe Sierra.

“Francia es un pueblo destrozado por el alcohol, la sifilis y el periodismo”
(El Duce, 13 de mayo de 1938)

Como una expresión opuesta a los modelos de la civilización occidental -sensiblemente estimulados ahora por la globalización- o en la definición de Wolfgan Sauer “como el movimiento de los perdedores en el proceso de modernización”, lo cierto es que el fascismo como fenómeno político, social y cultural no murió con las aparatosas desapariciones físicas de Benito Musolini y Adolfo Hitler. Si bien es cierto, que con el final de la segunda Guerra Mundial dejó de ser un instrumento de poder que colocaba al pie del patíbulo a grandes masas inocentes, y que hizo del odio y la intolerancia una melosa ideología, la herencia encarnada por los dictadores italiano y alemán, sigue latente en las entrañas de las sociedades modernas y cobra, en cierto momento, la forma de una espantosa amenaza.

Sin embargo, nunca como ahora el neofascismo o el “fascismo genérico” como lo han calificado algunos de sus más notables investigaderes, ofrece signos de resurrección. Y es que si alguna característica tuvieron los regímenes italiano, alemán, español y portugués (los dos últimos sobrevivientes de la conflagación de los años cuarenta), es su elasticidad  y su capacidad para mimetizarse y matrimoniarse con las realidades nacionales. Existe el esteriotipo cinematográfico de las dictaduras sangrientas, los prisioneros famélicos y las extravagancias de unos gobernantes con delirios operáticos, pero el fascismo, el nacionalsocialismo, el franquismo, el salazarismo y hasta el estalinismo (aunque éste haya sido su contracara en los términos concretos de la guerra) contaminaron y ahora lo hacen de nuevo a diversos pueblos y continentes por la simpleza y elementalidad de sus fundamentos: la profundización de los odios racionales y el uso de la fuerza bruta.

EL RITUAL DE LA VIOLENCIA

Papel Literario

EL RITUAL DE LA VIOLENCIA

 Manuel Felipe Sierra

“En Colombia un ciudadano es asesino cada 20 minutos”. Las palabras de Joseph S. Nye Jr., decano de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard, hace dos semanas , no provocaron mayor impacto entre más de 500 profesores y estudiantes del centro de estudio. No era la primera vez que la violencia colombiana era objeto de un examen en foros y seminarios  internacionales.

Más bien muchos de los asistentes repasaban un escalofriante y es escueto registro periodístico: “ En Bellavista hay 1.100 personas. Se estima que en este pequeño poblado combatieron casi cuerpo a cuerpo 400 paramilitares y 2000 guerrilleros. Los primeros utilizaron a la población civil  de escudo. Los insurgentes los atacaron sin medir las consecuencias. AL final desapareció el 10 por ciento del pueblo. 117 muertos civiles entre ellos 47 niños y 114 heridos. Por culpa de esta acción, de toda la región, según las Naciones Unidas30 mil campesinos se están desplazando en canoas por el río Atrato, la única vía del departamento del Chocó, que paras y guerrillas se disputan a sangre y fuego”(Semana, adición 1045).