Manuel Felipe Sierra
Prologo
La crisis venezolana cobrado en los últimos tres años una dinámica ingobernable. La locomotora del desajuste parece precipitarse hacia espacios desconocidos peor posiblemente traumáticos e incierto. La asonada del 4 de febrero de 1992 imprimió un cambio de velocidad, una marcha más acelerada al cuadro de reacomodos, reestructuraciones y escenarios cambiantes que se desencadenaron con la caída del bolívar el 18 de febrero de 1983.
Ya antes existían atisbos, señales, de que el país -fundamentalmente su economía de sustentación aparentemente inconmovible- estaba cediendo a estremecimientos subterráneos, casi imperceptibles. En 1973, días antes de tener una contundente victoria electoral, Carlos Andrés Pérez había hecho una advertencia, que en aquel entonces parecía temeraria: “esta es la última oportunidad de la democracia”.