Manuel Felipe Sierra
Los partidos políticos persisten en discutir y negociar, la integración del nuevo Consejo Nacional Electoral, proceso que parece habrá de culminar en el Tribunal Supremo de Justicia, organismo -que como era previsible- decidió el miércoles iniciar juicio al general de la Guardia Nacional, Carlos Alfonzo Martínez.
A los factores opositores les conviene llegar a un entendimiento para el nombramiento del árbitro electoral. La escogencia debe aprobarse por las dos terceras partes de la Asamblea Nacional lo cual obliga a negociaciones entre las fracciones legislativas, recurso normal e indispensable para solventar una situación coyuntural, que no implica, en todo caso, un compromiso de naturaleza política.
Gobierno y oposición han coincidido en que ambos bandos tendrán dos representantes, y que el quinto (fiel de la balanza) tendría que ser objeto de un consenso. En la lista de los candidatos seleccionados figuran ciudadanos con condiciones morales y técnicas que han demostrado independencia de criterios. La posibilidad de que tres votos resulten proclives al oficialismo puede ocurrir, pero no es fácil que ello incida en el resultado del referéndum revocatorio. En definitiva, se trata de una consulta popular. Será la mayoría de los electores quienes tomen la decisión ¿Qué maniobra (seguramente habrá intentos de interferir y complicar la convocatoria, inevitables como producto de la polarización que vive el país) puede alterar la voluntad decisiva del pueblo?. Habría que tomar en cuenta también que no se trata de unas elecciones generales de suyo mucho mas complejas, sino de una consulta que se resume en dos palabras: si ó no. En 1952 el perezjimenismo controlaba el órgano electoral, y sin embargo, sufrió
una aplastante derrota el 30 de noviembre por las listas urredistas. Que desconociera los resultados es otra cosa y ello lo obligó a escoger el camino de la dictadura. Pinochet en 1988 controlaba férreamente el instrumento electoral y fue derrotado, abriendo de esta manera la vía hacía la democracia.
Por supuesto, que la oposición no debería aceptar el interés del gobierno en tener una injerencia decisiva en el organismo. Pero es posible configurar el espacio para una formula –que nunca será químicamente pura- pero que pueda ofrecer confiabilidad y confianza. Además en el peor de los casos la oposición tendrá dos miembros en la cúpula del CNE y una presencia activa en todos los centros de votación. Al mismo, tiempo debería entender que el oficialismo (empeñado como está, en no medirse electoralmente) sembrará el transito hacía el 19 de agosto de obstáculos y dilaciones. Y eso es lo que esta haciendo la mayoría chavista en la AN. La oposición no podría limitarse al juego parlamentario, por importante que este sea, sino que hoy mas que nunca (ante la inmensa catástrofe que vive Venezuela), el hecho opositor pasa por activar la movilización del pueblo en el plano concreto de sus urgencias y reivindicaciones.
Mientras Chávez recorre el país en una nueva campaña electoral –azotado por cacerolazos y abucheos, es cierto- los factores fundamentales de la oposición se agotan en apuestas electorales extemporáneas y enfrentamientos irrelevantes. Una nación que se cae a pedazos, con una economía capturada mediante un control de cambio punitivo, con cifras espantosas de desempleo, y con un cuadro de indignante negación del Estado de Derecho, es el mejor escenario para que se estimule la acción de las masas de cara a obligar la realización del referéndum revocatorio. Lo otro es sencillamente: dejarle de nuevo a Chávez la ofensiva.
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