EN 3 Y 2
29/06/2003
EL ESCENARIO DE LA VIOLENCIA
Manuel Felipe Sierra
La violencia política –y ello lo corrobora la historia- suele desembocar en el terrorismo. Venezuela vive un clima de creciente conflictividad social y política que no ha tenido respuestas, sino, que por el contrario, tiende a agudizarse. No es de extrañar entonces, lo que ha ocurrido en los últimos dos meses: los atentados a misiones diplomáticas de Colombia y España; la destrucción parcial del edificio Caracas Teleport donde sesionaba la Mesa de Negociaciones y Acuerdos facilitada por César Gaviria; la explosión de un carro bomba en Maracaibo; el estallido de artefactos de altísimo poder destructivo en las cercanías de la residencia del gobernador del estado Miranda Enrique Mendoza; y el intento de asesinato (en términos de una insólita cobardía) de la periodista Marta Colomina la madrugada del viernes 27, en la Cota Mil.
¿Dónde pueden encontrarse los orígenes de las expresiones recurrentes de terrorismo en Venezuela?. En todos los países del mundo estos hechos se explican como una acción desesperada de grupos o sectores que tratan de debilitar y destruir, en definitiva, el poder constituido. Es el caso del conflicto colombiano; de los extremos de la larga guerra centroamericana; de las operaciones de la ETA en España y de IRA en Inglaterra, estás dos últimas invocando razones separatistas.
Pero en Venezuela se da un fenómeno curioso y atípico. La violencia, tanto la propia del Estado como la de factores subversivos es ejercida y estimulada desde el gobierno. Ello explica por qué en este contexto no tuvo pertinencia y obviamente, no logró resultados la intermediación internacional. Está claro que los mas recientes hechos -que por fortuna han tenido un bajo costo en víctimas- son el producto de una estrategia dirigida a consolidar un modelo totalitario que encuentra una activa y robusta resistencia pacifica de la inmensa mayoría de los venezolanos.
¿Como interpretar, en consecuencia, los recientes brotes terroristas?. En primer término, como producto del discurso presidencial que se ha dirigido a exacerbar el odio social y la confrontación política. Hoy en día es imposible distinguir entre los actos atribuibles a cuerpos policiales y los desafueros asumidos por grupos paramilitares y círculos violentos alentados desde el poder. Esta tendencia, seguramente, se acentuará en la medida que el proyecto chavista deba enfrentar la prueba definitoria que significa el referéndum revocatorio. A partir de esta premisa es posible vislumbrar un escenario de enfrentamientos y conflictos en las próximas semanas.
Hay dos explicaciones adicionales: la inmensa impunidad que invade todas las esferas de la vida nacional y que se explica por el severo secuestro de las instituciones del ministerio público y de los órganos encargados de administrar la justicia. Sin una Fiscalía General ni un Poder Ciudadano que ejerza las funciones que le son propias, no es posible impedir el desbordamiento de los factores que apuestan a la destrucción de sus opositores políticos. Es más, ello estimula las intenciones de quienes asumen el terrorismo como una definición política.
En segundo lugar, el proyecto chavista no sólo es permisivo, sino que prohíja y alienta la presencia en Venezuela de la guerrilla colombiana y de una incalificable invasión fidelista. Los guerrilleros de la FARC o los agentes del G-2 de Cuba actúan con absoluta tranquilidad y bajo la protección de los cuerpos policiales. No están registrados en las instancias de inmigración. Ello quiere decir que las acciones que ejecuten en nuestro territorio son muy difíciles de ser investigadas. Es sin duda una práctica perversa. Se viola la soberanía nacional, y además, se le facilita la consumación de actos criminales.
Lamentablemente, factores decisivos de la oposición son indiferentes todavía a percibir las dimensiones de este enorme drama. Siguen sin comprender la verdadera naturaleza autocrática de la “revolución bolivariana” y permanecen confiados en propuestas personalistas y electorales que no se corresponden con la realidad. Por esta vía Chávez adelanta su estrategia de construir espacios de violencia que le permitan bloquear una salida electoral y constitucional a la crisis de gobernabilidad que asfixia a Venezuela; y avanzar, también, en la consolidación de los objetivos de su proyecto, que para el menos avisado de los observadores, no tiene nada que ver con los valores intrínsicos de la democracia. En dos meses, Venezuela ha entrado en el territorio impredecible y diabólico del terrorismo, que suele generar, como se sabe, una propia y sangrienta dinámica.
LA METROPOLITANA
ACTIVA
Para el gobierno la Policía Metropolitana ya no sólo es un objetivo su liquidación, sino que podría decirse que es una sangrienta obsesión. Y también ello ocurre con las policías regionales. Pese a decisiones de las máximas instancias judiciales, la PM sigue secuestrada y es objeto de las mayores agresiones. Pero lo ocurrido la noche del viernes, cuando un subteniente del Ejército en estado de ebriedad fue detenido preventivamente en los alrededores de la Plaza Venezuela cuando alteraba el orden público y posteriormente puesto a la disposición de la Policía Militar, puso en evidencia el grado de tensión que existe entre la Metropolitana y las fuerzas militares que han sido adoctrinadas en el sentido de enfrentar a los auténticos garantes de la seguridad ciudadana. Ordenes atribuidas al general privilegiado del chavismo, Jorge Luis García Carneiro, determinaron la ocupación del módulo de la PM por efectivos militares, lo que provocó un enfrentamiento entre los dos cuerpos armados. El resultado fue, que los soldados en su mayoría huyeron y tres de ellos fueron capturados, después de haberse entregado en condiciones humillantes a los efectivos policiales; quienes los pusieron en manos del Ministerio Público. Podría decirse, que en este escarceo la PM demostró su capacidad operativa, derrotando en un escenario que no le es propio, a quienes han convertido a la FAN en una fuerza partidista al servicio de un proyecto autocrático.
EL DESASTRE
PETROLERO
Lo que ocurre en PDVSA promete desembocar en un escándalo histórico, si no fuese el producto de las delirantes y costosas políticas del chavismo. La empresa está prácticamente destruida. No ha logrado sus niveles promedios de productividad. Le costará mucho según los expertos, cerrar en el lapso previsto sus balances financieros. Los pozos, las refinerías y los buques (todavía fondeados) están sometidos a un inevitable desgaste y una descapitalización acelerada. Ahora se conoce que la estatal petrolera vende petróleo pero no logra cobrar en los términos y en el tiempo necesario. La desmoralización y la confusión en el personal crecen de manera persistente y los conflictos generados por el desalojo de los ex empleados en zonas como Paraguaná auguran tensiones y violencia. Mientras tanto, se asegura que el presidente de la empresa Alí Rodríguez cederá paso al ministro de Infraestructura Diosdado Cabello al frente de la industria, convertido, si duda, en el hombre fuerte del régimen.
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