domingo, 12 de junio de 2011

EL PROCESO MATOS

QUINTO DIA
Cuenta Regresiva (14 al 21 de noviembre 1997)

EL PROCESO
MATOS

Luis Raúl Matos Azócar no se ha salvado. Se trata de vender un ardid barato. Matos estaba en la situación del recluso que apuesta a una sentencia de 30 años o la cadena perpetua. En este caso, la Cámara de Diputados lo exoneró de la pena capital, pero le fueron ratificados todos los cargos y ratificada de manera firme la sentencia de las tres décadas. Pero lo que se estaba jugando con la condena a Matos, que ahora comienzan a procesar la contraloría General de la República, la Fiscalía y otros órganos jurisdiccionales, sobrepasa la sanción rutinaria a un funcionario. En las democracias parlamentarias es el pan de cada día. Esta misma Cámara de Diputados le aplicó un voto de censura sin anestesia al ex ministro de Sanidad Carlos Walter, por unas declaraciones de prensa que se consideraron imprudentes.



            El caso de Matos es distinto. Es la culminación  de una amplia investigación y de un juicio abierto en la opinión pública. En torno a la operación de los bonos Brady se crearon dos tendencias sólidas: una estimulada por el Gobierno mediante eso que Carmelo Lauría llama el “chantaje de la gobernabilidad”, y que involucró a los presidentes de Fedecámaras y la CTV (sería bueno un referéndum en ambas organizaciones para comenzar a legitimar la representatividad gremial); los organismos multilaterales (a los cuales les interesa un comino quién se mete una comisioncita, medida con los raseros de sus operaciones cotidianas) y los tradicionales factores de poder. En la acera de enfrente estaban la mayoría de los partidos políticos incluso la mayoría de la fracción parlamentaria adeca que finalmente se abstuvo, y los más calificados y reputados economistas del país. Para los primeros se trataba de una simple operación financiera, asépticamente concebida, inscrita en las prácticas convencionales del mundo económico. Para los segundos se trataba de una nueva trastada del ministro Matos, de un inaceptable irrespeto al Congreso Nacional y a sus propios colegas del Gabinete Ejecutivo a quienes se ignoró para la negociación, y una acción que por la menera cómo fue diseñada y ejecutada daba margen para la sospecha. Sospecha absolutamente pertinente tratándose de un Gobierno con un voluminoso prontuario de corrupción y tropelías impunes. Por eso el país se escindió ante el tema de los bonos Brady. Como lo ha hecho en pocas ocasiones, en estos desconcertantes tiempos de la democracia venezolana.

            En ese juicio, Matos resultó condenado. El Congreso Nacional por casi unanimidad aprobó un informe en el cual quedan claras irregularidades, vicios y el daño que se le ocasionó al país. En la segunda oportunidad, en el largo debate que el país siguió por la televisión el martes pasado, Matos fue censurado por una mayoría abrumadora de los miembros de la Cámara de Diputados. Si hubiere dudas sobre la decisión popular desfavorable a Matos habría que remitirse a la desmesurada respuesta oficial. El Gobierno se jugó el resto en defensa del ministro. Apeló a todos los mecanismos de persuasión y de presión. Hasta la institución militar fue utilizada en una operación altamente peligrosa por el precedente que se establece. Los avisos de prensa en los últimos días tenían un tono intimidatorio. Fueron usadas, inconsultamente, opiniones de columnistas de la prensa extranjera que ahora expresan su desagrado por haber sido aprovechados de manera tendenciosa y oportunista.

            El Gobierno se la jugó por Matos pero perdió. Los sectores de oposición no lograron (por la abstención de AD, actitud que si bien puede considerarse cómoda, objetivamente no fue favorable a Matos en cuanto a la naturaleza y transparencia de la operación), remover automáticamente al funcionario. Pero éste quedó colocado en una zona de fragilidad e incertidumbre. No tiene consistencia el argumento según el cual, el perdón a Matos contribuye a la confianza en los inversionistas y a que desaparezcan los signos de nerviosismo que agitaban los medios bursátiles. Es todo lo contrario. La permanencia de Matos en el ministerio de Hacienda     -se supone que el jefe de Estado debe preservar aunque sea con celofán su desnudez- será por unos días. Pero la credibilidad y la seriedad de Matos, factores ambos indispensables para dirigir la Finanzas Públicas, han quedado severamente vulnerados. El ministro no podrá explicar ante los organismos multilaterales que fue objeto de una celada política. Los ministros de Hacienda de otros países que han corrido su misma suerte, han sido removidos o han renunciado. La voz de Matos en el huidizo y reticente mundo de los inversionistas, es la voz de un funcionario disminuido, sobre el cual recaen sospechas firmes del Congreso Nacional en relación a su idoneidad para concluir las negociaciones del Estado. Cualquier inversionista sabe que ahora es cuando comienza el proceso a Matos. Que de manera alguna ha sido absuelto, como pretende demostrarlo la propaganda oficialista. Que es ahora cuando Matos tiene que desmontar los mecanismos de una operación sobre cuyos detalles se conocen por muy poco, pero que hace suponer que en ella participaron personas allegadas al Ministro que tuvieron la ventaja de la “información privilegiada”. Es ahora cuando Matos es débil, cuando su base de sustentación política se ha erosionado al máximo, contando solamente, con el apoyo de un partido fantasmal como Convergencia y de un sector del MAS, ya que varios de sus parlamentarios se sumaron al voto de censura.

            ¿Qué implicaciones tiene, entonces, el debate sobre el canje de los bonos y el voto de censura a Matos? En primer lugar, Matos prolonga  su permanencia en el ministerio de Hacienda. En segundo término, queda en evidencia que a Matos se le juzga no sólo por el episodio de los bonos, sino por la aplicación de una política económica que ha estado por debajo de las metas fijadas; que ha mantenido el espejismo de la recuperación económica gracias al efecto de los ingresos petroleros y los nuevos esquemas de negociación de PDVSA con las trasnacionales; que mantiene al país sumido en una asfixiante recesión; que no ha podido bajar la inflación a los niveles que la propia Agenda Venezuela estableció; que resulta incapaz de dar respuestas eficientes a la situación del sector agropecuario y que ha solventado la crisis financiera por obra y gracia de la inversión foránea.

            Se ha demostrado también (Alfaro trató de salvar a Matos con todas sus fuerzas y hasta donde el sentido común lo permitía) que el ministro de Hacienda es la bisagra, el ducto que mantiene la aproximación entre el presidente Caldera y Alfaro, combinación ésta que se insiste en prolongar hasta las elecciones. La derrota de Matos lo saca de la operación eventual aspirante, pero de modo alguno significa que cesarán los esfuerzos que hacen banqueros como Beto Finol, José Ignacio Casal y los hermanos Gill, entre otros, para estructuras un intente estable del Presidente de la República y el secretario general de AD.  A COPEI el debate le ha reportado dividendos políticos, reafirmando de manera inequívoca su línea de oposición. Junto a Matos, la otra víctima de este proceso ha sido de Acción Democrática. Los señalamientos formulados por Claudio Fermín al momento de ser excluido del partido, son confirmados por la realidad. Hasta un dirigente como Carmelo Lauría, del círculo más próximo y fraternal de Alfaro Ucero, se vio en la necesidad de marcar distancia y reconocer que su partido vive una delicada  situación interna, agravada por el interés en preservar unas extrañas y sospechosas relaciones con Caldera, quien ha encontrado en los predio adecos un territorio fértil para amenazar con un cuadro de precaria gobernabilidad, ante el cual todos los sacrificios son válidos. El proceso Matos comienza y todo aconseja que es conveniente ubicarse en los palcos.

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