sábado, 11 de junio de 2011

EL UNIFORME DE LOS GENERALES

LA SEMANA EN TRES ACTOS

 Manuel Felipe Sierra

EL UNIFORME

DE LOS GENERALES


Si algún daño irreparable han hecho al país las desviaciones del proceso bolivariano habría que considerar  la pérdida de credibilidad y el clima de anarquía que carcome a la Fuerza Armada Nacional. Era inevitable, y fue advertido a tiempo cuando se discutía la Constitución vigente en los días delirantes de la euforia  chavista en 1999, que la transformación de la institución castrense en un partido político- por la vía de conferirle una beligerancia- más allá de las que consagran las democracias modernas-traería consecuencias fatales .


Y así ha ocurrido. El Plan Bolívar- que se concibió como una forma  transitoria de enfrentar problemas urgentes de los sectores populares- se prolongó en el tiempo y se ha convertido en uno de los monumentos más escandalosos de corrupción que conozca la historia venezolana. No sólo porque en su gran mayoría quienes  lo han dirigido han sido señalados de incurrir en graves irregularidades en el manejo de cuantiosos recursos, sino que por su propia  definición un programa que se ejecute sin ningún control presupuestario y cuyos funcionarios tienen una obscena discrecionalidad para hacer  uso de los dineros públicos, constituye un atentado contra los más elementales principios de una sana gestión pública,  y además  un grosero privilegio en relación al resto de la población.

Lo que sucedió  el 11 de abril- por encima de la consideraciones jurídicas y políticas  que ello merezca-  es producto de la partidización de la FAN. Los cuarteles se han convertido en seccionales  de un partido político donde se desarrollan las luchas de tendencias, cristalizan grupos, se estimulan ambiciones, se construyen liderazgos y se reproducen las prácticas y las perversiones que determinaron la crisis terminal de los partidos políticos, y  que facilitó entre otros factores,  la victoria  de Chávez.

La pasantía de José Vicente Rangel por el ministerio de la Defensa logró el objetivo de tranquilizar por un tiempo las agudas tensiones que amenazaban  con un inminente golpe militar el mes de febrero del 2001. Pero ello no fue suficiente. Para compensar la designación de un civil como máxima expresión de los mandos militares- lo cual  constituyó una conquista de la civilidad y la cultura democrática-  se dió paso al fortalecimiento artificial de la figura del primer general de tres soles de la etapa constitucional, Lucas Rincón. Ello  avivó la situación de malestar en la alta instancia militar  y fue un detonante de los todavía confusos acontecimientos  del pasado mes  de  abril. Pero el desenlace de la crisis militar con el regreso de Chávez al poder después de  48 horas de cautiverio, ha contribuido, paradójicamente,  a recalentar el proceso de penosa  y peligrosa descomposición en el ámbito militar. ¿ Cómo se explica que el  general Raúl Baduel-  quién se autoabjudica la condición de nuevo héroe de  la revolución-  asuma de facto  el papel de ministro de la Defensa, intervenga reiteradamente en el debate político y se permita- como ocurrió semanas  atrás- tratar de intimidar a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, quienes interpretando el texto constitucional no encontraron méritos para enjuiciar a los militares supuestamente jefes del frustrado golpe de Estado, entre los cuales, curiosamente, el Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez no incluyó al general Rincón quien anunció al país la renuncia del mandatario?.

Pero si la situación política de la FAN y su debilitamiento operativo- ante el fortalecimiento bélico de Colombia- ofrece razones para la preocupación nacional, dos hechos ocurridos la semana pasada revelan las dimensiones del desmoronamiento moral de la institución. La actuación del general  de la Guardia Nacional Acosta Carlés en el aeropuerto de Valencia, arremetiendo personalmente, como un rambo  de dudosos  testículos contra una manifestación de mujeres que protestaban  contra Chávez, haciendo uso de un derecho constitucional, pudo ser un hecho aislado y no por ello menos repugnante. Pero la noche del viernes,  bajo la protección de otro alto  oficial  ,se reprodujo la escena con el virtual secuestro durante cuatro horas en el hotel Hilton de Margarita de las periodistas Ibéyise  Pacheco, Patricia Poleo y Marianela Salazar, quienes preparaban un acto en le cual se refieren a la situación política , y como ésta afecta de manera directa y significativa el desempeño profesional de los comunicadores social.

Una idea de los niveles de ingobernabilidad del país la da el patético cuadro de la FAN. Cuando el uniforme de un general no representa un símbolo de orgullo para  la población ni la garantía de la defensa de los  intereses de la patria,  sino un traje que sirve para humillar la dignidad de las mujeres, puede ocurrir cualquier cosa. Y esa y no otra es la triste realidad de Venezuela  en estos tiempos.


EL NEOCHAVISTA
FURIOSO

El canciller Roy Chaderton  se ha convertido en el más furioso vocero del chavismo. Venido de las filas copeyanas y habiendo sido funcionario diplomático- con cargos de responsabilidad política-bajo todos los gobiernos de la Cuarta República, ahora resulta que es más chavista que Chávez. Su reciente discurso en la OEA, en el cual cuestionó una decisión soberana de la justicia venezolana en relación a los sucesos del 11 de abril y los días siguientes, supone un vergonzoso acto de sumisión ante su nuevo jefe y un irrespeto hacia una institución fundamental del sistema democrático como el Tribunal Supremo de Justicia. Pero el frenesí chavista  de Chaderton no conoce fronteras. Ahora ha propuesto al gobierno de España que Venezuela condiciona la condena al terrorismo de ETA a que el gobierno de Madrid haga lo propio en relación al supuesto golpismo venezolano. ¿Cómo se  puede comparar la situación que vive España desde hace años, con las acciones criminales de la organización separatista vasca, con la situación venezolana en la cual el golpismo, en caso que existiera, es estimulado  financiado y promovido por el gobierno mediante la creación de los circulos bolivarianos y los grupos paramilitares que hostigan y agreden a los sectores opositores que recurren a los organismos pacíficos de la democracia. El canciller Chaderton debería recordar que el único golpista que existe en el país en las últimas décadas es Hugo Chávez Frías, a quien él sirve en unos términos de complacencia que desdicen de sus credenciales profesionales y de las ideas que proclamó en su juventud.







LOS GOLPES
DE RANGEL


El vicepresidente José Vicente Rangel  una vez fracasada su gestión a favor de un diálogo que desde un comienzo resultaba inviable, ahora lee el libreto de un supuesto golpe de Estado. La inversión de valores del país ha llegado a tales términos que quienes promovieron y protagonizaron las acciones golpista del 4 de febrero y el 27 de noviembre 1992 se erigen en apóstoles de la democracia. Y quienes en aquel  momento asumieron la defensa de la institucionalidad hoy serían conspiradores despreciables. Simple y llanamente se trata de una nueva manipulación. Ciertamente, no hay golpe bueno ni golpe malo y que todos  ellos atentan contra la estabilidad constitucional y la convivencia democrática. Pero cuando las circunstancias obligan a salidas de emergencia ante una crisis de ingobernabilidad, habría que plantearse que lo que está en juego no es el golpe de Estado sino en función de qué este inevitablemente se produce . No es lo mismo el golpe de Estado del 23 de enero 1958  que puso en fuga al dictador Pérez Jiménez y le abrió a Venezuela  los espacios de la democracia, que el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 ,cuando  sobre la sangre de un demócrata llamado Salvador Allende comenzó a construirse la barbarie dictatorial de Augusto Pinochet. Y nadie mejor que José Vicente conoce   ambos episodios históricos.

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