Manuel Felipe Sierra
LA MANIA
DEL CO-GOBIERNO
Ocurrió lo que debía ocurrir. La Asamblea Nacional Constituyente asumió las pocas funciones que le había dejado al Congreso Nacional, como desenlace del enfrentamiento entre poderes, agravado tras los incidentes callejeros del pasado viernes. El hecho dentro de una interpretación ortodoxa de la democracia supone el quebrantamiento del Estado de Derecho. Sin embargo, dentro de la situación política excepcional que vive el país por obra del proceso constituyente, la decisión tiene pleno sentido. La ANC, más allá de los reparos jurídicos, declaró su carácter originario el cual la faculta para proceder a la reorganización de los poderes públicos. La medida extrema de castrar al Poder Legislativo es consecuencia también de los errores cometidos por la mayoría parlamentaria de Acción Democrática, COPEI y Proyecto Venezuela, entre ellos la negativa a considerar oportunamente la autorización del viaje presidencial a Panamá y la tramitación de varios créditos adicionales. Pero la decisión pone en evidencia la tendencia de la mayoría constituyente de ejercer funciones de co-gobierno y ampliar los alcances que el sentido común establece a la Asamblea. La Emergencia Judicial supondrá la revisión de tres mil expedientes y la adopción de medidas administrativas. La Emergencia Legislativa pasa por revisar exhaustivamente las asambleas legislativas. La Emergencia del Ejecutivo significará una auditoría de las gobernaciones y alcaldías. ¿Tiene la ANC la capacidad técnica para evacuar en cinco meses estas tareas con responsabilidad y equidad? ¿ No hubiera sido preferible concentrar los esfuerzos de los constituyentes en el diseño de una nueva Constitución que configure la moderna arquitectura constitucional del país? Falta saber hasta dónde la manía del co-gobierno constituyente no representa una pesada molestia para la gestión del presidente Chávez.
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