sábado, 4 de junio de 2011

LA ULTIMA BATALLA

Manuel Felipe Sierra

LA ULTIMA
BATALLA

Antonio José Urbina fue, y valga el lugar común, un venezolano de excepción. Siendo todavía un niño se hizo líder de los estudiantes del liceo Fermín Toro y los condujo a la huelga contra la dictadura de Pérez Jiménez. A la caída del dictador asume responsabilidades en la Juventud Comunista. De allí en adelante estará en primera línea en los hechos que definen la política en las últimas décadas. Toma el camino de la lucha armada y es uno de los soportes fundamentales del movimiento guerrillero. Cae preso. Recobrada la libertad encara la conducción de la JC. En 1971, cuando nace el MAS, Urbina, el entrañable “Caraquita” para sus amigos, aporta al nuevo proyecto socialista la infraestructura organizativa que le permite salir a la calle. En la década de los setenta es uno de los líderes emblemáticos del MAS. Representa a su partido en el Consejo Supremo Electoral. Durante varios años ejerció la representación llegando a ser uno de los venezolanos con mayor dominio de la legislación y la tecnología electoral. Durante tres años se desempeñó como embajador de Venezuela en Suecia. Regresa al país y encuentra espacio de nuevo en el CSE donde desarrolla una intensa actividad pública como enlace del organismo con los partidos políticos y los medios de comunicación donde siempre gozó de respeto y aprecio. Hace seis años decidió ir al encuentro de su estirpe. Se puso al frente de una emisora en Coro. No podía conformarse con ser un mero radiodifusor. Como directivo de la Cámara de Radiodifusión reafirma su innata inclinación al liderazgo. En Coro impulsa iniciativas culturales y reivindicativas. Se postula a la Asamblea Nacional Constituyente y el 25 de julio su nombre es votado por 46 mil falconianos, votación que lo convertía -con un mecanismo electoral más democrático y transparente- en seguro constituyente. Hace unos días por teléfono, su voz fatigada por los percances de la salud, traducía la angustia del luchador por el futuro del país. En la madrugada del domingo el corazón le ganó la última batalla. Paz a los restos del guerrero.

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