sábado, 11 de junio de 2011

LA NUEVA BATALLA DE PDVSA

LA SEMANA EN TRES ACTOS

31/05/2002
Manuel Felipe Sierra

LA NUEVA BATALLA
DE PDVSA

La mayoría de los venezolanos asumieron la defensa de Pdvsa cuando la empresa fue objeto de una doble envestida a comienzos de este año: la liquidación de la meritocracia y la ideologización de sus políticas.  Durante casi dos meses los empleados de la nómina mayor, intermedia y buena parte de los trabajadores de la estatal petrolera protagonizaron acciones de calle que llegaron a crear,  incluso las condiciones  para el paro nacional del 9 de abril y la gigantesca manifestación del 11 que desembocó en trágicos episodios históricos.


El tiempo demostró que los trabajadores de la industria  tenían la razón, hasta el punto de que el presidente Chávez debió reconocer las justezas de estas demandas.  Hoy, bajo la dirección de Alí Rodríguez, Pdvsa trata de superar serias dificultades financieras y de recomponer su imagen en el mercado energético mundial. 

Pero ahora los trabajadores de la empresa deberán prepararse para una nueva y no menos exigente batalla: la defensa de la integridad y la sobrevivencia financiera de la corporación. Como era de preveerse, entre las medidas económicas contempladas por el gobierno para superar una insondable crisis fiscal se contempla el endeudamiento  de 9.000 millones de dólares de la industria para cubrir el déficit fiscal.  Ya meses atrás lo había anunciado el general Guaicaipuro Lameda.  Ahora es el ministro de Finanzas, Tobías Nobrega, quien confirma la decisión ya irrevocable.

Por supuesto, el gobierno dispone de poco espacio de maniobra para superar sus dificultades fiscales y en esencia el plan de medidas anunciadas el jueves pasado por los ministros de la Economía se orienta hacia el endeudamiento, tomando en cuenta la grave recesión que se vive en el plano interno.  Las posibilidades de endeudamiento del gobierno a través de papeles del Estado y nuevas emisiones de bonos no parecen factibles en las actuales circunstancias.  Venezuela mantiene una alta calificación de riesgo-país, y los intereses en el mercado bursátil reflejan una tendencia hacia el alza.  Pero, además, ningún inversionista en su sano juicio puede entender cómo un país que pulverizó 70.000 millones de dólares en dos años ahora tenga necesidad de recurrir a la búsqueda de dinero fresco para conjurar una brecha mucho menor.

El camino entonces es el endeudamiento por la vía de Pdvsa, colocando la factura y los activos petroleros del país como garantía para nuevos recursos.  Y eso y no otro cosa es lo que procura ahora el gobierno tal como lo señaló Nobrega.

Con la misma fuerza y determinación que los empleados y trabajadores petroleros defendieron el respeto a la meritocracia y evitaron la partidización de la industria ahora están obligados –en una elemental correspondencia con una masiva solidaridad nacional- a luchar porque Pdvsa no sea hipotecada en términos humillantes ni porque la riqueza petrolera (que es de todos los venezolanos) sea subastada en los círculos financieros internacionales. 

El presidente Chávez ha tratado de convencer al país de una mentira, según la cual existió un plan para privatizar a Pdvsa.  Pero lo que está quedando en claro con las últimas decisiones económicas es que ahora si existe el propósito, absolutamente antinacional, de financiar el costo de un monumental fracaso económico con las potencialidades petroleras del país.                    ¿Permanecerá impasible la nación ante semejante despropósito?.  ¿Dónde queda el sueño revolucionario y el pensamiento libertario de Simón Bolívar?.  Los hechos como siempre que son más contundentes que los deseos, están haciendo que Chávez se coma sin chistar sus propias palabras.  Es la hora de defender de verdad y en todos los terrenos, el único patrimonio que todavía nos queda a los venezolanos.


LA DUDA MILITAR

Sigue el rumor sobre la posibilidad de un nuevo pronunciamiento militar, esta vez estimulado por los llamados “comacates”.  Es lógico que florezcan y cobren cuerpo versiones de esta naturaleza.  Las desaveniencias en el mundo militar son cada vez más graves.  No parecen existir, por ahora elementos capaces de restablecer la autoridad, el orden y la disciplina en la institución castrense.

El ministro de la Defensa, general en jefe Lucas Rincón, cumple una simple función de comodín entre los grupos en pugna.  Sus actividades se reducen cada vez más al ámbito administrativo.  El estamento de los generales y almirantes, a punto de pasar a retiro, sigue siendo una referencia importante lo que explica que muchos de ellos siendo acusados de participar en los hechos del 11 de abril no hayan sido objeto de las investigaciones correspondientes.  El llamado chavismo puro (los generales Baduel y García Montoya), acumulan poder de fuego y ejercen el control de las principales guarniciones.  Pero ello no basta.  La fragmentación actual de las Fuerzas Armadas ha impedido la conformación de una mayoría a favor o en contra del mandatario. 

¿Cómo hacer para restablecer la unidad de la FAN?.  Una solución que no aparece en el horizonte, sería la conformación de un liderazgo fuerte y hegemónico capaz  de solventar por la fuerza las fisuras que anarquizan las Fuerzas Armadas Nacionales.  Pero ello implicaría –con el pretexto que se le quiera dar- simple y llanamente una dictadura la cual carece de viabilidad en el contexto internacional.  La otra solución se daría mediante una Enmienda Constitucional para revisar la beligerancia y los fueros políticos otorgados a la FAN en el texto bolivariano.  ¿Pero acaso es ello posible?.  Por un buen tiempo el sobresalto y la preocupación seguirán rondando en el ánimo de los venezolanos en relación con la posibilidad de una emergencia militar.


URIBE Y POWELL

La victoria de Alvaro Uribe Vélez en Colombia y la presencia del secretario de Estado Colin Powell en la Conferencia de Cancilleres de la OEA en Barbados, son elementos que contribuyen a complicar la percepción de Venezuela en la escena internacional.  Si bien es cierto que Uribe Vélez ha tenido una actitud respetuosa y comprensiva hacia el gobierno venezolano, no es menos cierto que su “línea dura” contra la guerrilla va a significar dificultades y circunstancias difíciles para Venezuela, sobre todo con la inexplicable actitud de Chávez en no catalogar a los irregulares colombianos como grupos terroristas.  

Al mismo tiempo, Powell insiste en la reunión de la Organización de Estados Americanos –como lo hizo en el mes de abril en Washington- en la necesidad de que la organización designe a un mediador para que trate de viabilizar la crisis de ingobernabilidad del país.  Si hace mes y medio el planteamiento de Powell era temerario y audaz ahora tiene pertinencia y se corresponde con una realidad: las causas que originaron el fallido golpe del 11 de abril no sólo siguen vigentes, sino que se han agravado por el interés del gobierno en profundizar un proceso que choca con el curso de la diplomacia norteamericana, que hoy más que nunca tiene el apoyo de la mayoría de las naciones latinoamericanas.



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