LA SEMANA EN TRES ACTOS
07/03/2002
Manuel Felipe Sierra
TU PAÍS
ESTÁ FELÍZ
Al presidente Chávez cada vez le es más difícil e incómodo gobernar en democracia. Durante tres años ha jugado con unas reglas del juego en las cuales no cree pero que le han sido útiles para viabilizar su proyecto bolivariano. Pero ahora, habría llegado el momento de impulsar un modelo de gobierno autoritario y con presencia decisiva de la Fuerza Armada Nacional.
Ello explica la radicalización del gobierno en la medida en que se fortalecen los factores críticos a su gestión. Curiosamente, cuando en la definición de los clásicos el abc de la política consiste en sumar y multiplicar, para el mandatario se trataría de una operación inversa, es decir: resta y multiplicación.
Los hechos son altamente reveladores. El llamado acuerdo democrático suscrito por la CTV y Fedecámaras, con el aval de la sociedad civil, dado a conocer el martes pasado, si bien buscaba dar una señal de unidad más social que política frente al régimen (lo cual logró con una amplia repercusión en los medios internacionales) daba al gobierno la posibilidad de tomar aliento y demostrar su disposición al diálogo y a los mecanismos que establece la convivencia civilizada.
Como se esperaba, el mandatario desestimó el gesto de sectores con los cuales inevitablemente tendrá que confrontar o negociar. Comparó la iniciativa con El Pacto de Punto Fijo de 1958. No es el momento de contar la historia del famoso acuerdo tripartito, sin embargo, es ineludible recordar que los partidos que firmaron este pacto hace 44 años – AD, URD y Copei- eran en aquel momento expresiones vitales y robustas de la sociedad venezolana y no las referencias melancólicas en lo que se convirtieron al correr del tiempo.
El rechazo a toda posibilidad de diálogo deja un inmenso espacio para que cobre fuerza el descontento en el país, que ya no sólo se refleja en los resultados fácilmente cuestionables de las encuestas, sino en una presencia cada vez más decisiva de la clase media, organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos. ¿Qué instrumentos tiene el gobierno para contrarrestar una acción política uniforme de estos sectores?. Lo que ha logrado demostrar hasta ahora: un apoyo partidista resquebrajado; sectores de la Fuerza Armada Nacional; y los llamados círculos bolivarianos que agrupan a núcleos de la población estimulados por un discurso incendiario a protagonizar protestas y contraprotestas marcadas por la agresividad.
La conflictividad social es un hecho normal en las sociedades democráticas. En el país la tensión en los medios laborales se explica por el incumplimiento de convenios de trabajo y el incremento del costo de la vida. Frente a este cuadro existen los mecanismos convencionales del diálogo y la negociación. Pero a las más recientes acciones de los trabajadores (PDVSA, Educación, Salud, Metro, etc.), el gobierno las considera como parte de una conjura conspirativa. Tal convicción lo lleva a no enfrentar acertadamente el problema sino más bien a complicarlo y agravarlo.
Estas son dos de las últimas expresiones del endurecimiento del proceso. Chávez insiste en la condición revolucionaria de su gobierno. Si ello fuera cierto habría que respetarlo. En definitiva fue elegido y reelegitimado por la mayoría de los venezolanos. Pero ocurre que no sólo ha demostrado su escasa sensibilidad como mandatario democrático sino que tampoco ha ofrecido un modelo alternativo que suponga resultados satisfactorios.
Si hasta ahora la piedra de tranca ha sido la conducta de Chávez, y de allí que el país se haya dividido entre chavista y antichavista en una confrontación que ya pasa por su salida del gobierno, habría que pensar que en el fondo el dilema es otro: democracia o dictadura. En relación a esta escogencia debería centrarse el debate en los próximos días.
JUSTICIA DELIRANTE
El abogado Oswaldo Cancino se aprendió el libreto. Mientras Lina Ron permanece en huelga de hambre en la Disip, desafiando la institucionalidad democrática su defensor no conoce descanso. La semana pasada anunció la creación de los tribunales del pueblo soberano para enjuiciar a los contrarrevolucionarios. Entre gritos y amenazas un grupo de los círculos bolivarianos definió los alcances de una novedosa justicia paralela.
Como era de esperarse, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y el ministro de la Defensa José Vicente Rangel, coincidieron en que no sólo se trata de un enorme disparate, sino que implicaba una incitación al delito entre otros cargos. La lista de los primeros enjuiciados incluyó al alcalde Metropolitano Alfredo Peña, el alcalde de Chacao Leopoldo López, al rector de la UCV Giuseppe Giannetto, el coronel de la Aviación Pedro Soto y al periodista José Domingo Blanco.
Sin duda se trata de una grotesca ocurrencia. De una acción delirante de grupos fanatizados que no tendrá mayores repercusiones. No obstante, es una demostración del efecto perverso que en dirigentes sin la menor formación política y susceptibles a la prédica de la agresividad como método político, está produciendo el discurso presidencial. No es de extrañar que el abogado Cancino termine como su defendida, rumiando su desencanto “revolucionario” en una celda de la policía política.
EL PENTÁGONO TAMBIÉN
El general Gary Speer, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, expresó ante un Comité del Senado que “el Pentágono está muy preocupado por la orientación política del presidente Chávez y por los aparentes vínculos con la guerrilla colombiana”. El alto oficial, encargado de la seguridad militar norteamericana en Centroamérica, Suramérica y el Caribe está repitiendo una versión que ha sido, al parecer, aclarada ante las instancias políticas de ese país.
¿Pero está tan desinformado el general Speer?. Sería mejor establecer una relación entre las afirmaciones del general y las hechas en la misma dirección con anterioridad por el director de la CIA y el propio Secretario de Estado Colin Powell. Normalmente la diplomacia norteamericana deja filtrar estos comentarios a través de los llamados “portavoces”. Pero en el caso de las reservas frente a Venezuela y el proceso bolivariano vienen nada más y nada menos de quienes dirigen los tres poderes fundamentales de la principal potencia del mundo. Mucho más que estar sentado en el “banquillo” como se queja el canciller Luis Alfonso Dávila.
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