LA SEMANA EN TRES ACTOS
MEMORIAS
DEL FASCISMO
Manuel Felipe Sierra
El país ha entrado -y no podía ser de otra manera- en una endiablada dinámica represiva. Los últimos hechos son más que reveladores. No se trata de medidas como la declaración de zonas militares protegidas, el incremento de las amenazas a los periodistas y a opositores o la ampliación de un clima de intimación que dificulta el desempeño de la más elemental función reporteril.
No se trata solamente del persistente irrespeto verbal del presidente Chávez con sus opositores, ni la luz verde encendida para que impunemente se agreda físicamente a personajes públicos como Henrique Salas Römer y la destrucción -también impune- de las unidades móviles de emisoras y canales de televisión. Como si fuera poco la semana pasada una dama honorable -ni por honorable solamente sino por tenaz luchadora social- Estrella Castellanos fue sometida a un suplicio que pondría de punta los pelos a un esbirro nazi.
¿Qué busca el gobierno al poner el acelerador a su demencia política?. Obviamente, tratar de quebrantar esa robusta explosión de protesta social en la cual se está convirtiendo el antichavismo. Y en ello es necesario establecer una diferencia que resulta esencial. Existe un antichavismo que se explica por el rechazo a lo que representa Chávez en cuanto a mandatario. Pero el fuerte de la “mancha de aceite” que cubre al país, obedece a una defensa activa de los valores democráticos, de una cultura libertaria que ya pertenece a los venezolanos como un valor cotidiano y que es asumido como un comportamiento irrevocable de la vida.
Las manifestaciones realizadas en las últimas semanas en el interior del país; la jornada multitudinaria que representó la Vigilia de Chuao y las condiciones que hacen prever el éxito de la “Toma de Caracas” el 10 de octubre y el paro -sin fecha definida- de Fedecámaras y la CTV, hacen que los resortes antidemocráticos y policiales del oficialismo se activen.
En estos días tendremos nuevas expresiones de la brutalidad de los círculos bolivarianos y de grupos paramilitares como los “Tupamaros” -que ya adquieren legitimidad política en los noticieros de VTV- contra las manifestaciones y protestas de la oposición y en especial las acciones femeninas en defensa de quienes por esas razones que sólo la historia explica, les ha correspondido con excepcional dignidad representar la lucha en defensa de los valores institucionales.
Por supuesto, sería exagerado suponer que ello allana el camino para la salida de Chávez. Es verdad, que por obra de su actitud prepotente y confrontadora la renuncia o la caída de Chávez (nada descartable en un cuadro militar de alta tensión), puede ocurrir, pero en esta etapa histórica están en juego otros asuntos. El dilema venezolano es políticamente: chavismo y antichavismo. Pero sería un error quedarse en ello solamente. La verdadera dicotomía consiste: en democracia y autoritarismo.
Hitler y Mussolini fueron las figuras definitorias de un proceso histórico que marca el siglo veinte. En torno a ello – y los efectos nefastos que se desencadenaron para la humanidad como consecuencia de ambos regimenes- se centraron y aún se centran en un debate esencial para los estudiosos de la historia. Pero a la postre resultan simples máscaras trágicas. Lo que estaba en juego era el oscurantismo o la libertad; la barbarie o la justicia; el respeto a la dignidad del hombre o la posibilidad de su destrucción.
Chávez está demostrando- sin que por supuesto ningún delirante pretenda establecer para ello una comparación histórica- esta representado en la escala venezolana una escogencia igualmente dramática. El cuerpo maniatado y sangrante de Estrella Castellanos en una calle solitaria del Country Club, equivale a las victimas anónimas que la venganza genética del fascismo sembraba en los suburbios de Roma.
EL VIAJERO
INOCENTE
Cesar Gaviria vino, vio y no convenció. No era posible. En el fondo se trata de la misma operación del gobierno estimulada por José Vicente Rangel y Roy Chaderton de convencer a las instancias internacionales que Venezuela está al borde del abismo y que vive una guerra inevitable. Nada más alejado de la verdad. En Venezuela existe un régimen –sólo comparable en algunos matices con el autoritarismo de Fujimori- que ha ido desnaturalizando la esencia democrática de su mandato. En su reciente reunión con Gaviria en Washington, el exconstituyente Herman Escarrá aporto suficientes pruebas que demuestran como en el país se configuran todos los elementos de un gobierno que desdibujan los más elementales conceptos de la democracia. Por supuesto, no es fácil la tarea de Gaviria. Hace cuatro meses el secretario de Estado Colin Powell, abogaba por una urgente intermediación del organismo en la crisis venezolana. Lo hizo en las reuniones de cancilleres de la OEA en Washington y Barbados. Pero en las últimas semanas (ante la expectativa de la operación militar de Estados Unidos e Inglaterra sobre Irak y las consecuencias que ello supone en el mercado petrolero) la estrategia norteamericana ha sufrido cierta modulación en el tratamiento al “caso Venezuela”. De todas maneras Gaviria a quien le correspondió liderizar el famoso “revolcón” que modernizó la política colombiana, debió llevarse la percepción de que Venezuela se encamina hacia una confrontación, que si no es igual a la de Colombia, puede desembocar en los espacios impredecibles de la sangre.
PERIODISTAS UNIDOS
La semana pasada el Colegio Nacional de Periodistas y el Sindicato Nacional de la Prensa iniciaron en Caracas una jornada dirigida a poner de relieve la magnitudes que representan los atropellos y atentados a la libertad de expresión y al ejercicio del periodismo. Ya era hora de una acción de esta naturaleza. Se conocían testimonios puntuales o individuales de reporteros, fotógrafos y camarógrafos sometidos a vejámenes y atropellos. De ahora en adelante se tratará de una lucha concertada unitaria y vigorosa, de un sector que por circunstancias históricas le ha tocado llevar sobre sus hombros una pesada pero al mismo tiempo ineludible responsabilidad.
04/10/2002
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