sábado, 11 de junio de 2011

OTRO SALUDO A LA BANDERA

LA SEMANA EN TRES ACTOS


Manuel Felipe Sierra

OTRO SALUDO
A LA BANDERA

La misión internacional integrada por representantes de la OEA, Naciones Unidas y el Centro Carter, que visitó el país la semana pasada para explorar las posibilidades de un diálogo entre el gobierno y la oposición, concluyó en que su “modesto apoyo” es sólo para que los venezolanos tomen decisiones.  Un nuevo saludo a la bandera.  La comisión de buenos oficios expresó que habían tenido conversaciones muy “fructíferas” con el presidente Chávez y el vicepresidente Rangel.


Se trata, de la segunda parte de la fallida gestión del expresidente Jimmy Carter.  No puede haber gestiones válidas y alentadoras con el alto gobierno cuando éste persiste en profundizar su estrategia del doble discurso.  Justamente, el día que los distinguidos visitantes llegaron a Caracas, el presidente Chávez desde Apure, se dirigió al país vistiendo su uniforme de campaña.  Fue el mismo mandatario quien a su regreso del cautiverio de 48 horas la mañana del 14 de abril, anunció que no vestiría más el uniforme que tanta molestia produce en los mandos castrenses.

La misión encabezada por Jennifer McCoy, parece no haber reparado en un hecho que resulta demasiado obvio: el gobierno no quiere el diálogo, lo usa como una simple operación distraccionista.  No puede haber diálogo cuando la parte obligada a dar demostraciones convincentes de su disposición para la convivencia y el entendimiento acentúa una estrategia de confrontación –mediante la agresividad verbal y agresiones sistemáticas- contra sus adversarios.

Como han dicho algunos analistas, el cuadro de radicalización política (que también se expresa en términos sociales) que vive el país, ha sido estimulado y se mantiene fundamentalmente porque ese clima de tensión colectiva constituye un caldo de sustancia para el proyecto bolivariano.  Sólo a partir de una política de esa naturaleza, que supone la exaltación del odio, puede tener relativa viabilidad la revolución que dice encarnar el presidente Chávez.
Por eso las exhortaciones al diálogo no tienen concreción.  La aparición de Chávez con el atuendo de combate no es un acto gratuito.  Se trata de una provocación contra los factores que lo adversan pero también representa un mensaje para sus partidarios más fanatizados, que son a estas alturas, su verdadera base se sustentación.

La misión internacional cumplió solamente con agotar una nueva  instancia en un proceso de endurecimiento de la lucha política venezolana, que inevitablemente –salvo que se produzca la salida de Chávez- conduce a una mediación de la OEA, mediante los mecanismos consagrados en la Carta Interamericana del organismo aprobada el año pasado en Lima. Suponer que es un problema a resolver exclusivamente por los venezolanos, no pasa de ser una apreciación superficial.

No existe espacio (más allá del que suele reivindicar teóricamente con insistencia el vicepresidente Rangel) para que se produzca un acuerdo mínimo que tendría que pasar por el desmontaje de los círculos bolivarianos y la configuración de un área para las aproximaciones y consensos propios y consustanciales al sistema democrático.  Y ello contradice la esencia de una propuesta supuestamente revolucionaria que debe recurrir a expresiones y manifestaciones absolutamente contrarias a estos objetivos. Por ello pedirle a los miembros de la misión internacional una compresión de este fenómeno no es fácil.

Por lo general, este tipo de gestiones se realizan cuando hay dos bandos en pugna, ordinariamente en conflictos armados, que requieren de un auxilio de factores ajenos a ésta.  Pero el caso venezolano es distinto.  Aquí se trata, que los elementos que estimulan la crisis política no son generados –como en todas partes del mundo- por fuerzas impugnadoras del poder constituido sino que se generan, paradójicamente, desde el propio gobierno.  Si los bondadosos mediadores no entendieron esta circunstancia clave para descifrar el fenómeno político venezolano basta con la presencia de Chávez –en la más pura simbología fidelista- con el uniforme, que como se sabe, poco le sirvió para actuar el 4 de febrero de 1992.     





EL PROFETA
INGENUO

Sólo la concepción metafísica y voluntarista que tiene de la economía del ministro de Planificación Felipe Pérez Martí puede pronosticar un crecimiento económico del país. Es posible que los ingresos petroleros, que para fortuna del proceso bolivariano se han mantenido sobre 20 dólares por barril, permita alguna recuperación de los niveles macroeconómicos.  Cosa que por lo demás es desmentida por las estimaciones y estudios de economistas como Gustavo García, entre otros.  Pero el hecho cierto, es que los datos que emanan de los gremios y las organizaciones que actúan en la economía real son cada vez más catastróficos.  La más reciente encuesta de Datanalisis sobre el consumo de alimentos ofrece cifras que confirman el deterioro de la alimentación y en consecuencia de la salud de la mayoría de los venezolanos.  El simple hecho de que las clases D y E representen casi el 70% de la población es más que revelador.   En el primer semestre del año, según la medición de la empresa encuestadora, la ingesta de carne bajó 12%, de leche 7%, de pasta 12% y de pan 5%. Lógicamente, hay que suponer lo que ocurrió con otros renglones que no forman parte de la cesta básica.  ¿De qué valen entonces lo vaticinios delirantes del ministro Pérez Martí?.


VARGAS II

Las inundaciones en los estados llaneros complican aún más las dificultades fiscales del gobierno.  La llamada “poda presupuestaria” que se anunció para reducir el déficit en las finanzas públicas, significó entre otras cosas, la eliminación de partidas del ministerio del Ambiente para el “control de inundaciones y protección de cauces de ríos”.  Al mismo tiempo, ya se había descartado un aporte de 5,1 millardos del Banco Interamericano de Desarrollo para acceder a un préstamo para atención de emergencias.  Con la tragedia de la semana pasada se reproduce, de alguna manera, la situación planteada en diciembre de 1999 con el trágico deslave ocurrido en el estado Vargas, y en relación al cual el gobierno ha sido incapaz de cumplir con sus promesas con miles de afectados y desplazados.  En aquella oportunidad, las condiciones eran más favorables para el erario público.  No obstante, después de casi tres años todavía la zona ofrece un patético panorama de devastación.  Los damnificados de Apure, Barinas, Amazonas, Delta Amacuro, Portuguesa y Bolívar, comienzan ahora a transitar por lo que podría ser un largo y doloroso calvario.
   
26/072002

No hay comentarios:

Publicar un comentario