Manuel Felipe Sierra
Ya es mas que evidente que el gobierno aplicará todos los procedimientos y las medidas dilatorias para posponer la convocatoria al referéndum revocatorio. La decisión del oficialismo de no firmar las bases de un acuerdo previo para la consulta, no deja la menor duda en el sentido de que Chávez, no esta dispuesto a medirse electoralmente. No obstante, sus representantes en la moribunda Mesa de Negociaciones y Acuerdos, anuncian que seguirán en ella.
Es el mismo juego que el alto gobierno viene haciendo después del 11 de abril del 2002. Invocar el diálogo como una mera maniobra distraccionista, como un recurso para ganar tiempo. En esta línea se inscribe el famoso proceso de diálogo conducido por el vicepresidente José Vicente Rangel que estaba inicialmente condenado al fracaso por cuanto ignoraba a los factores claves del conflicto. Luego, fue la invitación al Centro Carter, y al secretario general de la OEA César Gaviria, para que actuase como facilitador en unas conversaciones entre oposición y gobierno, que ya trascienden los seis meses sin que se avizore la menor posibilidad de entendimiento.
La estrategia oficialista consiste claramente en posponer indefinidamente una salida a la crisis de ingobernabilidad que asfixia al país y que ha implicado una severa radicalización política y social nunca antes vista en la reciente historia venezolana. En el proyecto chavista no hay espacio para elecciones democráticas y abiertas como las que lo hicieron jefe de el Estado y facilitaron en 1999 y el 2000 la legitimación de las instituciones nacidas del proceso constituyente. Ahora mucho menos cuando, como resultado del paro cívico del 2 de diciembre el régimen avanzó en el control de áreas estratégicas de la sociedad, como la industria petrolera y la economía privada. Ya antes, la Fuerza Armada Nacional era objeto de un aberrante cuadro de perversión de sus valores esenciales.
¿Cuál tendría que ser el comportamiento de la oposición frente al virtual rechazo de Chávez a que se active el mecanismo constitucional del referéndum revocatorio? Es evidente que cada día aumenta el convencimiento en el ámbito de los factores adversarios a Chávez, que se trata de enfrentar a un modelo de perfiles totalitarios, y que no se está ante un gobierno democrático convencional que establecieron la rutina electoral de cuatro décadas. La Coordinadora Democrática, que en los últimos meses ha sido la referencia opositora y la plataforma para que coincidan las definiciones de los partidos políticos y los factores emergentes de la sociedad civil, debería entender que es el momento de hacer un inmenso esfuerzo por unificar a sectores significativos de la población, que todavía no activan en las movilizaciones y jornadas que ella convoca.
Y en ello habría que comenzar por desterrar ilusiones electorales extemporáneas e ingenuas y facilitar la incorporación de la ancha gama de organizaciones e instituciones que apuestan a la defensa de la democracia y resienten la implantación de un régimen con creciente tendencia totalitaria. Ello implica, la incorporación del sector militar institucionalista (no sólo de los oficiales que permanecen en la vigilia de Altamira), sino de numerosos militares de distintos rangos aun activos, pero objeto de una discriminación sectaria por la cúpula chavista; y de instituciones como la Iglesia Católica que al igual que los medios de comunicación está siendo sometida a un silencioso pero pertinaz hostigamiento.
Al mismo tiempo, es indispensable incrementar la presión internacional, en el sentido de que se entienda la verdadera naturaleza del chavismo y sus planes divorciados de las mas elementales consideraciones del Estado de Derecho. Hasta ahora la presencia de opositores en el exterior ha consistido en denunciar de manera puntual violaciones a los derechos humanos y prácticas represivas del gobierno. Ahora, se trataría de demostrar que mas allá de Chávez, Venezuela enfrenta a un modelo, a una concepción de Estado diametralmente opuesta a la democracia como se entiende está hoy en el mundo entero. El voto venezolano en la ONU, en apoyo a los crímenes del gobierno de Fidel Castro, no es una respuesta diplomática coyuntural, sino una definición del rumbo definitivo de la llamada “revolución bolivariana”.
EL EMBAJADOR
INTRUSO
La injerencia de los asuntos internos del embajador cubano Germán Sánchez Otero no tiene límites. Se sabe que no sólo cumple funciones diplomáticas sino que actúa como asesor del alto gobierno. Que de alguna manera despacha desde Miraflores. Que se permite calificar a un grupo de venezolanos que protestan cívicamente frente a su embajada (hechos que se repitieron en las principales ciudades del mundo ante la brutal y sangrienta represión fidelista contra decenas de disidentes) como “un showcito pestilente”. Se conoce que funcionarios cubanos asesoran a la Disip y que algunos han participado en secuestros y ultrajes a damas de la oposición cuyas denuncias duermen en la Fiscalía General de la República. Ahora Sánchez Otero acusa al embajador de los Estados Unidos Charles Shapiro de “intromisión en la política venezolana”. Nunca en la historia del país ningún representante de un país extranjero había acumulado y ejercido mayor influencia en un gobierno venezolano como Sánchez Otero. Nadie critica sus discrepancias con su homólogo norteamericano. Pero Venezuela no es el escenario para esta confrontación. Además, a quien le correspondería, en todo caso, advertir sobre intromisiones foráneas en los problemas nacionales es al Presidente, al vicepresidente o al canciller de la República. ¿Por qué el embajador cubano asume las funciones propias de venezolanos? O el alto gobierno no desea profundizar el deterioro de las relaciones con Estados Unidos ó al embajador cubano, como se suele decir comúnmente, “lo traicionó el subconsciente”.
LA VIGILIA MILITAR
ESTA VIVA
El 22 de abril la disidencia militar de Altamira que se acoge al artículo 350 de la Constitución Bolivariana, cumplió seis meses. Cuando se produjo el hecho surgieron diversas interpretaciones. Para el vicepresidente Rangel era una simple payasada. Sectores de la oposición creyeron que el pronunciamiento desataría una inmediata respuesta en los cuarteles. No era fácil entender como mas de ciento cincuenta oficiales de los cuatro componentes y de todos los rangos, asumían una protesta sin armas y apelando a mecanismos estrictamente cívicos. En este tiempo han ocurrido muchas cosas. La masacre del 6 de diciembre. El juicio amañado del general Alfonzo Martínez. La muerte en una típica operación terrorista de tres soldados y una dama que operaban en la logística de la vigilia. La reciente detención del coronel Giussepe John Pigliery y el intento de involucrarlo en los atentados terroristas contra las misiones diplomáticas de Colombia y España. El asilo de cinco oficiales de la desobediencia en las embajadas de Perú y República Dominicana. Todo ello ha ocurrido, sin embargo, el tiempo ha demostrado que la acción de los militares rebeldes ha logrado lo que se proponían: ser un punto de referencia, un símbolo activo, ejercer una suerte de “foquismo democrático”. El viernes y el sábado la plaza volvió a recobrar el vigor de meses pasados. Miles de venezolanos con sus banderas y sus consignas plenaron el lugar reclamando la unidad de la oposición y la necesidad de retomar las calles.
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