Al compás de los días
EL VOTO CONCIENTE
Manuel Felipe Sierra
Más que una propuesta o un recurso electoral el programa mínimo de transición es una necesidad inevadible de cara a la consulta del 7 de octubre de 2012. Pese a la resistencia de quienes tienen una visión mercadotécnica de la política, ya existe una clara comprensión de que es indispensable presentar al electorado un menú de condiciones para el reestablecimiento de la democracia. El tema se discute en el seno de la MUD y ayer se anunció la constitución de “Venezuela en transición por un voto conciente”, comité promovido por calificados dirigentes. Sin este paso previo los programas electorales de los candidatos tendrían escaso sentido. Incluso, crece el convencimiento de que en el caso venezolano el tránsito será difícil, y no exento de riesgos y tensiones.
De esta manera se contemplaría sólo el escenario de la victoria opositora, mientras que algunos comentaristas señalan que convendría analizar también el cuadro de una reelección del chavismo. Ya no se trataría de una transición sino de la continuidad de las líneas estratégicas de un proceso, por lo que sería más pertinente preguntarse si existe espacio para una mayor radicalización de éste y cuál sería el comportamiento de los sectores democráticos.
El chavismo seguramente acentuaría su retórica revolucionaria, pero en un terreno cada vez más desfavorable para ello. Ya queda muy poco de la economía nacional en manos directas o indirectas del sector privado; el control hegemónico de los poderes públicos podría ser incómodo, incluso para la aplicación de las políticas del régimen; y la inviabilidad de la propuesta del socialismo del siglo XXI será cada vez más evidente por su costo en el agravamiento de los problemas sociales.
Los indudables avances obtenidos por la política exterior del chavismo encontrarán enormes obstáculos. En Cuba, la apertura económica tenderá a acentuarse aunque ella no tenga una exacta correspondencia con la apertura política. En todo caso, por este camino surgirán fisuras en la estrecha relación entre Caracas y La Habana , que se ha convertido en un intercambio para satisfacer necesidades mutuas. El mensaje chavista que años atrás tuvo resonancia continental perderá fuerza ante propuestas igualmente atractivas para amplios sectores, pero ahora comprometidas con la democracia como ocurre en El Salvador de Funes y más recientemente en el Perú de Humala. Más allá de sus resultados en lo inmediato, es evidente que las “revoluciones árabes” dejarán como testimonio el rechazo al totalitarismo y al reeleccionismo, y abrirán válvulas para el avance de las ideas democráticas y renovadoras. En esas circunstancias el chavismo, aunque no lo quiera, se verá obligado a una flexibilización por supuesto, en relación directa con la capacidad de la sociedad democrática para activar la movilización social.
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