miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Y LA AGENDA DE TRANSICIÓN?

AL COMPÁS DE LOS DÍAS

¿Y LA AGENDA DE TRANSICIÓN?

MANUEL FELIPE SIERRA

La definición de la tarjeta unitaria por la MUD para las primarias del 12 de febrero es un paso importante en el camino de activar a la mayoría opositora. En los próximos días, la escogencia del aspirante de Un Nuevo Tiempo contribuirá también a perfilar el escenario para el evento. Sin embargo, existe un inexplicable retraso en la formulación de una agenda mínima de transición que sirva de base a una futura gobernabilidad. A veces pareciera que se ignora o se omite que en la disputa presidencial del 2012 no sólo se escogerá un mandatario (como reza la alternancia constitucional), sino que en las actuales circunstancias se trata de un episodio clave en la confrontación entre dos modelos políticos y dos conceptos de Estado, abiertamente antagónicos.


No se conoce hasta ahora una experiencia de sustitución de un modelo dictatorial y autoritario hacia formas democráticas que no pase necesariamente por una etapa excepcional, por un período de reajuste (en algunos casos traumático) que facilite el reencuentro con la normalidad institucional. Más que un capricho o una ocurrencia de las dirigencias políticas se trata de una necesidad impuesta por los hechos y la propia realidad. Sustituir al chavismo después de 12 años de un régimen que ha desnaturalizado la democracia, no se reducirá a la ceremonia protocolar del cambio de banda presidencial. Éste sería en todo caso el comienzo de un proceso laborioso para desmontar estructuras políticas abiertamente antidemocráticas.

Para abordar ese tránsito se requiere un consenso mínimo en torno a cuestiones claves y puntuales que blinde la futura gobernabilidad, por encima de un eventual reparto burocrático. Una concertación de este tipo facilitaría incluso la selección del candidato presidencial, y contribuiría a la activación de sectores no siempre comprometidos con la política militante. Esa fue la experiencia del Pacto de Puntofijo en Venezuela (que fue tomado en cuenta para el Pacto de la Moncloa en la España postfranquista); del Frente Nacional entre liberales y conservadores en Colombia; de la sucesión de los gobiernos militaristas en Perú en 1979; del regreso a la democracia en Argentina en 1983; de la exitosa concertación chilena frente a Pinochet; y del acuerdo que en 1990 puso fin a la etapa sandinista con la victoria de Violeta Chamorro en Nicaragua, entre otros. Más allá de los atributos del candidato ganador e incluso de la fuerza que éste haya acumulado durante su campaña y el volumen de su votación final, es indispensable una oferta de transición que asegure un apoyo nacional en el corto plazo. Sólo de esta manera la gestión postchavista contaría con garantía de gobernabilidad y la seguridad para el éxito de sus políticas de recomposición nacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario