AL COMPAS DE LOS DIAS
RADICALIZACIÓN (I)
25/11/2010
MANUEL FELIPE SIERRA
¿Qué significa una mayor “radicalización” del proceso chavista? Chávez suele utilizar la palabra (el acto antiimperialista en la AN del martes es un ejemplo de ello), para alimentar la “firmeza revolucionaria” de sus partidarios; y algunos voceros críticos la usan para vender el consuelo de que no todo está perdido.
El hecho cierto es que Chávez ha avanzado hasta donde ha podido. Sus aparentes retrocesos (propios de una elemental formación militar) no son inducidos por el miedo a la fortaleza del contrario sino pasos condicionados por una valoración de la realidad concreta.
Chávez ya dispone de un ropaje legal más que suficiente para blindar su modelo; maneja los poderes públicos y controla casi todas las fuerzas productivas. ¿En qué ámbitos requiere entonces de la radicalización? Ciertamente, el chavismo-comunismo no es una reproducción fotográfica de los regímenes del “socialismo real” soviético o cubano. ¿Pero es acaso posible un calco fiel y exacto de aquellas experiencias en estos tiempos? Ahora, las versiones neocomunistas pueden alcanzar sus objetivos supremos asumiendo, incluso, valores de la democracia como las elecciones abiertas y cierta libertad de expresión.
No es casual que las medidas económicas que anuncia Raúl Castro en Cuba como signos de una apertura, se parezcan a los lineamientos del proyecto económico anunciado hace unos días por el ministro Giordani. Como lo señala el diario “Granma”, el castrismo regresa a políticas consideradas hasta ahora como “aberraciones capitalistas”.
No obstante, una parte de la dirigencia opositora considera que todavía no ha llegado el temible lobo rojo del neocomunismo. Para que ello ocurra faltaría el cierre de Globovisión; la anulación de la labor de los nuevos parlamentarios de la AN ; la confiscación de la venta de perroscalientes y que se produzcan expropiaciones masivas de los apartamentos de la clase media, para asumir (¡ahora sí desde una irremediable indefensión!), que la revolución se ha radicalizado y que estamos a las puertas del infierno totalitario. Tal visión conduce a dos cosas: se le despeja al régimen el camino para seguir avanzando sin obstáculos en la búsqueda de sus metas finales; y se pospone una eficaz definición estratégica para la lucha de la sociedad democrática, ante desafíos inéditos y extremadamente exigentes.
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