sábado, 10 de septiembre de 2011

RADICALIZACION (II)

AL COMPAS DE LOS DIAS
RADICALIZACION (II)
1/12/2010
MANUEL FELIPE SIERRA


La “radicalización” del régimen obligaría a la dirigencia opositora a una mejor comprensión de la realidad política. Sólo de esta manera sería posible articular respuestas eficaces para el rescate de la democracia. Pareciera, sin embargo, que existen sectores del mundo crítico que todavía consideran al chavismo como una versión folklórica del castro-comunismo, o un gobierno, que si bien es autoritario, está comprometido con la alternabilidad.

Por esa vía se estima que la caída de la popularidad y credibilidad de Chávez bastaría por sí sola para abrir paso el 2012 a un gobierno distinto. Sería cosa de esperar dos años sin confrontarlo, según una curiosa teoría mercadotécnica,  para confiar en su desgaste y en su inevitable derrota.  


Según este razonamiento, Chávez “se iría a la ducha” como los boxeadores, y un nuevo mandatario (después de recibir la banda presidencial del vencido), encabezaría un gobierno eficiente, tolerante y  respetuoso de la Constitución. El chavismo habría sido un nefasto paréntesis histórico solamente, y regresaríamos entonces a los buenos modales de la política. 

Más de un dirigente con figuración protagónica apuesta de buena fe a ese escenario. De allí que desde ahora se monte la consabida estructura electoral: comando de estrategia, encuestadora, plan de medios y un buen equipo para la recolección de fondos. Luego vendría la afinación de la imagen siempre en armonía con lo que digan los estudios de opinión pública. De este modo,  de ganar en “la guerra de las encuestas”, se habría asegurado ya la victoria en las urnas. 

Chávez mientras tanto haría lo propio y se comprometería con las mismas reglas de juego: campaña de altura, respeto al adversario, a las normas del CNE y compromiso de acatar los resultados aunque le sean adversos y al reestablecimiento de la relación gobierno-oposición conforme a la convivencia civilizada.

Este diseño sería inobjetable y pertinente si no hubieran transcurrido doce años de la instalación de un régimen que alteró, prostituyó y se burló de las instituciones, y que ahora controla los poderes públicos, las palancas económicas,  espacios de la sociedad y utiliza a las Fuerzas Armadas, debidamente reconvertidas a su conveniencia, como el instrumento para un propósito demasiado claro y confeso: perpetuarse en el poder. ¿Todo está perdido?

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