Fabula Cotidiana
VAIVÉN DE LA OEA
20/07/2010
Manuel Felipe Sierra
En sólo doce meses la OEA sufrió un cambio dramático. En junio del 2009 en la asamblea de San Pedro Sula, Honduras la organización demostró responder a la influencia de los países del ALBA encabezado por Venezuela. En una sorpresiva resolución se exhortó el regreso de Cuba al seno del organismo, de donde fue excluida en los años sesenta.
La invitación le ofreció a Raúl Castro la oportunidad de la revancha. El gobierno de La Habana respondió que no era prudente el retorno a una casa que había abandonado durante un buen tiempo sin que ello hubiese comprometido la sobrevivencia de la revolución. Se trataba, sin embargo, de un signo de la recomposición política que sufría el viejo “ministerio de colonias” de los Estados Unidos. A los días, la crisis desatada en Honduras con la salida de Manuel Zelaya armó el escenario para una diligente actuación de manos de su secretario general José Miguel Insulza. Sin conocimiento de los hechos ni intermediación previa se condenó como “golpe de estado” la decisión de los poderes hondureños que designaron a Roberto Micheletti presidente encargado. Se decretó un cerco y se aplicaron severas sanciones económicas y diplomáticas a la nación centroamericana; mientras otros órganos actuaban en la misma dirección decretando de esta manera una segura y rápida extinción del gobierno de facto. Las resoluciones demostraban que la OEA estaba en manos del ALBA de manera directa o indirecta. Los países de la alianza (Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Antigua y Barbuda, Mancomunidad de Dominica, San Vicente y las Granadinas) influían sobre un conjunto de países permisivos aunque no plenamente solidarios con los objetivos de la propuesta. Chile, Uruguay, Brasil, República Dominicana, Guatemala y El Salvador apostaban a la defensa de la unidad y los principios generales de la organización. El comportamiento de la OEA también se correspondía con una nueva realidad política: buena parte de los gobiernos nacidos del voto se entusiasmaban con la moda de prolongar los mandatos presidenciales. Cobraba fuerza la tendencia señalada por Fernando Mires de los “golpes desde el Estado”, es decir, a partir de la legitimidad de origen se avanzaba en la deslegitimación de desempeños. Chávez había exportado una fórmula más que tentadora. Se proponía una suerte de “combo Mc Donald`s” que consistía en ampliar las victorias electorales mediante procesos constituyentes, de los cuales nacían nuevas constituciones; y éstas habrían de asegurar luego las reelecciones presidenciales de manera indefinida.
Precisamente, el afán reeleccionista de Zelaya había provocado la crisis de Honduras que finalmente fue solventada por la propia decisión democrática de los hondureños en contraposición al tutelaje de los organismos internacionales. En otros contextos, la fórmula había funcionado sin problemas como en Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Sin embargo, en la medida que el proyecto chavista pasaba de los reacomodos políticos al ámbito económico, las cosas habrían de complicarse. La experiencia revolucionaria venezolana no es factible en otras naciones y menos aún sin que ella produzca una reconversión a fondo de las fuerzas militares. Rafael Correa en Ecuador, hizo aprobar un texto constitucional que recoge demandas populares y ha facilitado impulsar algunos cambios significativos. No obstante, no ejerce el control hegemónico de los poderes ni tampoco tiene influencia decisoria en la institución castrense. Evo Morales en Bolivia agotó una agenda de cambios nada novedosos en la movediza arena histórica de su país, pero le resultará difícil avanzar hacia la configuración de un modelo totalitario; y Daniel Ortega en Nicaragua no pudo en los años 80 (en el marco de la Guerra Fría ) imponer la versión del socialismo soviético-cubano; y menos podrá ahora cuando no se lo propone y gobierna en alianza con sus enemigos históricos.
Al mismo tiempo los aliados indirectos del ALBA tienden a alejarse de la propuesta en virtud de sus propias dinámicas nacionales como ocurrió en Chile con la elección de Sebastián Piñera, y como posiblemente ocurra en Brasil y Argentina en los próximos meses. De esta manera, las expectativas creadas por el ALBA languidecen inevitablemente y la plataforma se reduce en los hechos a los socios iniciales: Cuba y Venezuela. No es de extrañar entonces que el 2010 Chávez haya sido sentado en el banquillo de los acusados de la OEA señalado por Álvaro Uribe por sus vinculaciones con la narcoguerrilla. Hace tres años cuando las computadoras dejadas por Raúl Reyes pusieron en claro estas relaciones, Uribe se abstuvo de concretarlas por la mediación de otros gobiernos y la amenaza se disolvió en un abrazo forzado de los dos mandatarios.
El hecho de que el tema haya sido reactualizado y planteado formalmente ante la OEA , demuestra un cambio notable en el organismo y al mismo tiempo evidencia el retroceso de la estrategia chavista, que pudo avanzar en la medida que no mostraba sus propósitos finales ni su verdadera contextura. En cualquier caso, una cosa es cierta: José Miguel Insulza, ya ratificado como Secretario General, ha demostrado la propiedad del corcho para flotar al vaivén de las más furiosas tormentas.
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