Fabula Cotidiana
VIENTOS DE GUERRA
27/07/2010
Manuel Felipe Sierra
El 11 de septiembre de 1952, la fragata colombiana “Almirante Padilla” realizó ejercicios de tiro en la zona de Los Monjes en el Golfo de Venezuela. El gobierno de Bogotá alegaba que según el libro Límites de la República de Colombia, el área pertenecía a ese país ya que no existía opinión en contrario.Se desconocía que en junio de 1951 la Junta de Gobierno presidida por Germán Suárez Flamerich emitió el decreto 240 que incluye el archipiélago en jurisdicción nacional. Cuando en Caracas se conoció de las maniobras en la zona se activó la “Operación Caimán”. El teniente coronel Marcos Pérez Jiménez miembro de la Junta y además ministro de la Defensa hizo un balance del poder relativo de combate de las fuerzas armadas de Colombia con las venezolanas. El cual según el oficial Félix Efraín Salas Izaguirre planteó de la siguiente manera: Colombia poseía dos destructores y 5 fragatas, un mayor número de efectivos terrestres, reservas entrenadas y profesionales bien capacitados. Venezuela disponía de 4 corbetas en mal estado; mayor poder de fuego individual por la dotación de fusiles automáticos livianos (FAL) y una aviación muy superior con “camberras”, “venom” y “vampiros”. Pérez Jiménez decidió llamar al servicio a las tropas excedentes, reforzar la frontera occidental y ocupar militarmente Los Monjes”. El 22 de noviembre el gobierno de Roberto Urdaneta Arbeláez declaraba: “Colombia no objeta la soberanía de los Estados Unidos de Venezuela sobre el archipiélago de Los Monjes y en consecuencia, no se opone ni tiene reclamación alguna que formular al respecto”.
Después de un largo paréntesis en 1965 durante los gobiernos de Raúl Leoni y Carlos Lleras Restrepo se retomó el asunto limítrofe a nivel de los ministros de petróleo para avanzar criterios sobre las reservas de crudo en el área ante una oferta de exploración y explotación hecha por compañías extranjeras. Las comisiones técnicas consideraron finalmente incompatibles los criterios delimitadores objeto de las conversaciones.
En los gobiernos de Rafael Caldera y Misael Pastrana Borrero comienzo de los años 70, se reiniciaron gestiones en el mismo sentido. Salvo la primera las reuniones siguientes se celebraron en Roma. El negociador venezolano fue Carlos Sosa Rodríguez y su contraparte colombiana Carlos Gustavo Arrieta y luego Germán Zea. Los contactos trascendieron a a la prensa y generaron un ruido inconveniente y las cancillerías de ambos países acordaron aplazar el diálogo para una ocasión mas propicia. En 1974 los presidentes Carlos Andrés Pérez y Alfonso López Michelsen iniciaron en firme una ronda de negociaciones. Jugaba a favor de un acuerdo en este caso las relaciones personales y la identificación política de los mandatarios, y la gestión oficiosa de Carlos Pérez Norzagaray, empresario colombiano con profundo conocimiento de los dos países. Durante meses se trabajó sobre la propuesta de López del “Condominio del Golfo” que suponía la exploración petrolífera conjunta. Pérez sometió un proyecto de acuerdo a consulta de los partidos; se produjo un intenso debate pero al final privó el criterio de remitir el asunto a futuros gobiernos.
La llamada “Hipótesis de Caraballeda” durante los gobiernos de Luis Herrera Campíns y Julio César Turbay Ayala n los 80, se consideró el esquema más equitativo logrado hasta entonces para una solución del diferendo. La dirigencia política venezolana le ofreció un tácito apoyo, pero se activo el rechazo de grupos ultranacionalistas que contaminaron la opinión pública. El 28 de octubre de 1980 en una asamblea de más de dos mil oficiales de alta graduación en Fuerte Tiuna, se leyó el proyecto del acuerdo previo. El rechazo fue fulminante pero se llegó más allá: se criticó ferozmente el hecho mismo de “negociar con Colombia”.
El gobierno de Jaime Lusinchi debió asumir el tema con mayor discreción porque además de la resistencia de la opinión pública estaba reciente la repulsa militar a la hipótesis de Caraballeda. En Colombia gobernaba Virgilio Barco y la elite política de ese país insistía en replantear el tema limítrofe, mientras las relaciones se complicaban por los problemas sociales de la frontera y la aparición del fenómeno del narcotráfico. En agosto de 1987 la corbeta “Caldas” incursionó en aguas del Golfo. No se trataba de una presencia accidental sino que la acción se vinculaba con un clima de agitación en Colombia que estimaba oportuno el abordaje de nuevo de la situación limítrofe. Edgar C. Otálvora refiere: “las autoridades militares venezolanas, en sus evaluaciones del día 12 de agosto 1987, estimaron que el ingreso de la “Caldas” a aguas del sur del paralelo de Castilletes era una acción del gobierno colombiano buscando crear una situación prebélica que “internacionalizara” el conflicto limítrofe; el gobierno colombiano había tomado la iniciativa militar basada en la sorpresa por cuanto la corbeta realizaba actos de ejercicios de autoridad en aguas que Venezuela considera fuera de toda disputa”. Luego de varios días de tensiones y negociaciones nerviosas en Caracas y Bogotá, el lunes 17, el presidente Barco leyó un mensaje que culminaba de la siguiente manera: “el gobierno colombiano debe reiterar, como lo ha hecho el día de hoy en mensaje entregado al embajador de Venezuela en Bogotá, su posición respecto los derechos que le asisten en el Golfo de Venezuela”.
En el 2010 surgen nuevos vientos de guerra. Las recurrentes fricciones entre los gobiernos de Hugo Chávez y Álvaro Uribe dan paso a la denuncia del régimen venezolano ante la OEA por vinculaciones con la narcoguerrilla; y Chávez como respuesta decide la ruptura de unas relaciones diplomáticas ya demasiado maltrechas. En este caso no esta en juego como en el pasado el tema del Golfo ni tampoco la gravedad de las tensiones de una “frontera viva” cruzada de problemas. La explicación para un eventual conflicto armado es más bien curiosa. Los venezolanos habrían de combatir llegado el momento en defensa de grupos guerrilleros que violan la soberanía y que obedecen a razones políticas e ideológicas y que operan como brazo armado del narcotráfico y el terrorismo. No siempre es fácil entender la historia y menos aún la guerra.
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