“No
hay estadísticas serias sobre las muertes violentas”, sostiene Soraya Achkar
secretaria del Consejo General de Policías. Mientras tanto la Misión a Toda Vida
Venezuela presentada con bombos y platillos recientemente por Chávez carece de
líneas coherentes para enfrentar la inseguridad. Convencido de que el tema se
ha convertido en la preocupación fundamental de los venezolanos, Chávez trata
ahora de orientarlo en función electoral. ¿Pero cuál es en verdad la dimensión
de un problema que siega la vida de cientos de venezolanos todos los días en
los más diversos lugares del país?
Ciertamente
se trata de un problema que trasciende las fronteras nacionales y que cobra
enorme fuerza con la expansión del narcotráfico y sus delitos conexos en
América Latina. Pero en el caso venezolano, la responsabilidad fundamental
recae en el régimen. Enfrentar un problema de esas dimensiones, o como el
terrorismo por ejemplo, requiere de un esfuerzo nacional que comprometa a
sectores de la sociedad en políticas comunes y de concertación. De esta manera
se ha enfrentado la violencia en Colombia; se encara “la guerra de los carteles” en
México, y la proliferación de las “maras” en Centroamérica. Sin embargo, el
régimen chavista con una visión sectaria y excluyente de la sociedad resulta
incapaz de promover iniciativas de este tipo. La propia naturaleza autocrática
del régimen impide articular políticas eficientes. Ello no será posible con
cuerpos policiales politizados y contaminados por la corrupción; con una
justicia que no tiene independencia y responde a un proyecto ideológico; con un
sistema penitenciario que es escuela de delincuentes y cuya reestructuración
solicitada por el Parlatino, es negada por los entes oficiales; con un discurso
presidencial violento y discriminatorio, y con una sistemática predica guerrerista.
Cabría
añadir también que la permisividad del régimen con los grupos guerrilleros
colombianos le abrió a éstos las puertas del país para que lo convirtieran en
zona de retaguardia, y trasladaran prácticas y formas delictivas propias de la
larga violencia que ha vivido el país vecino. Como si fuera poco ello supone
también la presencia en el país de los grupos paramilitares y otras
organizaciones delictivas todas identificadas por su escaso respeto por la vida
ajena. Con este cuadro el anuncio de Chávez no pasa de ser una oportunista
exhortación electoral. En Venezuela ya, como decía la ranchera del camino de Guanajuato
“la vida no vale nada”.
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