lunes, 20 de junio de 2016

ANÁLISIS

GOBERNABILIDAD EN LAS CRISIS

¿Qué es en  verdad la gobernabilidad? En torno al tema se cruzan interpretaciones y opiniones diversas, pero literalmente la palabra significa “calidad, Estado y propiedad de ser gobernado”.  Es un término que ha ido aparejado a los cambios que se generan en los procesos históricos y en la naturaleza de los gobiernos, y generalmente se aplica  a los estados y gobiernos de esencia democrática. Se supone que una buena democracia debería actuar en función de su legitimidad, concediendo el papel central a los ciudadanos, con una visión clara sobre la sociedad en la que actúa y en función de ella adaptar  la gestión pública.

El término generalmente se confunde con gobernanza, hasta el punto de que suelen manejarse como sinónimos. Para los estudiosos la gobernanza (palabra muy en boga  en la información política) estaría referida fundamentalmente  a la calidad de respuesta que ofrece el Estado o los gobiernos, mientras que la gobernabilidad estaría asociada a la capacidad técnica y política de un Estado  para ofrecer soluciones eficientes a las demandas de la sociedad.

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficacia y legitimidad del sistema político en las sociedades capitalistas ya era una materia de atención, el uso del vocablo ingresa en la agenda de los políticos y estudiosos a mediados de los años sesenta, junto con las crisis de las economías desarrolladas, la emergencia de los nuevos movimientos sociales y el agotamiento del llamado “Estado de Bienestar.” Según el académico  Adrian Acosta Silva: “Hacia fines de la década de los sesenta, las democracias occidentales experimentaron un conjunto de fenómenos que presagiaban el fin de una época y el nacimiento de otra. “El mayo francés”; los movimientos pacifistas en Inglaterra; las marchas contra la intervención militar norteamericana en Vietnam; la crisis de las ideologías; el agotamiento del modelo del Estado Benefactor y  la caída de los precios del petróleo, fueron expresiones  de que los desequilibrios económicos internos e internacionales planteaban cambios profundos; y de que las sociedades y los Estados enfrentaban el agotamiento de un patrón de desarrollo pero que todavía no alcanzaban a definir los perfiles de otro”.

En el escenario actual sin duda el sistema de partidos entro en crisis y  fue rebasado por una sociedad civil más demandante y participativa y por los medios de comunicación  como actores políticos.  La crisis de los partidos (Venezuela es un caso elocuente) implicó  el surgimiento de formas no democráticas de legitimación que los hizo incapaces de promover los cambios sociales,  además de  la emergencia de grupos excluidos que contradicen el orden establecido. Para el teórico argentino  Antonio Camou: “La palabra gobernabilidad hace poco más de quince años no aparecía en ningún tratado especializado ni siquiera en los diccionarios más conocidos”. El académico se pregunta qué hay debajo o detrás de esta palabra ¿Se trata de un viejo problema en términos nuevos o estamos ante una manera distinta de ver las cosas?

Francis Fukuyama simplifica la discusión: “La democracia como sistema político y moral sigue siendo la única alternativa legitima. Yo no creo que haya ninguna manera posible de organizar la sociedad moderna distinta de la combinación de mercados, estados liberales de derecho y rendición democrática de cuentas. De hecho, las divisiones más importantes en el mundo no se producen entre la democracia y algún supuesto competidor, sino entre distintas calidades de democracias: aquellas altamente incompetentes y que no pueden entregar servicios básicos  a sus pueblos, y las que si lo pueden hacer”. Para el famoso especialista japonés hay un ejemplo a la mano: “China es un país autoritario pero diferente a Rusia, precisamente porque su gobierno construido sobre una larga tradición burocrática es más sensible y tiene mejor sentido de interés público. A menudo la razón por la que monitorean internet es en verdad para encontrar de qué se están quejando las personas para así poder ajustar las políticas, cumplir con las demandas y detener las protestas antes de que deriven en violencia”.
El caso Venezuela
El sociólogo y asesor de CEDICE Trino Márquez opina sobre la gobernabilidad en el país: “Venezuela vive un periodo de violencia e ingobernabilidad por factores que se combinan por primera vez en la historia contemporánea: deterioro vertiginoso de la calidad de vida provocado por una crisis económica y social reflejada en la inflación más alta de la historia nacional; escasez y desabastecimientos desconocidos, tanto de alimentos de primera necesidad como de medicinas que generan interminables colas. Unido a esto, cortes intempestivos y prolongados de los servicios de agua y luz y quiebra del sistema de salud, acompañados del auge de la delincuencia, la impunidad rampante y la inseguridad personal generalizada”. Márquez destaca: “Por otro lado, encontramos la fractura institucional que ha desatado un enfrentamiento sórdido del Presidente de la República, el TSJ y un sector de la cúpula militar con el Poder Legislativo; es decir, con la mayoría de la población. Para restablecer la gobernabilidad, el primer paso tendría  que ser el cambio de modelo y de régimen, para lo cual  la única vía es la activación del mecanismo del referéndum revocatorio  en los plazos y las condiciones como lo establece la Constitución Bolivariana”.

El abogado y especialista en mediación de conflictos Gustavo Velázquez sostiene: “El tema de la gobernabilidad obliga al sector publico en este caso a estimular un conjunto de condiciones institucionales, políticas, sociales y económicas, que permitan a los organismos públicos el desempeño eficaz de sus funciones, para de esta manera dar  respuesta y espacio a las necesidades o intereses de los diferentes sectores que hacen vida en determinadas instancias nacionales, regionales o locales”. En conclusión: un asunto de gobernabilidad y gobernanza.
 






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