GOBERNABILIDAD EN LAS CRISIS
¿Qué es en verdad la gobernabilidad? En torno al tema se
cruzan interpretaciones y opiniones diversas, pero literalmente la palabra
significa “calidad, Estado y propiedad de ser gobernado”. Es un término que ha ido aparejado a los
cambios que se generan en los procesos históricos y en la naturaleza de los
gobiernos, y generalmente se aplica a
los estados y gobiernos de esencia democrática. Se supone que una buena
democracia debería actuar en función de su legitimidad, concediendo el papel
central a los ciudadanos, con una visión clara sobre la sociedad en la que
actúa y en función de ella adaptar la
gestión pública.
El término
generalmente se confunde con gobernanza, hasta el punto de que suelen manejarse
como sinónimos. Para los estudiosos la gobernanza (palabra muy en boga en la información política) estaría referida
fundamentalmente a la calidad de
respuesta que ofrece el Estado o los gobiernos, mientras que la gobernabilidad
estaría asociada a la capacidad técnica y política de un Estado para ofrecer soluciones eficientes a las
demandas de la sociedad.
Si bien es
cierto que la discusión sobre la eficacia y legitimidad del sistema político en
las sociedades capitalistas ya era una materia de atención, el uso del vocablo
ingresa en la agenda de los políticos y estudiosos a mediados de los años
sesenta, junto con las crisis de las economías desarrolladas, la emergencia de
los nuevos movimientos sociales y el agotamiento del llamado “Estado de Bienestar.”
Según el académico Adrian Acosta Silva: “Hacia
fines de la década de los sesenta, las democracias occidentales experimentaron
un conjunto de fenómenos que presagiaban el fin de una época y el nacimiento de
otra. “El mayo francés”; los movimientos pacifistas en Inglaterra; las marchas
contra la intervención militar norteamericana en Vietnam; la crisis de las
ideologías; el agotamiento del modelo del Estado Benefactor y la caída de los precios del petróleo, fueron
expresiones de que los desequilibrios
económicos internos e internacionales planteaban cambios profundos; y de que
las sociedades y los Estados enfrentaban el agotamiento de un patrón de desarrollo
pero que todavía no alcanzaban a definir los perfiles de otro”.
En el escenario
actual sin duda el sistema de partidos entro en crisis y fue rebasado por una sociedad civil más demandante
y participativa y por los medios de comunicación como actores políticos. La crisis de los partidos (Venezuela es un
caso elocuente) implicó el surgimiento
de formas no democráticas de legitimación que los hizo incapaces de promover
los cambios sociales, además de la emergencia de grupos excluidos que contradicen
el orden establecido. Para el teórico argentino
Antonio Camou: “La palabra gobernabilidad hace poco más de quince años
no aparecía en ningún tratado especializado ni siquiera en los diccionarios más
conocidos”. El académico se pregunta qué hay debajo o detrás de esta palabra ¿Se
trata de un viejo problema en términos nuevos o estamos ante una manera
distinta de ver las cosas?
Francis Fukuyama
simplifica la discusión: “La democracia como sistema político y moral sigue
siendo la única alternativa legitima. Yo no creo que haya ninguna manera
posible de organizar la sociedad moderna distinta de la combinación de
mercados, estados liberales de derecho y rendición democrática de cuentas. De
hecho, las divisiones más importantes en el mundo no se producen entre la
democracia y algún supuesto competidor, sino entre distintas calidades de
democracias: aquellas altamente incompetentes y que no pueden entregar
servicios básicos a sus pueblos, y las
que si lo pueden hacer”. Para el famoso especialista japonés hay un ejemplo a
la mano: “China es un país autoritario pero diferente a Rusia, precisamente
porque su gobierno construido sobre una larga tradición burocrática es más sensible
y tiene mejor sentido de interés público. A menudo la razón por la que
monitorean internet es en verdad para encontrar de qué se están quejando las
personas para así poder ajustar las políticas, cumplir con las demandas y
detener las protestas antes de que deriven en violencia”.
El caso Venezuela
El sociólogo y asesor de CEDICE
Trino Márquez opina sobre la gobernabilidad en el país: “Venezuela vive un
periodo de violencia e ingobernabilidad por factores que se combinan por
primera vez en la historia contemporánea: deterioro vertiginoso de la calidad
de vida provocado por una crisis económica y social reflejada en la inflación
más alta de la historia nacional; escasez y desabastecimientos desconocidos,
tanto de alimentos de primera necesidad como de medicinas que generan
interminables colas. Unido a esto, cortes intempestivos y prolongados de los
servicios de agua y luz y quiebra del sistema de salud, acompañados del auge de
la delincuencia, la impunidad rampante y la inseguridad personal generalizada”.
Márquez destaca: “Por otro lado, encontramos la fractura institucional que ha
desatado un enfrentamiento sórdido del Presidente de la República, el TSJ y un
sector de la cúpula militar con el Poder Legislativo; es decir, con la mayoría
de la población. Para restablecer la gobernabilidad, el primer paso
tendría que ser el cambio de modelo y de
régimen, para lo cual la única vía es la activación del mecanismo del referéndum revocatorio en los plazos y las condiciones como lo
establece la Constitución Bolivariana”.
El abogado y especialista en
mediación de conflictos Gustavo Velázquez sostiene: “El tema de la
gobernabilidad obliga al sector publico en este caso a estimular un conjunto de
condiciones institucionales,
políticas, sociales y económicas, que permitan a los organismos públicos el
desempeño eficaz de sus funciones, para de esta manera dar respuesta y espacio a las necesidades o
intereses de los diferentes sectores que hacen vida en determinadas instancias
nacionales, regionales o locales”. En conclusión: un asunto de gobernabilidad y
gobernanza.
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