lunes, 27 de noviembre de 2017

                                                                 ANÁLISIS

                                   MUNICIPALES, MEGACRISIS Y GALLEGOS

MANUEL FELIPE SIERRA

Desde el jueves 23 y hasta la medianoche del 7 de diciembre se activa la campaña electoral para la elección de 335 alcaldes y el nuevo gobernador del Zulia el 10 de diciembre. Para los rectores del CNE se han tomado todas las previsiones indispensables para asegurar la plena participación de los votantes en la consulta municipal. Según la presidenta del ente rector, Tibisay Lucena  un total de 18 de los 22 partidos políticos de carácter nacional que existen en el país se inscribieron  en el proceso de postulaciones, lo cual representa el ochenta y dos por ciento  del total de organizaciones nacionales debidamente registradas.
Si bien organizaciones como Primero Justicia (PJ), Acción Democrática (AD) y Voluntad Popular (VP), tres factores importantes en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no inscribieron aspirantes- a diferencia de lo ocurrido para la consulta regional del pasado 15 de octubre-   no han llamado tampoco a la abstención militante. Incluso algunos de sus miembros más conocidos se han postulado para alcaldías en todo el país con el apoyo de otros partidos y en los municipios metropolitanos auspiciados  por organizaciones vecinales y de la sociedad civil.  Un total de 4.800 postulaciones (4.016 son hombres y 784 mujeres) fueron recibidas por el ente electoral, lo cual revela un significativo interés por la participación en la consulta.
El 10 de diciembre se trata de una elección municipal las cuales generalmente registran mayores porcentajes de ausentismo que las mediciones nacionales y regionales pero en este caso inscritas en un cuadro político de naturaleza especial. La llamada crisis nacional que ya desborda cualquier comparación con situaciones similares  ocurridas anteriormente e incluso en  el contexto latinoamericano, se ha agravado sensiblemente en los últimos días con el brutal desajuste de los precios de productos ya no solo básicos, sino de consumo general y su reflejo en el encarecimiento de los servicios. La Ley Constitucional de Precios Acordados aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que establece las condiciones de venta de algunos rubros tras consensos de sectores públicos y privados, desde el primer día aparece desbordada a nivel del consumidor sin que existan respuestas creíbles y eficaces para su verdadero control. No es la primera vez que frente al desbordamiento de los niveles inflacionarios se adoptan medidas parecidas, que si bien resultan convenientes y necesarias, sin embargo  carecen de aplicabilidad y eficacia.
FUERA DE CONTROL
Se sabe que el cuadro hiperinflacionario que ya vive el país no guarda relación directa con procesos similares vividos en los años ochenta por los países del Cono Sur y otras naciones, sino que es la complicación al máximo de distorsiones estructurales de la economía   que no serán  facialmente resueltas con las recetas convencionales de los organismos multilaterales como las popularizadas años atrás ante el fenómeno de la deuda externa. A diferencia de aquellas, Venezuela  conoce ahora  el agravamiento cotidiano de una descomposición social  que ya trasciende la habitual comparación de los niveles de delincuencia común y que conforma un entramado delictivo que maneja enormes recursos económicos y que además cuenta con capacidad armada, tal como opera actualmente en el centro del país y en las regiones fronterizas.
El reciente enjuiciamiento y detención del alto nivel de la empresa Citgo, la “estrella de la corona” de PDVSA por diversos delitos de peculado doloso propio, concierto de funcionarios públicos con contratistas, legitimación de capitales y asociación para delinquir  mediante investigación de la Fiscalía General de la República es un hecho que cobra enorme importancia para comprender la gravedad de la corrupción que carcome al Estado y que se añade a las complicaciones de otro orden que han convertido al  “Caso Venezuela” en  el centro de atención de la comunidad internacional, lo cual generalmente suele desembocar en acciones prácticas como sanciones, medidas económicas restrictivas sin descartar incluso la indeseable injerencia política y militar.
Si bien el resultado de las elecciones municipales que parecen poco distantes del arrojado en las recientes elecciones de gobernadores contribuiría a bajar las tensiones políticas y a facilitar las negociaciones que próximamente realizarán gobierno y oposición en República Dominicana, el hecho cierto es que la complicación casi terminal de la crisis que asfixia a los venezolanos sólo será posible mediante decisiones y respuestas producto de un consenso en el cual participen, además de  las expresiones políticas que hoy  lucen sobrepasadas por los acontecimientos, también  el mayor número posible de factores sociales y económicos de la nación.
UN 24 DE NOVIEMBRE
El viernes 24 de noviembre se conmemoraron 69 años del derrocamiento de Rómulo Gallegos el primer presidente electo por el voto directo universal y secreto. Se trató de  un acontecimiento que marca un importante deslinde histórico. Ese día se puso término a una breve experiencia de vida democrática (45-48) que abrió las puertas a la participación de la mayoría de los venezolanos en el debate político  y el inicio de cambios ya inaplazables en el orden económico y social, pero también el advenimiento de una dictadura militarista, moderna con propuestas desarrollistas  que implicaban el regreso a la oscuridad de la época gomecista. Varios factores contribuyeron al golpe de Estado: se imponía el proyecto militarista de Pérez Jiménez y sus compañeros del 18 de octubre de 1945; Gallegos se negaba a negociaciones pragmáticas; Acción Democrática había ejercido el poder de manera sectaria  y hegemónica; y los partidos de oposición, sin proponérselo, terminaron estimulando la acción golpista. Como señala la historiadora Felicitas López Portillo: “la democracia no estaba en pañales sino en gestación”. Faltaban 10 años para el alumbramiento del 23 de enero de 1958.



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