martes, 11 de septiembre de 2018

ANÁLISIS ¿SE ACERCA LA INTERVENCIÓN?

ANÁLISIS
¿SE ACERCA LA INTERVENCIÓN?
MANUEL FELIPE SIERRA

Cada cierto tiempo cobra espacio en la prensa, y en las copiosas especulaciones de las redes sociales la posibilidad de una invasión a Venezuela como medida para solventar la crisis. Así ocurrió el 2016 y 2017 cuando se aseguraba que la OEA aplicaría los términos de la Carta Democrática Interamericana de Lima como un paso previo para una incursión concertada de la Organización alegando  la desnaturalización del Estado de Derecho y las reglas del juego democrático. En aquel momento la iniciativa no tuvo éxito y consistía en una propuesta porque aunque ya existía, el éxodo masivo de venezolanos no aparecía como noticia relevante. Luego la convocatoria a una Constituyente considerada “ilegitima” por la oposición; la realización de un plebiscito popular por la MUD en desconocimiento al régimen; las elecciones regionales y de concejales y la confrontación de poderes entre la AN y la ANC con el tema de la designación de magistrados del TSJ con la destitución de la Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz; así como las acciones opositoras de calle durante varios meses con un alto saldo de muertos, heridos y destrucción material en varias ciudades, se consideraron elementos suficientes para retomar entre las sanciones contra el gobierno (ya se habían aplicado restricciones  en materia económica y energética por parte de Trump) la posibilidad de una intervención con consenso continental.

ALMAGRO Y URIBE
A comienzos del 2018 la convocatoria a la elección presidencial obviamente con el interés del oficialismo de aprovechar recientes resultados electorales; el fracaso de los intentos de diálogo entre la oposición y el gobierno en República Dominicana;  la reelección del mandatario en un consulta desconocida también por la oposición pero ahora con apoyo de varios gobiernos encabezado por Estados Unidos; y además la activación del  “Grupo de Lima” cuyas resoluciones debilitaron su aplicación por la destitución del gobernante peruano Pedro Pablo Kuczynski, voceros de la oposición en el exterior estimulados por la constante predica del secretario general del OEA Luis Almagro reactivaron rápidamente la propuesta. En los últimos días las dimensiones adquiridas por la diáspora hacia países vecinos incapaces de digerir un aluvión humano de esta naturaleza y el disparo hiperinflacionario con el consiguiente agravamiento de los problemas económicos y sociales, la posibilidad ingenuamente salvadora de la presencia de fuerzas extranjeras (en un reconocimiento de la diligencia opositora del fracaso de sus tácticas, pese a contar con el apoyo de la mayoría de los venezolanos) es asumida nuevamente pero ahora con mayor fuerza toda vez que el tema de las migraciones es altamente sensible  para los países del mundo que padecen las consecuencias de fenómenos semejantes y  por supuesto por los factores de la oposición que realizan una intensa resistencia en el exterior, y que resucitan la necesidad de la “mano amiga de Washington”.
El expresidente colombiano Álvaro Uribe, ha propuesto la conveniencia de una invasión “pacífica y diplomática” frente al riesgo que representa el chavismo-madurismo ya no sólo  para Colombia sino para el  resto de Suramérica la cual ha contado con el apoyo no disimulado de Almagro quien no se sabe por qué razones, asume en este caso el papel que con dignidad y valor asumieron en su momento hombres como Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevalli encabezando con el precio de su sangre la “lucha democrática contra la dictadura”. Un planteamiento lógicamente grato para algunos dirigentes opositores  que se niegan a reconocer su torpeza en desperdiciar la confianza depositada en ellos y que apuestan a salidas “inmediatistas” sin reparar en que según la experiencia histórica ellas suelen tener consecuencias catastróficas no sólo para los gobiernos sino para las poblaciones. En este caso, además estimuladas por el desencanto de amplios sectores ganados por  la incertidumbre y el pesimismo y que añaden junto a su rechazo al régimen su desconfianza en quienes hasta ahora aparecen como portadores de una alternativa de cambio.

LA TENSIÓN FRONTERIZA
En la línea contraria el presidente de Colombia Ivan Duque sostiene que no es pertinente hablar de intervención y que se impone el camino del diálogo y las negociaciones en dos direcciones; frente al problema complejo de las migraciones y ante el cuadro de la situación venezolana que no es nada nuevo para la diplomacia del vecino que  tuvo momentos críticos durante los gobiernos de Uribe. En la misma línea se pronunció el jefe de gobierno español Pedro Sánchez en su reciente visita suramericana y  la cual ya aparece asumida por la mayoría de los países miembros de la Unión Europea. Si bien no se descartan tensiones fronterizas con Colombia y Brasil, tal y como lo advirtió el Ministro de la Defensa estadounidense James Mattis durante su presencia en la zona y las cuales podrían desembocar en una confrontación armada de carácter regional, la versión de la intervención militar tal como se conoció en el pasado no parece viable en el actual contexto aunque Donald Trump como suele decir un diplomático extranjero en Caracas  “es un artefacto político no identificado” pero vale también en este caso la advertencia del líder español Felipe González: “Venezuela no es una isla del Caribe”.

BRASIL: CAMINO INCIERTO
A un mes para las elecciones del 10 de octubre Brasil enfrenta una grave tensión política. La sola posibilidad de que Lula no pueda participar teniendo aún en la cárcel un sostenido apoyo popular y la posibilidad de que en cambio, en una primera vuelta pueda ganar el aspirante de la ultraderecha Jair Bolsonaro víctima de un atentado esta semana más allá del resultado numérico de la consulta abre un proceso impredecible. Es evidente que Lula después de haber gobernado en dos periodos y transferir sus fortalezas en dos ocasiones  a Dilma Rousseff despierta el rechazo de tradicionales factores de poder y especialmente de la cúpula militar que en Brasil cuando actúa suele fijar el rumbo de las naciones sureñas. El triunfo de Bolsonaro complicaría la situación por cuanto se trata de un personaje que según su trayectoria parece más cercano al electroshock que a la ideología, en la línea de los fenómenos electorales propios de la “onda Trump” y cuyas gestiones, en este caso con muchas más razones no aseguran estabilidad ni equilibrio para gobernar.
@manuelfsierra
manuelfsierra@yahoo.com 

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