miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL GENOCIDIO

AL COMPAS DE LOS DIAS

EL GENOCIDIO
5/08/2009
MANUEL FELIPE SIERRA

El genocidio radiofónico, que en una primera etapa afecta a 34 emisoras de las 240 bajo condena de muerte por CONATEL, obliga a dos consideraciones: 1) No es una medida represiva contra medios opositores. Si las estaciones, ahora fuera del aire, hubiesen sido portadoras de una orientación crítica del régimen, tampoco habría justificación para el cierre. ¿Acaso las estaciones oficialistas no operan como voceros propagandísticos de la revolución bolivariana? Las emisoras afectadas responden a una programación convencional que es la única capaz de garantizar ingresos –por la vía de la publicidad- para su sobrevivencia. Ello significa que cuando menos el 90% de su programación se compone de entretenimiento, deportes, música y en menor medida, noticias. Los espacios noticiosos se nutren de fuentes plurales, es decir, circulan noticias que provienen del régimen y de los más diversos sectores. Por lo general, la base de esos noticieros son las denuncias comunitarias, las quejas populares y la participación de los oyentes que son las formas de asegurar el enganche de la audiencia y mayores niveles de sintonía.  Los medios del chavismo, en cambio, subsidiados directa o indirectamente por la publicidad estatal, conciben los espacios de noticias como vehículo para una información unilateral y como mera propaganda política. ¿Acaso esa no es la esencia y sentido de la llamada “hegemonía comunicacional”?



2) La clausura de emisoras procura, además, de impedir la información libre, limpiar el espectro radioeléctrico para ser usado de modo discrecional y en atención a las conveniencias y necesidades del régimen. Cuando se cerró RCTV hace dos años, más que el propósito de sustituirla por un canal competitivo se trataba de apoderarse de una frecuencia de alta cobertura y reconocimiento nacional. El objetivo no es pelear por el rating sino concentrar en CONATEL el mayor espacio libre que se pueda. Cuando en Cuba le tocó el turno a una industria radiotelevisiva pujante (pionera en América Latina), se escogió la fórmula de agrupar los medios confiscados en el “Frente Independiente de Emisoras Libres” (FIEL) que con el tiempo devino en el esquema del medio único. Por esta vía se matan dos pájaros de un disparo: se impone el silencio a la disidencia, y la información ideologizada y dirigida circula sin confrontación alguna.

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