Un día de septiembre de 1991 en la suite presidencial del Waldorf
Astoria de Nueva York, Carlos Andrés Pérez celebraba una reunión no oficial con
George Bush padre en el marco de la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. Pérez
se había comprometido con el mandatario estadounidense a estimular cambios en el
régimen cubano, que entonces vivía el llamado “periodo especial” tras la caída de
la Unión Soviética. Varia gestiones había realizado CAP conjuntamente con
Felipe González (España) Cesar Gaviria
(Colombia) y Carlos Salinas de Gortari (Méjico), para la inserción plena de Cuba
en la comunidad latinoamericana. Antes de poner término a la conversación, Bush
le pregunto a Pérez en tono de sorna: “Por fin Presidente, ¿Cómo van los
contactos con Castro, habrá o no habrá apertura?”. Pérez respondió: “Estamos
haciendo las gestiones y Castro ha prometido que habrá cambios pero graduales,
poco a poco”. Bush esbozo una sonrisa y exclamó: “No hay cambios graduales, hay
cambios o no hay cambios”, a lo que Pérez sonriente replicó: “Si el presidente
Reagan hubiera pensado como usted, no se habría desmantelado la Unión Soviética”.
Bush se levantó, y en silencio hubo la despedida protocolar. Hoy, 14 de agosto
del 2015, el Secretario de Estado John Kerry ha izado la bandera de Estados Unidos
en La Habana para el restablecimiento de las relaciones después de 54 años de
ruptura. Tanto el gobierno de Washington como el de La Habana, han dicho que es
sólo el primer paso en unas negociaciones que habrán de ser “difíciles y
complicadas”. Pero ambos, sin embargo son optimistas en buenos resultados. ¿Quién
hubiera pensado que Barack Obama, 24 años después de aquella conversación, habría
de entender lo que pensaba entonces Ronald Reagan?.
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