LA SEMANA EN TRES ACTO
Manuel Felipe Sierra
La multitudinaria marcha del pasado jueves, deja diversas lecturas y experiencias para el gobierno y la oposición. Es evidente que cada día cobra mayor fuerza la protesta para solicitar la salida del presidente Chávez y que a ella se suman con creciente entusiasmo, nuevos núcleos de la sociedad civil. En sólo seis meses (del 10 de diciembre al 11 de julio) se ha conformado un vasto movimiento que copa las calles y pone al descubierto nuevos agentes y factores en el proceso político venezolano.
Ello explica el deterioro de la base de sustentación social del chavismo, hecho que han venido registrando las mediciones de opinión en los últimos meses. Si bien es cierto, que en las jornadas del 23 de enero y las permanentes vigilias y actos públicos en la plaza Altamira, se constataba una presencia decisiva de la clase media, en la última movilización fue visible la participación de sectores populares, sobre los cuales Chávez ejercía un incuestionable liderazgo.
Las estimaciones de los promotores de la marcha del jueves, resultaron sobrepasados ampliamente por el desbordamiento de la avenida Bolívar y la concentración posterior en La Carlota. Más allá de los cálculos sobre la cantidad de manifestantes (grotescamente manipulada por el ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello) el hecho a destacar es la decisión y la voluntad de combate de sectores diversos y plurales de la sociedad que antes eran prisioneros de la apatía frente a la militancia política lo cual marcó, en buena medida, la declinación de los partidos tradicionales.
A diferencia de los meses anteriores el chavismo no recurrió esta vez a la estrategia de la confrontación mediante acciones de calle paralelas. En este caso el presidente Chávez viajó a Maracay para presidir un acto militar de poca significación. Demostrando en este sentido una actitud defensiva. Los círculos bolivarianos actuaron de manera aislada en algunas ciudades recurriendo, como es costumbre, a la violencia y a la agresión. Pero el MVR, que solía someter a prueba su capacidad de convocatoria también jugó al repliegue.
¿Qué pasará de ahora en adelante?. Sin duda, la marcha tiene un efecto moralizador para los sectores que se han acostumbrado a ejercer el derecho a las manifestaciones pacíficas. A diferencia del 14 de abril, cuando Chávez retornó al poder lo cual significó una victoria política transitoria para el gobierno, ahora habría que considerar después de lo ocurrido el jueves, como un estímulo para las fuerzas opositoras que seguramente seguirán levantando la renuncia del presidente como un requisito insalvable para enfrentar la crisis de gobernabilidad que se vive en el país.
La oposición nuevamente hizo pública sus discrepancias al negarse algunas organizaciones a prolongar la protesta. Si bien hasta ahora ha sido la renuncia presidencial el factor que aglutina a partidos, las ONG, CTV y Fedecámaras, es hora que se defina las bases mínimas de un acuerdo que sea capaz de potenciar sus coincidencias y aproximaciones. No hay que olvidar que justamente el vacío de poder del 11 de abril, fue aprovechado por un sector que participaba en la histórica manifestación para secuestrar con fines sectarios lo que es un sentimiento generalizado de la mayoría de la población. Ello condujo a la constitución del fugaz gobierno de Carmona Estanga y al retorno de Chávez.
Obviamente, no será un camino fácil. En el campo del antichavismo se cruzan diversas estrategias y existen criterios antagónicos. Ello es inevitable y constituye una debilidad de la oposición. Pero también las jornadas de los últimos seis meses han servido para encontrar un punto de confluencia para políticas diversas. Al mismo tiempo, la oposición ha entendido que en esta fase más que dirimir concepciones distintas se trata de obligar al gobierno con acciones unitarias de vasto alcance a una rectificación que ya luce tardía o a una salida a un cuadro de conflictividad política, económica y social que se agrava aceleradamente.
El gobierno tiene un camino menos expedito. Si no hay un golpe de timón y un replanteamiento de sus líneas políticas, el proyecto chavista conocerá un aislamiento mayor. Si Chávez persiste en su empeño de forzar el esquema bolivariano, seguirá perdiendo inevitablemente, base de sustentación y espacio para operar con eficacia.
LA MALA VIDA
La estampida inflacionaria, en la primera semana de julio se reflejó en un aumento de 6,7% del precio de los alimentos de la dieta básica. Curiosamente, el producto que registró mayor incremento fue la pasta alimenticia con un alza que se ubica en lo que va de año en 76,6%. La harina de trigo incrementó su valor en 44% en sólo seis meses, lo que se traducirá en un aumento en el precio del pan en los próximos días, que se estima en 20%. El alza en el precio de estos dos alimentos esenciales es un claro indicador de lo que significa el feroz deterioro de la dieta del venezolano. Si a ello se suman otros productos que también han conocido incrementos significativos en los precios y el encarecimiento de los servicios, no cabe duda que la calidad de vida de la mayoría de la población esta siendo negativamente afectada con increíble velocidad.
Frente a este cuadro no existen respuestas a corto plazo. No hay signo alguno de reactivación económica, sino que por el contrario la recesión sigue cerrando industrias y comercios y colocando en la calle a millones de compatriotas. El gobierno luce sobrepasado por una crisis que no ha sido enfrentada con políticas adecuadas y eficaces.
EL MONÓLOGO
DE RANGEL
El viernes el vicepresidente ejecutivo de la República José Vicente Rangel, al comentar la marcha de la oposición del día anterior reiteró que se abre una nueva posibilidad para el diálogo. Rangel aprovechó las diferencias surgidas en el seno de la Coordinadora Democrática sobre el recorrido de la manifestación para tratar de establecer una cuña divisionista entre los factores del antichavismo. Le tendió la mano a quienes se negaron a prolongar la protesta hasta La Carlota, y a los sectores que plenaron el aeropuerto, y que en altas horas de la noche fueron agredidos por motorizados bolivarianos, los acusó de tener una agenda golpista y tratar de reproducir los hechos del 11 de abril.
Mejor que nadie Rangel sabe que las posibilidades del diálogo nacional de la manera como lo concibe el gobierno, están canceladas. El fracaso que significó la gestión en Venezuela del ex-presidente Jimmy Carter y la necesidad de recurrir a la intermediación de la ONU y la OEA lo evidencian de modo inequívoco. Sin embargo, para Rangel es fundamental insistir en el diálogo y una posible conciliación. Lo viene haciendo desde antes del paro cívico del 10 de diciembre y con más fuerza después de los sucesos del mes de abril. Pero su insistencia es bloqueada de manera persistente por el discurso y la actitud agresiva del presidente Chávez.
12/07/2002
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