LA SEMANA EN TRES ACTOS
LA HORA
DEL ESTADISTA
Manuel Felipe Sierra
Un estadista comprometido con los supremos intereses de su país ante la situación venezolana, buscaría fórmulas y salidas para una crisis de gobernabilidad que lo ata de manos y sume a la población en el desconcierto y la indignación. Chávez está demostrando escasa compresión de la realidad. Persiste en ignorar la gravedad de la situación que vive Venezuela. Se empeña en impulsar un supuesto proyecto revolucionario que se ha traducido en la división de los venezolanos, en la resurrección de los odios sociales- que devastaron a la nación en el siglo XlX- y en el fomento de la violencia.
El cuadro venezolano, por obra de una política de Estado que contradice todo manejo del sentido común, asombra a los analistas y observadores internacionales. César Gaviria, con dos semanas en Caracas, todavía no cuenta con claves para comenzar a descifrar el rompecabezas del chavismo y sus implicaciones en la vida nacional. Los periodistas extranjeros que hacen también vigilia en los bancos de la Plaza Altamira para dar testimonio de un hecho inédito e incomprensible en América Latina, no dejan de expresar su perplejidad ante la acelerada evolución de una crisis múltiple cuyo desenlace es, sencillamente, impredecible.
Ya no es sólo la crisis económica, una recesión de hondo calado que decreta el desempleo y la desinversión del sector privado. La referencia no se limita a una aguda fragmentación del estamento militar o la patética parálisis del aparato administrativo. Ni siquiera a la acción de hostigamiento sistemático de los periodistas en el desempeño de sus actividades estrictamente profesionales y la agresión a editores y columnistas. Tampoco el interes en desarticular las reglas de la más elemental convivencia democrática en tributo a un mítico modelo de revolución que se cofunden con el delirio y la alucinación.
Lo que nadie- a partir de una consideración democrática y no despótica del poder y el mandato que recibió Chávez en 1998 fue para gobernar en democracia- es cómo el propio gobierno estimula, promueve y financia la violencia. En las dos últimas semanas se ha develado la estrategia de Chávez.. Para él, el ejercicio de la fuerza es un factor vital del proceso bolivariano. Es verdad, que su liderazgo se afirmó sobre la base de algunos sectores populares- lo cual no implica un juicio de valor sobre los desposeídos en una sociedad social y económicamente injusta- para los cuales la violencia es una forma de vida.
Lo que resulta inadmisible es que ello se convierta en una operación política. La actuación criminal de las brigadas chavistas- copiadas no de los comités de la revolución cubana sino de los grupos descompuestos que sirvieron de sostén a la nefasta dinastía de Duvalier en Haití- actuaron a sus anchas el lunes 4, cuando una multitudinaria manifestación marchó a entregar más de dos millones de firmas antes el CNE para solicitar un referéndum consultivo contemplado en la Constitución Bolivariana. Hicieron lo mismo durante los últimos días – es incalificable la agresión contra el Alcalde Mayor Alfredo Peña en el hospital de Lídice- en procura de crear un clima de violencia generalizada.
A esta política obedeció también la decisión de militarizar el área metropolitana en un operativo que trata de intimidar a la ciudadanía con el pretexto de restablecer el orden. La pregunta es obvia.¿Quién desata los mecanismos de la fuerza y la confrontación callejera?.¿ Son acaso los factores adversarios al gobierno que han hecho del apego a los derechos constitucionales una suerte de rito?. Lo que admitir Chávez es que esa vía lo conduce inevitablemente a una solución traumática y sangrienta. La mayoría de los venezolanos en cambio- y las últimas encuestas son irrebatibles- apuestan al respeto y el ejercicio de las normas y los derechos propios de la democracia. Esa es ya no la pequeña diferencia sino la constatación de un enorme abismo entre el autoritarismo y la democracia.
LAS MUJERES
DE ALTAMIRA
Todo el día están allí. A las seis de la mañana cantan el himno nacional, rezan, mantienen altiva la vigilia. Son decenas de mujeres que han convertido la Plaza Altamira, junto a un apreciable número de altos oficiales, en una referencia política que tendrá gravitación inevitable en la vida política venezolana del futuro y que resulta una curiosidad histórica para los analistas y observadores internacionales. Allí permanecen todo el día. Algunas de ellas se hacen el tiempo para atender a sus deberes familiares. Pero regresan a la Plaza Francia a compartir la noche con miles de venezolanos que testimonian cotidianamente su compromiso con la democracia. Una noche interrogué a una de las mujeres de Altamira sobre cómo explicaba lo que es, sin duda, un sacrificio en su forma de vivir . Su respuesta fue simple: “ prefiero unos días o unos meses sin dormir, después de cuatro años sin poder soñar”.
PEÑA,
LA VICTIMA
La agresión de tres parlamentarias de MVR contra el alcalde mayor Alfredo Peña es un hecho que desborda toda racionalidad. Pero es la consecuencia de un clima de imparable crispación política. Toda agresión contra un ser humano es condenable. Sin embargo se explica que grupos fanatizados y enceguecidos por el odio puedan responder con la fuerza frente a quienes consideran sus adversarios. Y de ello hay suficientes ejemplos en los últimos meses. Pero que tres miembros de la Asamblea Nacional elegidas por el pueblo para hacer leyes y debatir sobre los asuntos fundamentales del país acorralen y agredan físicamente, a quién ejerce también por voluntad popular la máxima representación en la Gran Caracas no sólo es una acción reprobable sino que evidencia la esencia antidemocrática de la llamada revolución bolivariana.
15/11/2002
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