sábado, 11 de junio de 2011

LA PELEA DE LOS VIDEOS

LA SEMANA EN TRES ACTOS

LA PELEA
DE LOS VIDEOS

Manuel Felipe Sierra

Los gobiernos, como los seres humanos, responden a las circunstancias propias del tiempo y de la vida. Pero también, tienen de alguna manera una explicación genética. Hugo Chávez asumió  el poder por las vías consustánciales al sistema democrático, pero nunca renuncia a una mentalidad y una estructura ideológica, en correspondencia más bien con los  regímenes dictatoriales. La historia de América Latina, en una lúcida interpretación de Jorge Eliécer Gaitán-se ha movido siempre sobre la base inestable de un péndulo trágico: dictadura   ó democracia.


 Desde 1990, al menos la región Andina – (de suyo sísmica) comenzó a conocer un curioso fenómeno político, que se explica con el ascenso de Alberto Fujimori a la presidencia de la República del Perú – una expresión válida en el mapa multirracial de ese país- y que además  a su favor recibió el oportuno impulso del APRA, paradójicamente, el partido socialdemócrata más importante del continente durante muchos años. Ello estableció un modelo  tramposo de gobernar de manera autoritaria mediante el uso abusivo de las reglas de la democracia.
Si alguna experiencia existe de esta manera de ejercer el poder hoy en día, (una vez que Fujimori se refugió por razones de origen y de cultura en Japón), habría que calibrar al actual gobierno venezolano. Entre ambos casos hay un nombre inevadible: Vladimiro  Montesinos. Este personaje que hizo de los videos un siniestro mecanismo de chantaje – y que hoy  es juzgado con  cierta piedad por el poder judicial peruano- dejó sus huellas durante su obscura pasantía  en Venezuela de ocho meses bajo la observación y la permisividad  de nuestro gobierno.
La semana pasada estuvo marcada por dos hechos: desde el canal del Estado, (como si la comunicación fuese solo un asunto de repetición y no de credibilidad), se abusó de un testimonio televisivo, manipulado, sobrecorregido , editado a capricho, para implicar en los planes oficialistas al periodista Otto Neustald, quien de manera enfática, dejó testimonio de su rechazo y de las acciones que ejercerá para preservar el contenido completo de sus palabras en una conferencia en Maracay, y que fueron impunemente trucadas.

El sábado, Eúcaris Rodríguez, chofer del diputado Juan Barreto líder del MVR, puso al descubierto,  cosa que no será fácil de desmentir en las instancias  internacionales, la responsabilidad de Chávez  en la horrenda matanza de ciudadanos indefensos el 11 de abril.
Más allá que se llegase a comprobar la veracidad o la falsedad de ambos videos, habría que asumir el desmentido de Neustald y las palabras de Rodríguez, como la expresión de una etapa atribuida al privilegiado cautiverio de Montesinos, quien siendo culpable o no, lo cierto es que, sigue siendo un ejemplo para el proceso bolivariano. ¿Y por que lo dejaron ir?



LOS SEÑORES
DE LA OEA


No podía esperarse de la misión tripartita de la OEA, el centro Carter y representantes del PNU de las Naciones Unidas. Ciertamente, pese a la preocupación de la misión internacional el caso Venezuela no ha llegado a los niveles críticos de una lucha fracticida. Habría que sospechar mucho de la declaración final de esta comisión. En ella evidentemente ejerció una influencia decisiva el gobierno. Como dos meses atrás, con el informe del centro Carter, financiado y pagado por el Estado venezolano para que repitiera necedades y lugares comunes. En Venezuela no hay una confrontación, no hay una guerra civil, no hay un cuadro que se asemeje, al que vive por  ejemplo, a Colombia: aquí la situación es distinta. En Venezuela  existe un gobierno, que usa la violencia y que estimula mecanismos de intimidación contra la población entera. Y eso no es fácil que se entienda con la visión lineal  de una diplomacia cuyo respeto cada día disminuye y se pulveriza.








EL HOMBRE
FUERTE


Como dice Américo Martín,  después de su visita a Washington, que coincidió con la infeliz comparecencia del canciller Roy Chaderton  ante la OEA para denunciar una decisión buena o mala, pero en todo caso decisión soberana de la máxima instancia judicial, del país en relación a los sucesos del mes de abril, a Venezuela se le tiene poco respeto. Mejor dicho, no al país, a Hugo Chávez Frías. Y mucho menos  respeto tendrá mientras el Vicepresidente José Vicente Rancel siga invocando la posibilidad de un diálogo. El juego está claro. Aquí hay un mandatario carismático, extravagante que linda en el delirio como su intervención en la Asamblea Anual de la ONU, pero también hay un personaje que maneja con una frialdad criogénica los hilos del poder. No pudo haber un Juan Vicente Gómez sin Vallenilla Lanz ó los más notables intelectuales venezolanos de la época. ¿Era concebible un Marcos Pérez Jiménez sin la malicia histórica de Vallenilla hijo y la crueldad estructural de Pedro Estrada? Hoy estamos en lo mismo. Chávez no está sólo y no tiene las horas de vuelo para construir un gobierno de ficción sobre las ruinas de un país. En el fondo detrás de él hay un alma que no podía ser otra que un alma gomecista.
15/09/2002

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