sábado, 4 de junio de 2011

AHORA LE TOCA A LA CANTV

Manuel Felipe Sierra

Reapareció la corporación norteamericana AES para ejecutar otra operación veloz en el mercado bursátil y hacerse con la mayoría de las acciones de CANTV. Hace más de un año una ofensiva similar le facilitó la compra de la Electricidad de Caracas. El  presidente de la empresa -con fuertes inversiones en América Latina- Dennis Bakke explicó los planes de la empresa y expresó su interés por adquirir el lote de acciones que todavía el  Estado mantiene en la empresa telefónica, privatizada a comienzos de los años noventa.

Bakke se reunió con el presidente Chávez para explicarle los alcances de esta nueva incursión de la compañía estadounidense en el país. El mandatario, recalcando que se trata de un negocio privado, saludó la iniciativa como una señal de los inversionistas en las posibilidades económicas del país. La AES seguramente al final logrará su objetivo, aunque no es una corporación con mayor experiencia en el área de las telecomunicaciones. Pero vale la pena destacar que en todo caso no se trata  de una  nueva  inversión  en áreas estratégicas del país, sino -como el caso de la Electricidad de Caracas- de un simple traspaso de activo, una transferencia de propiedad.


Y este hecho es importante porque el gobierno suele reivindicar este tipo de operaciones -estimuladas por un dólar barato y la debilidad del capital nacional- como demostraciones de la confianza que existe en los medios financieros foráneos en relación al curso de la economía venezolana. Por supuesto, que la inversión siempre es bienvenida y cuando ella aporta innovaciones tecnológicas y gerenciales, mucho más. Pero  no puede  perderse de vista que la economía venezolana -si bien a nivel de los indicadores macroeconómicos y el ingreso público ofrece un cuadro alentador y satisfactorio- en términos reales  el país sigue sumido en una grave recesión que no ofrece por ahora signos de un crecimiento significativo en el corto plazo.

No todo es culpa del gobierno. Es una situación heredada, en cuya complicación tiene mucho que ver la manera como el gobierno anterior manejó la crisis financiera de los años 94 y 95, que terminó por poner en evidencia la fragilidad del empresariado venezolano y su poco interés en correr riesgos en su propio país. Los grandes grupos económicos han ido cayendo poco a poco en manos del capital extranjero. Buena parte de nuestros empresarios -acostumbrados a ganancias fabulosas en el pasado producto de la especulación y los favores de los gobiernos, se han refugiado en el dólar y han colocado en el exterior sus capitales. Ese vacío está siendo llenado por inversionistas extranjeros que no siempre invierten con sentido de permanencia sino en la mayoría de los casos con fines especulativos. Por eso anuncios como el que nuevamente ha hecho AES para comprar la CANTV hay que verlos en su justa dimensión, es decir, como negocios y no necesariamente como compromisos con el desarrollo del país.


DENGUE Y CARCEL

Las emergencias son eso: emergencias. Respuesta ante situaciones sorpresivas y fenómenos cuyos alcances no puedan ser previstos. Pero el gobierno se ha acostumbrado a declarar emergencia para enfrentar problemas que no son nuevos y la mayor parte de ellos de origen estructural. Frente al recrudecimiento de la delincuencia surge la idea de una emergencia penal. Ante las magnitudes del dengue y en menor medida de la sarna, se declara la emergencia sanitaria. Ante los efectos que tendrá la reforma del Código Orgánico Procesal Penal y el auge delictivo se declara la emergencia carcelaria.

Pero ocurre que el desbordamiento del hampa no es nuevo y tampoco se resuelve con simples medidas presionadas por las circunstancias. La vulnerabilidad sanitaria del país tampoco tendría porque alarmar a nadie. Desde hace varios años  han rebrotado enfermedades que se consideraban erradicadas, como consecuencia de la negligencia de las autoridades sanitarias y la falta de medidas preventivas de la ciudadanía. El hacinamiento carcelario -todavía se recuerda el acto demagógico de la implosión del Retén de Catia hace cuatro años- no es sólo un problema de  instalaciones carcelarias sino el resultado del fracaso de los planes y las políticas para combatir el delito. No es de extrañar que por este camino se contemple la declaración de la emergencia nacional, como si con ello ingenuamente se tratara de enfrentar la severa crisis del país.

REFUGIADOS A LA VISTA

La guerra en Colombia ha entrado en una  nueva fase. El Plan de ayuda para combatir el narcocultivo y las guerrillas, con la ayuda militar de los Estados Unidos se ha intensificado con una masiva operación de las fuerzas armadas contra los grupos guerrilleros en especial las Farc que comanda Tirofijo. Se trata del comienzo de una situación, que como lo han señalado los jefes militares colombianos, significará el agravamiento del conflicto, es decir, que en los próximos meses el vecino país conocerá mayores niveles de violencia. Una de las consecuencias es el traslado de los cultivos a los países fronterizos (en especial Venezuela), el desplazamiento de la población civil (en especial a Venezuela) y la utilización de las zonas fronterizas como aliviadero de los grupos armados. En el caso de Venezuela los tres fenómenos se vienen dado ya. Ahora la situación se hará más grave. ¿Qué dice el Gobierno?

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