LA SEMANA EN TRES ACTOS
Manuel Felipe Sierra
¿ AUTOGOLPE
O GUERRA CIVIL’?
Ya no es una hipótesis, una probable salida: ahora es una realidad que Hugo Chávez tomó el plano inclinado de la represión que lo puede conducir a materializar su propósito del autogolpe (vía el Estado de Excepción) o sumir al país en las llamas de la guerra civil. Tan simple es el dilema.
Lo ocurrido el jueves y viernes, con la detención del dirigente de Fuerza Solidaria, Alejandro Peña Esclusa, y los allanamientos y la persecusión de altos y medianos oficiales, fue el preludio del gigantesco despliegue de cientos de efectivos de la Guardia Nacional y el uso de gases lacrimógenos y perdigones (con saldo de heridos) , para reprimir una discreta manifestación que realizaba una vigilia pacífica y alegre frente a la sede de PDVSA en Chuao.
Ciertamente, la acción fue desproporcionada, pero buscaba el objetivo de intimidar y sembrar el pánico en la población ante las numerosas movilizaciones y el anuncio de paros cívicos en todo el país en los próximos días. De esta manera ,Chávez no puede seguir vendiendo la idea de un gobierno democrático de fachada, que si bien no tenía presos políticos y guardaba las formas convencionales de un Estado de Derecho ( aunque desde el 11 de abril carga con el genocidio de Puente Llaguno y ha generado un espeso y nauseabundo clima de amenazas contra los medios de comunicación) sino que ahora, presionado por una crisis múltiple ingobernable, tiene que apelar a su verdadera naturaleza autoritaria.
Chávez debe abordar la crisis militar. Cada día que pasa su capacidad para actuar con eficacia en este ámbito se hace más difícil. La oficialidad cobra conciencia que sobre ella se cierne- ya se han refrescado la semana pasada reglamentos y disposiciones administrativas para burlar la decisión del Tribunal Supremo de Justicia -en relación a los sucesos de abril, y que no será fácil la purga estalinista de 300 oficiales, sin considerar cada caso en particular- que al igual que se quiso hacer con la élite tecnocrática de la industria petrolera- implicaría la descapitalización profesional de la institución, además del criminal proceso de desmontaje operativo del cual ya es objeto desde hace meses.
Pero Chávez sabe también, que la crisis económica – no las dificultades fiscales que tratan de allanar sus ministros de la economía en Washington- sino la que ha significado la destrucción del aparato productivo y su espantosa contrapartida social, no es ajena- pese a los privilegios que ha otorgado a su entorno del Ejército- a los oficiales, suboficiales y soldados que hoy privilegian la dignidad de la Fuerza Armada Nacional , por encima de los objetivos delirantes de convertir a los militares en subalternos de grupos irregulares armados , cuyo propósito es ejercer la violencia más perversa contra la población, para complacer la megalomanía de un caudillo decimonónico .
Pero un hecho, que seguramente no midió el mandatario: fue la capacidad de respuesta, la combatividad y la indignación demostrada en las calles de Caracas en los últimos días , después de los atropellos del jueves y el viernes. Es posible que el manejo del los cuarteles le permita el éxito de una operación de auto golpe. Pero sería alegría de tísico. No es tiempo de dictadores en el mundo. Y en Venezuela, mucho menos.
LA MANCHA
DE ACEITE
Durante un buen tiempo los voceros del gobierno desconocieron la capacidad de convocatoria de los partidos de oposición y de la sociedad civil, hasta que se produjeron las gigantescas manifestaciones del 23 de enero y el 11 de abril. Después que Chávez regresó al poder, y cuando creyó que ese hecho implicaba un factor de desmoralización de sus adversarios; y un reforzamiento de su imagen y de los partidos que le apoyan, se manejó el argumento de que el antichavismo era sólo una expresión del sifrinismo caraqueño que tenía su santuario en la plaza Altamira. Pero en las últimas semanas, la impresión en el alto nivel del gobierno tiene que haber cambiado. Las manifestaciones populares en Maracaibo, Guanare, San Carlos , Vargas y el viernes pasado en Mérida , Maturín y Cumaná- más allá que lo catastróficos resultados que revelan las encuestas en relación a los niveles de aceptación popular del proceso bolivariano, ponen en evidencia que hay un clima militante y generalizado de rechazo a las políticas del gobierno . Y ello, es lógico suponer que habrá decrecer en la medida que los venezolanos sientan los efectos de una severa situación económica y social que afecta a toda la población. Seguramente, el numerólogo Diosdado Cabello medirá milimétricamente el número de manifestantes que acudieron a estas jornadas. Pero ello es irrelevante: lo que cualquier analista tendría que valorar es que lo que se creyó un fenómeno circunscrito al Este de Caracas , hoy es una inmensa mancha de aceite que cubre al país.
LOS MUCHACHOS
DE BERNAL
Primero fueron los auto de detención y captura de Richard Peñalver y Rafael Cabrices (quienes después de haber sido puestos en libertad por una insólita decisión de una jueza chavista) debieron ser de nuevo recluidos, toda una vez que existen suficientes indicios de su participación en la matanza de puente Llaguno. Otros dos indiciados: Henry Atencio y Nicolas Rivera permanecen prófugos de la justicia. El viernes, el tribunal 45 de control del área metropolitana, a cargo del juez Alejandro Rebolledo, ordenó la detención de Jorge Farnún. Peñalver es concejal del MVR del municipio Libertador y los tres restantes son funcionarios del organismo.¿Cómo elude, entonces el alcalde Freddy Bernal la responsabilidad que le ha sido atribuida reiteradamente en estos sangrientos hechos, y cuya investigación, curiosamente, ha sido interferida por el gobierno?
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