sábado, 11 de junio de 2011

CHÁVEZ: MIMADO DEL FMI

LA SEMANA EN TRES ACTOS 

Manuel Felipe Sierra
  
CHÁVEZ: MIMADO DEL FMI

No hay devaluación neoliberal ni antineoliberal.  La economía marxista terminó por ser una colosal falsificación.  Hay economía simplemente.  De tal manera que cualquier régimen, al margen de las ideas que postule, tiene finalmente que ceder ante las realidades que imponen el mercado y la vida.  Es necio suponer que la flotación del dólar decidida por el gobierno el martes 12 de febrero implica una rectificación o un viraje de lo que ha sido hasta ahora el proceso bolivariano.


Parece mentira que quienes postulan la libertad de mercado y el más amplio concepto de la democracia suelan colocar apellidos caprichosos y arbitrarios a decisiones y medidas que sólo obedecen al sentido común o al impulso de las necesidades.  Desde hace varios meses se viene insistiendo en la sobreevaluación del bolívar con respecto al dólar y en el efecto que ello tenía como factor distorsionante de la industria nacional y en consecuencia de las exportaciones; y como espacio ilimitado para un torrente de importaciones que no sólo mermaban las reservas internacionales sino que suponían el colapso del aparato productivo. 

Frente a un cuadro ya insostenible (como lo hizo Luis Herrera Campins en febrero de 1983 y Carlos Andrés Pérez concidencialmente en febrero de 1989) era la hora de tomar una decisión incómoda, difícil y heroíca.  Chávez lo hizo, a destiempo es cierto y con un costo mucho mayor que el que hubiera tenido de haberla tomado meses antes.  Pero lo hizo, y en definitiva – como lo reportan voceros del Fondo Monerario Internacional (FMI) - se trata de una medida que con irreparables efectos sobre el resto de la economía pone en juego los resortes productivos.  Algunos sectores de la oposición, empeñados en recobrar una visibilidad mediatica que de ninguna manera se corresponde con su peso político actual, han centrado sus críticas sólo en relación al conjunto de medidas impositivas, cambiarias y de estímulo a la producción que ha puesto en marcha el gobierno.  Pero han omitido, inexplicablemente, el problema de fondo: ¿Cúal fue el destino de los ingentes recursos, que por la vía del ingreso petrolero, manejó Chávez durante dos años y medio?.  ¿De qué manera la opulencia petrolera drenó hacia los sectores populares?. ¿Qué efecto surtió en un aparato productivo en creciente deterioro y abandono? ¿Sirvió acaso para restablecer los niveles de calidad de la clase media?.  Chávez, comprometido con un discurso de profundas reinvidicaciones sociales y de transformaciones económicas, repitió la nefasta experiencia de los gobiernos anteriores que también fueron adormecidos por el resplandor de la fortuna petrolera.  El gobierno de Carlos Andrés Pérez entre 1974 y 1975 fue protagonista de una explosión inédita que introdujo reacomodos importantes en la vida nacional, muchos de los cuales como la nacionalización petrolera y del hierro, el desarrollo de Guayana y el Plan de Becas Mariscal de Ayacucho sirvieron, sin embargo, como “colchón” para gobiernos posteriores.

En los años 1980 y 1981 Luis Herrera Campins obtuvo ingresos fiscales inauditos producto de la guerra Iran e Irak y de conyunturas internacionales favorables a los hidrocarburos.  No obstante, terminó su mandato decretando el plano inclinado del bolívar – más que una moneda el testimonio físico del orgullo nacional - hasta conducirlo a los niveles increibles que esta semana ha conocido en el mundo cambiario.

Chávez inició su mandato en 1999 con un mercado petrolero colocado en situación adversa e hizo los ajustes y los recortes que resultaban pertinentes e indispensables.  Pero en los dos últimos años vio incrementados los precios del petróleo en cifras que oscilaban sobre los 22 dólares el barril.  Si los gobiernos de Pérez y Herrera, carcomidos por la corrupción, la rutina y los vicios de la vieja política, pulverizaron, sin mayores secuelas, la bonanza petrolera, Chávez estaba obligado a un uso más eficiente, racional y con mayor sentido social en una oportunidad única que incluso le concedió el privilegio de ser reconstructor de los principios originarios de la OPEP. 

Pero Chávez hizo lo mismo que todos los gobiernos de la Quinta República.  Favoreció a las transnacionales; creó las condiciones para una espantosa fuga de divisa;  y repotenció los mecanimos hasta extremos nunca vistos de la corrupción administrativa.  Por eso es un error hablar de liberalismo o neoliberalismo.  Ese es un tema que en todo caso queda para las curiosas disquisiciones del discurso chavista.  Chávez se ha revelado hasta ahora como un gobernante sin mayor imaginación ni sentido de la realidad y que tendrá que llevar el poco honroso mérito de haber superado – en materia petrolera – los desastres que personificaron Pérez y Herrera Campins.  ¿Presidente Chávez dónde estan los reales?.      


TURISMO EN WASHINGTON


Carlos Ortega y una  cómitiva de la CTV estuvieron en Washington.  Nicolas Maduro y una representación de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores también viajaron a la capital de Estados Unidos Guillermo García Ponce y otros miembros del flamante Comando de la Revolución fueron vistos en los alrededores de la Casa Blanca.  Eduardo Fernández – recordando sus años estudiantiles - recorre los jardines de la ciudad.  No tiene nada de raro que el general Pedro Soto y el capitán Pedro Flores aparezcan un día de estos en un tours por los museos de la ciudad fría y desconcertante.

¿Qué hacen estos venezolanos en Washington?.  Ellos explican que tratan de dar a conocer sus visiones sobre la situación venezolana a la casa Blanca, El Pentágono, la CIA y la OEA además de universidades y centros de estudios estrátegicos.  ¿Quién les puede hacer caso?.  El gobierno de Bush, entre otras cosas, es mucho más serio que los gobiernos latinoaméricanos.  En Washington se conoce tanto ó más de la situación venezolana que las versiones sesgadas que puedan ofrecer estos alegres visitantes.  Ninguno de ellos tendrá acceso a los factores reales de poder de la política norteamericana.  Serán simples turistas admirando la sobriedad de las edificaciones que constituyen la capital del imperio o en todo caso, atentidos por razones de cortesía, por funcionarios de menor categoría.  La verdadera situación de Venezuela ya fue contada por Santiago Cantón, el secretario de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA que hace más de una semana debió salir como alma que lleva el diablo bajo la presión de las turbas chavistas.


LA CAJA CHICA

Ya se sabía.  No era un secreto para nadie.  PDVSA -  como en los buenos tiempos de Lusinchi - se convirtió en la caja chica del gobierno bolivariano.  Chávez no ha entendido – por eso pone y quita presidentes - con tanta frecuencia que una cosa que es la política petrolera del Estado y otra la empresa estatal de hidrocarburos que tiene que ser manejada con criterio gerencial y que responde a la racionalidad de los mercados energéticos.  Por accidente, en este caso, el Estado es propietario de PDVSA.  Pero la empresa y el Estado tienen intereses que suelen entrar en contradicción.  Las recientes declaraciones del expresidente de la compañía general Guaicaipuro Lameda dejaron abierta la posibilidad para que los venezolanos sepamos dentro de poco el estado desastroso en que se encuentra Petróleos de Venezuela, la principal empresa estatal de América Latina, convertida en mala hora en un refugio de la politiquería y el clientelismo.
14/02/2002

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