sábado, 11 de junio de 2011

MARCHA , PARO Y VIAJE

LA SEMANA EN TRES ACTOS

MARCHA , PARO
Y VIAJE
Manuel Felipe Sierra

Lo que ocurre en el país es un monumento al surrealismo. Dos hechos marcan decisivamente la semana que finaliza. La multitudinaria protesta popular del jueves 10- la mas grande en la historia del país según la aplicación de cualquier parámetro- y la respuesta ofrecida por  Chávez el sábado,  descalificando una clamorosa expresión – en su porción decisiva espontánea y estimulada por la sociedad civil.- que pidió su salida del poder porque su mandato ha sido desnaturalizado y confiscado por un proyecto de inequívoco perfil autoritario.


La toma de Caracas  no podría valorarse como una simple marcha.  como nueva manifestación opositora al régimen. Reunir tal cantidad de personas en el ejercicio pulcro de un derecho cívico no fue obra de  ningún partido, ni el producto de una convocatoria burocrática de la Coordinadora Democrática. Existen otras explicaciones. Los cientos de miles de venezolanos que desfilaron un marco intimidatorio lo hicieron en defensa de los valores democráticos que forman parte de su vida cotidiana.

Chávez, colocado en la alucinación fidelista,  no entiende todavía que él no fue electo para hacer una revolución extemporánea y negada por la historia, sino para gobernar un país, para agenciar unos cambios - profundos ciertamente- que la sociedad venezolana  venia reclamando y que el modelo bipartidista  fue incapaz de ejecutar con plena eficacia.

La jornada del jueves pasado tendría que ser interpretada por cualquier gobernante, en el menor de los casos como una señal de alerta. Lo que ocurrió en Caracas tiene que vincularse con las protestas protagonizadas en las últimas semanas en las principales ciudades del país. En una democracia, ello supone una acción de los ciudadanos cuya importancia no puede ser banalizada ni ridiculizada  por el alto gobierno. En la interpretación mas superficial significa que hay una porción de los venezolanos – en este caso nada despreciable- que demanda ya , después de hechos tan ostensibles como los ocurridos en abril , no sólo una rectificación sino la salida de un mandatario que mediante un vulgar acto de caribería cambia las reglas del juego.

Por ello es inexplicable, salvo problemas de comportamiento mental que un mandatario emplazado a rectificar o a buscar salidas ante una crisis irrespirable   se limite a hacer una comiquísima contabilidad de los manifestantes contra su proyecto. Un gobernante demócrata tendría que celebrar como un hecho demasiado importante que millones de venezolanos salgan a las calles a hacer efectivo el mismo derecho que le facilitó el acceso a la jefatura del Estado.

Pero no ocurrió así. Ante la exigencia de millones de venezolanos por una relegitimación de todos los poderes (recursos usados en demasía por Chávez)  el mandatario no sólo descalifica en un tono impropio de un estadista lo que es una legítima queja de la sociedad sino que incluso se ausenta del país ante un cuadro de gravísimas tensiones que seguramente culminaran con un paro cívico nacional.

La situación del país en todos los órdenes cada día cobra niveles mas críticos. La nación se cae a pedazos. Existe una creciente descomposición de la Fuerza Armada Nacional. La destrucción de la economía real potencia los extremos de la crisis social. La ingobernabilidad  se torna en un dato ya más que asfixiante. Se trata de un cuadro que tendría que preocupar en primer término, a quién fue elegido  para gobernar y asumir las responsabilidad  de dirigir un Estado democrático. Chávez, no entiende que el responsable y quién está obligado  – por elemental responsabilidad- a procurar salidas y soluciones es él y solo él. La respuesta del mandatario ante un requerimientos absolutamente válidos en una democracia, es sencillo: un nuevo paseo  turístico por Europa.








LA CRISIS MILITAR


El pronunciamiento del vicealmirante Alvaro Martín Fossa tiene una connotación mucho mayor que la que se le podría atribuir a planteamientos hechos por altos oficiales activos en los últimos meses. El ex jefe del Estado Mayor Conjunto no recurrió a los señalamientos políticos sino que su mensaje- tal como lo dijo,- fue dirigido al seno de la institución castrense y estuvo referido  a los problemas que confronta la estructura militar. Una interpretación obvia, es que ello da, una dimensión de la grave situación de fragmentación y de enfrentamientos que hoy a convertido la instan- cia llamada a defender la seguridad del país, en un partido político y en el sostén de una minoría - los hechos cuantitativos y  cualitativos lo demuestran – en el ejercicio del poder a contracorriente del mandato que le fue otorgado por el voto popular.






VIEJO
GUERRERO

El sábado murió  Manuel Alfredo Rodriguez, uno de los venezolanos que pertenecen  a la historia de las luchas democráticas en todos los sentidos. No sólo fue un excelente   cronista de la historia contemporánea  sino también protagonista de ella.  Nunca eludió la responsabilidad que asumió desde su adolescencia guayanesa con la democracia. Hizo del verbo,  de la palabra  un arma de guerra. Y la empleó cuando era necesario y sin mezquindad ninguna.  Con su muerte, el país pierde a un historiador, a un tribuno excepcional y a un guerrero de la palabra y la letra impresa, que modeló la dignidad como una manera de vivir.

13/10/2002

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