sábado, 11 de junio de 2011

LA IZQUIERDA RESIDUAL

LA SEMANA EN
TRES ACTOS

LA IZQUIERDA RESIDUAL

El presidente Chávez  apuesta -ante un panorama nada alentador para los próximos meses- a radicalizar el proceso de cambios políticos (que no revolución en el concepto tradicional) que trata de vender ante el mundo, después de tres años de gobierno.


¿Es posible una radicalización de un proceso que ha resultado más verbal que real?.  Chávez está obligado, lógicamente a refrendar sus copiosas promesas con algunos resultados concretos. No obstante, en ese escenario tiene una escasa  capacidad de maniobra. Un cambio revolucionario, como le rebota en el  cerebro al mandatario, no es posible de cara a la realidad nacional y  a un contexto internacional demasiado complejo.

Ello explica por qué Chávez en sus  últimos actos como Jefe de Estado revela una orientación claramente autoritaria. Y es que, en verdad, no tiene una opción distinta. Chávez accedió al poder por las vías legitimas de la democracia pero con  un pensamiento diametralmente contrario como se expresó en la acción golpista del 4 de febrero de 1992.

Ello establece, obviamente, una contradicción insalvable entre  una labor gubernamental atípica y las expectativas de una sociedad cultivada en el ejercicio democrático. ¿Cómo sobrevivir a esa trampa histórica?. Chávez, en su mas reciente discurso ha reivindicado no soló un tono anacrónico sino inútil. Su esfuerzo por conformar “el comando de la revolución” supone una simple ficción. Se trata de una nueva réplica de la escenografía fidelista a la cual le rinde un culto que llega hasta protagonizar en las puertas del diario El Nacional ritos de la santeria de Guanabacoa.

¿Habría que preguntarse cuál es la representatividad social de un grupo de  dirigentes –que más allá de su trayectoria personal- pertenecen a ese penoso cementerio de la izquierda tradicional? ¿Qué sentido tiene revivir una estructura que solo era posible en los gobiernos del extinto comunismo?.

A lo mejor sin saberlo, Chávez con el acto simbólico del jueves 10 demostró, una vez mas, la pérdida del pulso del país. “El Comando de la revolución” no es mas que una operación cazabobos. Si en los años sesenta algunos de los prominentes miembros de este nuevo eje de la conducción bolivariana –ahora convertido en Estado Mayor sin soldados-  se convirtieron en una referencia de importancia política se explicó, en buena medida, porque habían enfrentado –trágica paradoja- a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Hoy la situación es distinta. Están lejanos los tiempos de la utopía fidelista. Ya no existe espacio para las experiencias guerrilleras de los años 60. La política, como siempre, tiene poco que ver con un acto poético y menos folclórico. Chávez esta conduciendo al país a una definición ineludible: modernidad o atraso., democracia o dictadura. En ese simple dilema se está resolviendo el destino de una nación que nació y subsiste sobre la base del valor innegociable de la libertad.         

CHAVEZ SIN MIQUILENA

Son demasiado evidentes las diferencias entre Luis Miquilena y Hugo Chávez Frías. El ministro de Relaciones Interiores y Justicia puso en manos del Jefe del Estado según versiones de prensa, su renuncia. No se trata de un hecho cualquiera. Miquilena es uno de los más eficiente operadores políticos del país. Y no desde ahora. Miquilena asumió la política, siendo muy joven a la muerte de Juan Vicente Gómez, y ocupó un papel protagónico como líder sindical., y como luchador implacable contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Miguel Otero Silba retrata su infortunio en la novela “La Muerte de Hororio”. Fue un factor importante en la construcción de la democracia que nació el 23 de enero de 1958. Junto a Jóvito Villalba se erigió  en factor decisivo de URD. Su decisión determinó la renuncia del canciller Ignacio Luis Arcaya, cuando éste se enfrentó a la resolución de la OEA contra la Revolución Cubana.

Caso curioso en la política venezolana, Miquilena se refugio en su vida privada cuando la experiencia de el PRIN en el 1.968 resulto fallida. Casi treinta años después reapareció en la política alentando el proyecto chavista. De alguna manera, se trató de una victoriosa revancha histórica.

Durante tres años ha sido el hombre clave para enfrentar las circunstancia mas difíciles del gobierno de Chavez. Cumplio la función de negociador frente a la Sociedad Civil, e incluso frente a los residuos de los viejos partidos. Ahora aunque no lo haga de manera expresa, Miquilena marca distancia frente a su discípulo. ¿Cuáles son las razones? Obviamente, Miquilena resiente la orientación autocrática y militarista del gobierno. Sin Miquilena en el entorno mas cercano al poder, Chávez pierde no a un ministro sino a un dirigente que fue capaz, de iluminarle el camino hacia el poder.


ISLA EN TIERRA FIRME

Cada día son mas evidente los signos de la crisis económica. El presidente Chávez no entiende –y al parecer ninguno de sus asesores tampoco- que el país se encamina hacia una terrible debacle. No se trata del manido argumento sobre la caída de los precios petroleros. El problema es mucho más grave. El país enfrenta un aislamiento internacional que está poniendo a prueba la estabilidad de la nación. Ya no son las sospechas que en los centro del poder del mundo crecen sobre el carácter democrático del proceso bolivariano sino la convicción también creciente sobre el rumbo económico del país.

La fuga de divisas, que significo el jueves pasado la caída del bolívar en términos alarmantes es sólo una señal. No es un asunto estrictamente económico. La desconfianza en relación a Venezuela parece condenarnos a la condición de una isla, en medio de un acelerado proceso de globalización.       
11/01/2002

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