LA SEMANA EN TRES ACTOS
Manuel Felipe Sierra
CHÁVEZ:
EL NOCAUT TÉCNICO
Caracas vivió una semana marcada por la violencia. La aparición del “Movimiento Revolucionario Carapaica” es sólo un dato –obviamente inquietante- en un cuadro de creciente radicalización política que se complementa con las protestas y manifestaciones agresivas de los círculos bolivarianos que actúan con asombrosa impunidad en las calles de la capital.
Para los voceros oficiales, uno de los orígenes del estado de violencia que vive el país estaría dado por la actuación de la Policía Metropolitana. No obstante, los hechos son demasiado elocuentes. Las patrullas de la PM fueron ametralladas hace una semana por el grupo paramilitar que hizo su aparición con traje de campaña y portando armas de guerra y cuyos dirigentes confiesan su compromiso con el proceso bolivariano. Lo que pudo ocurrir después durante tres días de desordenes, es la consecuencia de la agresión armada contra agentes del cuerpo policial algunos de los cuales resultaron heridos.
Fueron los grupos del chavismo talibánico los que ocuparon los alrededores del Tribunal Supremo de Justicia y como ya es costumbre, las vecindades del Palacio Legislativo en actitud amenazante contra magistrados y parlamentarios quienes coparon y paralizaron los comercios en la zona céntrica de Caracas. Obviamente, se trata de una nueva fase en la estrategia de confrontación que ha definido el gobierno.
En un análisis riguroso resultaría incomprensible que sea justamente el gobierno el factor que promueva un clima de desasosiego colectivo y haga uso de los recursos de la violencia. Históricamente han sido los sectores enfrentados al poder constituido los que organizan acciones armadas. Acá se da todo lo contrario. Es el discurso presidencial y la constitución de los círculos bolivarianos los que fomentan un clima que conduce inevitablemente a una respuesta en los mismos términos de sectores decisivos de la sociedad.
¿Existen posibilidades de que esta situación tenga una salida inmediata?. ¿Es posible un entendimiento entre el gobierno y la oposición que impida que este estado de cosas toque los extremos?. Hasta ahora los hechos han demostrado que la exhortación al diálogo formulada por el presidente Chávez y el vicepresidente Rangel, ha representado un simple recurso para ganar tiempo.
En el esquema chavista la violencia es un componente importante. Con ella se trata de intimidar y neutralizar la creciente y vigorosa emergencia de nuevos factores sociales que se enfrentan a la llamada revolución bolivariana que cada día demuestra que no pasa de ser una propuesta meramente retórica. Para muchos analistas resulta inexplicable que este cuadro de tensión y de violencia –que dibuja un horizonte nada alentador para el país- se de dentro de la acumulación de crisis, que tiene una dramática expresión en la virtual destrucción del aparato productivo nacional y en la fractura de la institución militar.
Pareciera lógico que una crisis de esta naturaleza determinase de manera inevitable la renuncia o la salida del mandatario. Pero, paradójicamente, no es así. Si bien es cierto, que la situación del país se hace inaguantable llegando incluso a crear una psicosis colectiva también los es que el presidente Chávez cuenta todavía con un importante campo de maniobra y que la violencia tal como está planteada ayuda a su sobrevivencia en el poder. Chávez es un boxeador que se mueve sobre el ring con el peso de un nocaut técnico pero que para su fortuna no tiene un contendor con la suficiente pegada para el remate.
EL TSJ
BAJO EL FUEGO
La segunda decisión del Tribunal Supremo de Justicia en el sentido de que no hubo rebelión militar el 11 de abril, se produjo a pesar de los esfuerzos y las presiones de toda naturaleza hechas por el gobierno. La tercera ponencia encargada al magistrado Franklin Arrieche, quien voto afirmativamente las decisiones anteriores, debería confirmar el criterio ya expresado por la sala plenaria de la máxima instancia judicial. Sin embargo, factores decisivos del gobierno incluyendo el presidente Chávez, hacen lo imposible por cambiar la correlación de fuerzas en el organismo con vista a una sentencia condenatoria de los oficiales señalados por la Fiscalía General de la República como responsables del vacío de poder que se produjo el pasado mes de abril y que determinó el cautiverio por 48 horas del mandatario.
A estas alturas luce muy difícil que el TSJ pueda, después de haber considerado y discutido exhaustivamente el tema, tomar una decisión distinta. Sin embargo, en los medios políticos se insiste en que las gestiones directas del gobierno son de tal naturaleza que no podría descartarse una sorpresa. De ello ocurrir, se colocaría un nuevo elemento de fricción altamente explosivo en el debate político y se demostraría de manera inequívoca que en el país reina la impunidad y que no existe la independencia de poderes, fundamental para la vigencia y el funcionamiento del sistema democrático.
EL DESAFIO
DE URIBE
Álvaro Uribe Vélez tomó posesión de la Presidencia de Colombia bajo los ataques y atentados de los grupos armados. Ello era previsible. El nuevo mandatario se hizo un fenómeno electoral y ganó las elecciones en la primera vuelta a partir de una propuesta de claro enfrentamiento a la guerrilla. Ello supone el endurecimiento de la etapa militar del Plan Colombia y en consecuencia una radicalización del conflicto armado en el país vecino. La política de Uribe –contrapuesta a la política de su antecesor Andrés Pastrana, que fracasó en sus esfuerzos en función del diálogo con los rebeldes- tendrá, lógicamente, repercusiones y efectos en los países vecinos y particularmente en Venezuela. Se da en inicio del mandato de Uribe en una región que ofrece signos de inestabilidad política. La situación en Perú está marcada por un violento descenso de la credibilidad y la popularidad de Alejandro Toledo. En Ecuador y Bolivia se registra un repunte de los movimientos indigenistas que levantan alternativas impugnadoras, y en Venezuela cada día que pasa el panorama político se hace cada vez más confuso.
09/08/2002
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